Es tan inmenso en universo que a la fuerza tiene que haber de todo, pero que por este nuestro barrio aparezca un cometa de color verde ya es una novedad, sobre todo si según dicen los expertos lo hace cada 50.000 años, aproximadamente. Se trata del C/2022 E3, o ZTF, que ya hay que tener muy poca imaginación para llamarle así a un cometa que espacia tanto sus visitas. El cometa de las grandes ocasiones, o el de los viajes únicos le vendría mejor. Pero los astrónomos que lo descubrieron estaban tan emocionados calculando su periodo orbital y buscando alguna neandertal testigo de su última aparición por el sistema solar, y no pudieron dedicarle mucho tiempo a buscar un nombre adecuado.
Otra peculiaridad de este cometa es su tonalidad verde, aunque en realidad el verde no es fácil de ver (la foto está algo retocada). Tiene unas sustancias que al evaporarse por su cercanía al sol generan fosforescencias de color verde brillante. Y esto es lo que llama un poco la atención, aunque en realidad son muchos los cometas que adquieren distintos colores y resulta que al final todo adquiere otro color cuando se acerca al sol.
El tema es que si en el universo no son extraños los objetos peculiares y coloridos, porqué existe esa frase que relaciona la rareza con los perros verdes? Tal vez deberíamos alegrarnos cada vez que que nos topamos con una persona rara o diferente. La monocromía es aburrida, además de letal, y son esas personas que se salen de los cauces de la normalidad las que hacen avanzar el mundo.
Busquemos perros verdes y hagámosles un sitio en nuestra vida aburguesada, atrevámonos a reconocer que son las singularidades, y no lo común, lo que le da color y alegría a la vida. Disfrutemos de los Verdes, y de los Rojos también, aunque suelen ser demasiado serios y dogmáticos. Hay cosas que solamente pasarán una vez en nuestras vidas. Que importará, entonces, el color que tengan.

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