Vagar como nubes en primavera
persiguiendo sueños, antigüedades
de otros mundos, de aquellas edades
en las que la realidad nunca era
aburrida, ni triste, y las verdades
eran nítidas y claras, serenas.
Dejarse llevar por otras veredas
en el dulce declinar de las tardes,
abandonándose al recuerdo, quizás
descubriendo que en los mansos abriles
puede quedar espacio para añorar
aquellos días puros y felices.
Fueron vida, si, y ya no volverán,
pues como nubes jamás se repiten

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