El
viento en su rostro. Ese sería uno de los primeros recuerdos que
acompañarían a Ángela durante toda su vida. El viento en su rostro
y esa extraña claridad que lo envolvía todo después del largo
viaje. Su abuela siempre le había dicho que al llegar todo sería
inmenso y sorprendente, que mirase a donde mirase todo le parecería
extraño y hermoso a la vez, pero ella lo único que al final
recordaría de aquel día sería el viento en su rostro.
Aún ahora, con el paso del tiempo y los miles de lugares en los que ha estado, no puede evitar buscar esa sensación cada vez que llega a un nuevo destino. Levantando sus ojos hacia el lejano horizonte busca revivir aquella sensación, el antiguo viento de su infancia, cuando el mundo, y ella misma, eran todo novedad.
Tal vez por eso no pudo evitar dar un respingo cuando en aquella remota dársena volvió a sentir de nuevo aquella sensación. Una mezcla de melancolía y de agradecimiento se formó en su corazón y supo que de algún modo había llegado a un final, a algún tipo de final. No pudo evitar pensar en aquel primer viaje y en su abuela. Gracias a ella habían emprendido aquel viaje, huyendo de un mundo caduco y olvidado y de un destino que no podía ofrecerle nada más que penurias y resignación.
Fue su abuela la que la despertó aquella madrugada, el día antes del Ritual, y la obligó a caminar durante toda la noche hasta llegar al puerto. No sirvieron de nada sus lágrimas y sus quejas, y durante horas no obtuvo más respuesta de su abuela que las siete palabras que quedarían grabadas para siempre en su memoria, a pesar de estar pronunciadas en una lengua que aún le resultaba desconocida:
-
Nac surivi tea liman affriske nalivi org-
Hasta aquel día, su relación con su abuela había sido distante y exenta de cualquiera muestra de afecto. No es que su abuela fuese distinta a las demás abuelas, simplemente las normas establecidas muchas décadas antes había establecido que las muestras de cariño eran algo superfluo que debía evitarse, y las familias acabaron por evitar, incluso en la intimidad, mostrar sus sentimientos y sus emociones.
Aquel primer viaje juntas fue para ella un descubrimiento, un acercamiento a un mundo casi tan novedoso como aquel que descubriría cuando llegasen a su destino. Durante las semanas que duró la travesía su abuela le habló sobre como era el mundo antes de la llegada de los Limanos. Y no solamente eso, sino que le enseño su antigua lengua y como su abuela era muy buena enseñando y Ángela era muy inteligente y aplicada, al llegar a su destino supo que aquellas enigmáticas palabras que quedarían para siempre asociadas a su abuela quería decir "No permitiré que los Limanos hagan contigo lo que me obligaron a hacer con mi hija".

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