Extrañeza.
No todas las novelas tienen que contar una historia ni todas las historias tienen que seguir una trama en la que los personajes hacen cosas o viven experiencias. Hay toda una literatura basada en las experiencias obtenidas a través de estados alterados de conciencia. Las drogas, la meditación, la introspección o incluso el abuso de ciertos programas de televisión son medios de los que se han servido las escritoras y escritores a lo largo de la historia para crear algunas obras maestras.
La cresta de Ilión es una novela que tiene algo de fantástico y extraño que hace que no sera fácil clasificarla. Tiene, sin duda, múltiples lecturas, y puede interpretarse como un estudio sobre el concepto de género y sus borrosos límites actuales (líquidos, que diria el filósofo); como una reflexión sobre el deseo y sus circunstancias; como la historia de un hombre solitario que llega a sentirse un extraño enloquecido en su propio hogar, como una historia sobre desapariciones físicas y pérdidas de identidad o simplemente como un relato fantástico sobre apariciones.
Confesaré que leí la novela sin saber muy bien lo que Cristina Rivera Garza me estaba contando. Pero debo decir también que está muy bien escrita y que posee algunos giros en la trama que hace que sigamos leyendo. Sin duda tiene múltiples interpretaciones, y seguramente todas son válidas pues si algo tiene el arte es que admite distintas visiones y provoca reacciones diferentes según la época o el contexto en el que sea interpretado. Y hay siempre unas claves personales que hacen que nos conmovamos antes unas obras y que otras nos dejen indiferentes.
Ocurre a veces que al acabar una lectura necesitamos saber algo más, tenemos curiosidad, y fue esta curiosidad la que me llevó a buscar algo de información sobre esta autora mexicana y más concretamente sobre esta obra. Y así descubrí que se trata de un homenaje a otra escritora mexicana, Amparo Dávila, cuya obra está encuadrada dentro del género fantástico. De este modo, muchas de las imágenes oníricas y fantásticas que aparecen en La cresta de Ilión hacen referencia a distintos relatos de Ámparo Dávila. Son claves que seguramente harían la lectura más rica en matices, del mismo modo que los contemporáneos de Cervantes disfrutarían del Quijote de un modo más pleno de lo que podemos hacerlo ahora pues conocían muchas de las Novelas de Caballerías que menciona Don Alonso Quijano y muchas de las descripciones de las ventas, de las costumbres e incluso de algunos personajes son parodias de la vida cotidiana del siglo XVI. Igual que ahora algunos disfrutan de ciertos programas de humor que solamente se entienden si conoces el contexto al que hacen referencia.
Otra peculiaridad de esta novela es que ha sido escrita en español, traducida al inglés y a partir de esa traducción reescrita en español quince años después. La autora explica que se siente habitante de la frontera, entre dos culturas, y que las dos forman parte de su forma de pensar y de escribir. Por eso esta novela está muchas veces en terreno fronterizo y nos resulta difícil catalogarla. Por momentos pensamos que se trata de novela negra, aparecen rasgos de novela fantástica, se mezclan elementos surrealistas.
En definitiva, una novela interesante si nos gustan las novelas que dan libertad al lector para hacer interpretaciones y que exigen cierto esfuerzo de imaginación y cierta paciencia al descubrir que apenas existe una trama, pues al final de la novela sabemos tan poco de esas mujeres que no podemos decir si verdaderamente existen os son fruto de la mente alucinada del protagonista. Tal vez aquí resida el mensaje de denuncia que la autora quiere transmitir con respecto a las desapariciones de mujeres. Si nos acostumbramos a oír hablar de mujeres que desaparecen sin dejar rastro podemos acabar dudando de su existencia, podemos acabar negando no solamente el futuro que ya no tendrán, sino también el pasado que tuvieron en algún lugar.

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