sábado, 14 de enero de 2023

Riada


Cómo si de dioses tristes y soñadores se tratase los cielos comenzaron a llorar y las montañas estallaron en mil manantiales. Nubes quejumbrosas gravitaban caprichosas sobre los campos y las ciudades, sobre las viejas catedrales y los centros comerciales, sobre las enamoradas y los viejos gruñones que habitan en los bares. Ríos enfurecidos quisieron conquistar el mundo, anegaron los valles, inundaron los parques infantiles y los bajos comerciales, socavaron las tierras para jugar con las raíces de los árboles y llenaron los mares de flores, hojas húmedas y ramas secas.

Y después llegó la calma. Tras la riada, tras el desbordamiento imparable de los elementos siempre llega la calma y la agradable caricia de la serenidad.



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