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martes, 2 de mayo de 2023

Las rosas

  




 

Nadie comprendió muy bien a Manuel Cancelo cuando decidió emprezar a cultivar aquel huerto en la pequeña parcela que le había quedado en herencia. Sorprendía que teniendo como tenía fincas mucho mejores en otras partes del pueblo, acabase preparando aquel terreno, que no era más que una esquina irregular al lado del viejo lavadero, para cultivar allí unos hermosos rosales de todos los colores imaginables. Pero como Don Manuel era una persona muy respetada en el pueblo y nunca había dado que hablar, todos pasaron por alto esta extravagancia e incluso miraron con buenos ojos que a sus casi ochenta años tuviese la voluntad y las fuerzas para salir de su casa y dirigirse, siempre con una sonrisa en la cara, a la pequeña huerta que poco a poco fue adecentando justo al otro lado del pueblo.

A las pocas semanas ya era habitual verlo a media mañana, azada en mano, arrancando las malas hierbas y emparrando, podando o regando aquellos rosales que poco a poco habían ido creciendo y teniendo un aspecto envidiable. Y no era extraño verlo hablando con algún vecino que iba o venía del autobús de las doce menos cuarto; o con el cura que salía de la rectoral a dar su paseo diario; o con algún grupo de estudiantes del instituto que juraban y perjuraban que había faltado la profe de lengua y les habían dejado salir del centro a dar un paseo.

Manuel Cancelo tenía siempre un gesto amable y par de frases para todo aquel que se paraba delante de su pequeño huerto. Y aunque eran muchas las veces que le habían preguntado por esa nueva aficción que le había dado por cultivar rosas después de tantos años, él siempre se limitaba a sonreir y regalar una flor a todo el que se paraba a habalar con él.

-Nunca es tarde para cultivar cosas bellas, decía con la mirada aparentemente perdida.

Nadie en el pueblo se había dado cuenta de que el pequeño huerto de rosas estaba justamente al lado de la casa de la señora Carmen, y que la afición de Manuel Cancelo por el cultivo de rosas comenzó justo al día siguiente de que esta quedase viuda. Y tampoco nadie veía como cada día, nada más levantarse, la señora Carmen se asomaba a la ventana para dar los buenos días a un Manuel Cancelo que ya la esperaba en su pequeño huerto de rosas, como la había esperado durante los últimos sesenta años, justo desde aquel día en el que Don Fausto, el padre de la muchacha, decidió casarla con otro, para gran disgusto de Carmen y de Manuel.



sábado, 15 de abril de 2023

Pasar dúas veces

 


Non recorda dende cando é así. Nos seus primeiros recordos de infancia vese a si mesmo como un neno normal. Xoga, manchase, racha os pantalóns e esquece ás veces meter os libros na mochila, apagar a luz da habitación ao saír ou lavar os dentes antes de deitarse. O esperable dun cativo de nove, dez doce anos.

Pero nalgún momento da adolescencia a vida foi tornándose máis complicada. Nos primeiros anos do BUP necesita ter a mochila preparada a noite antes; antes de saír da casa ten que asegurarse de que leva os bolígrafos e os cadernos, os libros colocados ao mesmo xeito, os cordóns das zapatillas deportivas con dúas lazadas. No COU a situación comeza a ser preocupante para a súa familia, aínda que non lle dan demasiada importancia. Os nervios pola selectividade, pensan.

A universidade móstralle claramente que é unha persoa altamente obsesiva. Case todo o que fai ten que facelo dúas veces, asegúrase de ter apagado o lector de CD's, de ter collido o bono do autobús, lava a mazá de media mañá dúas veces, limpa os zapatos dúas veces, sae da ducha e volve menterse por se lle quedaron as axilas sen lavar. Nas súas primeiras relacións sexuais insiste en poñer dous preservativos, e no traballo de fin de carreira remata facendo dúas versións distintas.

O día da súa voda o convite comezou case dúas horas máis tarde do previsto e o fotógrafo perdeu a paciencia varias veces. Cada fotografía ten que ser revisada e repetida varias veces, e de cada vez ten que facer un repaso completo á súa roupa, aos zapatos, ao ramo da noiva. E como non podía ser doutra maneira casou dúas veces, tivo dous fillos con cada muller e con cada unha houbo unha segunda oportunidade.

Na súa empresa é considerado un home meticuloso e moi traballador, pero ninguén quere compartir proxectos con el pois iso supón rematar un día si e outro tamén facendo horas extra. Nas cenas de traballo revisa coidadosamente os pratos e os cubertos antes de comer, e limpa as copas con dous panos antes de que lle sirvan o viño.

Por fin, e como non podía doutro modo, mesmo despois de xubilarse pediu o reingreso, sendo un dos poucos traballadores que se xubilaron dúas veces. Non podemos saber se foi intencionado, ou foi a mesma morte a que quixo cumprirlle o gusto, pero milagrosamente recuperouse dun infarto no que xa o daban por morto para morrer, dous anos despois, ao caer dun segundo piso cando intentaba limpar a ventá de dobre cristal da súa segunda vivenda. 



miércoles, 12 de abril de 2023

Licuefacción.

 


La primera vez ni siquiera fui consciente de lo que estaba haciendo. En el cristal empañado de la marquesina alguien había dibujado una carita sonriente y yo, sin darme cuenta, había completado la figura con un gorrito de Papa Noel y una gran pipa. Al día siguiente ni siquiera recordaba el dibujo, iba pensando en el examen de mates y en lo que me había dicho Julia sobre las notas de la EvAU cuando lo encontré. Esta vez, además de la carita sonriente había una sombrilla y un sol radiante. Con cierta sorpresa miré a mi alrededor buscando a alguna persona que estuviese mirándome, pero todo el mundo parecía ensimismado en sus asuntos y preocupaciones. Dibujé el borde una playa y un delfín, y me subí al autobús con un cosquilleo especial en la barriga, como cuando hacemos una pequeña travesura y deseamos que nos descubran. 

Al día siguiente llegué diez minutos antes a la parada con la esperanza de descubrir quien era la persona que hacía los dibujos, pero llegué tarde pues en el vidrio mojado ya habían dibujado un bonito paisaje con dos árboles y un sol asomando por detrás de una montaña. Yo completé el cuadro con dos figuras subiendo por la montaña y un pequeño pájaro en uno de los árboles. 

Los días siguientes me dediqué a completar los dibujos que otra persona comenzaba, y aunque sabía que era casi imposible, me gustaba pensar que era un juego y que esos dibujos estaban ahí para que yo los perfeccionase. Incluso un día casi le doy un empujón a una odiosa niña que esperaba el autobús escolar cuando descubrí que se había apoyado en el cristal y con la capucha de su abrigo había borrado gran parte del dibujo.

Un día, de manera algo inconsciente, escribí un par de signos de interrogación y en medio una taza de café. Algo ridículo, pensé, pues lógicamente la persona que dibujaba por las mañanas en el cristal de aquella marquesina no podía saber que unos minutos más tarde yo completaba sus "cuadros". Y aún así, pasé el día pensando en lo que haría si obtenía alguna respuesta, y por la noche incluso tuve algún sueño en el que por fin ponía rostro a aquella persona desconocida. 

Al día siguiente, el nerviosismo y la curiosidad hicieron que llegara a la parada un cuarto de hora antes, y el corazón casi me da un vuelco cuando lo vi.

