Como sabemos por las películas de ciencia ficción, que es la mejor opción para estar informado sobre los avances tecnológicos del momento, el pozo gravitatorio de un cuerpo celeste es algo muy chungo y a tener en cuenta cuando nos da por viajar de planeta en planeta buscando expandir los horizontes de la humanidad. Cuantas veces no habrá ocurrido que confiadamente situamos nuestro navío estelar en órbita geoestacionaria alrededor de un planeta cualquiera y al poco descubrimos que su fuerza orbital es mucho más potente de lo que suponíamos en un principio. Pues eso, amigo, es debido a que e pozo gravitatorio está haciendo de las suyas y como no te muevas pronto tu nave acabará estampándose contra el planeta.
Pues una de las características fundamentales de los pozos gravitatorios es que ejercen una gran atracción sobre los cuerpos que acaban entrando en su radio de acción o sobre aquellos que pretenden alejarse. Es necesaria una gran potencia para conseguir poner distancia, consumir muchos recursos y a veces tener la pericia necesaria para saber esquivar la zona más intensa de un pozo gravitatorio.
Y aplicando las teorías de la astrofísica más avanzada a los aspectos más cotidianos de nuestras vidas, podemos entender claramente lo que nos pasa a muchas de nosotras todas las mañanas cuando suena el despertador (o probablemente la alarma del teléfono móvil). Nuestras camas poseen un pozo gravitatorio tan potente que nos resulta imposible alejarnos del colchón. Forcejeamos con las sábanas, empleamos frases de ánimo, buscamos puntos de sujeción que nos permitan conseguir una fuerza de tracción que compense de algún modo la enorme fuerza de atracción que ejerce sobre nuestro cuerpo el pozo gravitatorio de la cama...
Todo es en vano.
Cuando creemos que por fin podremos comenzar el día sentimos como una especie de mano imposible nos sujeta y nos impide emprender el vuelo. Ponemos los motores a tope, intentamos concentrar toda nuestra potencia en un único punto y nos lanzamos una y otra vez a buscar la velocidad de escape que nos permita levantarnos de la cama.
Y como ocurre con el Starship de Space X, a veces lo conseguimos y otras veces no, y acabamos pasando todo el día con el cuerpo vagando por el espacio y la mente sin conseguir salir del pozo gravitatorio de la primera hora de la mañana.
Es tan inmenso en universo que a la fuerza tiene que haber de todo, pero que por este nuestro barrio aparezca un cometa de color verde ya es una novedad, sobre todo si según dicen los expertos lo hace cada 50.000 años, aproximadamente. Se trata del C/2022 E3, o ZTF, que ya hay que tener muy poca imaginación para llamarle así a un cometa que espacia tanto sus visitas. El cometa de las grandes ocasiones, o el de los viajes únicos le vendría mejor. Pero los astrónomos que lo descubrieron estaban tan emocionados calculando su periodo orbital y buscando alguna neandertal testigo de su última aparición por el sistema solar, y no pudieron dedicarle mucho tiempo a buscar un nombre adecuado.
Otra peculiaridad de este cometa es su tonalidad verde, aunque en realidad el verde no es fácil de ver (la foto está algo retocada). Tiene unas sustancias que al evaporarse por su cercanía al sol generan fosforescencias de color verde brillante. Y esto es lo que llama un poco la atención, aunque en realidad son muchos los cometas que adquieren distintos colores y resulta que al final todo adquiere otro color cuando se acerca al sol.
El tema es que si en el universo no son extraños los objetos peculiares y coloridos, porqué existe esa frase que relaciona la rareza con los perros verdes? Tal vez deberíamos alegrarnos cada vez que que nos topamos con una persona rara o diferente. La monocromía es aburrida, además de letal, y son esas personas que se salen de los cauces de la normalidad las que hacen avanzar el mundo.
