Mostrando entradas con la etiqueta Retazos autobiográficos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Retazos autobiográficos.. Mostrar todas las entradas

jueves, 13 de marzo de 2025

Un día.

 


Un día, calquera día, as cousas volven estar no seu sitio e descubres que o camiño foi duro e cruel, pero que había camiño e había un lugar ao que chegar. 

Un día, un luminoso día como o de hoxe, descubres que o periplo foi máis solitario do que esperabas e que as persoas que debían de estar ao teu lado foron desaparecendo en canto comezou a tormenta. E sen embargo, de maneira inesperada, outras chegaron e de forma case imperceptible, pero constante, foron aportando unha palabra de ánimo aquí, un empurrón alá e sempre unha presencia ao teu carón que fixo que sempre te atoparas despois de perderte polas tebras do desespero. 

E sabes que a tormenta non pasou, e que virán días de rabia e dor pero nun día como este renovaremos o noso compromiso coa vida e comprenderemos que é polos novos encontros polos que merece a pena continuar no camiño. 

sábado, 10 de agosto de 2024

De odiseas y metamorfosis


Sería en segundo o tercero de carrera, en una de aquellas sesudas conversaciones de cafetería en las que escuchábamos a los de segundo ciclo como si hubiesen adquirido un conocimiento profundo y certero sobre La Literatura; como si ya hubiesen llegado a ese estado de comunión con el Acto Creativo que les permitía entender cosas que nosotros no creeríamos. Siempre había alguna frase con la que nos deslumbraban, una teoría que nos dejaba perplejas o referencias a libros de los que nunca habíamos oído hablar, y porqué no decirlo, de los que nunca volvimos a saber nada.
 
Aquel despliegue de conocimiento no se correspondía, en absoluto, con el par de cursos que nos llevaban de ventaja, y mucho menos con una capacidad o entendimiento superior al nuestro. Simplemente había leído algunas notas introductorias más que nosotras o habían asistido a alguna conferencia o a clases con algún docente que aún no conocíamos.
 
Pero siempre era interesante poner en común algunas lecturas, trucos para redactar el trabajo de literatura brasileira o incluso obtener unos buenos apuntes para Lingüística General. Y sobre todo, para poder hablar de lo que más nos gustaba, La Literatura!!

Y fue sin duda en una de aquellas conversaciones en las que hacíamos inventario lo que nos quedaba por leer y nuestros propósitos lectores para los próximos meses cuando uno de nosotros, no importa quien aunque lo recuerdo perfectamente, explicó que tenía ya reservado el mes de agosto para leerse el Ulises de Joyce. Coincidíamos en que era una lectura compleja y que requería tal nivel de concentración y de conocimiento que para disfrutarla plenamente no podía leerse durante el curso. Obviamente, era difícil compaginar las andanzas de Bloom y de Dédalus con la lectura, por ejemplo, de Fortunata y Jacinta o de las rimas de Bécquer, por no hablar de la candidez estilística de Arturo o de Lucía, que lo estaban petando por aquellos años.

No amigos, queridas lectoras, el Ulises de James Joyce es uno de los 8.000 de la literatura, de la Literatura con mayúsculas, y no admite que te entretengas con otras menudencias literarias si te atreves iniciar el ascenso a esta obra cumbre de la literatura. Ya te lo escribí un día, hace años, y no me importa repetirlo "Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo"
(Huelga decir que si tu idea de ser lector es leerte cada año el premio planeta, esto no es para ti. Hablamos de otra cosa. Es como ir al rocódromo una vez al año y pensar que podrás hacer cumbre en el Annapurna)

Pero volviendo a los delirios de juventud, a mi la idea me pareció tan acertada y buena que decidí que yo también leería el Ulises dedicándole un mes entero, o lo que fuese necesario, pero de ningún modo podría ser en el mes de agosto pues como bien sabéis, a los catorce años comencé a trabajar durante los veranos y la cosa me entusiasmó tanto que seguí haciéndolo durante mis años universitarios y mis años de opositor, por lo que el asunto del Ulises y el verano fue aplazándose, y cuando al fin tuve veranos con vacaciones incluidas aparecieron en mi vida los viajes en pareja, y poco más tarde dos criaturas, y la playa con cachivaches, viajes de piscina y bungalow, rutas, visitas a las abuelas y eventos varios.

Y finalmente, hace unos años, un cáncer y su posterior depresión se llevaron definitivamente mi poco entusiasmo y las ganas de leer que me han acompañado, sin faltar un solo día, durante toda mi vida. 

Y por eso ahora que acabo de cumplir los 51 años, y que hace ya 30 de aquellas conversaciones sobre los secretos y placeres de la buena literatura, va siendo hora de ir saldando las cuentas pendientes conmigo mismo, y a veces con terceras personas. 

Ahora que el tiempo apremia y que la certeza del mañana va perdiendo consistencia debo anotar en un papel las cuatro o cinco cosas que debo hacer en la vida, y ponerme a ello en este preciso momento, ahora mismo, ya, sin esperar por esa ocasión ideal que no aparecerá. Los meses de agosto están contados y este quedará marcado en mi Diario emocional como el momento en el que inicié mi odisea personal. Durante décadas no he hecho más que adentrarme en mi propio laberinto, tan complicado y engañoso como el del propio Dédalo. Es hora, pues, de matar al minotauro y de encontrar, por fin, el camino de regreso a la persona que siempre quise ser.

Iniciemos, sin más demora, la lectura.

miércoles, 27 de julio de 2022

49




¿Cómo iba yo a saberlo? ¿Acaso podía tan siquiera imaginarlo?

He pasado la mayor parte de mi vida postergando mis sueños y mis inquietudes, sacrificándome por un futuro mejor, esforzándome para salir del entorno sociocultural que la fortuna me había adjudicado. He dejado algunas cosas buenas para mañana, incluso para pasado mañana, esforzándome sobre todo en lo importante, en garantizar un trabajo digno y una estabilidad laboral que me permitiese más adelante dedicarme a lo que realmente me haría sentirme pleno.

Hace algunos años que tengo más o menos aseguradas mis necesidades básicas, y aún así sigue sin haber tiempo para mis cosas. Es cierto que le dedico tiempo a la familia y a la crianza, a los asuntos realmente importantes, pero entre unas cosas y otras, hacia Belén... ¡la caravana pasa!.