Unas cintas de la policía local rodeaban lo que quedaba de la marquesina que el camión de la basura había hecho añicos un par de horas antes. 

jueves, 16 de marzo de 2023

El último viento (III)

 


La llegada de las Buscadoras arrancó a Ángela de sus ensoñaciones. Aunque la entrada en aquel puerto no era de las más complicadas, el buque tuvo que realizar varias maniobras de aproximación antes de situarse en la vertical de la dársena. Todo estaba organizado desde hacía mucho tiempo. La ruta había sido trazada de forma tan precisa que casi sabían en que lugar tendrían que estar en cada minuto del viaje. Y sin embargo, las Buscadoras llegaban con retraso.

Ángela sabía que sería totalmente inútil mencionar este hecho. Las Buscadoras nunca daban explicaciones. Era uno de los puntos que siempre aparecían en sus contratos. Buscaban y encontraban todo lo que pudiese ser encontrado, ya fuese un ser vivo, un objeto o algún tipo de energía o de fuerza neutra. Las Buscadoras se tomaban su tiempo para analizar la propuesta que recibían y hacían sus propias averiguaciones antes de comprometerse, pero una vez que se comprometían el cliente podía tener la certeza de que cumplirían su parte del negocio.

Ángela lo sabía, y por eso no le importó tener que esperar una estación entera en aquella ciudad antes de recibir la respuesta. Podía haber recurrido a sus contactos, pero necesitaba discreción. Lo que se proponía hacer no era ilegal, pero tampoco podía considerarse como algo totalmente lícito, y no quería comprometer a nadie en aquella empresa. Y si de algo estaba segura era del silencio que guardarían las Buscadoras. El hecho de que el punto de encuentro fuese en aquella remota dársena era una prueba de que aquellas personas tenían muy claro que la discreción era un valor añadido a los trabajos que ofrecían.

Una mujer abrió la escotilla de embarque y con un gesto seco y áspero invitó a Ángela a subir al buque. Tal y como le indicaran, viajaría ligera de equipaje y sin ningún tipo de arma, aunque Ángela había conseguido que le permitiesen llevar con ella su bastón, con el pretexto de que sus ya largos años hacían que necesitase un apoyo para caminar. Por eso, cuando la mujer vio que subía de un salto y sin ningún tipo de ayuda esbozó una media sonrisa que a Ángela no le pasó desapercibida. Tuvo la certeza de que aquellas personas sabían perfectamente quien era y que si habían aceptado el trabajo era porque habían valorado los pros y los contras y tendrían algún plan B para el caso de que algo se torciese. Imaginó que serían mujeres acostumbradas a este tipo de asuntos y con muchos recursos, y tenía ganas de compartir experiencias con ellas.

Lo que no imaginaba es que pasaría los siguientes cuatro días sin ver a nadie. Sabía que alguien tenía que acompañar a la mujer que la recibió cuando embarcó, pero desde aquel día no había visto a nadie, y comenzó a pensar que tal vez las Buscadoras ya habían encontrado lo que les había encomendado y su presencia en aquel buque se limitaría a ser una pasajera a la que llevan de un lugar a otro.

Al quinto día llegaron a su destino. Y no hizo falta que nadie se lo dijese. No podía haber imaginado que después de tantos años volvería de nuevo a punto de salida. 



martes, 14 de marzo de 2023

El último viento (II)

 




Para Arvall Ortega la vida había sido una inmensa montaña rusa, y no quiero que se pongan ustedes estupendos pensando que el narrador está de algún modo bromeando con la procedencia del bueno de Arvall. El narrador, obviamente, narrará lo que yo quiera que narre, que para eso soy el autor (según mi editora) el escritor (para uno de esos intelectuales en busca de subvenciones) el creador de contenido (como se autodenomina ahora la juventud que, como siempre ha sido, creen que han descubierto una nueva forma de expresión cuando en realidad nihil novum sub sole, que dicen que dijo ya Salomón hace miles de años, que además de muy antiguo era muy sabio)


Pero volviendo al hilo de la narración, cuando decimos que la vida de Arvall había sido como una montaña rusa no queremos minusvalorar lo azarosa que es cualquier vida sino mostrar cierta sorpresa ya que si alguien había llegado a este mundo con un camino más o menos marcado, ese era Arvall Ortega. En sus primeros años nada había quedado al azar. Su alimentación, su educación, su formación física. Todo estaba planificado de antemano y todo parecía desarrollarse dentro de los cauces establecidos, pero algo sucedió que no estaba contemplado en ninguna de las simulaciones realizadas con anterioridad. Los matemáticos que realizaron los cálculos de probabilidades jamás habían pensado en que algo así pudiese acontecer, los sociólogos no anticiparon ninguno de los acontecimientos acontecidos durante la segunda década de vida de Arvall y los físicos y los químicos no tenía marcos teóricos para explicar el mundo después de dichos acontecimientos. Todo cambió de repente, y fueron muchos los que se perdieron en aquellos primeros días del nuevo mundo. Pero Arvall Ortega parecía especialmente adaptado a casi todos los cambios que sucedieron en un muy corto periodo de tiempo.


El no lo sabrá hasta muchos años después, pero su presencia y su capacidad innata para la comunicación fueron fundamentales para que el primer contacto pudiese tener lugar, aunque este ansiado por muchos primer contacto resultó ser el principio del fin para la civilización que lo había creado. Aún hoy existe cierta controversia al respecto y el propio Arvall no tiene una explicación concluyente para su singularidad, a pesar de haber estado en contacto con formas de vida mucho más avanzadas y tener acceso a información que sobrepasa los límites de nuestra limitada comprensión (incluso la del sabio Salomón).


La única certeza que tenemos es que Arvall Ortega fue el único que pudo comunicarse con ellos cuando llegaron, y que fue ese destello de inteligencia que encontraron en el lo que evitó que convirtieran nuestro planeta en una simple fuente de recursos. Y resulta tremendamente perturbador que fuese el primer Biociborg creado artificialmente en un laboratorio el que salvase a la especie humana. Arvall Ortega había sido creado y programado para conducir la primera expedición de prospección al cinturón de asteroides y finalmente fue el primer contactado de la civilización humana.



lunes, 13 de marzo de 2023

El último viento.

 


El viento en su rostro. Ese sería uno de los primeros recuerdos que acompañarían a Ángela durante toda su vida. El viento en su rostro y esa extraña claridad que lo envolvía todo después del largo viaje. Su abuela siempre le había dicho que al llegar todo sería inmenso y sorprendente, que mirase a donde mirase todo le parecería extraño y hermoso a la vez, pero ella lo único que al final recordaría de aquel día sería el viento en su rostro.

Aún ahora, con el paso del tiempo y los miles de lugares en los que ha estado, no puede evitar buscar esa sensación cada vez que llega a un nuevo destino. Levantando sus ojos hacia el lejano horizonte busca revivir aquella sensación, el antiguo viento de su infancia, cuando el mundo, y ella misma, eran todo novedad.

Tal vez por eso no pudo evitar dar un respingo cuando en aquella remota dársena volvió a sentir de nuevo aquella sensación. Una mezcla de melancolía y de agradecimiento se formó en su corazón y supo que de algún modo había llegado a un final, a algún tipo de final. No pudo evitar pensar en aquel primer viaje y en su abuela. Gracias a ella habían emprendido aquel viaje, huyendo de un mundo caduco y olvidado y de un destino que no podía ofrecerle nada más que penurias y resignación.

