Con nuestro último aliento gritamos vuestros nombres
pero no nos escuchabais.
Ya nadie escucha a nadie
y el mundo no mas que un infinito gris de palabras vacías
y malentendidos.
Teníamos la vida atravesada en la garganta
y los ojos arrasados de tanta oscuridad
pero ninguno nos ofreció agua,
nadie tuvo una palabra de consuelo
ni el tiempo suficiente para dedicarnos una tarde,
unas horas de compañía o simplemente
la serena armonía del silencio.
Nos invadió la soledad y la desoladora tristeza
del que se sabe olvidado por las viejas amistades
y por las alegres promesas de nuevos compañeros del camino.
Y nos supimos solos recorriendo tristes senderos,
arrastrando nuestras penurias y las incertidumbres
de los días que están por venir.
Zarandeados por la vida y por los azares
pero juntos
y con la certeza de que merecemos algo más
y que la vida, finalmente
pondrá a cada cual en su lugar.

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