lunes, 17 de octubre de 2011

Nociones de astronomía VI: gigantes rojas.


Son estrellas que atraviesan su fase final y están próximas a consumir todo su combustible (hidrógeno). Cuando esto sucede su núcleo se contrae, aumentando su densidad y temperatura; el calor es transmitido a las capas exteriores que se dilatan transformándola en gigante roja, con un tamaño de hasta 100 veces el original.

Todo ser humano tiene, a lo largo de la vida, sus momentos de gigante roja pero, a diferencia de las estrellas, puede ocurrirnos varias veces a lo largo de los años, o incluso más de una vez al año. Se trata de esas ocasiones en las que decidimos ignorar totalmente la opinión de los demás y las convenciones sociales y nos mostramos tal y como somos, defendiendo nuestra dignidad por encima de todo y no tolerando ninguna intromisión en nuestro libre albedrío. Y no nos importan las repercusiones que nuestras palabras o actos puedan tener. Si hay que decirle al jefe que no, se lo decimos. Y si no le gusta que le eche azúcar, y no nos importa lo más mínimo tener que recordarle que es jefe gracias a la linda cornamenta que adorna su frente. Al día siguiente podemos estar haciendo cola en la oficina del antiguo INEM, es cierto, pero disfrutamos de ese momento de gloria, de ese instante en el que nos sentimos inmensos, inconmensurables.
Digámoslo claro, nos convertimos en gigantes rojas cuando nos tocan demasiado el orgullo propio, se nos calienta la boca y decimos verdades como templos. Son esos instantes de encabronamiento tan difíciles de controlar y de final incierto. Y si alguien nos ve en ese momento pensará que somos grandes, magníficos y que menudo caracter que tenemos, que nadie nos pisoteará y que avanzaremos seguros por la vida. Y si coincide que esa persona nos conoce poco tendrá una imagen distorsionada de cómo somos ya que nadie puede vivir en estado de gigante roja todo el tiempo.
Hay que decir que algunos atravesamos alguna etapa de gigante-roja contínua, pero eso fue en la antigüedad y solamente duró unos treinta años, lustro arriba lustro abajo. Recuerdo que una característica propia de esta fase era la de practicar la táctica de campo arrasado con amigos, enemigos y similares. Y es que una gigante roja tiene la fea costumbre que engullir todo aquello que le rodea, sean otros planetas, otras estrellas, tristes enanas blancas o visitantes de otras dimensiones. Y al final, como suele ocurrir con las humanas cosas, todo queda en nada y la gigante roja se ve rodeada de un lamentable vacío cósmico por el que pasa, de cuando en vez, algún asteroide perdido que busca una explicación a su existencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario