domingo, 4 de junio de 2023

Conflicto interior


Es el conflicto con uno mismo lo que define al escritor, decía hoy Juan José Millás en la radio. Obviamente, la opinión de Millás sobre estas cuestiones es irrebatible. Puede gustarnos más o menos su estilo o la temática que trata en sus novelas, pero es innegable que es un escritor tanto por su obra reconocida por el público como por su personalidad con cierta tendencia a la obsesión y el psicoanálisis.

Se trata por lo tanto de la opinión de alguien que sabe perfectamente de lo que habla, y por eso me alegra descubrir que estoy muy de acuerdo con la idea del conflicto interior como desencadenante de la obra del escritor. Sin duda, la necesidad de explicarse a uno mismo es un fuerte impulso que nos lleva a algunos a comunicarnos con los demás. Tal vez dejar constancia de nosotros mismos, sentirnos escuchados o incluso poner en valor nuestra existencia. No solamente somos vida, no solamente nos levantamos y acudimos a nuestros trabajos y nos relacionamos con los otros. También somos seres pensantes, conscientes de nuestra finitud y de nuestros límites, y buscamos de algún modo perdurar. 

Pues además de explicarnos a nosotros mismos y a los demás, al escribir también pretendemos perpetuarnos a través del recuerdo y del reconocimiento de los otros. Tal vez sea el miedo a la muerte y al olvido otro de los impulsos que llevan a las personas a escribir. Seguir vivo en los otros cuando nos hayamos ido, formar parte del bagaje cultural de las próximas generaciones. 

Y sin embargo es un vano intento. Son los personajes y las obras las que cobran vida cuando son leídas por el otro. Es Sancho el que recorre una y otra vez los campos de Castilla montado sobre un pollino; es Leopold Bloom el que repite su noche alucinada cada vez que algún incauto lector se atreve a abrir el Ulises; es Raskólnikov el que utiliza el hacha y son los Buendía los que nos hacen creer en la Diosa Literatura una y otra vez. 

Tal vez solamente los poetas cobran vida cada vez que leemos sus obras. Tal vez son sus voces las que escuchamos, las que nos hablan directamente aunque se hayan convertido en polvo miles de años antes. Y sin embargo tenemos tan poco tiempo para escuchar a los y las poetas que en el mundo han sido...

El conflicto interior y la necesidad de explicarnos a los demás. La necesidad de perdurar, de no convertirnos en el olvido en el que tarde o temprano nos convertiremos. El egocentrismo desmesurado que nos hace pensar que tenemos algo que contar y que otra persona querrá escuchar... los motivos que nos impulsan a escribir son múltiples y su importancia varia en cada escribiente, y sin embargo no es suficiente con tener motivos. Es necesario también tener ganas y tesón, perseverar en nuestros intentos y tener muy claro que se trata de una actividad a largo plazo. 

Por eso no consigo entender como un tipo como yo, que tanto tesón y espíritu de sacrificio demostré en otras ocasiones sea tan incapaz de mantener la intensidad necesaria para escribir, y resolver de una vez los conflictos interiores que de cuando en cuando arrasan mi espíritu de un modo brutal y desalmado. 


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