Si había algo que de verdad disfrutaba Edelmiro Sánchez eran los meses de verano. Los últimos días de mayo comenzaba a sentir un hormigueo en el cuerpo que le anunciaba que llegaban los días de sol y calorcillo, y el día 1 de junio, sin falta, se calaba la gorra de los viajes a la playa y ya no se la sacaba hasta el 30 de septiembre.
Nadie en el pueblo sabía cuando había comenzado aquella costumbre, pero era conocido por todo el mundo como Edelmiro el gorras. Decían algunos que se trataba de la misma gorra, pero los que llevábamos años jugando con el la partida de los sábados sabíamos que aunque siempre eran del mismo color crema, pertenecían a distintos lugares: Tenerife, Mallorca, Cancún, Albufeira, Málaga, Lanzarote... Sin duda recuerdos de vacaciones pasadas, típicos viajes de una semana comiendo, bebiendo y durmiendo en hoteles de todo incluido. Tal vez era el recuerdo de aquellos días de descanso total lo que hacía que Edelmiro relacionase las gorra con el placer, y que los que lo conocíamos un poco supiésemos cómo le cambiaba el rostro cuando llevaba una de aquellas gorras puesta.
Y durante los meses del verano no había un solo momento en el que no llevase una de aquellas gorras. Durante la procesión del Carmen, en la sesión vermut, en las verbenas nocturnas, cuando salía a pasear con los perros, cuando llevaba a los nietos a la playa, en el mercado, en la frutería y por supuesto, cuando jugaba la partida con nosotros.
Y tal vez fue durante una de estas partidas cuando alguno de nosotros mencionó el tema y le preguntó por sus viajes y por los lugares que más le había gustado. Edelmiro nos miró sorprendido, como si no comprendiese a que nos referíamos, y cuando le señalamos la gorra no pudo contener una sonrisa al confesarnos que en realidad no había visitado ninguno de aquellos lugares, pero que desde hacía unos años, justo al llegar finales de mayo, recibía en su casa un paquete, sin ninguna nota y sin remitente, y que contenía siempre una gorra igual a la que tenía puesta en aquel momento.
- Es como si alguien quisiera advertirme que comenzaba el verano - nos dijo.
- Y nunca te has planteado viajar a ese destino - Le preguntó uno de nosotros.
- La verdad es que no - nos confesó - pero este año me tocaría ir a Lanzarote...
Y solamente hizo falta eso para que decidiésemos irnos de viaje a la semana siguiente.

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