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viernes, 19 de febrero de 2021

Ser así.

 


Hay veces en las que nos sentimos queridos. Un gesto, una llamada o que te traigan una bandeja de "orellas" a casa. Hai días en los que todo nos parece bueno, y la humanidad es un lugar agradable en el que la búsqueda de la felicidad es un camino fácil. 

Hay pequeñas frases que nos hacen sentir bien, palabras acariciantes que encierran una inmensa carga de cariño y complicidad. Y es que en realidad no hacen falta grandes discursos ni malabarismos verbales para decir las cosas importantes. 

Y es que a veces un simple "gracias" puede significar mucho, pero que te digan "gracias a ti, por ser así" no solamente dice algo bueno de tí, sino también de quien demuestra que te conoce y te comprende. En este gran teatro de piedra y sal en el que nos ha tocado vivir necesitamos que de vez en cuando nuestros semejantes nos vean y nos entiendan, y también que nos lo digan. 

Al fin, no dejamos de ser minúsculos pedazos de vida errante buscando encajar con otros pedazos de vida afines. 

Y en el espacio exterior hace tanto frío...



martes, 10 de noviembre de 2020

Volver a creer.

 



La dependienta es una mujer risueña y amable, de ojos dulces y acogedores, y que siempre tiene una palabra con los clientes. Que si el tiempo, que si cuanto durará esta situación... Cuando los domingos voy con L&A siempre les pregunta que cómo están, que como llevan la escuela con la mascarilla puesta todo el tiempo o si les gusta más la napolitana de chocolate o el cruasán. Es, en definitiva, una de esas personas que hacen que te sientas cómodo en el mundo.

Yo venía de dar mi rodeo diario. Como empiezo a tener una edad y no paran de repetir que lo mejor son los paseos, aprovecho cada recado que tengo que hacer para elegir el camino más largo e ir haciendo quilómetros y tiempo de paseo. La doctora de la mutua me dijo que media hora al día era suficiente para considerarse una persona activa. No tengo muy claro que un paseo de media hora vaya a ser suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que me paso toda mi jornada laboral sentado, y por eso me propongo, siempre que salgo de casa, aprovechar para dar un paseo.

Y en estas estaba hoy cuando se me ocurrió pasar por la panadería y comprar una barra de pan y media empanada. La dependienta estaba ocupada con un ramo de flores y me pidió un segundo para terminar con lo que estaba haciendo. La verdad es que al principio no me di cuenta de lo incongruente que podía resultar entrar en una panadería y que la dependienta estuviera ocupada preparando unas flores.

Son para una señora que vive aquí al lado, me dijo, ahora ya casi no puede venir a buscar el pan, pero siempre me decía que eran muy bonitas las camelias que tenemos delante de la puerta. Atrás tengo más, y como se que hoy no va a venir le estoy preparando un ramo para que se lo lleve su hija cuando venga a comprar el pan. Seguro que la sorpresa le gusta.

Yo no creo demasiado en el ser humano. No es que haya tenido demasiados desengaños, la verdad, pero he leído muchas novelas, y la historia general de la humanidad no es más que una sucesión de intentos de unos por dominar a otros. Pero hay momentos en los que las personas me sorprenden y me descubro a mí mismo emocionándome con los pequeños gestos que hacen que la vida de los otros sea más agradable.

Y es que hay personas que tienen esa capacidad, que vienen al mundo equipadas con el superpoder de hacer pequeñas cosas que generan grandes dosis de alegría. Con total naturalidad puede ocurrírseles decorar la mesa de un compañero de trabajo con figuras de los kinder sorpresa o colgar por todas las puertas de los pisos de nuestros vecinos de portal un pequeño detalle en navidad. Seres empáticos que saben ver las carencias afectivas de los demás y son capaces de encontrar ese pequeño gesto que servirá para hacer la existencia de los demás un poco más llevadera.

Y no penséis que tienen que pensar mucho, o que están todo el día buscando esos pequeños detalles que le alegren la vida a los demás. Que va. A estas personas les vienen estas ideas a la cabeza de un modo natural como a las camelias les salen las flores. Estoy seguro que la mujer de la panadería llegó hoy a la tienda y al ver las flores se acordó de la mujer y decidió en ese momento tener un bonito detalle con ella. Sin necesidad de pensarlo, y sin buscar nada a cambio.

Y yo lo se muy bien porque llevo desde hace unos años compartiendo mi vida con una persona así, y muy a menudo me sorprende con esos pequeños gestos que solamente buscan hacer la vida más agradable a los demás.

Y entonces decido volver a creer.




jueves, 16 de enero de 2020

FELIZ FIN TRIMESTRE!





Las profes de primero de primaria deciden reunir a todo su alumnado en el salón de actos y celebrar el fin de trimestre de una manera muy divertida. En la pantalla, un vídeo de las famosas campanadas, delante, todas las niñas y niños con una servilleta y en la servilleta doce gusanitos. Y como si de fin de año se tratase, con cada campanada se comen un gusanito.
Rápido, sencillo y muy divertido.
Celebran el fin del primer trimestre en primaria, que no es poco!
Son muchos cambios para estas pequeñas de seis años, y sin embargo se adaptan a todo, sigue siendo muy fácil motivarlas, captar su atención y hacer un montón de cosas cada día. Me sorprende todo lo que hacen en las cinco horas diarias de clase. Fichas, dibujos, las primeras lecturas, las sumas y las restas. Además de las conversaciones sobre temas que van fluyendo de sus mentes siempre inquietas.
Sabemos, las abuelas nos lo dicen, que las niñas y los niños de ahora son muy inteligentes, muy curiosos y muy activas y participativas. Lo vemos en los trabajos que traen al final de cada trimestre, siempre deseosas de enseñarnos lo que han hecho durante los últimos meses.
Y a veces nosotros, los padres y las madres, no nos damos cuenta del esfuerzo que supone ir a clase y trabajar como ellos lo hacen, con un currículo cada vez más exigente y con la sobrecarga de actividades extraescolares que la mayoría soportan. Pensamos que lo duro es lo nuestro, con nuestras jornadas laborales y con este andar de aquí para allá continuamente, pendientes de las cosas del trabajo, de la familia, de la casa, de que el del coche de enfrente acelere un poco más o del Instagram. Y al final del día les decimos que hay prisa, que estamos muy cansados de trabajar, como si ellos no tuviesen también días duros en la escuela.
Por eso me emociono al ver la facilidad con la que tres profesoras de primaria son capaces de hacer felices a sus alumnos con unas bolsas de gusanitos, un video y muchas ganas de hacer cosas. Y pienso que tal vez pasamos demasiado tiempo criticando como está la educación (o la sanidad, o la política, o la sociedad en general) y apenas nos damos cuenta de las buenas cosas que todos los días suceden a nuestro alrededor.