Fue su abuela la que la despertó aquella madrugada, el día antes del Ritual, y la obligó a caminar durante toda la noche hasta llegar al puerto. No sirvieron de nada sus lágrimas y sus quejas, y durante horas no obtuvo más respuesta de su abuela que las siete palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria, a pesar de estar pronunciadas en una lengua que aún le resultaba desconocida:
- Nac surivi tea liman affriske nalivi org-

Hasta aquel día, su relación con su abuela había sido distante y exenta de cualquiera muestra de afecto. No es que su abuela fuese distinta a las demás abuelas, simplemente las normas establecidas muchas décadas antes había establecido que las muestras de cariño eran algo superfluo que debía evitarse, y las familias acabaron por evitar, incluso en la intimidad, mostrar sus sentimientos y sus emociones.

Aquel primer viaje juntas fue para ella un descubrimiento, un acercamiento a un mundo casi tan novedoso como aquel que descubriría cuando llegasen a su destino. Durante las semanas que duró la travesía su abuela le habló sobre como era el mundo antes de la llegada de los Limanos. Y no solamente eso, sino que le enseño su antigua lengua y como su abuela era muy buena enseñando y Ángela era muy inteligente y aplicada, al llegar a su destino supo que aquellas enigmáticas palabras que quedarían para siempre asociadas a su abuela quería decir "No permitiré que los Limanos hagan contigo lo que me obligaron a hacer con mi hija".


martes, 7 de marzo de 2023

A boneca (e III)

 


(I)

(II)

(III)

A partir deste momento tranquilizouse. Ainda que aquela familia estaba sendo totalmente violentada na súa intimidade, non había nada que fixera pensar que corrían perigo algún. Para aqueles que estiveran analizando información a súa presenza sería simplemente o decorado no que aquela boneca actuaba. Supuxo que de todas as horas de grabacións que figuraban naqueles arquivos, só serían importantes aqueles nos que aparecía a boneca.


Xa case se esquecera de todo o asunto cando uns meses despois recibíu o encargo de desinstalar todo o sistema de vixiancia da casa. Empregaron o mesmo plan que cando procederon a instalar todas as cámaras e micrófonos, e igual que a outra vez, escolleron un xoves para introducirse na casa. Todo foi ben ao principio. O seu colega ocupouse da planta baixa mentres él subíu á planta de arriba e comezou a recoller todos os pequenos aparellos que instalarán uns meses antes. Foi ao chegar a habitación cando se lle ocorreu a idea.

En todas as semanas que pasaron dende que foi consciente do asunto non se lle ocorrera pensar no valor que podía ter aquela boneca, pero foi ao vela alí, enriba da cama a medio facer, cando pensou que igual podía sacar o suficiente para retirarse.


O asunto parecía bastante fácil. Coller a boneca e buscar alguén a quen venderlla. Estaba seguro de que movendo algúns fíos nos lugares axeitados conseguiría atopar a alguén interesado no tema.

Sen embargo alí mesmo rematou o seu intento. Antes mesmo de abrir a porta para saír da habitación coa boneca na man, escoitou un golpe seco. Non houbo tempo para máis nada. O último que viu antes de que o seu crania se quebrara foi un reflexo estraño nos ollos daquela boneca. 


Ao outro lado alguén ollaba para un monitor.



viernes, 24 de febrero de 2023

A boneca (II)

 


(I)

(II)


Todo isto durou catro semanas máis. Durante este tempo e dubidando de que un traballo tan sinxelo puidera ser tan ben pagado, intentou poñerse en contacto co Señor Sacs un par de veces. Pero as instrucción foran claras. Non habería máis contactos até que o traballo rematase, e o traballo remataría cando eles llo dixeran. Cada día el tiña que mandar os datos recollidas da maneira que lle dixeran, e cada semana recibiría a cantidade acordada. Non había máis. Ou polo menos él non tiña que saber máis.

Sen embargo había algo no asunto que lle preocupaba. Había algo moi extraño en todo este asunto, e por iso aos poucos días decidíu volver a espiar a aquela familia para ver se tiña mudado algo na súa rutina diaria. Ninguén lle tiña pedido tal cousa, pero tampouco lle tiñan prohibido facelo. Unha das cousas que máis lle gustara deste encargo é que lle deixaba moito tempo libre para ocuparse doutros asuntos, e en parte podía entenderse como outro asunto a vixiancia desta familia.

Non atopou nada raro.

A familia seguía, dun modo case matemático, coas súas rutinas diarias. Saían ás mesmas horas, facían as mesmas cousas e non parecía que tiveran nada que ocultar nin nada que a fixera distinta das outras familias con fillos pequenos. O motivo polo que alguén estaba tomándose tantas molestias para espialos era algo que se lle escapaba completamente, e tal vez por ese mesmo motivo comezou a sentirse obsesionado con eles. Sen dúbida tiña que haber algo que os facía merecedores de tanta atención, pero non sabía o que podía ser.

Un par de semanas despois de comezar o encargo decidíu facer algo que ía totalmente en contra das normas e da profesionalidade. Até o de agora tiña descargado e enviado os datos tal e como lle dixeron. Facilitáranlle un portátil dende o que facer as operación e advertíranlle que debía destruir o arquivo enviado unha vez recibira a confirmación de recepción. Obviamente, non considerou oportuno abrir o recibo nese ordenador, pero decidíu que unha vez enviada, e antes da súa destrucción, podería gardar a información nun dispositivo externo para poder vela ou escoitala maís tarde.

Ao pouco viuse vendo horas e horas de grabación nas que aparecía a familia facendo as cousas que se supòn que fan as familias. Almorzos, cenas, duchas, algúnha discusión entre a parella, algunha perrencha da cativa.

Nada.

Naquelas grabacións non había nada que se saíse do normal. O que aparecía podía verse en calquera serie americana na que saen as familias arredor dunha cociña, e se do que se trataba era de obter imaxes de contido sexual a cousa tampouco daba para tanto, sobre todo tendo en conta que na habitación dos adultos había só un par de cámaras e ningunha parecía enfocada á cama. E cando máis normal e insípida lle parecía a vida daquela familia máis obsesionado se sentía por descubrir que podía ser o que buscaban.

A resposta chegoulle case por casualidade, e en contra do que pensara nun principio non foi nos videos, senón nos audios nos que atopou a resposta. En moitas das grabacións recollidas na habitación da nena comezou a escoitar unha voz que nun principio non soubo indentificar. Tivo que buscar nas imaxes para decatarse de que unha das bonecas coas que xogaba aquela nena falaba. Pensou que se trataba dunha destas bonecas que responden cando lles tocas, que teñen grabadas catro frases que repiten sen parar ou que piden de comer ou que lles cambien o cueiro.

Pero non. Sentíu que un escalofría lle percorría o lombo cando descubríu que aquela boneca non falaba cando a nena interactuaba con ela senón que soa, sen que lle presionaran ningún botón ou lle dixeran palabra algunha. E peor aínda. Repasando as grabacións descubríu que moitas veces falaba polas noites, mentres a nena durmía, e que parecía estarlle contando contos.

