martes, 21 de marzo de 2023

Miedos

 



Hay miedos que nos paralizan y nos vuelven grises, insignificantes; hay noches negras de las que no conseguimos salir, que nos acompañan incluso a plena luz del día, cuando solamente el ruido de la ciudad y los movimientos acelerados de la gente nos hacen recordar que estamos vivos. 

Hay miedos que no podemos confesar, que nos hacen sentir ridículos, estúpidos, opacos. Miedos que los demás no entienden, que resultan graciosos para quien no los sufre, que provocan risa e incredulidad en los demás. 

Hay miedos aprendidos y miedos que quisiéramos olvidar; miedos indefinidos y miedos tan claros y precisos que parecen formar parte de nosotros mismos; miedo a vivir con miedo y miedo a perderle el miedo a la vida; miedo a la soledad de las noches y miedo a no poder nunca estar solo. 

Hay miedos que nos acompañan durante toda nuestra vida y que cuando nos detenemos a analizarlos, descubrimos que se han convertido más bien en un hábito, una parte esencial de nuestra forma de ser y de pensar y que en realidad, más que ser una problema son un refugio en el que nos sentimos seguros. 

Y acabamos sintiendo miedo a perder el miedo a esas pequeñas cosas que nos mantienen alerta. 


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