jueves, 15 de abril de 2010

Planteémonos la vida como si todo comenzase hoy. Que el pasado simplemente sea algo anecdótico, una fuente de la que sacar ideas, experiencias y sobre todo buenos recuerdos. Utilicemos los malos tragos para reafirmarnos, para sentir que hemos superado los problemas que han surgido en el camino y que podremos afrontar los que puedan aparecer. Hagamos planes a largo plazo, pensemos en todo lo que nos queda por vivir y tengamos el ánimo suficiente para comenzar en este preciso momento, ahora. El ayer no existe y si han quedado secuelas del pasado enfoquémoslas como si fuesen algo tan inevitable como ese edificio que nos impide ver el mar. De nada sirve perder el tiempo buscando soluciones a lo que ya ha sucedido o imaginando que las cosas serían diferentes si hubiésemos hecho esto o aquello. Concentremos todo nuestro esfuerzo y nuestra ilusión en lo que ahora mismo está sucediendo. Y si descubrimos que hay algunas cosas ya iniciadas sintámonos personas afortunadas. Sólo tendremos que preocuparnos por terminarlas y buscar nuevos proyectos.

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