“Sam
respiró profundamente. –Bueno, estoy de vuelta."
Esto
es lo que dijo Sam cuando regresó a la Comarca, sentándose en su
sillón preferido, con su querida hobbita de alegres rizos bailando a su alrededor y
con su hija en el regazo. El trabajo estaba terminado. Tocaba tomarse un descanso.
Así
es como me siento yo esta mañana. Ya es definitivo que el esfuerzode hace unos meses valió la pena. Los madrugones, las horas de
estudio, los nervios y los sacrificios. Superé un proceso selectivo
que ha sido muy duro. ¿Acaso hay alguno que no lo sea?
Como
suele ocurrir cuando conseguimos algo que nos ha llevado tanto tiempo
y esfuerzo, la sensación que predomina es la de alivio y
satisfacción. Más adelante, cualquier día mientras camine
despistado por alguna acera o al entrar en una biblioteca sentiré de
pronto una súbita alegría, una emoción de esas que nos suben por
la espalda, cosquillea entre los huesos temporales y los parietales y
nos impulsa a dar pequeños saltos, levantar las manos en señal de
triunfo y tal vez gritar.
Pero
hoy no es ese día.
Hoy
simplemente suspiro aliviado, celebro la buena suerte que he tenido y
pienso en lo bien que se está cuando se está bien. Descanso, tranquilidad, disfrutar del tiempo y de la compañía, dar y recibir algunos mimos familiares y mañana, tal vez pasado, ir pensando en volver a empezar.

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