Busquemos perros verdes y hagámosles un sitio en nuestra vida aburguesada, atrevámonos a reconocer que son las singularidades, y no lo común, lo que le da color y alegría a la vida. Disfrutemos de los Verdes, y de los Rojos también, aunque suelen ser demasiado serios y dogmáticos. Hay cosas que solamente pasarán una vez en nuestras vidas. Que importará, entonces, el color que tengan.
Starlink es la empresa de Elon Musk que pretende dar servicio de internet por satélite en todo el mundo. Para ello la empresa Space X, también de Elon Musk, pondrá en órbita miles de satélites que formarán una red inmensa a unos 600 km de la tierra. Este proyecto se justifica como la respuesta a la necesidad de dotar de conexión a internet a las zonas rurales del planeta a las que no llegan las redes convencionales como el cable telefónico o la banda ancha. Sin embargo, el gran Elon quiere ir más allá y no duda en afirmar que podrá también ser la forma de tener internet en Marte, pues no duda que en unos años sus naves llegarán a Marte y claro, hará falta que haya internet para que las personas que viajen puedan consultar sus redes sociales, sobre todo twitter!!.
Y tiene toda la razón.
Acaso no sería mejor que Matt Damon pudiera mandar un Whassap a la Tierra en lugar de tener cultivar patatas con sus deposiciones (usted perdone). No sería mejor que pudiese ver un tutorial de You Tube para arreglar bases marcianas en lugar de tener que improvisar soluciones que eran chuscas, es cierto, pero que a la larga ejem ejem.
Starlink es un proyecto faraónico, y no lo digo porque el creador de Space X y de Tesla tenga algo de faraón, sino porque es inmenso, imponente y con la intención de perdurar en el tiempo. El problema es que a este paso pronto habrá tantos satélites en el cielo que acabarán chocando entre ellos. Ya los astrónomos se quejan de que están provocando contaminación lumínica. Y en teoría quedan miles por poner en órbita.
Esta nuestra necesidad de estar siempre conectados, en linea, no puede ser buena. Nosotros mismos insistimos en estar en la red, pensamos que es positivo tener nuestro lugar, tener visibilidad y que los demás sepan lo que hacemos, donde estamos y lo bien que lo estamos pasando. Vivimos más conectados que nunca, tenemos la posibilidad de establecer cientos de relaciones, de mantener contacto con personas que están en lugares remotos, a veces incluso en mundos muy distintos al nuestro.
Y sin embargo estamos en la época de la soledad, del consumo de pastillas que nos hagan felices, o por lo menos que nos ayuden a sobrevivir al día siguiente. Estamos en la época en la que podemos estar dándole un like a un tipo que dice tonterías mientras conduce y a la vez odiar de modo visceral al vecino del barrio que por estar mirando su teléfono móvil se saltó un ceda el paso.
Al final, como suele ocurrir, avanza más la ciencia y la tecnología de lo que lo hacemos las humanas gentes. Seguimos pensando como seres tribales reunidos alrededor de la hoguera para hablar mal de las otras tribus, pero los sonidos de nuestros tambores ya se escuchan más allá del sistema solar.
Como todas las aficionadas a la astronomía saben, en el año 1949
un OVNI se estrelló en Nuevo México y fue trasladado, con sus tripulantes aún
vivos, a la base militar de Roswell. Este hecho coincide con las primeras
pruebas nucleares llevadas a cabo por Estados Unidos en el desierto de Nevada.
Eran tiempos confusos. La tecnología alemana sirvió de inspiración tanto para
los rusos como para los americanos y se inició una carrera por saber quién
sería el primero en comprender el funcionamiento de los distintos tipos de
naves alienígenas que por aquel entonces visitaban la tierra.
No es difícil deducir que los habitantes
de otros mundos vinieron a mirar, a ver qué pasaba por la tierra, que era todo
ese follón. Una cosa era organizar una guerra mundial y que al final se te vaya
de las manos y lanzar un par de bombas nucleares y otra muy distinta estar
experimentando aquí y allá, enriqueciendo uranio, creando nuevas bombas y
compitiendo, en definitiva, para demostrar quien tiene el misil más grande.