Hoy cumplo 49 años.

Hace un año contaba aquí mismo que me sentía en la mitad de la vida, que sonaba el cohete de media comida (una imagen que muy pocos comprenderían) y que me quedaba aún medio día de fiesta que disfrutar.

Desgraciadamente el último año ha venido a demostrarme que no. El mañana no existe y el futuro no es el lugar adecuado para depositar nuestra felicidad. Todo lo que queramos hacer debemos hacerlo aquí y ahora. Las palabras de amor y de amistad solo existen en el viento de este día, y solamente somos dueños del presente.

Fue por casualidad, al principio de este periplo de pruebas y consultas, que mi hija decidió ponerme una canción de Rozalén que le gustaba mucho. Como iba ella a saber que en ese preciso momento estábamos pasando exactamente por eso, y que cada una de las palabras de aquella canción refleja exactamente lo que siento. Los miedos y la esperanza, las ganas de hacer cosas y la necesidad de marcar un antes y un después, la certeza de que voy a salir.

Como dice la canción, durante los últimos meses he sido arrastrado por una ola gigante que me obligó a poner el contador a cero, y aunque todo ha ido bien y el pronóstico es positivo, que te hablen de tu esperanza de vida después de la operación es algo que te hace pensar.

No escribiré sobre proyectos o reconstrucciones, sobre propósitos para los próximos meses o nuevos comienzos para viejas historias. No volveré a contar lo que ya he contado tantas veces ni me fijaré metas u objetivos. Ahora simplemente toca vivir. 






jueves, 29 de julio de 2021

48

 


 Hai unha idade na que comezamos a pensar na sorte que temos de poder celebrar o noso aniversario en lugar do noso cabodano. Os anos van chegando e ás veces, demasiadas veces, teño a sensación que van poñéndose en ringleira, agardando a que abran as portas para acceder ao espectáculo que é a vida. Teño 48 anos e aínda estou agardando algo, a pesar de ter unha existencia plena: familia, saúde e traballo.

Cheguei a esa idade na que tantas cousas aconteceron fai xa 30 anos. Ir mercar palmeiras de chocolate e comelas dando un paseo, os domingos de bicicleta que remataron sendo de conversa, meternos cinco nun Seat Fura para ir as discotecas doutras vilas, ver os partidos de canal plus para sentirnos en campaña, sacar a camiseta nos concertos, ir de acampada, facer festas na praia... en defintiva, ter tempo para as amizades.

Teño 48 anos, e ás veces sinto que nunca din disfrutado do momento, sempre pensando no que estaba por vir, traballando por un futuro mellor, sacrificando horas de sono e de compaña para asegurarme o pan e catro pesetas no peto. E agora que comezou o camiño de volta é inevitable botarlle unha ollada aos lugares nos que estivemos, aos tempos vividos, ainda que non sempre foran os máis felices.

Tal vez todo sexa cuestión de ritmos, de épocas nas que sintonizamos con outras persoas coas que camiñamos xuntos durante unha parte da viaxe. Despois imos tomando desvios e atallos según os intereses, as necesidades ou mesmo os azares de cada un. Certo é que cada pouco van aparecendo lindas persoas coas que camiñar e dar un pe de leria. Pero non podo evitar sentir certa nostalxia dos tempos e das amizades que foron quedando atrás, seguir pensando nas oportunidades perdidas ou nas conversas que quedaron a medias.

Un foguete solitario resoa no campo da festa. Estamos na media comida do día da Patroa. Atrás quedou o pasarúas, a misa solemne coa procesión da Virxe e a sesión vermut amenizada por un Dúo Musical , pero aínda queda o partido de solteiros contra casados, os xogos populares e a sardiñada. E para rematar, gran verbena a cargo dunha espectacular orquestra e se o tempo o permite, remataremos este gran día de festa que é a vida cunha sesión de fogos de artificio.





lunes, 3 de mayo de 2021

Atardeceres pretéritos.

 


Podría ser en el segundo curso de Literatura Española, estudiando el Realismo y el Romanticismo del siglo XIX, o tal vez en COU, preparando la Selectividad. Era joven, de cualquier modo, y tenía ganas de saber más de lo estrictamente necesario y por eso ampliaba los contenidos obligatorios leyendo libros que a veces ni siquiera eran los que figuraban en las bibliografias.

Podría ser en el año 92, o en algún momento del curso 1993-94. No tiene ahora demasiada importancia, hace ya casi treinta años, y eso es mucho tiempo.

Y sin embargo recuerdo atardeceres sentado al pie del ahora viejo y seco manzano, leyendo una biografía de Bécquer de más de seiscientas páginas. Por supuesto, de aquella época lo he olvidado todo: lo leído y lo aprendido; las ilusiones y los deseos; lo que esperaba de la vida y lo que buscaba en los días y sobre todo en las noches.

Pero recuerdo la intensidad de aquellos minutos en los que levantaba la vista del libro para ver como el sol anaranjaba el cielo poco antes de ocultarse detrás de horizonte. Algo tenían las puestas de sol que me reconfortaban, tal vez la sensación de un día aprovechado, o la promesa de una noche con tiempo para ler y escribir, crear nuevos mundos y vivir otras vidas.

Y ahora, emprendiendo ya el camino de vuelta, descubro que me faltan horas en los días para detenerme a contemplar los anocheceres y me sobran noches de insomnio en las que las horas parecen estacarse sin atreverse a avanzar hacia un nuevo amanecer.

Volverán los viejos afanes y el entusiasmo de los días luminosos, volverá la voluntad y el deseo de los buenos tiempos, pero ya no será lo mismo. El futuro ha llegado, la ciudad lo ha engullido todo y ya no queda espacio para los árboles ni tiempo para dejarse acariciar por unos minutos por la dulce brisa del abandono.


jueves, 4 de febrero de 2021

Sueños




Soñé con la boda de un amigo. 

Soñé con los amigos de la infancia, con aquellos niños que compartiamos la calle, los prados donde jugábamos, los árboles en los que construíamos cabañas. 

