Mostrando entradas con la etiqueta Instantes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Instantes. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de noviembre de 2025

Caídas



A veces las vidas tan emborronadas, tan llenas de caminos que no van a ninguna parte. A veces dando vueltas alrededor de las mismas preguntas, reproches sordos a un pasado que ya no existe y que tal vez nunca fue como lo recordamos.

Algunos, incapaces de encontrarnos en las playas de antaño, vagamos por la arena cristalina mientras baja la marea, sorprendidos por el reflejo de un cuerpo que ya no sentimos como propio, extraña mirada que nos devuelve aquello que ya no reconocemos. 

Perdemos el pie, extraña sensación de levedad y pesadez al mismo tiempo, dejándonos llevar por la vida que se nos va y sin embargo intentando enfrentarnos a una fuerza que desconocemos. Fuerzas extrañas e invisibles nos arrastran y nos sitúan, una y otra vez, en el punto de partida al que siempre volvemos. Y conscientes como somos de que nunca volvemos al mismo lugar, es difícil apreciar, en cada uno de nuestros hundimientos, que avanzamos. 

Quedan siempre pequeñas cicatrices, heridas en nuestros sueños y en nuestra voluntad y volvemos a la superficie con nuestra mochila de decepciones un poco más cargada, y la reserva de fuerza y de deseos un poco más debilitada.



jueves, 17 de octubre de 2024

Reconstrucción (III)

 


Las cosas no siempre ocurren como uno espera. Y si hace cuatro años comentaba que había comenzado la reconstrucción, y hace dos comentaba que las reformas en esta casa tenían cierta relación con mi propia transformación, ahora tengo que dejar constancia de un nuevo capítulo, una nueva fase en este vaivén de convalecencias y rehabilitaciones que voy arrastrando desde el comienzo de la década.

Tres operaciones en cuatro años puede no ser mucho para algunas personas que por desgracia tiene que pasar por quirófanos más de lo que quisieran, pero para mi, que siempre había gozado de buena salud, está siendo un poco duro. Ya no por las secuelas emocionales y anímicas que van quedando, sino porque también quedan cicatrices físicas y pequeñas taras que nos recuerdan que ya no somos jóvenes y que los cuerpos, cada vez más, necesitan tiempo para recuperarse. 

Debería ser la última, por lo menos en unos quince o veinte años, pero nadie puede asegurarlo. Al fin, non somos más que pequeñas briznas de magia y existencia en manos de las parcas que van tejiendo, sin orden ni concierto, nuestras vidas. Por eso soy muy consciente de que en los próximos años puede ocurrir cualquier cosa, y por eso mismo no voy a volver a enumerar los propósitos y proyectos para los próximos meses. ¿Para qué dejar constancia de la necesidad de ir acabando lo que está a medias? ¿A quien puede importarle si me matriculo de nuevo en la UNED, si retomo esa novela sobre un barco o si intento completar las mil lecturas que me propuse leer antes de irme?

No, ya no tiene sentido. 

Simplemente, como Sarah Connor en Terminator 2, escribo en la gastada madera de mi navío "No Fate" y de nuevo me hago a la mar.         



sábado, 10 de agosto de 2024

De odiseas y metamorfosis


Sería en segundo o tercero de carrera, en una de aquellas sesudas conversaciones de cafetería en las que escuchábamos a los de segundo ciclo como si hubiesen adquirido un conocimiento profundo y certero sobre La Literatura; como si ya hubiesen llegado a ese estado de comunión con el Acto Creativo que les permitía entender cosas que nosotros no creeríamos. Siempre había alguna frase con la que nos deslumbraban, una teoría que nos dejaba perplejas o referencias a libros de los que nunca habíamos oído hablar, y porqué no decirlo, de los que nunca volvimos a saber nada.
 
Aquel despliegue de conocimiento no se correspondía, en absoluto, con el par de cursos que nos llevaban de ventaja, y mucho menos con una capacidad o entendimiento superior al nuestro. Simplemente había leído algunas notas introductorias más que nosotras o habían asistido a alguna conferencia o a clases con algún docente que aún no conocíamos.
 
Pero siempre era interesante poner en común algunas lecturas, trucos para redactar el trabajo de literatura brasileira o incluso obtener unos buenos apuntes para Lingüística General. Y sobre todo, para poder hablar de lo que más nos gustaba, La Literatura!!

Y fue sin duda en una de aquellas conversaciones en las que hacíamos inventario lo que nos quedaba por leer y nuestros propósitos lectores para los próximos meses cuando uno de nosotros, no importa quien aunque lo recuerdo perfectamente, explicó que tenía ya reservado el mes de agosto para leerse el Ulises de Joyce. Coincidíamos en que era una lectura compleja y que requería tal nivel de concentración y de conocimiento que para disfrutarla plenamente no podía leerse durante el curso. Obviamente, era difícil compaginar las andanzas de Bloom y de Dédalus con la lectura, por ejemplo, de Fortunata y Jacinta o de las rimas de Bécquer, por no hablar de la candidez estilística de Arturo o de Lucía, que lo estaban petando por aquellos años.