Imagino que sorprendidos agarraron la nave
interestelar y se vinieron a dar una vuelta poniendo cara de Obelix diciéndole
a Ideafix aquello de "Il sont fous ces romains". Estos humanos no han
aprendido nada, pensarían al ver que después de dos guerra y millones de
muertos en apenas treinta años lo que hacen las naciones del mundo libre y del
mundo menos libre es armarse hasta los dientes creando armas cada vez más
sofisticados y mortíferos.
Y aquí están, manipulando los mandos de su
nave mientras intentan comprender nuestra forma de organizarnos. Van de aquí
para allá y en todas partes son vistos, y en todas partes ven contradicciones y
tradiciones culturales que no tienen lógica ni explicación. Y supongo que en un
despiste van y se estrellan.
Si ya lo dice la DGT, hay que tener
cuidado con los desplazamientos cortos porque no me diréis que no resulta
un poco lamentable largarte un viaje intergaláctico de miles de años luz y
pegarte un tortazo en un desierto por el que no pasa nadie!!
Todo aficionado a mirar las estrellas sabe que para ver los objetos menos luminosos es mejor no mirarlos directamente sino fijar la vista hacia un lado. Es lo que se llama visión lateral, y es muy útil cuando queremos ver estrellas dobles o galaxias débiles que sabemos que están ahí, pero que no conseguimos percibir con nitidez.
Es algo parecido a lo que hacemos con los niños pequeños en ciertas situaciones. Hacemos como que no nos interesa lo que hacen y entonces dejan de hacerlo. Pues aquí igual, miramos para otro lado y las estrellas o las galaxias aparecen. En realidad lo que ocurre es que para la visión con escasa luminosidad utilizamos unas células que se llaman bastoncillos, y que están el los bordes de la retina, pero es más divertido pensar que las estrellas son tímidas y solamente se dejan ver cuando piensan que nadie las mira.
Como la intención de estas nociones de astronomía es demostrar que el comportamiento y las sociedades humanas son similares a las relaciones que se establecen entre los cuerpos celestes diremos que muchas veces, para resolver nuestros problemas, lo mejor es emplear la visión lateral. Sucede a menudo que nos pasamos días enteros dándole vueltas a la misma cuestión, analizando los pros y los contras de las posibles soluciones y volviendo de nuevo al punto de partida. Estamos tan concentrados en el meollo de la cuestión que no reparamos en otras cuestiones que sin ser la esencia del problema pueden contribuir a encontrar una solución.
Vivimos en la época de la crisis económica. Los que dicen gobernarnos y los que mandan en el mundo insisten una y otra vez en decirnos que se trata de problemas financieros y económicos, y pensamos que la solución la encontraremos en una nueva organización de los dineros. Pero puede que sea necesario cambiar otras cosas, mirar para otro lado y ver con más claridad cuales son los problemas reales y cuales son las posibles soluciones.
La luna sonríe tímidamente a un casi imperceptible Venus mientras se difuminan en el cielo las estelas de los aviones más madrugadores. A lo lejos, O Pico Sacro aguarda la ardiente visita del sol. Altivas farolas se burlan del malhumorado despertar de los habitantes de las ciudades, siempre conduciendo con prisas para llegar a la rutina diaria. A través de los cables de la ciudad fluye la energía y la información que nos hará sentir que somos invencibles, que somos los reyes de la creación.
Amanece un día más en Compostela, un día cualquiera, un día como será el día de mañana y que no aportará demasiadas novedades a lo que fue el día de ayer. Amanece. Un silencio luminoso invade las calles, las aceras y los jardines mientras que en el cielo aparecen las brumas que nos recuerdan que no todo será luz este día. Amanece. Un fuego inmenso comienza a abrazar el horizonte y algunos árboles parecen inmensos y cercanos, gigantes en llamas en batalla constante con el infinito que amenaza con devorarnos cualquier día.