Soñé con la boda de mi amigo, la fiesta no celebrada, las risas y la charla que sin yo saberlo tanto necesitaba. Lamento ahora haber sido tantas veces ese amigo tristón y enfadadizo, esa persona gris que para ser feliz necesitaba que las cosas no tuviesen peros, cuando raramente la realidad es plena e incuestionable. Siempre hay una incongruencia, una frase que sobra, una pregunta que falta. Y yo siempre me fijaba más en las pequeñas ofensas diarias que en las grandes alegrías y las grandes amistades que la vida me fue poniendo en el camino.

Soñé con la celebración y con la fraternidad de la adolescencia, con el deseo de estar con los nuestros, con la alegría de la tarde que se consumía alrededor de una mesa contando mil historias que ya no recuerdo. Y me sentí feliz y relajado, y al despertarme pensé que tal vez incluso para mi, que soy bastante introvertido, esta ausencia de contacto social se está haciendo demasiado larga. Yo, que durante años he descuidado totalmente a mis amistades, descubro que comienzo a necesitar algo más que un mensaje de texto o un emoticono en el teléfono. 

Tal vez la crisis de la mediana edad, sabiéndome ya en el camino de vuelta, me hace pensar en los viejos tiempos, en las noches perdidas que ya no volverán, en los momentos de amistad que se fueron con el viento como las canciones de aquel concierto. 







jueves, 20 de febrero de 2020

Serenidad






Sam respiró profundamente. –Bueno, estoy de vuelta."
Esto es lo que dijo Sam cuando regresó a la Comarca, sentándose en su sillón preferido, con su querida hobbita de alegres rizos bailando a su alrededor y con su hija en el regazo. El trabajo estaba terminado. Tocaba tomarse un descanso.
Así es como me siento yo esta mañana. Ya es definitivo que el esfuerzode hace unos meses valió la pena. Los madrugones, las horas de estudio, los nervios y los sacrificios. Superé un proceso selectivo que ha sido muy duro. ¿Acaso hay alguno que no lo sea?
Como suele ocurrir cuando conseguimos algo que nos ha llevado tanto tiempo y esfuerzo, la sensación que predomina es la de alivio y satisfacción. Más adelante, cualquier día mientras camine despistado por alguna acera o al entrar en una biblioteca sentiré de pronto una súbita alegría, una emoción de esas que nos suben por la espalda, cosquillea entre los huesos temporales y los parietales y nos impulsa a dar pequeños saltos, levantar las manos en señal de triunfo y tal vez gritar.
Pero hoy no es ese día.
Hoy simplemente suspiro aliviado, celebro la buena suerte que he tenido y pienso en lo bien que se está cuando se está bien. Descanso, tranquilidad, disfrutar del tiempo y de la compañía, dar y recibir algunos mimos familiares y mañana, tal vez pasado, ir pensando en volver a empezar. 


martes, 26 de noviembre de 2019

Memoria dos últimos meses.





8:08 Aquí non hai ninguén. Hoxe fun o primeiro en chegar, todas as mesas están baleiras, podo escoller calquera silla. Os ollos aínda están cansos da xornada de onte, e hai que volver a empezar.



9:04 Ruído, murmurio de persoas que chegan e van acomodándose. Algún ven cambiar a cadeira, outros miran para o traballo que os demais traemos para facer. Todos intentamos recordar onde estabamos, intentar manter o ritmo de onte e de antes de onte, tal vez da última semana. Arrecende a café de máquina, hai que intentar espelirse, estar centrado no que temos diante. Alguén busca desesperadamente un enchufe, xa mesmo para estudar fai falta tecnoloxía.
9:48 Estamos a tope. De cando en vez ergo a mirada. Na mesa reina un ambiente de concentración total. Non todos son estudantes. Vendo os papeis e os libros que teñen diante é fácil deducir que hai xente buscando un traballo mellor, un ascenso ou tal vez outra oportunidade para empezar de novo no mundo laboral. Tal vez un intento de corrixir a falta de recursos dunha familia que non tivo a oportunidade de darlle estudos ao fillos, ou que non tivo as luces suficientes para investir máis nos estudos das crianzas e menos en coches e en tabernas.
11:27 Hai que parar, facer un descanso para recuperar forzas e desconectar un pouco. Na prensa non hai nada interesante, ás mesmas historias de sempre, políticos politiqueando e medios de comunicación que viven das subvencións que as administracións públicas lles conceden. Cando remate esta eterna oposición escribirei algo sobre o asunto...
12:55 Hai outras veces nas que o que precisamos é unha parada mental. O noso cerebro vai polo seu lado e descubrímonos pensando cousas que de súpeto nos sorprenden. Eu calculo que dentro de seis anos a miña pequena deixará primaria e eu, en lugar de estar con eles levo meses facendo moitas horas ao día de biblioteca. Pero todos renunciamos a algo, na casa agardan a familia, amores, libros para ler. Non é nada novo para min, moito antes destes tempos pasaba os veráns da miña xuventude traballando para axudar na casa, pagarme a carreira, preparar as oposicións. A vida non sempre foi fácil.



15:08 Hai que ir xantar, algo lixeiro que non nos provoque sono. Conversas na porta, unha fala con mágoa coa mamá, van facer comida familiar esa comida tan rica que tanto lle gusta e ela non pode ir. Outra comenta, mentres come empanada nun banco do parque, que lle cambiaron o día de libranza e que por iso aproveita o día para vir estudar.
16:13 Volvo ao traballo, debo seguir e intentar cumprir co proxectado. Non hai tempo que perder. Hai que aproveitar cada hora, cada día. A competencia é moi dura no mundo das oposicións, cada vez somos máis os que buscamos asentarnos na vida, e cada vez máis preparados. Estudar durante meses, ás veces anos, e saber que ao final podes ter un mal día, pode entrar o único tema que levas mal preparado ou pode que os demais vaian mellor preparados. Dedicarlle meses, ás veces anos, e ao final depender en certa medida da sorte. É duro.


