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sábado, 1 de noviembre de 2025

Caídas



A veces las vidas tan emborronadas, tan llenas de caminos que no van a ninguna parte. A veces dando vueltas alrededor de las mismas preguntas, reproches sordos a un pasado que ya no existe y que tal vez nunca fue como lo recordamos.

Algunos, incapaces de encontrarnos en las playas de antaño, vagamos por la arena cristalina mientras baja la marea, sorprendidos por el reflejo de un cuerpo que ya no sentimos como propio, extraña mirada que nos devuelve aquello que ya no reconocemos. 

Perdemos el pie, extraña sensación de levedad y pesadez al mismo tiempo, dejándonos llevar por la vida que se nos va y sin embargo intentando enfrentarnos a una fuerza que desconocemos. Fuerzas extrañas e invisibles nos arrastran y nos sitúan, una y otra vez, en el punto de partida al que siempre volvemos. Y conscientes como somos de que nunca volvemos al mismo lugar, es difícil apreciar, en cada uno de nuestros hundimientos, que avanzamos. 

Quedan siempre pequeñas cicatrices, heridas en nuestros sueños y en nuestra voluntad y volvemos a la superficie con nuestra mochila de decepciones un poco más cargada, y la reserva de fuerza y de deseos un poco más debilitada.



jueves, 13 de marzo de 2025

Un día.

 


Un día, calquera día, as cousas volven estar no seu sitio e descubres que o camiño foi duro e cruel, pero que había camiño e había un lugar ao que chegar. 

Un día, un luminoso día como o de hoxe, descubres que o periplo foi máis solitario do que esperabas e que as persoas que debían de estar ao teu lado foron desaparecendo en canto comezou a tormenta. E sen embargo, de maneira inesperada, outras chegaron e de forma case imperceptible, pero constante, foron aportando unha palabra de ánimo aquí, un empurrón alá e sempre unha presencia ao teu carón que fixo que sempre te atoparas despois de perderte polas tebras do desespero. 

E sabes que a tormenta non pasou, e que virán días de rabia e dor pero nun día como este renovaremos o noso compromiso coa vida e comprenderemos que é polos novos encontros polos que merece a pena continuar no camiño. 

miércoles, 29 de enero de 2025

La distopía ya está aquí.

 


Deportaciones masivas y ciudades santuario. Extravagantes hombrecillos que a pesar de su incuestionable inteligencia, muy por encima de la media, guardan en su interior cierto complejo de inferioridad que disfrazan con delirios de grandeza. Amenazas de conquista larvadas durante décadas, ahora convertidas en realidades, presagian un futuro de sangre y destrucción. Dependencia masiva de nuestros teléfonos, con innumerables apps para saber en cada momento que hacer, que pensar, que decir y que sentir. Nuestras vidas controladas, supervisadas, "datamineadas" hasta el ridículo para que el algoritmo sepa que a las dos de la tarde eres propenso a la compra compulsiva y a las siete, en cambio, te apetece más socializar.

La distopía ha llegado. La sociedad que hace cien años comenzaron a imaginar algunos escritores, pensadoras y filósofos está llamando a nuestras puertas, y a nuestra conciencia, y la mayoría no queremos verlo, inmunes como somos a todo aquello que pueda romper nuestro caparazón de seguridad y comodidades. Estamos abocados al desastre social, a la desaparición de los valores y de los ideales que dieron lugar, en el siglo pasado, a estados democráticos y libres. 

Como simples lectores de una distopía futurista, asistimos a un continuo goteo de noticias y acontecimientos que nos llevarán, inevitablemente, a una dictadura tecnológica, a un descarado control de masas a través de los medios tecnológicos, a una sociedad cada vez más individualista y solitaria que defiende las ideas y los beneficios de otros porque es incapaz de reconocer ya cuales son sus propios intereses. No sabemos lo que nos conviene, y al igual que ya tenemos aplicaciones que nos ayudan a gestionar nuestro tiempo, a diseñar nuestro menú diario y a planificar las rutinas de ejercicio más convenientes para nuestra edad y nuestro físico, pronto comenzarán a vendernos aplicaciones para pensar bien, para saber lo que realmente nos interesa y para delegar nuestro voto no en las más capaces o en los mejor preparados, sino en los más populares y en las más hábiles para posicionarse en un mundo de huecas e insustanciales redes sociales.

