miércoles, 3 de julio de 2013

Los heavys son buenos (y no tienen panza)









A escasos días de cumplir cuarenta años decido hacerme heavy.


No, no penséis que soy uno de esos tipos a los que les gusta la tontería del Alejandro Sanz (renegado fiscal) o que está todo el día con la matraca de la movida por aquí y la movida por allá. No. Yo soy más de rock que de otra cosa, pero nunca me había sentido muy cercano a la música heavy hasta el viernes pasado, que fuí al concierto de Europe, Whitesnake y Def Leppard en Compostela.

No lo tenía muy claro, la verdad. Hacía años que no iba a un concierto y no me apetecía nada que me zarandeasen de un lado para otro, que me tirasen cerveza por encima o que un tipo con una calavera en la camiseta negra me mirase torcido como si me estuviese perdonando la vida en ese mismo instante.

Pero nada más lejos de la realidad. Los heavys son buena gente. En realidad ya se pasan un poco de empalagosos y de amables. Al mínimo golpe ya se están disculpando, que perdona por el empujón, que perdona si te piso, que perdona si no te dejo ver... La verdad es que resulta un poco chocante que un tipo que lleva escrito en la camiseta que la sociedad apesta se preocupe tanto por la comodidad de los demás. Por no hablar de la cara de bonachones que tienen todos los heavyes. Si, algunos quieren poner cara de malos pero les quitas las pulseras, las cadenas y les pones una camiseta de Mama Cabra y pueden pasar por animadores infantiles.

Hay más insultos y malos rollos entre los padres que van a ver un partido de futbol alevín que en un concierto de heavys. Incluso llegué a pensar que la solución a esta crisis sería que los heavyes de los años setenta y ochenta nos gobernasen, y no estos jóvenes de la transición que corrían delante de los grises e iban a los conciertos de Serrat pensando que iban a cambiar las cosas y no se dieron cuenta de que los que siempre mandaron los estaban cambiando a ellos.

Lo dicho, que los heavys son buena gente. Y además casi ninguno tiene panza. Tal vez la vibración de la guitarra eléctrica, o una dieta sana y equilibrada cuando se bajan de los escenarios, pero lo cierto es que ninguno de los músicos que actuaban tenían panza aunque alguno tampoco tenía ya la melena que lucía hace veinte o treinta años.




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