18:27 Saímos tomar outro café, facer un pis, ventilarse un pouco. Ás veces, ao pasar, miramos o que estuda a persoa do lado. É case inevitable. De tanto vernos rematamos por recoñecernos, aquel está coas de Inspector de Facenda, aquela prepara medicina, ese tan forte está coas de Prisións. Despois de tantos meses aquí sentados pensamos que os sitios son nosos. Somos animais de costumes e cada un soe sentarse no mesmo sitio. Por iso resulta gracioso ver as nosas caras de sorpresa cando alguén novo está na nosa mesa. Sabemos que os veteranos non se sentarían nos nosos sitios. Establecese entre nós unha especia de pacto, un respecto polo sitio da outra persoa, aínda que como é lóxico os sitios non teñen nome.
20:37 Imos quedando poucas persoas. En breve apagaran as luces indicando que temos que marchar. Ás veces, ao erguernos, dan ganas de saudarnos e felicitarnos polo traballo ben feito. Saímos pola porta con ganas de darnos palmadas no ombreiro Cansos pero satisfeitos. Mañá tocará madrugar de novo, volver a empezar. Sacrificar mañás de verán, festivos nos que non estás coa familia para asegurar un posto de traballo, para progresar. Calquera pode intentalo, pero non todos o fan. Hai atallos, hai trampas, pero aquí todos estamos queimando os nosos días, renunciando a outras cousas para conseguir un posto, un ascendo, algo distinto, ás veces mesmo algo mellor.
E o peor é que agora mesmo, cando eu saio pola porta da biblioteca na que ultimamente paso máis tempo que na miña casa, alguén estará no bar pedindo o segundo gin-tonic e pontificando, como quen coñece a verdade absoluta, sobre a inxustiza de que algúns traballen de oito a tres e el teña que currar dez horas e lle paguen nove. E falará con desprezo sobre o que descoñece, convencido de ser a única persoa que traballa e coa idea de que está levantando o país do mesmo modo que levanta as copas nos bares. E moitas veces escoito e calo, e me sinto como se tivera que avergoñarme do que ninguén me regalou, coma se levar dende os 16 anos traballando non servira de nada. Pero outras veces me poño en modo fachendoso e lle recordo a algún que non houbo festa que perdera nin copa que deixara de tomar, que mentres eu saía do traballo a algunha biblioteca outros ían xogar unha pachanga, ou á praia ou a beber cervexas en calquera terraza. Ao final cada un vai recollendo o que sementa, e teño a esperanza de que nos próximos anos poida recoller o que con tanto esforzo, sacrificios e renuncias fun sementando nos últimos meses.








sábado, 31 de agosto de 2019

Arder





Quémalo, quémalo todo para que nadie lo lea, parece ser que le escribió Kafka a su amigo antes de morir. No están muy claro el motivo por el cual Kafka quería privar al mundo de su obra, del mismo modo tampoco está muy claro el significado muchos de sus relatos. Pero bueno, el escritor de Praga nunca fue un ejemplo de claridad ni de sencillez. Antes muerto que sencillo, pensaría, y tal vez por eso murió con apenas 40 años y con gran parte de su obra sin publicar, y la publicada con escasa repercusión. Por eso resulta extraña su negativa a que sus escritos viesen la luz.
Aunque hay muchos más ejemplos de artistas que no desean que sus obras les sobrevivian, lo normal es querer perdurar, las personas intentamos mantener vivo nuestro recuerdo a través del arte, de nuestras obras o incluso de nuestra descendencia. Mientras nos recuerden no desaparecemos de todo, pensamos.
Y sin embargo hay ocasiones en las que queremos desaparecer sin dejar rastro, borrar nuestras huellas como el mar borra cada día las marcas de un día de playa. A veces de todo, pero otras veces como una forma de forzar un nuevo comienzo, dejar espacio para nuevos proyectos y nuevas obras. Ver arder lo antiguo para dejar paso a lo nuevo. Todos necesitamos hacer limpieza en nuestro trastero vital, tirar trastos viejos, cachivaches que guardamos para más adelante con la creencia de que algún día nos harán falta.
Y nos despertamos un día con ganas de ver arder los excedentes de nuestros días, lo de antes, fotografías de lo que fuimos, anotaciones en viejos cuadernos de lo que iba a ser y no fue. Así acabé yo este curso, con ganas de quemar no solamente las leyes y el material de una oposición que mental y anímicamente me desgastó demasiado, sino también con ganas de marcar claramente un punto y aparte en mi vida. Por eso aprovecharé el fuego para ver arder todo lo de antes, los esbozos de las novelas que ahora tengo la certeza de que no escribiré, los diarios que hablan de un tipo que ya no reconozco, las fotografías de personas a las que tal vez nunca conocí, recuerdos de amigos que nunca nos llegaron a conocer y a los que probablemente nunca comprendimos como se merecían y que se convirtieron en lágrimas en la lluvia (perdón, no lo puedo evitar, ese replicante es mi guía y mi lucero).
Todo a la hoguera.
El fuego purifica, el fuego no admite dudas ni segundas partes. Por algo quemaban a las brujas y a los herejes. No vayan a quedar partes que pudieran guardar restos del maligno. Tiene el fuego algo que limpia, algo magnífico y radical. Nada sobrevive al fuego. Por eso voy a sentarme a ver como arden mis antiguos papeles, cuadernos, esbozos, fotografías, diarios, apuntes para esa tesis sobre Hawthorne y Cunqueiro que nunca empezaré, las cartas que no recuerdo haber merecido, las que nunca te envié, la que yo no quise abrir...
Que arda por fin, irremediablemente, un pasado que ya no me pertenece, del que ya nada se puede esperar, salvo nostalgia de lo que no fue, lástima por lo que pudo haber sido. Quémense las esperanzas perdidas, las palabras que ya no dicen nada, los recuerdos que solamente yo atesoro, como quien va guardando las olas del mar con la esperanza de que el número final sea par. Que el fuego sea el final y las cenizas se conviertan en humus creador del que renazcan los nuevos días. Que con el humo se vayan los viejos temores, los rencores y los fantasmas a los que tantas veces nos enfrentamos. Que las brasas iluminen los caminos nunca antes hollados para al final, con el último rescoldo, saber llegar a casa.

domingo, 4 de agosto de 2019

Los 46.




Un día te levantas y descubres que aunque quisieras, hay algunas cosas que ya no podrás hacer. Una noche de insomnio acabas pensando que aquel viaje recorriendo la costa en bicicleta que fuiste postergando ya no te hace ilusión, o que sacarle partido a ese telescopio olvidado en la esquina del trastero no vale la pena, o que al fin y al cabo correr es de cobardes y tus articulaciones agradecerán que salgas a pasear en lugar de ir por los caminos asustando a los caballos.

Envejecer debe ser algo así, perder intensidad en la vida, sentir que nuestro cuerpo cambia y que aquellos cinco minutos que nos quedaban perdidos entre la rutina diaria ya no son aprovechables, ya no valen la pena. Envejecer es olvidarnos poco a poco de las grandes cosas que iban a darle sentido a nuestra vida, decidir un día que aquellos planes que teníamos a largo plazo ya no solo están aparcados para más tarde, sino que la grúa del tiempo se los ha llevado al desguace y ya no volveremos a recuperarlos.

En definitiva, un día te levantas y ya no dices que algún día harás esto o aquello. Al envejecer descubres que en tu libreta de proyectos hay cosas que ya no harás, ya sea por falta de interés o simplemente porque no tendrás ni la oportunidad ni los días necesarios para hacerlas. Envejecer es descubrir que ya no podrás asistir a un concierto de tu grupo favorito de la juventud, y no por falta de ganas sino porque ya se han disuelto, o incluso han muerto y sabes, aprendes con el tiempo, que segundas partes nunca son buenas. Es saber que habrá gente que ya no volverás a ver jamás, que la vida no te va a permitir reencontrarte con aquel compañero de la universidad con el que lamentas no haber entablado una amistad más estrecha, o con aquella persona de la que te habrías querido enamorar hasta perder el control. Simplemente habrá libros que ya no leeremos, novelas que no escribiremos. 

Y sin embargo hay también algunas cosas buenas en esto de ir haciéndose mayor. Cierta serenidad a la hora de afrontar los días, un saber esperar a que el columpio venga de vuelta en lugar de lanzarte a buscarlo como si subirte en esta vuelta fuese lo más importante de tu vida. Comprender que este momento, y solamente este, es lo único que existe. La distancia entre el ahora y el infinito es una cuestión de entendimiento que solamente el paso de los años nos aporta.



martes, 23 de abril de 2019

Vagabundeo




Hay días en los que quiero leer el Quijote, hay momentos en los que siento ganas de volver a recorrer Castilla, de escuchar el vocerío de los caminos y detenerme en el ajetreo diario de cualquier Venta. Sentir en mi cara la brisa seca de los campos, oler aromas extraños, paisajes lejanos y ásperos indicándonos que a nuestro alrededor no hay nada. Hay días en los que quiero volver a escuchar a Cervantes contándonos una historia, el enredo sublime de sus palabras, la voz firme y sosegada del que sabe que tiene algo que decir, del creador consciente de que su obra es un mundo al que muchos, como yo, tendrán la necesidad de volver de vez en cuando.

Hay días en lo que quiero leer el Quijote, pero no solo eso. Hay también noches en las que quiero volver a navegar con Ismael, visitar los bailes parisinos con Eugène de Rastignac o acompañar a Raskólnikov en sus delirantes vagabundeos por San Petesburgo. Una imagen, a veces, o una palabra activan recuerdos de otras lecturas, de otros tiempos en los que podía permitirme pasar horas y horas entre las páginas de un libro. Y tal vez cuando siento esa imperiosa necesidad de volver a leer mis lecturas de juventud no hago otra cosa que añorar aquellos días, aquella intensidad con la que me sumergía en los libros, aquella capacidad para pasar las noches despierto y leer una página más, y después otra y otra y al final experimentar esa tristeza que muchas personas experimentamos al descubrir que el final está apenas a veinte páginas y no queremos tener que irnos porque sabemos que ya nada será igual, que cuando cerremos el libro ya no podremos volver porque la Literatura tiene mucho de Heráclito y no podemos leer dos veces la misma novela.

Y aún así, cansado de tanta vulgaridad literaria y de tanto éxito editorial que no me aporta nada, hay días en los que necesito volver a leer Literatura, buscar refugio en las páginas de los libros que una vez me hicieron navegar otros mares y vivir otras vidas. Suele coincidir, para que negarlo, con momentos en los que debería estar centrado en otros quehaceres menos gratificantes pero con más repercusiones en mi vida. Al fin, todos necesitamos evadirnos de vez en cuanto y regresar al tiempo en el que alguna vez fuimos felices.

viernes, 27 de julio de 2018

¿Cómo cerrar un blog?



A punto estaba de quemar las naves, con el pie en el estribo y dispuesto a cerrar definitivamente este blog cuando me sentí como Sam al regresar a la Comarca y decidí darle otra oportunidad a este cuaderno que ya no se de lo que habla. La verdad es que tengo ciertos problemas para terminar las cosas que empiezo, o para empezar proyectos, o para continuarlos. Unos cuantos relatos esperan un final, un par de novelas aguardan ansiosas en mi cabeza que me decida a empezarlas, algún que otro blog está perdido en la red esperando la mano de nieve que sepa crear contenidos nuevos.

Pero yo a lo mio.
Perder el tiempo decidiendo planificar lo que tengo que hacer es lo que mejor se me da.
Eso y la ensaladilla.

Quiero cerrar este blog y no se como se hace. Supongo que como mera cortesía te despides, das las gracias y después de un tiempo prudencial apagas todo y te vas. Puede que queden ecos virtuales por la red, que aunque elimines todo lo escrito quedará algún recuerdo de lo que una vez fue este sitio, pero al final todo desaparecerá, como lágrimas en la lluvia, que decía el otro.

Quiero cerrar este blog, pero cuando eres un poco sentimental estas cosas dan algo de pena. Son muchos años y muchas palabras y a veces, algunas veces, tengo la impresión de que lo mejor está por llegar. Viene a ser algo así como darle otra oportunidad a esa persona que insiste en fallarnos una y otra vez. Creemos que en esta ocasión las cosas serán distintas, que no cometeremos los mismos errores, que sabremos mantener la constancia necesaria para que este obsoleto medio de comunicarnos en la red mantenga un poco de actividad.

Improbable.

Lo se.

Pero aún así decido aumentar aún más mi lista personal de objetivos incumplidos y en lugar de silenciar definitivamente este sitio voy y me animo y me digo a mí mismo que ya que que hoy es mi cumpleaños me voy a regalar una nueva oportunidad para hacer lo que más me gusta hacer.