No amigos, queridas lectoras, el Ulises de James Joyce es uno de los 8.000 de la literatura, de la Literatura con mayúsculas, y no admite que te entretengas con otras menudencias literarias si te atreves iniciar el ascenso a esta obra cumbre de la literatura. Ya te lo escribí un día, hace años, y no me importa repetirlo "Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo"
(Huelga decir que si tu idea de ser lector es leerte cada año el premio planeta, esto no es para ti. Hablamos de otra cosa. Es como ir al rocódromo una vez al año y pensar que podrás hacer cumbre en el Annapurna)

Pero volviendo a los delirios de juventud, a mi la idea me pareció tan acertada y buena que decidí que yo también leería el Ulises dedicándole un mes entero, o lo que fuese necesario, pero de ningún modo podría ser en el mes de agosto pues como bien sabéis, a los catorce años comencé a trabajar durante los veranos y la cosa me entusiasmó tanto que seguí haciéndolo durante mis años universitarios y mis años de opositor, por lo que el asunto del Ulises y el verano fue aplazándose, y cuando al fin tuve veranos con vacaciones incluidas aparecieron en mi vida los viajes en pareja, y poco más tarde dos criaturas, y la playa con cachivaches, viajes de piscina y bungalow, rutas, visitas a las abuelas y eventos varios.

Y finalmente, hace unos años, un cáncer y su posterior depresión se llevaron definitivamente mi poco entusiasmo y las ganas de leer que me han acompañado, sin faltar un solo día, durante toda mi vida. 

Y por eso ahora que acabo de cumplir los 51 años, y que hace ya 30 de aquellas conversaciones sobre los secretos y placeres de la buena literatura, va siendo hora de ir saldando las cuentas pendientes conmigo mismo, y a veces con terceras personas. 

Ahora que el tiempo apremia y que la certeza del mañana va perdiendo consistencia debo anotar en un papel las cuatro o cinco cosas que debo hacer en la vida, y ponerme a ello en este preciso momento, ahora mismo, ya, sin esperar por esa ocasión ideal que no aparecerá. Los meses de agosto están contados y este quedará marcado en mi Diario emocional como el momento en el que inicié mi odisea personal. Durante décadas no he hecho más que adentrarme en mi propio laberinto, tan complicado y engañoso como el del propio Dédalo. Es hora, pues, de matar al minotauro y de encontrar, por fin, el camino de regreso a la persona que siempre quise ser.

Iniciemos, sin más demora, la lectura.

domingo, 3 de marzo de 2024

Los caminos inciertos



Tal vez una ciudad milenaria, unas torres que pueden ser, o no, de una catedral. Tal vez barrios pequeños de pisos de tres o cuatro plantas, o una estación de ferrocarril, o una gran avenida que puede ser, o no, la circunvalación un casco histórico que hace décadas que se desparramó fuera de sus murallas y de sus viejas iglesias erguidas extra muros. 

Sabemos hacia donde caminamos, conocemos nuestro destino incluso antes de emprender el viaje, y sin embargo hay algunas curvas que nos pueden confundir. Veredas sombrías por las que transitamos con dudas y aprensiones; senderos que se bifurcan, cual sublime relato borgiano, para sumergirnos en la duda y en la desesperación de una vida en la que lo difícil es elegir; cruces de camino ofreciéndonos posibilidades inesperadas y totalmente alejadas de los planes que habíamos escrito en el cuaderno de los proyectos pendientes.

Ilusionados y henchidos de esperanza confiamos en el rumbo trazado, nos mantenemos firmes al timón convencidos de que llegaremos al destino que nos habíamos marcado, ignorando las pequeñas señales que nos invitan a replantearnos la estrategia, los objetivos intermedios e incluso el resultado final. Y justo cuando ya aparece en el horizonte nuestra meta y nuestro corazón se llena de alegría y de satisfacción por las muchas jornadas a la intemperie; cuando nuestros ojos se deleitan con la silueta de la ciudad soñada y nuestra boca ya casi saborea un plato caliente y recién cocinado y un buen trago de agua fresca; justo cuando pensamos que nos quedan tan solo unas horas para llegar, el camino nos sorprende con una nueva curva.

Sabemos que es cuestión de tiempo, que tarde o temprano llegaremos y que la vida, en realidad, está en el camino. Pero después de tanto ir y venir de un lado para otro, de tanto refrenar nuestras ansias de disfrutar del momento en pos de un futuro mejor y de una meta que creemos ya a nuestro alcance descubrimos que aún nos queda una última curva que afrontar, y nunca podemos estar seguros de lo que habrá al otro lado.

sábado, 2 de marzo de 2024

Navegando sobre las nubes.



Entre en cielo y el mar, navegando entre nubes y volando sobre las olas de la borrasca que no quiere abandonarnos.
Curioseando de un lado para otro al final de una tarde de finales del invierno, sorprendida tal vez por la ausencia de personas paseando a sus mascotas, por el silencio impropio del parque infantil, por esas extrañas tormentas de viento y agua que se van tan rápido como rápido llegaron.
Retorcerle el cuello al cisne, decía un poeta, cansado de los excesos de retórica y recursos sentimentaloides de románticos y modernistas. Pero era tan bonitiño este cisne, es tan linda esta ría y es tan impresionante el reflejo del cielo y la montaña en el espejo del agua que por un momento la luz se hizo poesía en la tarde ortegana. 

viernes, 1 de marzo de 2024

40 minutos

 


Corenta minutos. 

Corenta minutos non son nada e sen embargo, moitas veces, dan para moito. 

Corenta minutos poden ser moi distintos dependendo de se estamos sentados na cadeira do dentista, ou nun avión cara a un destino de sol e praia, ou nunha clase de Teoría e Crítica literaria. 

Corenta minutos non son o mesmo para a crianza que xoga no parque que para o papá que está agardando apoiado na farola. 

Corenta minutos achegan ao ceo a dúas persoas que se aman (corpos que se xuntan, labios que se atopan) ou enterran no inferno de reproches e desprezos aos que xa non se queren ben. 

Corenta minutos poden marcar o noso futuro no segundo exercicio dunha oposición, ou na sala de espera do departamento de oncoloxía, ou nunha tarde na praia na que nos coñecemos, ou nesa conversa que durante tanto tempo non quixemos manter.

Corenta minutos non son unha medida de nada, e sen embargo hai veces nas que poden significalo todo, o tempo exacto que tardamos en namorarnos ou ese intervalo que nunca debimos deixar pasar entre un adeus e un perdoa.

E sen embargo, os corenta minutos máis memorables dos últimos tempos foron os que tardou un home xa vello, un ancián con bastón e paraguas, en recorrer os escasos 300 metros que van da súa casa á cafetería. Corenta minutos pasaron dende que saíu pola porta da súa vivenda até que chegou á súa mesa de sempre. Corenta minutos baixo a choiva, un pasiño, outro pasiño e descanso. Un pasiño, outro pasiño e volta a empezar.

Sei que foron corenta mintuos porque foi o que eu tardei en facer cinco quilómetros (seino, son un runner mediocre), e sei tamén que ese home ben podía ter quedado na casa, que tal vez o esforzo ou o risco a caer podía telo convencido para non saír, pero intúo tamén que eses 300 metros, ese paseo pola acera que seguramente fai cada mañá é un reto, un dos momentos do día que lle dan azos para continuar camiñando, o seu propósito diario. 

Ao final a vida, sinxelamente, é ir mantendo propósitos e ritmos diarios que nos obriguen a erguernos cada mañá con algo que facer, un verso que escribir ou unha peza que engadir ao puzzle das nosas coloridas xornadas. 


jueves, 8 de febrero de 2024

Cimientos

 

Simplemente paseaban por el centro comercial. Paseaban y reían, hablando de sus cosas, seguramente de las ocurrencias de algún compañero de clase o del último tiktok de la influencer de moda; tal vez locamente enamoradas de la voz del profesor de Tecnología, o comentando la canción que acaba de publicar en las redes sociales esa cantante que tanto admiran.

Dos amigas cogidas del brazo, sonrientes y bulliciosas como corresponde a las chicas de su edad. Sin más preocupaciones que el examen del viernes y sin más necesidades que sentirse acompañadas, unidas por una amistad inquebrantable y luminosa. Ajenas a miradas curiosas o a expresiones de lástima que tal vez reflejan las carencias de la persona que mira. 

Tuve la suerte de verlas pasar, y no pude dejar de emocionarme al comprobar que todavía hay esperanza y un lugar para la amistad pura y sin contrapartidas, para el cariño que no espera nada a cambio, para las relaciones personales que no ocultan otros intereses que el simple compromiso de quererse y dejarse querer. Alegría de estar en el momento preciso con la persona que nos hace sentir bien, sin dejarse llevar por modas pasajeras o por las imposiciones del grupo que tanto marcan en la adolescencia.

Simplemente dos amigas, una ciega y otra no, que paseaban por el centro comercial.


jueves, 1 de febrero de 2024

Febreiro

 


O truco está en comezar en febreiro, comezar o novo ano con tanta calma que nos pareza que ainda estamos no principio e non deixarnos levar por quen non para de repetirnos o rápido que pasa o tempo e que en canto nos descoidemos estaremos no verán. 

Aproveitar a forza e a luninosidade dos días que non paran de medrar, as mañáns despexadas nas que aínda vai frío, é certo, pero nas que algo parece cobrar forza por entre as pólas das árbores que pronto se vestirán de follas e de pequenas flores, pingas de luz e de cores.

O truco está en saber mirar e saber ver, en sentirse parte do que xira e do que remuda, desta inmensa pedra redonda que ten os seus ciclos e que renace cando ten que renacer, e cando o necesita decide manterse fría e distante, facendo acopio de materia e de enerxía que serán, cando teña que que ser, de novo vida. 








viernes, 6 de octubre de 2023

Antes de que toque o timbre.

   


Antes de que toque o timbre, L. explícame, entre bostezo e cullerada de cereais, que non me val a pena abrir un canal en Twich, que debo facelo en Instagram ou YouTube pois daránme, á larga, máis visualizacións. Fálame tamén doutras opcións que xa se me escapan, pero que dubido moito que sexan o que busca un tipo de 50 anos que no medio de expresión que se defende un pouco ben é na escritura, con parrafadas longas e con subordinadas que soen desenrolar a mesma idea por medio de reiteracións e estruturas triplas. Noto, cando llo digo, que entende perfectamente o que lle digo (1), que lle parece unha aportación irrelevante para o que me está explicando (2) e que se impacienta un pouco ante a miña necesidade de explicar todo con tanto detalle. (Nótese a estrutura tripla da que falaba). Como aínda lle queda por tomar medio tazón de cereais e eu teño que ir a vestirme, pospoñemos esta interesante conversa para outro momento. 


Antes de que toque o timbre, A. explícame con todo luxo de detalles a súa teoría sobre os espíritus cun número limitado de reencarnacións. Sostén que as persoas, cando morren, van reencarnándose en familiares ou coñecidos, pero só unhas cantas veces, e que despois quedan por aí. A pregunta é: dónde quedan despois, papá? Eu explícolle que hai moitas teorías sobre iso, pero que dente o meu punto de vista no noso corpo tamén hai unha enerxía que non desaparece e que pode converterse noutras cousas cando morremos, que seguramente hai cousas que existen aínda que non poidamos velas e que o universo é tan inmenso que pode haber de todo por aí fora. Ela, que debeu ver algún vídeo sobre reencarnación non parece prestar atención ás posibilidades ilimitadas dun universo ilimitado e insiste en saber se cando nos reencarnamos noutros recordamos o que fomos. Entón explícolle que seguramente hai algún momento no que podemos recordar todo o que fomos, e noto que está pensando noutras cousas e chegando a algunha conclusión, pero como tamén chegamos á porta da escola temos que despedirnos con un bico e un quérote. 


Antes de que toque o timbre unha mamá cun cativo que corría feliz pola acera (efecto venres sen dúbida) dille "J. cuidado con el chico, que lo vas a atropellar!" E o chico son eu! Eu agradézolle o comentario cun saúdo, pois como xa escribín máis arriba son un chico de 50 anos, e hai veces nas que me sinto moi moi maior e que alguén me vexa aínda como un mozo pois é algo que sempre anima, qué queredes que vos diga!.


Antes de que toque o timbre crúzome co veciño que traballa no Corte Inglés e que sempre vai sorrindo. E descubro que sempre val a pena sorrir, e que seguramente se o meu veciño abrise un canal no Insta podería colgar unha foto diaria cun bo sorriso de bos días, e sen dúbida o seu espíritu vagará polo mundo creando boas vibracións ao seu redor.


E antes de que toque o timbre un home que conducía un coche sen carnet case me atropella no medio do atasco diario na estrada da escola. Podería ter protestado, é certo, e podería ter berrado, mostrado o meu enfado coa certeza de que eu teño a razón e él debe ter máis coidado e estar máis atento á condución. Pero como a vida é breve e nunca sabemos cando vai tocar o timbre decido que non val a pena un só segundo de enfado por algo que quedou en nada. Saudo ao conductor despistado cun sorriso, volvo a camiñar cara ao novo día que apenas fixo máis que comezar e comezo a cantar esa canción de Radio Futura que fala dun tipo que "caminando iba pensando que ganar siempre es tentar a la otra cara de la suerte" y que "sintió la alegría del olvido y al andar descubrió la maravilla del sonido de sus propios pasos en la gravilla" 

  

lunes, 21 de agosto de 2023

Momentos de eternidad (II)

No importa si estamos en una playa con la luz del sol y la fuerza del mar aportándonos esa energía necesaria para afrontar el nuevo curso que llegará con las primeras lluvias de septiembre; o a la acariciadora sombra de un río cantarín; o al borde de una piscina de la que la pereza y los elementos no nos dejan salir. 

Y tampoco importa nuestra edad; ni los malos caminos por los que la vida nos ha obligado a caminar; ni las silenciosas tormentas que al filo de la madrugada invaden nuestro pensamiento o las viejas cicatrices con las que por ignorancia o mala fe otros van tatuando nuestro cuerpo. 

Cuando llegan, no importan los días pasados ni las incertidumbres del porvenir. Los momentos de plenitud son breves instantes de eternidad, pequeños destellos en un universo del que formamos parte sin  llegar a comprenderlo. La certeza de que estamos donde debemos estar, en ese preciso lugar donde nuestro cuerpo y nuestro espíritu están en sintonía, y todo lo demás cobra sentido.

lunes, 17 de abril de 2023

Caminos.

 


Una de mis obsesiones vitales son los caminos como metáfora de las vidas; los senderos que se bifurcan y se excluyen (recordad que debéis leer un relato de Don Jorge Luis cada semana); los tramos que recorremos y en los que a veces nos acompañan otras personas (a veces una vida entera, otras veces unas pocas jornadas). El camino que debemos recorrer, los cruces de caminos, las alternativas que muchas veces se nos presentan o lo inevitable que a veces es continuar adelante. 

Yo, como la mayoría, también fantaseo algunas noches sobre como sería mi vida si no hubiese recorrido el camino que he recorrido, si mis elecciones, cuando tuve que elegir, hubiesen sido otras, si pudiese haber mantenido a mi lado a algunas personas o simplemente si las circunstancias fuesen otras. 

Las posibilidades son casi infinitas. De haber estudiado otra cosa tal vez no tendría querencia por la literatura y me habría perdido ciertos instantes de plenitud con algunos libros entre mis manos. Seguramente no estaría escribiendo este blog, (probablemente ningún otro blog), y no tendría la necesidad de engañarme a mi mismo pensando que alguna vez escribiré algo más que un puñado de relatos inacabados. De haber seguido el impulso misionero de 3º de BUP tal vez estaría aún en algún lugar de África, y de no haberse roto algunas cosas podría haber sido oficial de la marina mercante. 

Y que decir de las personas. De haber sido capaz de mantener algunas amistades tal vez habría tenido otras conversaciones y otras experiencias, tal vez habría vislumbrado otros caminos para recorrer, otros proyectos vitales que aportasen algo distinto.

Y sin embargo tengo la impresión de que aunque cambiase el decorado y el argumento, la esencia de la obra sería la misma. Los caminos difieren y atraviesan valles y montañas distintas, pero en el fondo lo que experimentamos es lo mismo. Cada uno encuentra su felicidad de modos dispares, pero al final el sentimiento de amistad, de amor, de disfrute es muy parecido. Me conmueve un poema de Kavafis o una novela de Robertson Davies del mismo modo que a otro puede emocionarle un buen partido de tenis. El sentimiento de amor incondicional que siento por algunas personas es muy similar al que tú sentirás por otras personas y la satisfacción por el trabajo bien hecho fue siempre la misma, independientemente del trabajo realizado. 

Por eso, cuando pienso en los múltiples caminos posibles que no he recorrido siempre acabo pensando que al fin y al cabo no tiene importancia. Soy fruto de mi historia personal y de mis circunstancias, es cierto, pero también lo es que estoy en mi mejor presente posible, rodeado de buena gente y con un camino por delante que en gran medida será como yo quiera que sea. No podemos decidir el paisaje, ni las tormentas que nos esperan ni los encuentros que nos sorprenderán, pero si podemos elegir cómo y con quien caminaremos.


sábado, 11 de febrero de 2023

Burbujas

 




Nuestros sueños son pompas de jabón que flotan iridiscentes sobre nuestras cabezas, alejándose a veces de nosotros y otras veces rompiéndose nada más nacer. Algunas veces conseguimos mantener nuestros anhelos flotando delante de nosotros, y son la guía de nuestras vidas y su brillo nos cautiva aunque pasen los días y los años. Esas son las grandes metas, el propósito, que dicen ahora los gurús de la autorealización. Otras veces las burbujas estallan delante de nuestros ojos sin que apenas tengan tiempo de flotar, deseos que pronto se vuelven recuerdos de lo que pudo haber sido. 

A veces siento que somos como burbujas flotando a la deriva. Burbujas que navegan unidas a otras burbujas, que a veces incluso tienen burbujitas. Grupos de pompas de jabón que necesitan el grupo para sentirse pompas, o la gran pompa que parece saber a donde va, siempre directa a un objetivo que solamente ella conoce. Pompas solitarias, burbujas que apenas encuentran su sitio en el mundo pomperil; pequeñas gotas que suben y suben, dejándose acariciar por el viento que las llevará lejos.

