jueves, 19 de enero de 2023

Tristezas




Nada más triste que descubrir que para algunas niñas y niños el colegio es como un matadero, que por las mañanas van a la escuela como quien ingresa en una cárcel en la que no harán nada que les guste o que les motive. Nada peor que sentir que abandonas a tu hijo o hija en un lugar en el que simplemente intentará pasar las horas de la mejor manera posible, sin sufrir demasiados daños. 

Es muy triste saber que gran parte del malestar del nerviosismo que muestran nuestros hijos viene derivado de la escuela, de una mala experiencia, de alguna profesional que no sabe hacer bien su trabajo. Ya se que la mayoría son personas implicadas que intentan y consiguen hacer bien su trabajo, pero cuando te toca una profesora que no sabe, o no puede hacerlo mejor, el curso escolar se vuelve muy cuesta arriba. Las lágrimas de los domingos, los dolores de barriga, las ganas de vomitar, los miedos, las dudas....

Ves como la autoestima infantil se va a la porra y aunque intentas ser tu el que complemente la falta de motivación que recibe en el aula, es imposible. Son muchas horas diarias escuchando que no presta atención, que no se fija, que no contesta a lo que se le pregunta, que vaya letra, que cuanto desorden... Llegar siempre a casa con la mochila llena de reproches y críticas, nunca una palabra de apoyo ni una felicitación. 

Y la impotencia es descubrir que hay muy pocas cosas que podamos hacer. La escuela es un sitio hermético y cerrado. Nadie está dispuesto a hacer nada, a complicarse la vida aunque sepan que las cosas se están haciendo mal. Te dicen que son metodologías distintas, que saben que hay quejas de más familias pero que cada maestrillo tiene su librillo...

Y al final lo que nos queda es aguantar un poco más y dejar que pasen las semanas, intentar llegar a fin de curso de la mejor manera posible y tener suerte y que en el reparto de docentes del próximo curso salga uno bueno, o por lo menos uno normal. 




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