Comprendeu entón que a disposición dos micrófonos e das cámaras non eran para espirar á familia ou á nena, senón que do que se trataba era de espiar a aquela boneca. Sen dúbida alguén quería coñecer como funcionaba aquel novo xoguete, se é que se trataba dun xoguete, e supuxo que o que estaba era participando nunha operación de espionaxe industrial. Pensou que o máis sinxelo sería ter roubado directamente aquela boneca, pero se lle cadra o que querían investigar non era tanto a tecnoloxía, senón o seu comportamento.

jueves, 16 de febrero de 2023

A boneca (I)

 



(I)

Todo estaba tan ben argallado que se cada un cumplía coa súa parte nada podería saír mal. Querería ter contado con máis xente, pero debido ás peculiarides do traballo decidira non meter a ninguén máis. Iso que o que lle pagaban desta vez permitía contratar a un par de homes máis, pero o cliente advertira que a discrección era fundamental.

Ao principio tivo as súas dúbidas. Había algo turbio en todo aquilo, algo escabroso que dende o momento no que lle deron as primeiras instruccións fixo que se sentira incómodo. Pero o encargo viña do Señor Sacs, e até o momento nunca houbera ningún traballo no que houbera que facer algo depravado ou cruel, e sen embargo naquela ocasión o asunto tiña un toque perverso que lle fixera plantexarse as cousas.

Non ten nada que ver co que pode parecer, lle dixo o Señor Sacs. Trátase, como sempre, de coller algo para alguén. Tí fai o teu traballo e non te preocupes polo resto.

Pero nada máis recibir as primeiras instrucción quedou algo confuso, sobre todo tendo en conta que todo parecía centrarse naquela nena.

Levaba tempo facendo a vixiancia da familia, sabía xa todos horarios de cada un deles e podía dicir cunha precisión asobrosa onde estaban en cada momento do día. Sabía que era o home o que primeiro se erguía e despois de preparar o almorzo para él e para a súa muller, aseábase e marchaba a traballar. Era a muller a que levaba aos cativos á escola, agás os xoves nos que a iso das 8:20 aparecía a avoa para levalos. Despois era o pai o que os recollía na escola ás cinco da tarde. O neno entrenaba co equipo da escola os martes e xoves, e a nena ía a teatro os luns e os xoves. Os venres tiñan por costume ir a cenar a un MacDonalds e os sábados marchaban sempre dar un paseo polo monte. Os domingos tocaba cine. Pero no seu caderno tiña tamén anotadas outras cousas. Nos últimos dous meses tiñan ido a facer á compra sete días, sempre o sábado a primeira hora, e case sempre era ela a que marchaba. Tiveran cita co dentista un mércores, e él quedara con dous amigos da oficina para ir cenar e remataran nunha casa de putas, aínda que él non chegara a subir. Isto non lle extrañaba pois xa tiña bastante traballo na casa. En todo o tempo que levaba asexando non houbera semana na que non foderan catro ou cinco noites, e algunha vez mesmo aproveitaron a sesta dos cativos para botar un polvo rápido.

Definitivamente, fixera moi ben o seu traballo de investigación, no seu caderno había case unha axenda diaria da vida que aquela familia fixera nos últimos meses, e con esta información fora coa que trazara un plan que non podía saír mal.

Escollera un xoves para actuar. Sabía que calquera día terían tempo de sobra, pero preferiron non arriscar e escoller o día que máis tarde chegaban a casa. Ás dez da mañá unha furgoneta moi semellante ás de reparto a domicilio aparcou diante da casa da familia e él máis outro home achegáronse á porta principal cargando con dous paquetes. Finxíu falar con alguén, e ao pouco foi pola parte de atrás, como se a súa intención fose deixar o paquete onde o cliente lle indicara. Sen embargo o que fixeron foi forzar lixeiramente unha das fiestras laterais e metérense na casa. A manobra foi tan rápida que de haber algúen pola rúa naquel momento difícilmente se tería percatado do que acontecía.

Comezaron polas zonas comúns. O traballo consistía en instalar un completo sistema de vixiancia por toda a casa. Micrófonos e cámaras nas zonas comúns, e especialmente na habitación da nena e no seu aseo. O seu compinche, que estaba curtido nestes traballos, e noutros máis duros, non puido evitar un xesto de repugnacia ao ver que do que se trataba, claramente, era de seguir os pasos da nena pola casa. Doutro modo non tiña sentido ter instalado máis cámaras na súa habítación que no resto de habitacións, ou mesmo ter que poñer un micrófono a escasos cetímetros do cabeceiro da súa cama.

Pero aínda así non preguntou nada. Era todo un profesional, e ademáis de saber que non obtería resposta, tiña a impresión de que o mellor sería non saber nada do asunto.

Pouco despois das tres da tarde a casa enteira estaba controlada. O compañeiro que quedara fora foi comprobando que todo funcionase, e canto tiveron a certeza de que todo ía ben acoplaron o receptor de datos nun dos postes de luz que había ao outro lado da acera e marcharon.

A partir de agora cada día tería que pasar para volcar os datos do receptor a un portátil de despois enviarían a información, de maneira encriptada, a un enderezo electrónico que lles facilitaran.



lunes, 13 de febrero de 2023

La Fiesta (y V)

 




La fiesta (I).



(V)

Casi sin darse cuenta había pasado el tiempo. Ahora era el el que tendría que volver a la zona de Reposo. Les quedaba el consuelo de saber que al final habrían envejecido lo mismo. Sabían que cómo mínimo les tocaría otra POM, pero no podían asegurar que volviesen a coincidir al mismo tiempo. Los turnos estaban establecidos desde antes de partir, pero también estaba previstos cambios debidos a contratiempos. Podían darse accidentes que obligaran a alguien a volver a su letargo antes de tiempo, o incluso podía haber alguna baja que fuese necesario cubrir.

Esta puede ser nuestra última semana juntos, le dijo ella. Después ya no tendremos tiempo para estar solos. Será como vernos todos los días, pero siempre como si asistiésemos a un gran evento. Por eso aquellos últimos días quisieron hacer acopio de recuerdos hermosos. El la llevó a recorrer la zona de exclusas, donde había grandes zonas donde los propulsores hacían vibrar el aire a su alrededor, formando destellos que parecían fuegos artificiales. Tal vez, el planeta al que lleguemos tenga un campo magnético similar al de la tierra y se formen auroras boreales. Para la despedida escogieron los ventanales de los hangares de carga.

Al despedirse ella le dijo que dentro de un año le estaría esperando allí mismo, al lado de los ventanales enfrente de los que habían pasado tantas horas en los últimos meses. Se despidieron con un beso.

Fue la última vez que se vieron. La Supervisora Jefa Cairme les explicó que los médicos habían detectado ciertas anomalías que aconsejaban suspender las Reuniones Anuales. El proceso de aletargamiento y despertar no era tan inocuo como las pruebas realizadas indicaban. Lamentaba tener que comunicarles que ellos no volverían a pasar por la fase del letargo, y los que ahora estaban en la fase de letargo no serían despertados hasta alcanzar su destino.

-Será nuestra descendencia la que tenga que explicarles a nuestros familiares y amigos la vida que hemos tenido.


lunes, 6 de febrero de 2023

La Fiesta (IV)

 


La fiesta (I).


