martes, 23 de abril de 2019

Vagabundeo




Hay días en los que quiero leer el Quijote, hay momentos en los que siento ganas de volver a recorrer Castilla, de escuchar el vocerío de los caminos y detenerme en el ajetreo diario de cualquier Venta. Sentir en mi cara la brisa seca de los campos, oler aromas extraños, paisajes lejanos y ásperos indicándonos que a nuestro alrededor no hay nada. Hay días en los que quiero volver a escuchar a Cervantes contándonos una historia, el enredo sublime de sus palabras, la voz firme y sosegada del que sabe que tiene algo que decir, del creador consciente de que su obra es un mundo al que muchos, como yo, tendrán la necesidad de volver de vez en cuando.

Hay días en lo que quiero leer el Quijote, pero no solo eso. Hay también noches en las que quiero volver a navegar con Ismael, visitar los bailes parisinos con Eugène de Rastignac o acompañar a Raskólnikov en sus delirantes vagabundeos por San Petesburgo. Una imagen, a veces, o una palabra activan recuerdos de otras lecturas, de otros tiempos en los que podía permitirme pasar horas y horas entre las páginas de un libro. Y tal vez cuando siento esa imperiosa necesidad de volver a leer mis lecturas de juventud no hago otra cosa que añorar aquellos días, aquella intensidad con la que me sumergía en los libros, aquella capacidad para pasar las noches despierto y leer una página más, y después otra y otra y al final experimentar esa tristeza que muchas personas experimentamos al descubrir que el final está apenas a veinte páginas y no queremos tener que irnos porque sabemos que ya nada será igual, que cuando cerremos el libro ya no podremos volver porque la Literatura tiene mucho de Heráclito y no podemos leer dos veces la misma novela.

Y aún así, cansado de tanta vulgaridad literaria y de tanto éxito editorial que no me aporta nada, hay días en los que necesito volver a leer Literatura, buscar refugio en las páginas de los libros que una vez me hicieron navegar otros mares y vivir otras vidas. Suele coincidir, para que negarlo, con momentos en los que debería estar centrado en otros quehaceres menos gratificantes pero con más repercusiones en mi vida. Al fin, todos necesitamos evadirnos de vez en cuanto y regresar al tiempo en el que alguna vez fuimos felices.

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