Escribir.

Y como en algún lugar leí que hay que proponerse pequeñas metas para alcanzar grandes objetivos, y como son ya 45 años y a esta edad sé que lo que quiera hacer en la vida tengo hacerlo ya pues me propongo iniciar una nueva serie en este blog. Todavía no tengo claro como ni cuando lo haré, pero en el próximo año escribiré 46 relatos, uno por cada año que para entonces tendré la suerte de haber cumplido.

Y después, si tal, buscaré la mejor manera de cerrar un blog.









jueves, 17 de diciembre de 2015

El repetitivo Síndrome del Nido.



Recuerdo que hace unos años asistí a unas cuantas clases de preparación al parto. Todo era nuevo para nosotros y alguna que otra vez me parecía escuchar la voz del replicante de Blade Runner diciendo aquello de "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais..." cuando la matrona nos contaba todo lo que nos esperaba con eso de la crianza. Las instrucciones de funcionamiento de los bebés son tan amplias y abarcan tantas cosas distintas que al final decidimos utilizar el método piel con piel para todo. Cólico del lactante: piel con piel; fiebre; piel con piel; dientes: piel con piel; dormir: piel con piel; hambre: piel con piel (de mamá, claro).

Pero lo que me viene a la cabeza estos días es el llamado Síndrome del Nido. Nos explicaba la matrona que unas semanas antes del parto a la embarazada le daba por ordenar toda la casa, organizar armarios, cambiar cosas de sitio o deshacerse de lo que ya no servía. Debo confesar que también yo sufrí una especie de Síndrome del Nido y el día anterior al parto, mientras mi amor subía y bajaba escaleras, yo me dediqué a limpiar la nevera. No puedo explicar lo que sucedió, simplemente abrí la puerta de la nevera y comencé a vaciar cosas, a limpiar todos los estantes e incluso creo recordar que saqué todas las bandejas y las fregué varias veces, como si en lugar de guardar comestibles en el frigorífico tuviésemos residuos radioactivos y altamente contaminantes. Si, es verdad, leyendo las etiquetas de algunos productos parece que en lugar de alimentarnos hacemos mezclas químicas en nuestro organismo, pero lo normal es que las neveras no acumulen tanta porquería como para estar toda la tarde limpiándola, como hice yo aquel viernes.

Pero no quería hablar de mis proezas con la bayeta y el estropajo, que para eso está el increíble Braulio Mackenzie, sino del Síndrome del Nido. Y pienso en el Síndrome del Nido porque en estos días comienzo a reorganizar mi libreta mental de intenciones y proyectos pensando en todo lo que haré el próximo año. Organizo mi escritorio, reciclo viejos papeles, comienzo nuevos cuadernos con cronogramas anuales y anotaciones sobre los libros pendientes de lectura y los relatos que intentaré escribir. Me prometo a mi mismo que intentaré escribir a mis amistades un poco más, o al menos un poco. Hago listas con los viajes y las cosas que pretendo hacer en el año 2016. En fin, que todo el mundo hará lo mismo al acercarse el fin de año.

Se trata de una fase que suele durar unas semanas y que en mi caso suele ser repetitiva por partida doble. Es en estas fechas cuando más suelo organizar mis prioridades y suelo anotar las mismas cosas. Las listas van repitiéndose año tras año y sucede que algunos de los propósitos van pasando de una lista a otra hasta que finalmente desaparecen en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Lo más curioso es que casi siempre anoto como objetivo dejar de hacer listas y planes y pasar a la acción, no perder tanto el tiempo buscando razones para la acción o excusas para la inactividad y finalmente suelo llegar a los últimos días del año con con un ataque intenso del Síndrome del Nido y comienzo a organizar de forma compulsiva mis prioridades e intereses para que al final todo continúe igual. O tal vez no.       
                       
Vayamos terminando ya. Es hora de dormir.





lunes, 30 de noviembre de 2015

Un sol calquera.


Hoxe vin amañecer.

Saiamos polo portal e vin o sol asomando por detrás dunha árbore, ao ladiño do Pico Sacro.

Se tivera un teléfono con cámara tería tirado unha boa fotografía, pero en lugar diso collínlle a man ao meu fillo e decidín investir na nosa existencia en común. Díxenlle que mirara para o sol, como ía subir rápidamente e facerse grande e grande. Díxenlle tamén que era unha sorte para os dous poder ver o amañecer, que comezaba outro día e que estabamos xuntos, que poderiamos ser felices e facer unhas cantas cousas, que os catro estamos ben e que o día ía ser estupendo. 

Iso todo díxenllo mentres un inmenso sol outonal ía enchendo a mañá, facendo brilar a branca xeada e acariñando as nosas orellas e o naris. 

E pensei que todo é máis sinxelo do que tendo a pensar. Que os papas e mamas actuais nos complicamos demasiado a vida querendo ofrecer mil cousas ás nosas crianzas e rematamos embarullándoos entre o obradoiro de astronomía, as clases de inglés, a piscina dos venres e o contacontos dos sábados. Todo é máis sinxelo que todo iso, un amañecer calquera, unha xoaniña paseando polas nosas mans, coller un pau para botarlle un pouco de cuspe e ver se podemos pegar de novo esa folla que caeu... 



E como sabedes xa que son un tipo que tende a pensar de máis, foiseme a cabeza ás vidas que levamos, a este ir e vir con presas dun lado para outro para facer cousas que moitas veces non nos aportan nada. Cantas veces, pensei, non pasaremos por diante das cousas importantes sen decatarnos sequera. Cantos xestos positivos non nos perderemos por estar centrados nas pequenas infamias diarias. 

En fin.

Sei que tí pensaches o mesmo máis dunha vez. Aquí, neste noso xa querido Mar de Beaufort non hai nada novo e hai moi poucas cousas orixinais. Pero é o meu espazo e quero compartilo contigo. E se tes a oportunidade de facelo non dubides en disfrutar do amañecer, detente e comparte ese momento. Xa sei que levarás presa, que terás que coller o autobús, que xa estarás no traballo a tope, que chegas tarde á escola.. Pero val a pena facer o esforzo, sentir que estás noutro día máis neste preciso planeta. Somos vida, e iso, aínda que pareza normal, é algo tremendamente excepcional dentro desta inmensidade que é o universo e a nada. 




viernes, 16 de octubre de 2015

Anotación do 16 Outubro 2015





Curiosamente, algúns días de outono veñen preñados de forza e de luz e fan que en lugar de pensar en recollernos e prepararnos para un frío inverno queiramos comezar novos proxectos, facer cousas novas ou probar o secreto de porco á grella con redución de mencía do dezaseis.