Pero hoy no será ese día. Un sol como un mundo nos anuncia que la vida comienza su ciclo por estos lares. La montaña sagrada de nuestros antepasados se deja querer como todos los inviernos, preparada para ser la frontera, el límite a partir del cual el astro Rey tendrá que volver sobre sus pasos y regresar. Crecerán los días, celebraremos el triunfo de la luz disfrazando de falsas creencias lo que ya los antiguos veneraban sobrecogidos: el creador del mundo y de la vida es aquel que se manifiesta cotidianamente ante nosotros. Tendremos la evidencia de que nos somos más que una casualidad, un pequeño destello de grandeza condenado a integrarse en la inabarcable rueda del tiempo. Seremos simplemente una minúscula pieza en este presente que nos ha tocado vivir, en este día que avanzará sin que el resto del universo se percate tan siquiera de nuestra presencia.
Bajo este sol que ahora nos ilumina nacerán generaciones enteras, afortunados humanos que nunca pasarán hambre o tristes niños que nunca llegarán a ser adultos, hombres malos, mujeres desgraciadas... Nacerán generaciones enteras, diferentes en sus herencias y tan opuestas en sus intereses que solamente la muerte los igualará un día. Somos miles naciendo cada día, abriendo los ojos a un mundo injusto y diverso, llenos de vida y de fuerza, aunque las esperanzas no sean las mismas aquí que el desierto. Y sin embargo nacemos en el mismo mundo y somos hijos del mismo tiempo. Es el mismo sol el que cada día nos ilumina a todos e incluso aquellos que según lejanas noticias son perseguidos, torturados y asesinados nacieron como nosotros un día y tienen el mismo derecho a ser felices y a vivir que nosotros tenemos.
El mundo no se acabará mañana, aunque cada segundo se acabe trágicamente para miles de personas sin que ni siquiera sintamos una punzada de dolor. Como siempre, me enredo en cuestiones banales, vivo a diario encerrándome en burbujas de indolencia y desconocimiento, esforzándome para creer que el mundo es así y que no tiene remedio. Intento proteger mi felicidad atribuyendo al azar la fortuna de mi nacimiento, subestimando mi capacidad para cambiar las cosas y culpando de las grandes injusticias del mundo a personas malvadas y sin escrúpulos.
No. El mundo no se acabará mañana, aunque tal vez mañana tengamos que comenzar a luchar por un mundo en el que el sol brille para todos con la misma dureza y con la misma suavidad. El mundo no se acabará porque a los planetas, a las galaxias y a los agujeros negros les tiene sin cuidado lo que hayan escrito en piedras hace siglos unos tipos que pasaron por el mundo como nosotros pasaremos: obsesionados por un mañana incierto y lejano cuando tenemos el presente a nuestra entera disposición. Solo de nosotros depende saber aprovecharlo en lo realmente importante.
Un eclipse es un fenómeno por el cual se produce un bloqueo parcial o total de la luz de un cuerpo celeste por la interposición de otro. Por ello, para que se produzca un eclipse es necesario que se alineen 3 cuerpos celestes.
En realidad se trata de una cuestión de sombras y distancias. Lo que provoca el eclipse es el paso de un cuerpo a través de la sombra que otro cuerpo proyecta en el espacio. La luna, por ejemplo, es muchísimo más pequeña que el sol, pero al estar también mucho más cerca de la tierra su sombra puede ocultar por completo la luz solar. Si estuviese más cerca del sol (como el planeta Venus) se produciría un tránsito en lugar de un eclipse y lo que veríamos es una pequeña sombra atravesando el disco solar.
La palabra eclipse procede del griego clásico y su significado era algo así como desaparición o abandono, un dejar de existir debido a algún tipo de acontecimiento del que solamente podemos constatar sus resultados. Vivimos, desde hace años, en una especie de eclipse. Asistimos asombrados a la desaparición de todo tipo de derechos sociales que nosotros mismos habíamos decidido que eran universales. Nosotros los pusimos allí, y ahora no se ven. Estamos atravesando la zona de sombra de un sistema capitalista salvaje que está siendo manipulado para mayor beneficio de unos pocos. Nos explican el fenómeno unos pseudocientíficos llamados economistas que se limitan a utilizar sofisticados términos ambiguos para describir lo que todos vemos. - Mirad -nos dicen- Allí está nuestro sol de avances sociales y de calidad de vida, pero poco a poco se va ocultando detrás de los mercados internacionales que todo lo gobiernan.
A nosostros nos quedan varias opciones. Podemos mantenernos en la sombra esperando a que acabe el eclipse. Como todos sabemos, no hay eclipse que mil años dure. Pero también podemos buscar otros soles, cambiar nuestras prioridades y buscar otros objetos celestes que nos hagan felices. Del mismo modo, podemos salir de la zona de sombra para ver otras perspectivas, otras realidades. Un eclipse siempre oculta algo, pero los objetos siguen existiendo. Si dejamos de centrarnos en el fenómeno veremos que hay estrellas, galaxias y meteoros que continúan brillando. Es necesario cambiar nuestro mapa celeste para conseguir que este eclipse no acabe con nuestro interés por la astronomía. Nuevos sistemas son posibles, nos esforzaremos por descubrirlos.
Una galaxia es un conjunto de estrellas, planetas, gases diversos, polvo cósmico y a veces algunas manchas negra que todavía no sabemos muy bien qué contiene. La principal característica de una galaxia es su naturaleza gravitatoria y la interrelación que se crea entre todos sus elementos y que provoca que permanezcan unidos, aunque todavía desconocemos cuales son los mecanismos y las consecuencias de estas uniones. El número de galaxias que podemos observar actualmente es de unos cien mil millones.
Resulta asombroso comprobar la similutud que existe entre lo macro y lo micro. El universo es gigante, inmenso y su estudio ofrece todavía muchas incógnitas y muchas preguntas que todavía no han sido planteadas. Del mismo modo, el cerebro humano encierra en sus apenas 1.500 gramos tantos fenómenos distintos que resulta difícil hacerse una idea de los miles de mecanismos que están en funcionamiento a un mismo tiempo.
Esta similitud ha llevado a pensar a algunos en que en realidad se trata de lo mismo. El cerebro, con sus cien mil millones de neuronas, no es otra cosa que un universo en miniatura. Del mismo modo que en las galaxias hay diferentes estrellas, en nuestros cerebros también hay distintos tipos de neuronas que establecen relaciones entre ellas, hay subsistemas que se especializan en ciertas tareas y en algunos cerebros también existen enormes agujeros negros de los que se desconoce su función.
Las más avanzadas teorías nos hablan de agujeros de gusano y de supercuerdas para explicar la formación y evolución del universo. Lo que antes era ciencia-ficción comienza a tener espacio en las investigaciones y en las teorías de los científicos. Si existen fenómenos que las leyes actuales no alcanzan a explicar tal vez sea necesario descubrir o inventar leyes nuevas.
Por eso no podemos descartar que dentro de nuestro cerebro existan capacidades que desconocemos o que atribuimos a falsas creencias o a la ignoracia de las gentes que dicen ver o sentir cosas que están fuera de la ciencia. Está fuera de la ciencia actual, pero es probable que con el tiempo pueden explicarse mediante teorías más audaces que se atrevan a unir lo micro y lo macro, a buscar explicaciones conjuntas para fenómenos puntuales.
La estrella que vemos ahora es una imagen del pasado, ya no existe pero sin embargo la vemos, la medimos y la fotografiamos. Porqué no pensar que esto puede suceder al revés y que hay realidades que no podemos ver, medir o fotografiar, y que sin embargo existen.
Tal vez nuestros cerebros y las galaxias guarden semejanzas que esperan ser descubiertas. Cuando esto ocurra tal vez aprendamos que cada uno de nosostros es un universo único que debemos respetar, cuidar y proteger.
Son estrellas que atraviesan su fase final y están próximas a consumir todo su combustible (hidrógeno). Cuando esto sucede su núcleo se contrae, aumentando su densidad y temperatura; el calor es transmitido a las capas exteriores que se dilatan transformándola en gigante roja, con un tamaño de hasta 100 veces el original.
