Algunos, incapaces de encontrarnos en las playas de antaño, vagamos por la arena cristalina mientras baja la marea, sorprendidos por el reflejo de un cuerpo que ya no sentimos como propio, extraña mirada que nos devuelve aquello que ya no reconocemos.
Perdemos el pie, extraña sensación de levedad y pesadez al mismo tiempo, dejándonos llevar por la vida que se nos va y sin embargo intentando enfrentarnos a una fuerza que desconocemos. Fuerzas extrañas e invisibles nos arrastran y nos sitúan, una y otra vez, en el punto de partida al que siempre volvemos. Y conscientes como somos de que nunca volvemos al mismo lugar, es difícil apreciar, en cada uno de nuestros hundimientos, que avanzamos.
Quedan siempre pequeñas cicatrices, heridas en nuestros sueños y en nuestra voluntad y volvemos a la superficie con nuestra mochila de decepciones un poco más cargada, y la reserva de fuerza y de deseos un poco más debilitada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario