Una de mis obsesiones vitales son los caminos como metáfora de las vidas; los senderos que se bifurcan y se excluyen (recordad que debéis leer un relato de Don Jorge Luis cada semana); los tramos que recorremos y en los que a veces nos acompañan otras personas (a veces una vida entera, otras veces unas pocas jornadas). El camino que debemos recorrer, los cruces de caminos, las alternativas que muchas veces se nos presentan o lo inevitable que a veces es continuar adelante.
Yo, como la mayoría, también fantaseo algunas noches sobre como sería mi vida si no hubiese recorrido el camino que he recorrido, si mis elecciones, cuando tuve que elegir, hubiesen sido otras, si pudiese haber mantenido a mi lado a algunas personas o simplemente si las circunstancias fuesen otras.
Las posibilidades son casi infinitas. De haber estudiado otra cosa tal vez no tendría querencia por la literatura y me habría perdido ciertos instantes de plenitud con algunos libros entre mis manos. Seguramente no estaría escribiendo este blog, (probablemente ningún otro blog), y no tendría la necesidad de engañarme a mi mismo pensando que alguna vez escribiré algo más que un puñado de relatos inacabados. De haber seguido el impulso misionero de 3º de BUP tal vez estaría aún en algún lugar de África, y de no haberse roto algunas cosas podría haber sido oficial de la marina mercante.
Y que decir de las personas. De haber sido capaz de mantener algunas amistades tal vez habría tenido otras conversaciones y otras experiencias, tal vez habría vislumbrado otros caminos para recorrer, otros proyectos vitales que aportasen algo distinto.
Y sin embargo tengo la impresión de que aunque cambiase el decorado y el argumento, la esencia de la obra sería la misma. Los caminos difieren y atraviesan valles y montañas distintas, pero en el fondo lo que experimentamos es lo mismo. Cada uno encuentra su felicidad de modos dispares, pero al final el sentimiento de amistad, de amor, de disfrute es muy parecido. Me conmueve un poema de Kavafis o una novela de Robertson Davies del mismo modo que a otro puede emocionarle un buen partido de tenis. El sentimiento de amor incondicional que siento por algunas personas es muy similar al que tú sentirás por otras personas y la satisfacción por el trabajo bien hecho fue siempre la misma, independientemente del trabajo realizado.
Por eso, cuando pienso en los múltiples caminos posibles que no he recorrido siempre acabo pensando que al fin y al cabo no tiene importancia. Soy fruto de mi historia personal y de mis circunstancias, es cierto, pero también lo es que estoy en mi mejor presente posible, rodeado de buena gente y con un camino por delante que en gran medida será como yo quiera que sea. No podemos decidir el paisaje, ni las tormentas que nos esperan ni los encuentros que nos sorprenderán, pero si podemos elegir cómo y con quien caminaremos.

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