jueves, 15 de abril de 2010

A veces es sencillo sentirse bien. Compartir un día campestre con personas queridas a orillas de un río. Conversación que surge espontánea, que va derivando hacia distintos temas sin que nadie se preocupe por lo que dice o por lo que prefiere callar pues la confianza que dan los años hace que no haya malentendidos, que todo sea más fácil de entender. Regresar cansado a casa y dormir de un tirón y al día siguiente tener la certeza de que en la memoria ya tenemos guardado un recuerdo hermoso al que podemos recurrir cuando las cosas no sean tan fáciles. Y descubrir que a veces basta con volver a esos recuerdos para sentirnos bien, para tener la agradable sensación de que en nuestra vida no todo es rutina y trabajo. Para descubrir que lo realmente importante es aquello que hacemos cuando simplemente dejamos pasar las horas sintiéndonos en compañía.

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