(IV)

Lo primero que supo al llegar a la Reunión Anual fue que comenzaba su Periodo de Organización y Mantenimiento. Ripley apenas podía contener su alegría y era incapaz de disimular su entusiasmo cuando la Supervisora Jefa Cairme se dirigió a ella diciéndole que al final del día no volvería a su área de reposo sino que tendría que presentarse en la zona operativa para integrarse en los distintos equipos de trabajo.

Sabía que a lo largo del próximo año estaría con él, y durante ese día de reunión casi no se vieron. Tiempo tendrían durante los próximos meses para hablarse y conocerse mejor. Aprovechó la jornada para estar con los suyos, con las familias de la área de reposo a la que pertenecía. Sabían que los elegidos para la POM pertenecían a distintas áreas pues se intentaba que en cada turno estuvieran representadas las distintas áreas en las que se dividía la zona de reposo, aunque en realidad nadie llegaba a desarrollar un vínculo de pertenencia a su área específica. Al fin y al cabo, allí se pasaban todo el tiempo en letargo. Cierto es que con el paso de los años se acostumbraban a ver los mismos rostros al despertarse y al meterse en las cápsulas de letargo, y en el trayecto hacia la gran sala para la reunión Anual siempre había quien comentaba sus experiencias o exponía sus deseos y sus esperanzas. Ripley no era de las que más hablaban, pero aquel día, tal vez porque todos sabían que había sido elegida para su POM o porque ella misma estaba más emocionada de lo que pensaba, no paró de conversar con unos y con otros, incluso con personas a las que no recordaba haber visto nunca. Al final estaba agotada de tanto hablar, sentía la boca seca y un extraño hormigueo en las mandíbulas. Se despidió de sus hermanas y les prometió que para la siguiente Reunión Anual les daría un informe detallado sobre como era la vida diaria en la nave. También a ellas les tocaría algún día quedarse despiertas y el sentimiento de curiosidad era inevitable.

Los grupos comenzaron a deshacerse a medida que las luces de la cúpula poco a poco se tornaban violetas. Algunos se despedían entre lágrimas, otras aprovechaban los últimos minutos de la Reunión Anual para abrazarse, darse ánimos o recordar que el tiempo durante la fase de letargo pasa como un suspiro. Ninguno recordaría nada hasta la próxima Reunión Anual. La mayoría eran conscientes de esto, y se despedían con un simple adiós, o un apretón de manos. Nos vemos mañana, decían entre risas. Sin embargo las despedidas de aquellos que se quedaban despiertos solían ser más sentidas.

Ripley contemplaba desde el centro de la cúpula como la sala se oscurecía mientras que los últimos rezagados corrían de un lado a otro intentando despedirse de todos aquellos a los que les tocaba iniciar su fase POM. Sabían que a partir de ahora la intensidad de la luz iría descendiendo hasta que de la cúpula no quedase nada y la única luz serían los pequeños pilotos que indicaban los caminos hacia las zonas de letargo. Sabían también que el procedimiento de letargo no admitía demoras. Como si del viejo cuento de cenicienta se tratase, cada hombre y cada mujer, cada niño y niña de aquella nave tenían que estar en las zonas de reposo a la hora exacta. Las cápsulas se cerraban todas a la vez exactamente noventa segundos después de que los compartimentos estuvieran herméticamente sellados, y eran pocos los que cuando esto ocurría no estuvieran ya en los lugares que tenían asignados desde siempre.

Pero para Ripley todo era novedad esta vez. Aguardaba con el resto del grupo algún tipo de indicación. Sabía que lo primero eran las presentaciones y la asignación a los grupos de trabajo. Todos harían de todo por lo que no importaba por donde empezaran. La idea básica, lo único que realmente importaba era que ante un imprevisto cualquiera de los que en ese momentos estaban cumpliendo su POM pudiesen responder con un mínimo de seguridad. En todos los años que dura esta misión nunca ha habido ningún tipo de contratiempo, les explicaba la Supervisora Jefa Cairme, y confiamos en que esto siga siendo así. Pero es necesario que entendáis lo importante que es que todos y cada uno de vosotros asumáis vuestras responsabilidades como si nuestro destino dependiera de ello. Por muy insignificante que os parezca la tarea que estáis haciendo, pensad que es imprescindible para que todo funcione, y que el reto al que nos enfrentamos requiere que todo funcione a la perfección para alcanzar nuestro objetivo. Se os pide la excelencia, la perfección. A los que empezáis hoy vuestro POM se os exige que seáis las mejores alumnas y alumnos. Los que ya lleváis un tiempo estáis obligados a ser los mejores maestros. Solamente así nuestra misión tendrá éxito.

Durante las primeras semanas Ripley trabajó en los hangares inferiores. El tamaño de aquella nave era impresionante. Era algo en lo que nunca antes había pensado. De hecho, ni siquiera se había planteado cuantas personas viajaban con ella. Ahora, después de pasar días enteros revisando los anclajes de las pequeñas naves auxiliares, probando motores y asegurándose de que todos los módulos de supervivencia estaban en perfectas condiciones comprendía la envergadura de aquella misión. En los almacenes de carga había todo lo necesario para construir las bases en las que se asentarían al llegar. La idea era formar distintos núcleos según las condiciones del terreno que se encontrasen. Nada se había dejado al azar.

Con el paso de los días, Ripley comenzó a desesperarse. Había pensado que coincidir con el muchacho haría que todo fuese más fácil, más agradable y se descubría realizando jornadas de más de doce horas de trabajo exigente y agotador. Algunas veces se sentía tan exhausta que apenas se podía mantener despierta en la sala de reuniones en la que todos los que permanecían despiertos compartían anécdotas y anhelos. El la consolaba diciéndole que al principio era duro, que costaba acostumbrarse al ritmo frenético y que además le había tocado comenzar por las tareas más aburridas. Cuando tuviese que formarse en pilotaje y manejo de maquinaria los días serían más divertidos.

Y así fue. Durante el quinto mes inició su formación en los simuladores. Siguiendo la lógica de que todos tenían que saber de todo, durante el primer año de la POM aprendían lo necesario para manejar las distintas naves y máquinas que tendrían que emplear cuando llegasen a su destino. Los días eran divertidos, sobre todo teniendo en cuenta que fue durante esta etapa cuando por fin coincidió con el muchacho. Era uno de los monitores encargados de la instrucción de vuelo. No sabía como disimular su emoción cuando lo vio aparecer en la área de simuladores.

Su aspecto era totalmente distinto. Ya no era aquel chico dulce y esquivo que recordaba de las reuniones anuales en las que se buscaban con la mirada. Ahora parecía más adulto, con la mirada segura y penetrante de aquellos que saben hacia donde caminan. Ella lo saludó con disimulo pero el, sin ningún reparo, se acercó a ella y la saludó cariñosamente, preguntándole si estaba preparada para divertirse.

Inició su clase explicándoles que los simuladores estaban preparados para recrear una gran variedad de condiciones geológicas y atmosféricas. El destino final de la misión no estaba definido y tendrían que saber reaccionar ante distintos tipos escenarios.

viernes, 3 de febrero de 2023

La pereza de los viernes.

 



No sabía si era un fallo en su cableado interno o le pasaba a todo el mundo, pero desde que sonaba el clic del despertador tenía que dejar pasar unos minutos antes de poder pensar en algo. Su mente era al principio una maraña de pensamientos confusos, retazos de sueños incoherentes y la extraña sensación de tener algo que hacer pero no recordar de que se trataba.


Comenzaba estirando las piernas, comprobando que su cuerpo seguía funcionando, sin atreverse aún a abrir los ojos, sin poder siquiera pensar en levantarse. Sabía que eran solamente unos minutos, que una vez consiguiese ponerse en pie todo iría mejor, se sentiría plenamente enchufado y con ganas de hacer cosos, pero esa pereza inicial levantaba un muro terrible entre ella y el día. Era lo único que la diferenciaba del resto de sus compañeras, capaces todas de levantarse al segundo de escuchar la maldita alarma que anunciaba un nuevo día.


Y los viernes eran el peor día, aunque esto, analizado con detenimiento, resultase totalmente ilógico. Dentro de unas horas estaría en su área de trabajo y no quedaría ni rastro de esta falta de voluntad, de esta relajación infinita. Sabía que a sus compañeros, hombres y mujeres, les encantaban los viernes, que las conversaciones eran más animadas que cualquier otro día, planeando el fin de semana, hablando de sitios a los que ir a tomar algo o de lugares que visitar para aprovechar los días de sol que estaban marcados en el calendario desde comienzos de año. Los viernes eran la antesala de esas horas que servían para desentumecerse después de una semana de duro trabajo. Era el momento de depurar las malas conexiones y resetear el sistema.


Pero aún así, levantarse de la cama era especialmente duro para ella. Arrastrar un pie y después una pierna hasta el borde de la cama; negociar con el resto del cuerpo el momento de incorporarse lateralmente para poder salir de la cama sin más demoras que las estrictamente necesarias. Mirar alrededor y comprobar que todas sus compañeras estaban ya en marcha y operando a pleno rendimiento. Así día tras día, y especialmente los viernes. Como si la sobrecarga de toda la semana fuese pesándole más de la cuenta.


Tal vez aquel viernes había tardado un poco más que de costumbre el levantarse, tal vez sus ralentizadas rutinas internas habían hecho saltar algún tipo de alarme imperceptible o como tantos otros aparatos electrónicos tenía activado un protocolo de obsolescencia programada, pero lo cierto es que lo último que quedó grabado en su memoria de silicio fue la conversación de los técnicos de la corporación afirmando que ya era casual que estas unidades siempre cascaran los viernes. 




domingo, 29 de enero de 2023

La fiesta (III)

 


La fiesta (I).


(III)

La vida en la colonia. Esa era la esperanza de los cientos de personas que habían salido de la tierra veinte años antes. Llegar la base orbital que aún estaba de camino hacia uno de los cientos de planetas que se habían seleccionado como habitables. La misión consistía en enviar, con dos años de diferencia en el lanzamiento, tres misiones tripuladas con todo lo necesario para iniciar una nueva humanidad. Ellos estaban a bordo de la tercera de las expediciones, en la que sobre todo iban los pobladores de ese nuevo mundo que querían crear. La primera de las naves era poco menos que un inmenso contenedor con toda la maquinaría necesaria para ir montando las plataformas orbitales en las que el principio se establecería la colonia. La tripulación estaba formada por apenas doscientas personas, y más de mil robots de trabajo y servicio. Desde su llegada al destino hasta la llegada de la segunda expedición tendrían que ocuparse del ensamblado de toda la estructura que debía albergar los cuatrocientos módulos de habitabilidad que iban en la segunda nave. Esta, además, llevaba a los científicos que comenzarían con el proceso de terraformación. Por último, la tercera de las naves llevaba básicamente a las familias de las tripulaciones de las dos primeras expediciones. Al tratarse de un viaje sin retorno, se había decidido que tenían que viajar las familias enteras. No se trataba de mandar solamente astronautas o investigadores, sino de enviar pobladores que pudiesen asentarse en un planeta y crear una nueva civilización. Puede decirse que era una misión en la que no había una tripulación concreta, sino que era como si toda una gran ciudad decidiese irse del planeta.

De hecho, antes del viaje habían ya estado viviendo todos juntos en la gran base que se había construido para los planes de entrenamiento. Habían sido meses difíciles, aprendiendo muchas cosas sobre los viajes espaciales, sobre el funcionamiento de la naves, las posibles complicaciones que podían suceder durante la travesía. Una de las cosas que más habían tenido en cuenta es que el viaje no era más que una pausa, un intermedio en sus vidas. Si todo iba bien, dentro de ochenta años todo comenzaría de nuevo y la mayoría serían más o menos como eran ahora. Para ellos solamente habrían pasado cuatro o cinco años.

Como sin darse cuenta comenzaron a hablar de sus familias. Ella le contó que viajaba con sus hermanas y que sus padres iban en la segunda expedición. Su madre era oficial de comunicaciones y su padre era el supervisor de soporte vital de la nave. Él le contó que viajaba solamente con su padre, que era ingeniero de vuelo en la primera nave. Ya sabes, de los que envejecerán un poco más.

En efecto, los de la primera nave tendrían más periodos despiertos que en las otras dos naves por la sencilla razón de que iban menos, sus POM tendrían que ser algo más largos que los del resto y además, cuando la última expedición llegase a su destino ellos ya llevarían un par de años estableciendo la base orbital. Aún será un hombre joven, le dijo ella ante su cara de pesadumbre. Era algo que a todos les preocupaba. Todo estaba pensado para volver a hacer su vida cuando llegasen, pero no podían evitar pensar que algo podía fallar, que los cálculos podrían estar equivocados o simplemente que existiesen diferencias individuales que provocasen que los organismos no reaccionasen igual. Sabían que los cálculos estaban realizados para asegurar que la continuidad de la comunidad estuviese asegurado incluso con cierto número de bajas por el camino, y tenían la certeza de que habría bajas. Incluso podría suceder que al llegar les comunicasen que un familiar o un amigo ya había muerto.

Prefirieron no pensar. Dedicaron el resto del día a hablar de banalidades, contar historias de la época del entrenamiento. Descubrieron que, como no podía ser de otro modo, tenían algunos amigos comunes, que incluso podían hablar de instructores como si hubiesen compartido el mismo instituto. Ella se sorprendió sintiendo cierto desasosiego al pensar que lo que para ella sería una noche de sueño profundo, para él sería un año entero de trabajo y experiencias, de relación con otras personas. ¿Y si encontraba a otra persona?

Una vez más le tranquilizaron sus palabras diciéndole que no se preocupara, que para el próximo año la encontraría de nuevo.

- Y quien sabe, puede que incluso te toque a ti hacer el POM, y tendremos todo un año para estar juntos y conocernos.


domingo, 22 de enero de 2023

La fiesta (II)

 





La fiesta (I).

(II)

Al encontrarse en la siguiente Reunión Anual, Ripley no pudo evitar sentir cierta decepción. Intentó mostrarse alegre y feliz, pero lo cierto es que cuando volvió a ver al muchacho algo había cambiado. En el último año había envejecido demasiado. Notaba que estaba distinto, más adulto quizás, más serio. Su rostro era el de una persona con responsabilidades y ocupaciones distintas a las del resto de participantes en la fiesta. Era normal. Al fin y al cabo él había pasado los últimos meses trabajando duro para que todo funcionase mientras que el resto descansaba plácidamente en sus zonas de residencia. Todos sabían que era en los periodos de Organización y Mantenimiento cuando las personas maduraban y podían desarrollar su personalidad. En realidad, esta era su verdadera finalidad. Por el bien de la comunidad se había decidido que todas las personas tendrían que pasar por los Periodos de Organización y Mantenimiento de manera cíclica. Los grupos estaban decididos desde el principio, aunque nadie sabía exactamente en que momento y con que personas les tocaría. En cada Reunión Anual se anunciaba quienes comenzaban con su POM y quienes lo dejaban. El relevo era siempre por cuartas partes, de manera que los veteranos pudieran enseñar a los nuevos todo lo que había que saber para que la comunidad siguiera estable y segura hasta cumplir con los objetivos. Funcionalmente hablando, la Reunión Anual no era necesaria, pero después de muchos debates y de analizar distintas teorías sobre dinámica de grupos y establecimiento de lazos de pertenencia se había decidido que podía ser interesante reunir a toda la comunidad de manera regular, y se consideró que era una buena solución hacerlo en el momento del relevo.

Esta vez se encontraron antes del discurso y ya no se separaron durante toda la Reunión Anual. El le explicó que para los organizadores, el día de la Reunión Anual era un día de descanso. Les recomendaban que desconectaran de todo lo referente a la supervisión de la nave y a las tareas que realizarían durante el año siguiente, sobre todo a aquellos a los que todavía les quedaban uno o dos años de servicio. Unos días antes del despertar general se reunían todos y despedían a los que les tocaba volver al letargo programado. Algunos mantendrían el contacto a lo largo del tiempo, otros volverían a sus familias, a sus vidas anteriores y la época del POM quedaría como algo anecdótico. Algunos veteranos le habían dicho que aunque no era frecuente, cuando volvías a repetir tu POM podías coincidir con antiguos compañeros. No durante todo el periodo, pero si un año o dos. Ella fantaseaba pensado que tal vez alguna vez les tocaría al mismo tiempo y dispondrían de todo un año para estar juntos. No se cansaba de escucharlo contar cosas sobre la rutina diaria y sobre los compañeros, y cualquier anécdota, por muy simple que fuese, le parecía interesante. Él tenía ganas de hablar, de contarle cosas y ella tenía ganas de escucharle, de perderse en su mirada fascinada y algo infantil cuando contaba que el y su equipo de trabajo pasaron dos semanas limpiando las turbinas del cuadrante C, o al explicarle con una minuciosidad a veces exagerada que fue a él y a cuatro más a los que les tocó revisar todo el área de deslizamiento del HC8. El famoso Hangar de carga número ocho del que saldrán las primeras expediciones al llegar a su destino, dentro de unas décadas.

Ella no tenía nada que contar. En realidad, en los últimos doce meses no le había pasado absolutamente nada. El aletargamiento era un procedimiento muy rápido y preciso, y no dejaba recuerdos de ningún tipo. El llegar a sus habitaciones individuales todo el mundo debía prepararse para el proceso en la cámara de higienización seca. Todos los residuos orgánicos eran eliminados y la piel recibía una fina película de hidratante y proteínas. Las cápsulas de sueño, tenían sensores que monitorizaban en todo momento las constantes vitales y la actividad eléctrica del cerebro. Cuando la persona se acostaba, una pantalla aislante cubría todo el cuerpo y comenzaba a un leve zumbido que indicaba que el procedimiento de aletargamiento estaba comenzando. Después de apenas 47 segundos, las ondas ALFA5 hacían su efecto y sumía a todos los habitantes de la nave que no estaban cumpliendo con su POM en un sueño profundo del que no recordarían nada. Algunos decían que soñaban, pero ninguno de los estudios realizados con anterioridad avalaba esta sensación.

Por eso ella estaba algo insegura. Para ella no había pasado más que una noche desde que se habían despedido, pero él había estado despierto, había vivido y había tenido tiempo de sobra para pensar, para hacer proyectos, para decidir. Había conocido a otras personas, tal vez se había sentido atraído por alguien. Su cabeza había comenzado a pensar en un ciento de cosas a la vez, y cada situación que se imaginaba hacía que dudase cada vez más de lo que pasaría con aquel muchacho. Sin duda él había cambiado y ella no. Y lo peor de todo es que era lo más normal. No habían tenido tiempo de conocerse, para él era como si se viesen una vez al año y para ella esta era como su segunda cita.

Fue su abrazo lo que la sacó del ensimismamiento en el que sin percatarse llevaba unos minutos. No ha habido un solo día en el que no pensara en tí -le dijo él- y ella supo entonces que estaban enamorados. Hablaron de todo lo que les esperaba cuando llegasen a su destino. Tenían aún unas décadas de viaje por delante, pero teniendo en cuenta que cada año se reducía a un día, cuando la misión terminase solamente habrían envejecido realmente los años que pasasen en el POM. Como mucho tendremos ocho años más cada uno – le dijo- y aún seremos muy jóvenes para disfrutar de todo lo que pueda ofrecernos la nueva vida la colonia.


viernes, 20 de enero de 2023

Os vellos osos (e IV)

 


(IV)

O día no que as cousas se precipitaron estabamos dándolle a forma definitiva á habitación do bebe. Levabamos uns meses con reformas e tiveramos que cambiar sobre a marcha. Cando comezamos o que queriamos é ter un lugar amplo para reunirnos cos nosos amigos. Decidiramos ampliar a sala de estar que daba á galería. Iamos xuntarlle unha pequena habitación que había debaixo das escaleiras que subían ao baixo cuberta.


Sen embargo, agora tiñamos tamén que mirar de facer un pouco máis ampla a nosa habitación para facerlle sitio ao berce e poñer algún tipo de protección nas escaleiras de madeira. Ademáis disto estabamos pensando en refacer a cociña e modificar a entrada para poder deixar a silla do bebe ao lado da porta.


A casa tiña moitos espazos mortos, esquinas nas que para cubrir a pedra puxeran estanterías ou simplemente pecharan con madeira que ás veces deixaban bastante espazo libre. Facía días que estabamos valorando a idea de arrincar unha desas planchas, e Fernando estabame contando cal era o plan. Para demostrarme que seguramente había espazo baleiro detrás da medeira Fernando deu un golpe na parede e entón, como nunca antes acontecera, a nena apareceuse a escasos centímetros de mín e comezou a berrar e berrar. Fernando falábame e preguntábame algo, pero eu era incapaz de prestarlle atención. A nena parecía fora de sí, como se algo a estivera torturando. Eu tiven que sentarme nunha cadeira mentres Fernando collía unha ferramenta de ferro e ía quitando, unha por unha, as táboas que facían de parece.


Cando había un oco considerable pediume que me achegara. Ves, aquí queda moito espazo para amplicar o corredor, dixo mentres metía a man. A nena pedíame agora que a collese e a levase coa súa nai, pero eu estaba paralizada de medo ante o que estaba vendo. Fernado fora buscar unha literna e enfocando polo burato que viña de facer da parede de madeira mostraba un oco de medio metro de ancho. A luz iluminaba unha parede de pedra con restos de polvo e pequenas birutas de madeira. A nena comezou a berrar e a sinalar cara o chan. Alí amoreados, como pequenos restos que a marea vai deixando na area, había un montón de osos que souben nese preciso momento que pertencían a aquela nena que dende facía meses intentaba dicirme algo.