Compostela é o que ten. Algúns falan por falar cando din que que si a choiva, que si as pedras molladas e os ecos do vento polas rúas milenarias desta cidade. Compostela ten luz no outono, e ten os matices propios dos nosos montes cando caen as follas. Si amigos, en Compostela vin beirarrúas que parecen os camiños do Courel e escoitei ás vellas árbores bisbando historias de meigas namoradas fuxindo a cabalo dos trasgos polo monte do Pedroso. Compostela é arte, e non só cando chove. Estes amañeceres laranxa pola banda do Pico Sacro, os dediños do sol acariñando ás follas dos carballos de Santa Susana e deixando un ronsel de luz e brétema no chan. A historia camiñando á nosa beira, a telúrica enerxía dos lugares sagrados, deses cruces de camiños que xa eran lugar de peregrinación fai miles de anos. Isto é o que ten Compostela, isto é o que aporta esta cidade a todo aquel capaz de sentir máis aló dos sentidos.







E se lle cadra por iso levo unhas semanas coa sensación de ir desprendendo enerxía. Aproveito a muda outonal para soltar lastre, para deixar a un lado algúns proxectos, tal vez abandonalos definitivamente e centrarme nunhas poucas cousas. Direi que os doce contos dos que xa vos falara van por bo camiño. Xa naceron  e cando vaian algo máis crecidos ireinos presentando neste blog. Non teño claro como farei, algún xa é demasiado longo para unha soa entrada e pode que faga versión curta para o blog e versión estendida para publicar. Xa sabedes, como nas películas.







E coma un ratiño no seu labirinto ándolle dando voltas ao tema da novela, aquela cousa da que xa teño falado noutras ocasións. Creo que vou poñerme a berrar “Marchando, que fan falta as camas!!” e deixar que a miña capacidade creadora se centre noutras historias que levan tempo pedindo o seu espazo. Por iso vou formatar o meu maxín e para gañar espazo publicarei por entregas a novela no blog que fai tempo abrín para ir comentando como era isto de escribir. Será a única maneira de desfacerme deses papeis que falan sobre personaxes que levan agardando demasiado tempo por un desenlace.

Entrementres, naveguemos.


viernes, 9 de octubre de 2015

O sete de outubro.



Eu non sei explicalo demasiado ben, pero dende que son budista sinto que as cousas van cadrando, que os días teñen certa lóxica e que arredor de min vai xurdindo unha rede de conexións que antes ou ben non existían ou non eran tan evidentes.

Como xa conto nalgún outro lugar deste blog, sempre tiven certa tendencia espiritual. Nos meus anos mozos lin bastante sobre budismo, poderes telúricos e outras teorías sobre as enerxías que nos rodean e que entran dentro do ocultismo e da parapsicoloxía. Incluso cheguei a practicar en diferentes etapas ioga, Tai-Chi e meditación. Porén, nunca cheguei a afondar o suficiente nestes temas e como acontece con case todo o que lin durante todos estes anos non recordo case nada.

Así e todo, algo deste coñecemento debeu quedar en min porque todas estas novas teorías psicolóxicas que tratan de ensinarnos a controlar as emocións e a establecer relacións máis humanas cos outros me resultaban xa familiares, e lendo algún libro sobre o tema parecíame que iso xa o lera antes nalgunha outra parte.

Entón busquei nos meus libros e descubrín que moitos parágrafos que subliñei a comezos dos anos noventa están de plena actualidade e que aquilo que os budistas levan explicando miles de anos é agora o máis avanzado da neurociencia cognitiva. Tampouco é estraño, tendo e conta que os físicos están enleados en demostrar cientificamente o que os gregos afirmaban sobre a materia e as partículas primixenias e infinitas. Non teño dúbida de que acabarán chegando á conclusión de que detrás de todo o físico existe algo espiritual, algo que é a esencia das cousas, que lles da vida ou realidade.

Pero falaba dunha rede de conexións que sinto que se van tecendo ao meu redor. Xa sei que pode parecer simple azar e que pode parecer o máis normal do mundo, pero para min é moi importante o feito de que nun mesmo día poida falar coas tres das persoas que sinto máis próximas a min, con estas amizades veteranas das que falaba fai anos, persoas coas que compartín a vida a diario e que agora vexo de cando en vez, ás veces anualmente.

Pero están aí, e como dende fai unhas semanas sinto que vou atraendo conversacións e contacto humano non me pareceu raro que no mesmo día poida mirar aos ollos a tres persoas ás que quero moitísimo e poidamos compartir un tempo xuntos. Nesta época na que facemos a nosa vida social a través das redes sociais e dos teléfonos é de agradecer poder sentir o contacto dos outros, unha man un abrazo. E saber que nese preciso instante estamos xuntos no mesmo tempo e no mesmo espazo. Este é, sen dúbida, o sentido da vida.





martes, 4 de agosto de 2015

Os Paramales de Xoel López



Por estas cousas que teñen as búsquedas de internet descubrín a Xoel López cando andaba na procura da canción de Berlanga "Perlas ensangrentadas". Creo que quería poñer o video nalgunha entrada deste blog, ou algo semellante. Pásame ás veces que paso máis tempo buscando fotos o vídeos para completar as miñas entradas que escribíndoas.

Pero falaba de Xoel López, de como cheguei a ver un video dun concerto no que tocan unha versión de "Perlas ensangrentadas" que me gustou tanto que me puxen a buscar máis música del e descubrín unha canción que se chama "Tierra" dun disco que se chama Atlántico. 



Supoño que todo é puro azar, que hai días nos que estás máis receptivo que outros. Algunha conexión neuronal se activa e sintes que che falan a tí, que o que les ou escoitas fala de tí. É o que me pasa con esta canción, que expresa o que eu quixera ter expresado algunha vez. 

