La
dependienta es una mujer risueña y amable, de ojos dulces y
acogedores, y que siempre tiene una palabra con los clientes. Que si
el tiempo, que si cuanto durará esta situación... Cuando los
domingos voy con L&A siempre les pregunta que cómo están, que
como llevan la escuela con la mascarilla puesta todo el tiempo o si
les gusta más la napolitana de chocolate o el cruasán. Es, en
definitiva, una de esas personas que hacen que te sientas cómodo en
el mundo.
Yo
venía de dar mi rodeo diario. Como empiezo a tener una edad y no
paran de repetir que lo mejor son los paseos, aprovecho cada recado
que tengo que hacer para elegir el camino más largo e ir haciendo
quilómetros y tiempo de paseo. La doctora de la mutua me dijo que
media hora al día era suficiente para considerarse una persona
activa. No tengo muy claro que un paseo de media hora vaya a ser
suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que me paso toda mi jornada
laboral sentado, y por eso me propongo, siempre que salgo de casa,
aprovechar para dar un paseo.
Y
en estas estaba hoy cuando se me ocurrió pasar por la panadería y
comprar una barra de pan y media empanada. La dependienta estaba
ocupada con un ramo de flores y me pidió un segundo para terminar
con lo que estaba haciendo. La verdad es que al principio no me di
cuenta de lo incongruente que podía resultar entrar en una panadería
y que la dependienta estuviera ocupada preparando unas flores.
Son
para una señora que vive aquí al lado, me dijo, ahora ya casi no
puede venir a buscar el pan, pero siempre me decía que eran muy
bonitas las camelias que tenemos delante de la puerta. Atrás tengo
más, y como se que hoy no va a venir le estoy preparando un ramo
para que se lo lleve su hija cuando venga a comprar el pan. Seguro
que la sorpresa le gusta.
Yo
no creo demasiado en el ser humano. No es que haya tenido demasiados
desengaños, la verdad, pero he leído muchas novelas, y la historia
general de la humanidad no es más que una sucesión de intentos de
unos por dominar a otros. Pero hay momentos en los que las personas
me sorprenden y me descubro a mí mismo emocionándome con los
pequeños gestos que hacen que la vida de los otros sea más
agradable.
Y
es que hay personas que tienen esa capacidad, que vienen al mundo
equipadas con el superpoder de hacer pequeñas cosas que generan
grandes dosis de alegría. Con total naturalidad puede ocurrírseles
decorar la mesa de un compañero de trabajo con figuras de los kinder
sorpresa o colgar por todas las puertas de los pisos de nuestros
vecinos de portal un pequeño detalle en navidad. Seres empáticos
que saben ver las carencias afectivas de los demás y son capaces de
encontrar ese pequeño gesto que servirá para hacer la existencia de
los demás un poco más llevadera.
Y
no penséis que tienen que pensar mucho, o que están todo el día
buscando esos pequeños detalles que le alegren la vida a los demás.
Que va. A estas personas les vienen estas ideas a la cabeza de un
modo natural como a las camelias les salen las flores. Estoy seguro
que la mujer de la panadería llegó hoy a la tienda y al ver las
flores se acordó de la mujer y decidió en ese momento tener un
bonito detalle con ella. Sin necesidad de pensarlo, y sin buscar nada
a cambio.
Y
yo lo se muy bien porque llevo desde hace unos años compartiendo mi
vida con una persona así, y muy a menudo me sorprende con esos
pequeños gestos que solamente buscan hacer la vida más agradable a
los demás.
Y
entonces decido volver a creer.