Nuestros sueños son pompas de jabón que flotan iridiscentes sobre nuestras cabezas, alejándose a veces de nosotros y otras veces rompiéndose nada más nacer. Algunas veces conseguimos mantener nuestros anhelos flotando delante de nosotros, y son la guía de nuestras vidas y su brillo nos cautiva aunque pasen los días y los años. Esas son las grandes metas, el propósito, que dicen ahora los gurús de la autorealización. Otras veces las burbujas estallan delante de nuestros ojos sin que apenas tengan tiempo de flotar, deseos que pronto se vuelven recuerdos de lo que pudo haber sido.
A veces siento que somos como burbujas flotando a la deriva. Burbujas que navegan unidas a otras burbujas, que a veces incluso tienen burbujitas. Grupos de pompas de jabón que necesitan el grupo para sentirse pompas, o la gran pompa que parece saber a donde va, siempre directa a un objetivo que solamente ella conoce. Pompas solitarias, burbujas que apenas encuentran su sitio en el mundo pomperil; pequeñas gotas que suben y suben, dejándose acariciar por el viento que las llevará lejos.
Nunca sabemos muy bien lo que va a salir cuando soplamos el pompero, y cada vez saldrán burbujas distintas. Tal vez esa sea la magia de la vida y de los sueños. Nunca sabemos a donde nos llevará el viento.

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