Nunca sabemos muy bien lo que va a salir cuando soplamos el pompero, y cada vez saldrán burbujas distintas. Tal vez esa sea la magia de la vida y de los sueños. Nunca sabemos a donde nos llevará el viento. 



viernes, 12 de agosto de 2022

Reconstrucción (II)

 


Como si de una metáfora de mi vida se tratase, la reforma de esta casa está llevando su tiempo. Hace ya casi dos años que aquí dejamos constancia de que habían comenzado las obras de reconstrucción, y aunque es evidente que ha habido cambios, no parece que el asunto vaya demasiado rápido. 

Las vidas y las decisiones que tomamos tienen estas cosas. Cuando menos te lo esperas aparecen imprevistos que hacen que tengas que cambiar de planes, o tal vez aplazar algunas metas que te habías propuesto. No suelen ser cambios demasiado importantes, las modificaciones suelen referirse a pequeños detalles, cuestiones estéticas o formulaciones erróneas que se subsanan sin mayores complicaciones. 

Pero hay veces en las que descubrimos que algo está mal, que una pared maestra o uno de los pilares amenazan con venirse abajo, o que una parte del muro de carga está afectado de humedades o con fisuras que pueden llegar a extenderse por otros lugares, con el peligro que esto puede suponer para la estabilidad de la vivienda.

Hubo que hacer reformas estructurales, hubo que ir a los cimientos mismos, cambiar algunas cosas y eliminar elementos esenciales para el hombre con el fin de asegurar que a largo plazo seguiremos en pie. Son cosas que pasan, a veces debemos sacrificar lo importante para garantizar lo imprescindible. 

Y aunque no es excusa ni justifica el abandono en el que ha estado este sitio durante los últimos años, es necesario decir que los últimos meses el barco ha estado en dique seco y que después de algunos ajustes y cambios bastante radicales,  volvemos a navegar. Aún no tenemos claro cual será el rumbo que seguiremos ni que otros puertos visitaremos, pero flotamos y eso, en estos días, es más que suficiente. 

Ojalá que de algún modo coincidamos en algunas singladuras por este Mar de Beaufort que con el cambio climático parece hacerse cada vez más navegable...











miércoles, 11 de agosto de 2021

Unha década.

 


Dez anos van aló.

Dez anos dende que marchaches sen decir adeus, e o mundo cambiou tanto que non sei por onde empezar. Acaso valerá a pena empezar?

O importante é que saibas que estamos ben, que a vida nos da traballo e saúde para gañar as catro pesetas coas que pagamos o que comemos. Non lle debemos nada a naide, e iso é o que conta. Somos como formiguiñas, o meu amor mais eu, facendo pouquiño a pouco o camiño e os traballos e sabendo moi ben a onde queremos chegar.

A cativa segue sendo rabuda, saíu á familia. Tócanos ir conducindo toda esa forza para que a árbore medre forte e alta. Será nalgún momento a sombra que nos ampare, é a xenética.

E o neno fala con todo canto animal atopa polo camiño, igual que facías tí. Recórdote acariñando a aquel San Bernardo tan grande que había na casa das Catro Esquinas, ou chamando polos gatos para darlles o seu almorzo, ou levándolle catro codechas de pan ás ovellas que deixaban na Milleira.

Sabes, ían gustarche tanto os netos e as netas da túa afillada!

Imaxíno ás veces á miña nai de visita cos catro, a túa risa fácil ao velos baixar do coche, a mesa chea de froita e pan con nocilla. Imaxinote feliz, satisfeita de velos medrar, bromeando sobre o pouco que falta para que me collan en altura, preguntando a quen saíu tan rubiño como é.

Pero a vida non quixo darnos máis tempo, e fai xa dez anos que non estás. E hai días nos que semella que tampouco eu estou nesta vida fácil e tranquila que fun quen de conseguir. Algo falta, querida Tía, algo se me escapa diante sen que poida saber o que é. Tal vez envellecer consiste en ir esquecendo as cousas polas que loitamos, ou tal vez debemos intentar sempre ter cousas polas que loitar, aínda que en realidade non nos fagan falta.

Contentábaste con ter a horta limpa e o traballo feito. Gustábache ver as árbores coidadas e que as visitas sempre levasen froita, ou ovos, ou o que houbera para levar. Tal vez, despois de dez anos, deba regresar e mirar un pouco por todo cando deixaches atrás. O camiño continúa aí, só teremos que abrilo e poñerse a andar de novo. 

Bicos, e até outro día.


lunes, 3 de mayo de 2021

Atardeceres pretéritos.

 


Podría ser en el segundo curso de Literatura Española, estudiando el Realismo y el Romanticismo del siglo XIX, o tal vez en COU, preparando la Selectividad. Era joven, de cualquier modo, y tenía ganas de saber más de lo estrictamente necesario y por eso ampliaba los contenidos obligatorios leyendo libros que a veces ni siquiera eran los que figuraban en las bibliografias.

Podría ser en el año 92, o en algún momento del curso 1993-94. No tiene ahora demasiada importancia, hace ya casi treinta años, y eso es mucho tiempo.

