Con la sensación de estar solo ante un monitor, en una vasta soledad en la que vamos de un lado para otro, comentando una noticia o un video, felicitando a unos y criticando a otros, curioseando sin más objetivo que pasar el rato.
Con la certeza de que apenas hay nada nuevo que contar, de que todo cuanto pueda escribir aquí carecerá de originalidad, de calidad, de sentido incluso.
Con la incertidumbre sobre si en algún momento alguien llegará a las costas del Mar de Beaufort.
Así me siento en este momento, en este inusual día de enero en el que la nieve invade las aceras y las viejas piedras de esta ciudad.
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