Todo ser humano tiene, a lo largo de la vida, sus momentos de gigante roja pero, a diferencia de las estrellas, puede ocurrirnos varias veces a lo largo de los años, o incluso más de una vez al año. Se trata de esas ocasiones en las que decidimos ignorar totalmente la opinión de los demás y las convenciones sociales y nos mostramos tal y como somos, defendiendo nuestra dignidad por encima de todo y no tolerando ninguna intromisión en nuestro libre albedrío. Y no nos importan las repercusiones que nuestras palabras o actos puedan tener. Si hay que decirle al jefe que no, se lo decimos. Y si no le gusta que le eche azúcar, y no nos importa lo más mínimo tener que recordarle que es jefe gracias a la linda cornamenta que adorna su frente. Al día siguiente podemos estar haciendo cola en la oficina del antiguo INEM, es cierto, pero disfrutamos de ese momento de gloria, de ese instante en el que nos sentimos inmensos, inconmensurables.
Digámoslo claro, nos convertimos en gigantes rojas cuando nos tocan demasiado el orgullo propio, se nos calienta la boca y decimos verdades como templos. Son esos instantes de encabronamiento tan difíciles de controlar y de final incierto. Y si alguien nos ve en ese momento pensará que somos grandes, magníficos y que menudo caracter que tenemos, que nadie nos pisoteará y que avanzaremos seguros por la vida. Y si coincide que esa persona nos conoce poco tendrá una imagen distorsionada de cómo somos ya que nadie puede vivir en estado de gigante roja todo el tiempo.
Hay que decir que algunos atravesamos alguna etapa de gigante-roja contínua, pero eso fue en la antigüedad y solamente duró unos treinta años, lustro arriba lustro abajo. Recuerdo que una característica propia de esta fase era la de practicar la táctica de campo arrasado con amigos, enemigos y similares. Y es que una gigante roja tiene la fea costumbre que engullir todo aquello que le rodea, sean otros planetas, otras estrellas, tristes enanas blancas o visitantes de otras dimensiones. Y al final, como suele ocurrir con las humanas cosas, todo queda en nada y la gigante roja se ve rodeada de un lamentable vacío cósmico por el que pasa, de cuando en vez, algún asteroide perdido que busca una explicación a su existencia.
Una enana blanca es el estado final en la evolución de una estrella, con menos de 8 veces la masa total del Sol. Estas estrellas pierden gran parde su masa por emisión de viento solar y se transformarán en pequeños objetos de enorme densidad. Podemos decir que es lo que queda de una estrella cuando agota su combustible nuclear.
Sucede muy a menudo que nos encontramos, después de muchos años, con un antiguo conocido y descubrimos que ha perdido todo su brillo de antaño y se ha convertido en una persona gris y anodina. Si amigos, al igual que en el divertido mundo de las estrellas, galaxias, agujeros negros y civilizaciones extraterrestres, en el mundo social de los humanos también existen las enanas blancas.
Aquel muchacho guapo y divertido del que todos querían ser amigos ha pasado a ser un tipo solitario que mendiga en los bares la conversación de cualquier borracho que al cabo de tres cervezas termina llamándole amigo. Aquella rubia en minifalda que coleccionaba versos de buenos estudiantes y soñaba con los besos de los chicos malos ha ganado un quilo por cada año que ha pasado y un hijo por cada lustro. Y qué decir del matón de la clase, que tenía el record de expulsiones en una semana y presumía de robar el cepillo de la iglesia para comprar tabaco y ahora acude todos los domingos a misa y presume de tener un hijo monaguillo.
Las enanas blancas nos rodean. Personas que brillaron en otro tiempo, que eran admiradas y a las que todos querían parecerse pasan ahora totalmente desapercibidas y cuando volvemos a encontrarnos con ellas nos preguntamos qué demonios tendrían de especial. Algo perdieron con el paso de los años, algo se quedó por el camino y lo peor no es que nosotros nos demos cuenta, lo más triste es que también ellos se dan cuenta de que tuvieron su tiempo y pasó.