E así foi como comecei a escoitar a Xoel López. Supoño que hai moitas outras persoas que fan música como él, que fan poemas e lles poñen música, pero polo azar do que antes falaba con quen conectei foi con él. Nestes tempos de tanto comercio musical no que fan estrelas a base de márketing e programas de televisión agradécese descubrir que hai xente creando cousas fermosas. Artesáns que ofrecen o que eles mesmos fan sen artificios nin lerias. 

Por iso creo que este disco merece estas letras que eu estou escribindo e o tempo que tí lle estás dedicando. Non tiven moito tempo para escoitalo pero tendo en conta que foi o meu amor quen mo regalou comprenderase que sexa un bo acompañamento para os meus periplos polo Mar de Beaufort. 



viernes, 31 de julio de 2015

Anotación do 31 Xullo 2015



Nestes días de dispersión emocional que tan acotío sufro dedícome a navegar por internet na procura de novas afeccións ou intereses para evitar poñerme a escribir, ou estudar ou facer calquera outra cousa que penso que pode ser de proveito. 

Case sempre remato en páxinas raras e decidindo informarme máis sobre temas moi variados, como pode ser o coleccionismo de fotos de percebes ou a observación de nubes ainda que chova. Pero antes de chegar a estes sitios tan rariños vou arribando en páxinas dedicadas á literatura ou en blogs nos que alguén da consellos sobre como escribir, como organizar á nosa vida en internet ou como conseguir ser popular nisto das redes sociais.

E sempre remato abraiado co montón de xente que hai facendo cousas boas en internet. Hai verdadeiros profesionais nisto dos blogs, aínda que sospeito que moitas veces son versións doutras páxinas e doutros sitios. Pero a cousa é que nos últimos días coincidín pola rede con xente que daba consellos para potenciar as nosas creacións literarias en internet. E descubrín que moitas destas recomendacións xa as teño aplicado neste blog. Fai tempo que me presentei e que comentei que o que aquí publicaría sería creación miña, para ben ou para mal. Tamén intento poñer algunha imaxe para que non vos cansedes e procuro que o que escribo poida lerse nun par de minutos. Tampouco quero roubarvos moito tempo.

Sen embargo o que non consigo e ser constante. E xa non se trata só do pouco tempo do que dispoño. Ás veces comezo a escribir e ao pouco penso que é unha verdadeira parvada e boto no lixo aquelas reflexións que uns minutos antes me parecían interesantes. Tamén acontece que algúns relatos comezan a medrar e a semellarse máis a un conto que a unha entrada para un blog. 

Pero creo que o que realmente impide que este blog medre é a falta dunha orientación clara. Comecei a escribir por escribir, sen ter moi claro o que quería contar pero cunha claramente orientado á literatura, pero agora descubro que ademais de inventar historias moitas das cousas que escribín falan sobre mín. En lugar de inventar parece que o que me pide o corpo é levar unha especie de diario como o que levo dende fai anos en cadernos de papel. 

Certamente, esta tendencia xa está presente dende o principio. Mar de Beaufort sempre tivo algo de caderno de bitácora e ao reler as cousas que escribín para presentarme e para presentar esta páxina descubro que case nada cambiou dende entón. Teño a intención de facer novas cousas e non sei se integralas aquí ou crear novos espazos de comunicación. Pode que separe claramente a parte creativa da parte autobiográfica, pero diso irei informando cando todo vaia avanzado. 

Entrementres, naveguemos.




miércoles, 29 de abril de 2015

Momentos transcendentais



 
Camiñaba eu por Compostela pensando na infinitude do espíritu que nos fai distintos ao resto da creación cando vexo a un tipo ranqueando cara a mín. De súpeto bota a man á cara e tapando un buratiño do nariz decide expirar fortemente polo outro, liberándose así de certa mucosidade que sen dúbida lle molestaba ao respirar.
Eu teño visto facer esta operación infinidade de veces, pero como nesta ocasión andaba enleado en tal altos pensamentos o feito en si pareceume tremendamente vulgar e porcallento, e inevitablemente comecei a dubidar do espírito elevado e infinito deste homiño. Un espírito pouco evolucionado, matinei, coas aplicacións totalmente obsoletas...
Pero como o que preciso son certezas universais e aplicables a todo o mundo pois comezo a pensar que incluso esta persoa terá, ou tivo no pasado, o seu momento de transcendencia. Esa situación que a todos nos pasa algunha vez, unha oportunidade de demostrar que hai algo máis que carne e materia pensante en nós. Que ás veces somos quen de ir un pouco máis alá e facer cousas que demostran un nivel de altruísmo, xenerosidade e comprensión que nos sitúa por riba do cotián.
E seguín dándolle voltas o asunto (o paseo era longo) e comecei a pensar que ese momento de transcendencia no que quero crer non ten porqué ser un momento puntual nas nosas vidas. Descubrín que no día a día todos e todas temos oportunidades de demostrar que somos algo máis que animais gregarios capaces de crear música e poesía. Pensei que apenas cen metros antes se me presentara a oportunidade de transcender cando atopei, como cada mañá, na porta da estación de autobuses a dous homes durmindo no chan. E como cada día que paso por alí pensei que estaría ben achegarme a eles e preguntarlles se precisaban algo, ou simplemente ir ao Aturuxo, mercar un par de bocatas de calamares (que son ricos ricos) e levarllo sen preguntarlles nada.
E como cada día comecei a pensar que igual non lles parecía ben, ou igual me falaban mal, ou me dicían calquera cousa incomprensible e non sabería que facer ou que dicir... e todo quedou en nada.
Quen sabe, se lle cadra o home que se asona sen pano sabería que facer. Se lle cadra non é necesaria tanta prosa nin tantas andrómenas para deterse diante das persoas e ver o que nos iguala e nos fai semellantes. Se lle cadra debaixo de tanta aprendizaxe cultural e de tanto coñecemento estéril e de tanto individualismo e de tanto sentimento de posesión e de pertenza non somos máis que sustancia pensante que ás veces sinte a necesidade de verse reflectida no outro, de saber que compartimos unha mesma esencia e que por iso, simplemente, val a pena deixar aflorar esa parte de humanidade que nos fai transcender.