Mostrando entradas con la etiqueta Hilario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hilario. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2023

Apoyos

 



- Hilario, tí oiches algo? Disque os de Facebook lle bloquearon o blog ao Ramón.

- A Ramón, a que Ramón?

- Ostias Hilario -dixo Toño algo molesto- aquel rapaz tan caladiño que paraba pola taberna fai anos. 

- No recuerdo Toño. Hace años que paso de todo. Sabes que desde que vi Juego de Tronos estoy intentando escribir una historia de magia y fantasía que rompa con todo lo escrito hasta ahora. 

Hilario es así, todos lo conocemos y ya no nos sorprende nada, tanto puede estar implicado en una extraña historia con el agente Weird y la agente Ginger como desaparecer durante años y reaparecer un día cualquiera en la Taberna de Beaufort diciendo que necesita una conexión segura. 

Pero lo que nos resulta extraño y despierta nuestros recelos sobre las redes sociales era el bloqueo que desde hace unos días sufre el blog de Ramón por parte de Facebook. No es que nosotros seamos muy de Facebook, ni de Twiter ni caralladas de esas, pero de alguna manera, con el paso de los años, le hemos cogido cariño al muchacho y a su Mar de Beaufort, sobre todo ahora que comenzaba a mostrar cierta constancia.

- Que constancia nin que carallo - dixo o vello da esquina- Aparece por aquí cando lle peta e aínda por riba xa nunca leva tabaco enriba. 

- E ademáis ben saberán os de Facebook o que fan - dixo outro que andaba a ler a Kundera na mesa da esquina- que se lle pecharon o chiringuito ese que tiña montado será por algo.

- E o que escribía era pouco e malo -sentenciou aquela rapaza que aparecera pola taberna cando apareceran aquelas extrañas sinais no ceo e quedara unha temporada no barrio. 

- Pues yo os voy a decir una cosa -dijo Hilario, haciendo gala una vez más de su siempre sorprendente espíritu de la contradicción- solamente por el hecho de ser bloqueado tan injustamente, ese blog merece nuestro apoyo. A partir de ahora iniciaremos una campaña de apoyo a Mar de Beaufort. 

Y aquí estamos. 

Desconocemos totalmente los motivos de Facebook para el bloqueo. Tampoco sabemos muy bien de que habla el blog de Ramón, pero como nos sentimos parte interesada y nos gustan las causas perdidas a partir de ahora nos pasaremos más a menudo por este sitio para que al menos quede constancia de nuestra presencia. 






martes, 5 de mayo de 2015

Entre tazas.