Y mientras se reduce el espacio para el pensamiento y la reflexión y el concepto de crecimiento personal se reduce a obtener unos cuantos "me gusta" por cualquier estupidez que publiquemos; mientras nos embriagamos con noticias falsas o auténticas memeces en forma de videos que a veces ni siquiera resultan graciosos; mientras nos jaleamos o insultamos las unas a los otros, como si de un evento deportivo se tratase, convencidos como estamos de que eso es democracia y libertad de opinión y derecho fundamental; mientras, en definitiva, estamos mirando hacia otro lado sumergidos en este odioso scroll infinito en el que se ha convertido el siglo XXI, están haciéndose realidad algunas de las distopías literarias que nos parecían imposibles hace unas décadas, cuando algunos estábamos convencidos de que el mundo siempre iría a mejor y que algún día los barcos de Greenpeace y las activistas de Amnistía no serían necesarias.

Y de pronto, un día te despiertas y en la radio te hablan de ciudades santuario y deportaciones masivas en Estados Unidos y sabes, porque lo has leído muchas veces, que la decadencia ha comenzado y que al final, irremediablemente, tú serás una de esas piezas raras que no encaja, que no quiere resignarse a pensar que el mundo es así y que no hay nada que hacer. Al final, como buen lector errático que soy, también creo en las utopías como mecanismo del cambio y se, estoy convencido, de que hay futuro para el ser humano siempre que levantemos la mirada de nuestras pantallas y comencemos a pedir la luna. 

 

miércoles, 8 de enero de 2025

15 años y una recopilación.




Quince años han pasado ya desde la primera entrada en este blog. Quince años desde que os contaba, sin saber muy bien a quien, que tenía la sensación de estar solo ante un monitor, y que había nevado en Santiago de Compostela. Apenas tres párrafos en los que si algo comentaba era que no tendría nada nuevo que aportar, pero que al fin y al cabo tampoco importaba mucho pues seguramente seríais muy pocos los que leeríais lo que me disponía a escribir.

Quince años en los que escribí menos de lo que me habría gustado, es cierto. Pero las que estáis aquí desde el principio, o las que habéis tenido la curiosidad de navegar entre las entradas del blog, seguramente habréis encontrado alguna que otra página bien escrita, un texto que merecería dedicarle un poco más de tiempo y más de una historia que podrían estar en cualquier antología de relatos breves.

Quien sabe, tal vez sea este el año de la recopilación, de pasar a limpio un puñado de mis historias, seguramente quince, y decidirme a tomarme en serio esto de la escritura y de la publicación de un libro.

Quien sabe.

Lo único seguro es que hace quince años, el 8 de enero del 2010, comenzaba a escribir este blog con la sensación de estar solo ante un monitor. Y aunque se que una vez que algo aparece en internet ya no somos dueños ni de su destino ni de su propósito, sigo pensando que el Mar de Beaufort que he creado durante todos estos años continúa siendo un lugar muy poco frecuentado, a pesar de que en los últimos días se ha vuelto, en cierta medida, territorio en disputa.

En fin, y en definitiva...Tengan ustedes un muy feliz 2025, y regresen, siempre que sus ocupaciones y sus placeres se lo permitan, a esta su casa. Nunca se sabe cuando van a encontrar algo que les haga reír, o llorar, ambas a la vez e incluso sentir vergüenza ajena.

jueves, 12 de diciembre de 2024

El cuaderno del lector errante.


 

Pues al final me he decidido.

Como ya sabéis, soy un gran aficionado a los cuadernos y a empezar cosas que después no continúo. Por eso tengo guardados en cajones y en archivadores de cartón un montón de libretas que pretendían ser diarios de viajes, anotaciones sobre mis lecturas, esbozos de relatos. Tengo cuadernos anuales que me servían de agenda y agendas que servían de bloc de notas, pequeñas libretillas en las que anotaba los párrafos más geniales de las obras que iba leyendo y otras con anécdotas que me sucedían a mi o que me inventaba. Escribo en libretas tamaño folio un Diario desde el año 89 y tengo desde el 95 un cuaderno en el que anoto los libros comprados por un lado y los leídos por el otro. 

Soy, en definitiva, Don Cuadernos. Por eso no dudé en iniciar un nuevo cuaderno con una lista de los libros que me quedan por leer. No se trata de un registro de lo que voy leyendo (para eso ya tengo una vieja libreta), sino de la lista de esas obras que forman parte de la historia de la literatura universal y que un aspirante a Lector debe leer alguna vez.

Pero como además de cuadernos también suelo empezar otras cosas, he comenzado a escribir un nuevo blog en el que ir anotando mis avances lectores y los libros que van quedando marcados como leídos. Se trata, obviamente, de un proyecto a muy largo plazo, y es probable que para cuando lea mi último libro haya quedado obsoleto todo esto de los blogs e incluso del internet de páginas WEB que ahora conocemos, pero mientras tanto os invito a pasaros de vez en cuando por mi Cuaderno del lector errante