Pues lo primero que hay que decir es que no se trata de estrellas. Pensaban los antiguos que de la bóveda celeste se desprendía de vez en cuando alguna estrella y caía hacia un lado u otro, dependiendo del capricho de los dioses en aquel preciso momento. Ahora sabemos que lo que conocemos como estrella fugaz no es más que un pedazo de roca procedende de un cometa o de los restos de la formación de los planetas del Sistema Solar. En definitva, se trata de escombros siderales que al atravesar la atmósfera terrestre se incendian y acaban consumiéndose antes de llegar a la tierra, aunque a veces pueden impactar contra la superficie y crear un pequeño o un gran cráter, según el tamaño del meteoro en cuestión.
Cómo los seres humanos estamos programados para creer que las cosas pasan por algo, cuando vemos un pedazo de escombro atravesando la atmósfera solemos pedir un deseo, o anotar la fecha para recordarla toda nuestra vida o, si estamos con la persona amada, creer que se trata de una señal que nos indica que esa es la persona de nuestra vida. Somos así, nos gusta atribuir intenciones a lo que nos rodea, solemos prejuzgar los acontecimientos según nos convenga en cada ocasión y nos cuesta ver los hechos sin tener la sensación de que están relacionados con nosotros.
Esta costumbre nuestra suele traernos muchos problemas en la relación diaria con los otros seres humanos, pero resulta divertida al contemplar las estrellas, sobre todo si son fugaces. Un fenómeno puede significar cosas distintas para personas distintas y sin embargo ser el mismo fenómeno. Eso debería hacernos más cautos a la hora de atribuir intenciones a los demás.
Para entrar en la atmósfera terrestre las naves espaciales y algunos ovnis tienen unos escudos térmicos que protegen el chasis y todas las piezas del calentamiento aerodinámico al que se ven sometidas. Puede parecer extraño que sea necesario proteger algo para entrar en el aire, pero así es. El rozamiento producido por las altas velocidades que alcanzan estas naves es tan fuerte que la temperatura aumenta hasta los 1.500 ºC con gran facilidad. Si esta temperatura se mantuviera demasiado tiempo la forma del vehículo comenzaría a cambiar, los sistemas eléctrónicos fallarían y la tripulación acabaría como aquel pollo que mi madre olvidó sacar del horno en la gloriosa Nochebuena del año 97... pero esa es otra historia.
Hace medio siglo se descubrió que el escudo térmico era más efectivo si ténía forma de plato ya que se incrementa la resistencia y se crea una onda expansiva delante de la nave espacial al chocar con la atmósfera, desviando el calor hacia el exterior. Por este motivo los ovnis tenían, en su mayoría, forma de plato. Ahora se utilizan escudos magnéticos cuyo funcionamiento es un poco más complicado pero que ha permitido que las naves de la NASA penetren en la atmósfera sin perder piezas y que proliferen cada vez más los ovnis triangulares, cuadrados e incluso, por la zona de Galicia, ovnis con forma de vieira.
Pues bien, en estas fechas en las que muchos regresan al trabajo después de unas pequeñas vacaciones se hace cada vez más necesario disponer de un escudo para no sufrir desperfectos irreparables en nuestro estado de ánimo. Cuanto más largo ha sido el periodo de descanso más fuertes son las fricciones y más grande debería ser el escudo. Así, en lugar de forma de plato, el escudopara la reentrada en el puesto de trabajo debiera tener forma de sombrilla, de antena parabólica o incluso de carpa de circo. Y es que el contacto con ciertos elementos laborales puede incluso provocar una desintegración instantánea si no tomamos las precauciones oportunas.
Una estrella doble es una pareja de estrellas que se mantienen unidas por la fuerza de la gravitación y giran en torno a su centro común.