Y sin embargo recuerdo atardeceres sentado al pie del ahora viejo y seco manzano, leyendo una biografía de Bécquer de más de seiscientas páginas. Por supuesto, de aquella época lo he olvidado todo: lo leído y lo aprendido; las ilusiones y los deseos; lo que esperaba de la vida y lo que buscaba en los días y sobre todo en las noches.

Pero recuerdo la intensidad de aquellos minutos en los que levantaba la vista del libro para ver como el sol anaranjaba el cielo poco antes de ocultarse detrás de horizonte. Algo tenían las puestas de sol que me reconfortaban, tal vez la sensación de un día aprovechado, o la promesa de una noche con tiempo para ler y escribir, crear nuevos mundos y vivir otras vidas.

Y ahora, emprendiendo ya el camino de vuelta, descubro que me faltan horas en los días para detenerme a contemplar los anocheceres y me sobran noches de insomnio en las que las horas parecen estacarse sin atreverse a avanzar hacia un nuevo amanecer.

Volverán los viejos afanes y el entusiasmo de los días luminosos, volverá la voluntad y el deseo de los buenos tiempos, pero ya no será lo mismo. El futuro ha llegado, la ciudad lo ha engullido todo y ya no queda espacio para los árboles ni tiempo para dejarse acariciar por unos minutos por la dulce brisa del abandono.


viernes, 19 de febrero de 2021

Ser así.

 


Hay veces en las que nos sentimos queridos. Un gesto, una llamada o que te traigan una bandeja de "orellas" a casa. Hai días en los que todo nos parece bueno, y la humanidad es un lugar agradable en el que la búsqueda de la felicidad es un camino fácil. 

Hay pequeñas frases que nos hacen sentir bien, palabras acariciantes que encierran una inmensa carga de cariño y complicidad. Y es que en realidad no hacen falta grandes discursos ni malabarismos verbales para decir las cosas importantes. 

Y es que a veces un simple "gracias" puede significar mucho, pero que te digan "gracias a ti, por ser así" no solamente dice algo bueno de tí, sino también de quien demuestra que te conoce y te comprende. En este gran teatro de piedra y sal en el que nos ha tocado vivir necesitamos que de vez en cuando nuestros semejantes nos vean y nos entiendan, y también que nos lo digan. 

Al fin, no dejamos de ser minúsculos pedazos de vida errante buscando encajar con otros pedazos de vida afines. 

Y en el espacio exterior hace tanto frío...



jueves, 4 de febrero de 2021

Sueños




Soñé con la boda de un amigo. 

Soñé con los amigos de la infancia, con aquellos niños que compartiamos la calle, los prados donde jugábamos, los árboles en los que construíamos cabañas. 

Soñé con la boda de mi amigo, la fiesta no celebrada, las risas y la charla que sin yo saberlo tanto necesitaba. Lamento ahora haber sido tantas veces ese amigo tristón y enfadadizo, esa persona gris que para ser feliz necesitaba que las cosas no tuviesen peros, cuando raramente la realidad es plena e incuestionable. Siempre hay una incongruencia, una frase que sobra, una pregunta que falta. Y yo siempre me fijaba más en las pequeñas ofensas diarias que en las grandes alegrías y las grandes amistades que la vida me fue poniendo en el camino.

Soñé con la celebración y con la fraternidad de la adolescencia, con el deseo de estar con los nuestros, con la alegría de la tarde que se consumía alrededor de una mesa contando mil historias que ya no recuerdo. Y me sentí feliz y relajado, y al despertarme pensé que tal vez incluso para mi, que soy bastante introvertido, esta ausencia de contacto social se está haciendo demasiado larga. Yo, que durante años he descuidado totalmente a mis amistades, descubro que comienzo a necesitar algo más que un mensaje de texto o un emoticono en el teléfono. 

Tal vez la crisis de la mediana edad, sabiéndome ya en el camino de vuelta, me hace pensar en los viejos tiempos, en las noches perdidas que ya no volverán, en los momentos de amistad que se fueron con el viento como las canciones de aquel concierto. 







martes, 10 de noviembre de 2020

Volver a creer.

 



La dependienta es una mujer risueña y amable, de ojos dulces y acogedores, y que siempre tiene una palabra con los clientes. Que si el tiempo, que si cuanto durará esta situación... Cuando los domingos voy con L&A siempre les pregunta que cómo están, que como llevan la escuela con la mascarilla puesta todo el tiempo o si les gusta más la napolitana de chocolate o el cruasán. Es, en definitiva, una de esas personas que hacen que te sientas cómodo en el mundo.

Yo venía de dar mi rodeo diario. Como empiezo a tener una edad y no paran de repetir que lo mejor son los paseos, aprovecho cada recado que tengo que hacer para elegir el camino más largo e ir haciendo quilómetros y tiempo de paseo. La doctora de la mutua me dijo que media hora al día era suficiente para considerarse una persona activa. No tengo muy claro que un paseo de media hora vaya a ser suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que me paso toda mi jornada laboral sentado, y por eso me propongo, siempre que salgo de casa, aprovechar para dar un paseo.

