lunes, 6 de febrero de 2023

La Fiesta (IV)

 


La fiesta (I).


(IV)

Lo primero que supo al llegar a la Reunión Anual fue que comenzaba su Periodo de Organización y Mantenimiento. Ripley apenas podía contener su alegría y era incapaz de disimular su entusiasmo cuando la Supervisora Jefa Cairme se dirigió a ella diciéndole que al final del día no volvería a su área de reposo sino que tendría que presentarse en la zona operativa para integrarse en los distintos equipos de trabajo.

Sabía que a lo largo del próximo año estaría con él, y durante ese día de reunión casi no se vieron. Tiempo tendrían durante los próximos meses para hablarse y conocerse mejor. Aprovechó la jornada para estar con los suyos, con las familias de la área de reposo a la que pertenecía. Sabían que los elegidos para la POM pertenecían a distintas áreas pues se intentaba que en cada turno estuvieran representadas las distintas áreas en las que se dividía la zona de reposo, aunque en realidad nadie llegaba a desarrollar un vínculo de pertenencia a su área específica. Al fin y al cabo, allí se pasaban todo el tiempo en letargo. Cierto es que con el paso de los años se acostumbraban a ver los mismos rostros al despertarse y al meterse en las cápsulas de letargo, y en el trayecto hacia la gran sala para la reunión Anual siempre había quien comentaba sus experiencias o exponía sus deseos y sus esperanzas. Ripley no era de las que más hablaban, pero aquel día, tal vez porque todos sabían que había sido elegida para su POM o porque ella misma estaba más emocionada de lo que pensaba, no paró de conversar con unos y con otros, incluso con personas a las que no recordaba haber visto nunca. Al final estaba agotada de tanto hablar, sentía la boca seca y un extraño hormigueo en las mandíbulas. Se despidió de sus hermanas y les prometió que para la siguiente Reunión Anual les daría un informe detallado sobre como era la vida diaria en la nave. También a ellas les tocaría algún día quedarse despiertas y el sentimiento de curiosidad era inevitable.

Los grupos comenzaron a deshacerse a medida que las luces de la cúpula poco a poco se tornaban violetas. Algunos se despedían entre lágrimas, otras aprovechaban los últimos minutos de la Reunión Anual para abrazarse, darse ánimos o recordar que el tiempo durante la fase de letargo pasa como un suspiro. Ninguno recordaría nada hasta la próxima Reunión Anual. La mayoría eran conscientes de esto, y se despedían con un simple adiós, o un apretón de manos. Nos vemos mañana, decían entre risas. Sin embargo las despedidas de aquellos que se quedaban despiertos solían ser más sentidas.

Ripley contemplaba desde el centro de la cúpula como la sala se oscurecía mientras que los últimos rezagados corrían de un lado a otro intentando despedirse de todos aquellos a los que les tocaba iniciar su fase POM. Sabían que a partir de ahora la intensidad de la luz iría descendiendo hasta que de la cúpula no quedase nada y la única luz serían los pequeños pilotos que indicaban los caminos hacia las zonas de letargo. Sabían también que el procedimiento de letargo no admitía demoras. Como si del viejo cuento de cenicienta se tratase, cada hombre y cada mujer, cada niño y niña de aquella nave tenían que estar en las zonas de reposo a la hora exacta. Las cápsulas se cerraban todas a la vez exactamente noventa segundos después de que los compartimentos estuvieran herméticamente sellados, y eran pocos los que cuando esto ocurría no estuvieran ya en los lugares que tenían asignados desde siempre.

Pero para Ripley todo era novedad esta vez. Aguardaba con el resto del grupo algún tipo de indicación. Sabía que lo primero eran las presentaciones y la asignación a los grupos de trabajo. Todos harían de todo por lo que no importaba por donde empezaran. La idea básica, lo único que realmente importaba era que ante un imprevisto cualquiera de los que en ese momentos estaban cumpliendo su POM pudiesen responder con un mínimo de seguridad. En todos los años que dura esta misión nunca ha habido ningún tipo de contratiempo, les explicaba la Supervisora Jefa Cairme, y confiamos en que esto siga siendo así. Pero es necesario que entendáis lo importante que es que todos y cada uno de vosotros asumáis vuestras responsabilidades como si nuestro destino dependiera de ello. Por muy insignificante que os parezca la tarea que estáis haciendo, pensad que es imprescindible para que todo funcione, y que el reto al que nos enfrentamos requiere que todo funcione a la perfección para alcanzar nuestro objetivo. Se os pide la excelencia, la perfección. A los que empezáis hoy vuestro POM se os exige que seáis las mejores alumnas y alumnos. Los que ya lleváis un tiempo estáis obligados a ser los mejores maestros. Solamente así nuestra misión tendrá éxito.

Durante las primeras semanas Ripley trabajó en los hangares inferiores. El tamaño de aquella nave era impresionante. Era algo en lo que nunca antes había pensado. De hecho, ni siquiera se había planteado cuantas personas viajaban con ella. Ahora, después de pasar días enteros revisando los anclajes de las pequeñas naves auxiliares, probando motores y asegurándose de que todos los módulos de supervivencia estaban en perfectas condiciones comprendía la envergadura de aquella misión. En los almacenes de carga había todo lo necesario para construir las bases en las que se asentarían al llegar. La idea era formar distintos núcleos según las condiciones del terreno que se encontrasen. Nada se había dejado al azar.

Con el paso de los días, Ripley comenzó a desesperarse. Había pensado que coincidir con el muchacho haría que todo fuese más fácil, más agradable y se descubría realizando jornadas de más de doce horas de trabajo exigente y agotador. Algunas veces se sentía tan exhausta que apenas se podía mantener despierta en la sala de reuniones en la que todos los que permanecían despiertos compartían anécdotas y anhelos. El la consolaba diciéndole que al principio era duro, que costaba acostumbrarse al ritmo frenético y que además le había tocado comenzar por las tareas más aburridas. Cuando tuviese que formarse en pilotaje y manejo de maquinaria los días serían más divertidos.

Y así fue. Durante el quinto mes inició su formación en los simuladores. Siguiendo la lógica de que todos tenían que saber de todo, durante el primer año de la POM aprendían lo necesario para manejar las distintas naves y máquinas que tendrían que emplear cuando llegasen a su destino. Los días eran divertidos, sobre todo teniendo en cuenta que fue durante esta etapa cuando por fin coincidió con el muchacho. Era uno de los monitores encargados de la instrucción de vuelo. No sabía como disimular su emoción cuando lo vio aparecer en la área de simuladores.

Su aspecto era totalmente distinto. Ya no era aquel chico dulce y esquivo que recordaba de las reuniones anuales en las que se buscaban con la mirada. Ahora parecía más adulto, con la mirada segura y penetrante de aquellos que saben hacia donde caminan. Ella lo saludó con disimulo pero el, sin ningún reparo, se acercó a ella y la saludó cariñosamente, preguntándole si estaba preparada para divertirse.

Inició su clase explicándoles que los simuladores estaban preparados para recrear una gran variedad de condiciones geológicas y atmosféricas. El destino final de la misión no estaba definido y tendrían que saber reaccionar ante distintos tipos escenarios.

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