No encuentro mejor manera de comenzar estas nociones de astronomía que hablaros de las estrellas dobles. Os puede parecer algo inusual o extraño, pero se estima que casi un 40% de las estrellas que vemos son en realidad dos estrellas que recorren juntas el inmenso espacio sideral. Se trata de las llamadas estrellas binarias que forman parte de un mismo sistema gravitatorio y que a veces puede incluír otras estrellas inteactuando entre sí.
Las estrellas dobles pueden estar cerca, resultando obvia su mútua atracción, o puede tratarse de estrellas separadas por grandes distancias. En este último caso la única forma de saber si existe o no existe relación entre ellas es observando sus órbitas en relación con otros puntos astronómicos.
También existen las falsas estrellas dobles, o binaria ópticas. Estas son estrellas que están muy muy cerca a simple vista, pero que en realidad están en distintos planos o niveles.
Y como os dije al comenzar con estos pequeños apuntes, nuestra forma de organizar la vida en sociedad ya está plasmada en el firmamento. La definición anterior es perfecta para explicar lo que sienten dos personas al tener descendencia. Individuos que hasta entonces eran más o menos independientes comienzan a girar en torno a un centro común y a estrechar unos lazos que hasta entonces no habían experimentado. Se trata de un vínculo fuerte e invisible, como las órbitas de los astros, que hace que no sea necesario termitar las preguntas para obtener respuestas o que sin pedirlo le acerquemos a nuestra pareja un babero, un chupete o ese mordedor que siempre termina en el suelo.
Este vínculo también puede actuar a pesar de la distancia y a veces una buena forma de estimar la fuerza de ese vínculo es la relación que se establece con otros individuos. Y para qué negarlo, también existen casos de binarias ópticas en las que ese vínculo sólo es aparente y se trata simplemente de dos estrellas que pasaban por allí.
Hace muchos años mi padre me preguntó qué regalo quería por haber aprobado sexto de EGB. Yo le dije que quería un telescopio y él me regaló un Amstrad CPC464. Os diré que el Amstrad no era un tipo de telescopio sino un ordenador doméstico que funcionaba con un programa llamado BASIC y que básicamente sólo servía para hacer listines telefónicos (recordad que no existían los teléfonos móviles) o juegos de tenis en los que la pelota que era una O mayúscula y las raquetas que eran dos eles. Después descubriríamos que con la entrada que tenía para el joistick y unas células fotovoltaicas podías hacer circuitos que te indicaban con un sonido cuando se abría una puerta o cuando se encendía una luz. La verdad es que no servía para mucho, pero nos gustaba averigüar si funcionaba o no. Otro día os contaré la triste historia del piano eléctrico.
Pues el ordenador en cuestión era algo así:
Si, lo que aparece en la parte derecha es un cassete en el que se metía la cinta del juegos y cuando en la pantalla aparecía Read error b tenías que volver a comenzar la carga, no sin antes limpiar con el dedito la cabeza lectora.
Pero os decía que en realidad lo que yo quería era un telescopio, y como mi padre nunca me volvió a preguntar qué quería de regalo pues tuve que esperar unos cuantos años antes de poder comprármelo. Y como si de una venganza se tratase decidí comprarme un buen telescopio. No uno de esos que se ven en las películas sino un telescopio caro al que se puede acoplar un motor para seguir las órbitas de los cuerpos celestes o incluso una cámara para obtener maravillosas fotografías del espacio exterior o de algún que otro OVNI.
Lamentablemente, las instrucciones estaban en alemán y mi aficción por la astronomía ya no era la misma que en mis años de EGB. Y ahora tengo un buen telescopio al que he sacado muy poco partido y un ordenador tremendamente arcaico con el que pasé horas y horas jugando y haciendo experimentos de domótica.
Pues bien, esta pequeña historia sirve para introducirnos en el maravilloso mundo de la astronomía. Y la primera lección nos enseña que no es necesario un gran telescopio para admirar las maravillas del universo. Básicamente, con un poco de curiosidad y algo de tiempo descubriremos que todo está en las estrellas y que muchas de las cosas que creemos propias y exclusivas de los seres humanos ya están presentes, desde hace millones de años, en ese inmenso teatro que es el firmamento.