Durante uns días estivemos dubidando sobre o que deberiamos facer. Supoño que a nosa próxima maternidade cambiou dalgunha maneira a forma de pensar de Fernando, que nun principio asegurou que a única solución era dar parte ao xulgado e que viñeran forenses e un xuiz para analizar os restos. Non sei tampouco de onde saquei a certeza, ou se aquelas visións que remataron aquel mesmo día foron froito da miña imaxinación, do meu embarazo ou se existen algunhas forzas no mundo que aínda non comprendemos. O único certo é que aqueles osos, sen dúbida, pertencían á filla secreta da miña tía aboa, aquela muller que vivíu encerrada toda a súa vida naquela casa, tal vez como penitencia por ter ocultado aos mundo que fora nai e que perdera á súa criatura aos poucos anos de ter nacido.


Agora volven estar de novo xuntas, ainda que ninguén coñeza os segredos que gardan os vellos osos.


martes, 17 de enero de 2023

Os vellos osos (III)

 



Primeira parte. Os vellos osos (I)


Segunda parte. Os vellos osos (II)


(III)


Pasei a semana traballando máis que de costume. Por unha parte as cousas andaban algo revoltas na empresa. Alguén metera a zoca ben metida e tiñamos que revisar as contas dos últimos meses. E na casa as cousas tamén se torceran. Os obreiros emprezaran a traballar o luns, e o martes un deles rompera unha das tuberías da auga e tiñamos a madeira enchoupada. O venres, algo esgotada e con serías sospeitas fun a unha farmacia e merquei un test para saír de dúbidas. Efectivamente, levaba máis de catro semanas de embarazo.

E foi entón cando as cousas se precipitaron. A nena aparecíase cada vez máis a miúdo e busquei por internet se o embarazo provocaba alucinacións. Un par de referencias sobre este asunto fixo que me relaxara un pouco. Sentinme como Ally McBeal cando aparecía un bebé bailando ao ritmo de Barry White, aínda que o que eu vía tiña un toque sinistro que me enchía de frío e inquedanza. Semellaba que quería contarme algo, que as súas aparicións non eran cauais senón que buscaba comunicarse conmigo. Non souben dicir se foi pola frecuencia das aparicións ou por algún efecto psicolóxico que nos fai familiarizarnos con aquelo que se volve habitual, pero comecei a ver no rostro da rapaza algo coñecido, algún rasgo na súa faciana que non me resultaba alleo, un xesto que me recordaba a alguén que non sabía identificar.

Para entón a rapaza xa se me aparecía en calquera lugar. Aprendín a identificar algúns cambios que se producían xusto antes de vela ou de escoitala. Todo comezaba cunha lixeira sensación de frío, un zunido moi leve comezaba a sonar na miña cabeza e estivera onde estivera, semellaba que todo se tornaba un pouco gris, como se entre os meus ollos e a realidade se formase un velo.

O preocupante foi que todo o que acontecía comezara a parecerme normal. Non falara con ninguén do asunto e o meu embarazo axudaba a buscarlle unha explicación aos meus momentos de ausencia e aos comportamentos ás veces algo incongruentes. Fernando estaba tan entusiasmado con ser pai que todo canto eu facía lle parecía ben. Trouxera para casa un montón de libros sobre crianza e non había día no que me fixera algunha pregunta para a que non tiña resposta. Que si iamos practicar o coleito, que si lactancia materna, que si podiamos poñerlle xa música clásica. Eu deixábao dicir e facer xa que cada vez estaba máis interesada en tratar de comprender que era o que me trataba de dicir aquela nena que dende facía unhas semanas entrara na miña vida.

Había veces nas que máis que palabras soltas parecía querer contarme unha historia, aínda que case sempre repetía as mesmas frases. Sabía que se chamaba Herminia, e que estaba nun lugar no que tiña frío. Alguén a metera alí e me pedía que a sacara xa. Pero foi cando comezou a dicirme que quería volver coa súa nai que comecei a sentirme mal.

Eu preguntáballe quen era e onde estaba, que quen lle estaba a facer dano. Pero ela volvía a repetir que tiña frío, que a sacase de alí, e dalgún modo a súa angustía conseguía afectarme, como se o que sentía aquela aparición me afectase a mín tamén. Foi entón cando decidín preguntarlle á miña matrona se os embarazos podían provocar alucinacións. Según me explicou, había veces nas que a preñez provocaba moito estrés, o que podía provocar que algunhas mulleres sufrisen alucinacións auditivas ou mesmo visuais, pero normalmente eran persoas que xa tiveran antes algún episodio de delirio, ou que sufrían de esquizofrénia. Non coñecía o meu historial, pero todas as probas que me fixeran estaban indicando que o embarazo era perfecto e que non había motivo para a preocupación. A non ser, claro está, que fose un embarazo que realmente non desexaba e que o meu corpo estivera reaccionando dese modo.

Eu lle dixen que se ben non me plantexara ter familia, tampouco era algo que descartara. Que a miña situación era boa e que en realidade estaba ilusionada co feito de ser nai, pero que xusto polos días que quedei preñada comecei a ver a unha nena que me falaba.

A matrona disimulou a cara de extrañeza e díxome que en principio non debería preocuparme, pero que se o tema se tornaba unha obsesión para mín podería recetarme algún medicamento suave para o estrés, ou mesmo algún antipsicótico dos que empregan as persoas con esquizofrénia. Pero que o máis probable era que se tratase dalgo puntual, e que a mellor solución sería que entretivera a cabeza con outras cousas. Nos próximos meses toda a miña vida ía cambiar, dixo, e tal vez faría ben centrándome en facer plans de futuro.

Saín da consulta pensando que debería buscar unha ocupación, que a matrona tiña razón e que debía centrarme en todas as novidades que ían acontecer nos próximos meses. Comecei a prestarlle atención a Fernando, recorrimos varias tendas vendo berces, carritos, roupa.. Descubrín que arredor da crianza había todo un mundo de productos raros, seguros e imprescindibles. Non podía imaxinar que as escollas que había que facer á hora de ter fillos fosen tan compricadas. Carrito, silla para o coche, berce, trona ... E para todo había modelos distintos, medidas de seguridade, cores. A sorte foi que Fernando estaba totalmente enchufado co asunto e era él o que falaba cos dependientes e entendía o que nos preguntaban. Era un home moi informado, e sabía o que quería. E desta vez eu alegreime moito da súa necesidade de informarse a fondo sobre todo o que facía.

Pero a nena seguía aparecéndose.

Decidira que non ía prestarlle atención, que faría con ela como facía con algunha compañeira de traballo. Sabía que estaba alí e que mesmo intentaba comunicarse, pero eu nin caso. Tiña a confianza en que isto era algo que pasaría, que seguramente cando parise todo remataría pois o meu cerebro xa non tería que inventar unha nena imaxinaria. Xa bastante tería cunha nena real. Pero as cousas fóronse complicando. Se ao principio o único que vía era unha nena que demandaba a miña atención, agora semellaba máis ben unha desesperada petición de auxilio. Aquela nena parecía sufrir, e dalgún modo tamén eu notaba no meu interior ese sufrimento.