Y en estas estaba hoy cuando se me ocurrió pasar por la panadería y comprar una barra de pan y media empanada. La dependienta estaba ocupada con un ramo de flores y me pidió un segundo para terminar con lo que estaba haciendo. La verdad es que al principio no me di cuenta de lo incongruente que podía resultar entrar en una panadería y que la dependienta estuviera ocupada preparando unas flores.

Son para una señora que vive aquí al lado, me dijo, ahora ya casi no puede venir a buscar el pan, pero siempre me decía que eran muy bonitas las camelias que tenemos delante de la puerta. Atrás tengo más, y como se que hoy no va a venir le estoy preparando un ramo para que se lo lleve su hija cuando venga a comprar el pan. Seguro que la sorpresa le gusta.

Yo no creo demasiado en el ser humano. No es que haya tenido demasiados desengaños, la verdad, pero he leído muchas novelas, y la historia general de la humanidad no es más que una sucesión de intentos de unos por dominar a otros. Pero hay momentos en los que las personas me sorprenden y me descubro a mí mismo emocionándome con los pequeños gestos que hacen que la vida de los otros sea más agradable.

Y es que hay personas que tienen esa capacidad, que vienen al mundo equipadas con el superpoder de hacer pequeñas cosas que generan grandes dosis de alegría. Con total naturalidad puede ocurrírseles decorar la mesa de un compañero de trabajo con figuras de los kinder sorpresa o colgar por todas las puertas de los pisos de nuestros vecinos de portal un pequeño detalle en navidad. Seres empáticos que saben ver las carencias afectivas de los demás y son capaces de encontrar ese pequeño gesto que servirá para hacer la existencia de los demás un poco más llevadera.

Y no penséis que tienen que pensar mucho, o que están todo el día buscando esos pequeños detalles que le alegren la vida a los demás. Que va. A estas personas les vienen estas ideas a la cabeza de un modo natural como a las camelias les salen las flores. Estoy seguro que la mujer de la panadería llegó hoy a la tienda y al ver las flores se acordó de la mujer y decidió en ese momento tener un bonito detalle con ella. Sin necesidad de pensarlo, y sin buscar nada a cambio.

Y yo lo se muy bien porque llevo desde hace unos años compartiendo mi vida con una persona así, y muy a menudo me sorprende con esos pequeños gestos que solamente buscan hacer la vida más agradable a los demás.

Y entonces decido volver a creer.




domingo, 1 de noviembre de 2020

Reconstrucción.

 


En obras. 

Caminando por la vida llega un momento en el que comienzan las reformas.

Y comienzan las dudas: ¿Merece la pena mantener las paredes? ¿Merece la pena reformar o rehabilitar? A veces lo mejor es tirarlo todo y volver a empezar, reducirlo todo a escombros y en el solar edificar algo nuevo.

Queremos hacerlo bien, sabemos que a estas alturas debieramos estar centrados, que lo que hagamos será ya definitivo; que cada vez los cambios nos darán más pereza. 

Por eso son tan complicadas estas reformas que nos encontramos a mitad del camino.

Podría decir que también es una metáfora de la situación política actual, en la que lo único que parece claro es que hay que reformar muchas cosas y llegar a nuevos contratos sociales para sociedades nuevas. 

O podría también hablar de las reticencias de mi patroncito a implementar el teletrabajo selectivo para quien realmente sepa y pueda teletrabajar, que las capacidades de cada persona son las que son y no todos tenemos las mismas aptitudes ni la misma actitud ante el trabajo ...

Pero no hablaremos de eso en otoño, que las palabras caen en el olvido como caen las hojas de los carballos ...

Diremos solamente que una casa en reformas siempre es una buena señal, y que esta vuestra casa, al igual que el que escribe, estamos en período de reconstrucción y puede que finalmente quede algo hermoso y acogedor. 

Como siempre, seréis muy bien recibidos...

martes, 29 de septiembre de 2020

Distanciamientos.

 



Distanciamientos.

Actitud pensativa, tal vez valorando si la separación será suficiente, presintiendo que el día que comienza a despuntar será un buen día. Hay espacio y hay buena hierba  para comer. 

¿Acaso necesitan algo más?

¿Acaso necesitamos algo más?

Podría ser también una metáfora del desamparo al que nos someten los que nos gobiernan. Gentes que se miran unos a otros sin acabar de ver más allá del prado que tan bien se saben repartir. 

Pero no. 

Hablemos, simplemente, de un hermoso amanecer creando tonalidades de vida y esperanza sobre los verdes campos, de caballos madrugadores y neblinas otoñales que invitan a caminar.