Cuando Hilario entró en la taberna diciendo aquello de "¡Necesito una conexión segura! ¡Ya!" supimos que estábamos asistiendo al inicio de una nueva aventura. Pero cuando preguntó si había algún programador en el bar pensamos que estaba un poco desorientado. Tal vez los últimos meses preparando las oposiciones para inspector de hacienda estaban haciendo mella en su capacidad de raciocinio, como le ocurrió a José María o a Miguel, que ahora están cada uno en su mundo irreal y sin esperanzas de recuperación.
Como recordarán los más veteranos del lugar, Hilario fue el protagonista de una serie de sucesos que en su momento no fueron explicados de todo y que en breve, si las fuerzas y la voluntad no nos fallan, serán revisadas y renarradas para ofrecer a cualquier persona interesada la oportunidad de saber un poco más de este entrañable personaje.
Pero ahora es ahora, y lo que tenemos es a Hilario entrando precipitadamente en La Taberna de Beaufort y pidiendo una conexión segura, en lugar de la consumición oficial de la casa. No se le ocurre mejor saludo que apartar a Ramón de la esquina de la barra en la que diariamente reflexiona sobre la insoportable subida de la gasolina y colocar en su lugar un ordenador portátil.
Un viejo ordenador portátil con pegatinas de Hello Kitty en la esquina superior izquierda de la carcasa y una abolladura en el teclado que dificulta el pulsado de las teclas jkl. Lo digo para que a los amantes de crearse imágenes visuales mientras leen les sea más fácil situar a Hilario en la barra, con una antigualla informática delante y con un grupo de cuatro o cinco personas colocándose a su espalda, mirando con curiosidad en la pantalla en la que comienza a parecer un mapa y el típico circulo con flechas girando (simbología celta, por cierto, por mucho que les duela a los hippies del yinyang) que nos indica que el ordenador está procesando información...
- Mirad aquí -señala Hilario utilizando como puntero la cerveza que acabo de proporcionarle- Esta es nuestra calle y aquí está la Taberna de Beaufort, y podéis comprobar que no tiene aceras. Pues si nos vamos acercando con el zoom aparecen las aceras!!
El asombro fue total.
Ante nuestros ojos habían aparecido aceras donde antes no había nada. Nuestra calle pasaba de ser una pista de asfalto con baches y mal pintada a una espléndida avenida perfectamente pintada, con amplias aceras, arbolillos y algún que otro banco.
Comenzó, como suele ocurrir cuando se mezclan novedades y cervezas, una gran discusión. Hilario, amigo de las explicaciones poco comunes, decía que lo que había descubierto era una grieta espacio-temporal en la que el tiempo y el espacio daban un pequeño salto y se mostraba lo que sería dentro unos años. Esto es, nuestra calle por fin con aceras.
Uno se atrevió a decir que el programa informático que utilizaban los de google estaba bugeado, lo que provocó la airada reacción de Franky diciendo que no era posible que fallase el google maps, que seguramente sería un virus en la mierda de portátil de Hilario y que como mucho se trataba de una variable anómala que hacía fallar el zoom y que mostraba la imagen de otras coordenadas no definidas
El del bazar chino decía que cualquiera podía alterar la información de la página y crear una imagen virtual de la calle añadiendo aceras o lo que fuese. Lo que no estaba claro era el motivo, pero quien necesita motivos habiendo oportunidades, decía el chino mostrando sus conocidas capacidades para vender cualquier cosa a cualquier precio.
Fue un manotazo en la barra del bar el que nos hizo callar a todos.
-A ver, ostia!!- dijo Ramón mientras con un gesto me sugería que volviese a llenar su taza de ribeiro-Soy el único que lee periódicos o qué?
Ante nuestra cara de asombro Ramón apuró el vino y mientras miraba el interior de la taza como si buscase allí las explicaciones comenzamos a pensar que disponía de algún tipo de información que los demás desconocíamos.
-A que viene tanta sorpresa por ver aceras donde no las hay. Acaso no estamos en campaña electoral?



viernes, 30 de noviembre de 2012

Las reglas del R9.

Pocos de vosotros sabréis lo que significa conducir un R9, elegido mejor coche del año en europa en 1982. Muchos ni siquiera lo reconoceréis si lo veis por la calle, o giraréis la cabeza al descubrir un coche que parece de otro tiempo. Lo es. Os aseguro que conducir el R9 es una experiencia religiosa, algo que solamente algunos inciados podemos disfrutar plenamente. En estos tiempos absurdos de dirección asistida y faros de xenon, con lucecitas de colores en el salpicadero y señales acústicas para todo sentarse al volante del R9 significa aceptar ciertas reglas.



La primera de ellas, de obligado cumplimiento, es tirar de la palanca del aire cuando intentas arrancarlo. Si no hay palanca, no hay encendido. Por eso, cuando el agente Weir intentó sentarse al volante argumentando que era lo más parecido al sedán del FBI que solía conducir en Wisconsin, tuve que hacer pequeños chasquidos con la lengua moviendo mi índice de un lado a otro.
- No, my friend, no. My car is only for me- le dije mientras amablemente le señalaba el asiento de atrás. No tanto por su desconocimiento de la primera regla, sino porque la segunda regla del R9 es que sólo yo conduzco el R9.

A pesar de su tamaño, el agente Weir parecía el típico bonachón despistado que es capaz de preguntarte dónde está la Catedral el la mismísima Praza do Obradoiro. Por eso se metió en el coche refunfuñando algo que no comprendí, pero que provocó que su compañera se riese con ganas mientras me guiñaba maliciosamente un ojo.

-Venga, arranca ya, que el camino es largo y el tiempo apremia.
Hilario utilizaba estas expresiones solemnes cuando no tenía ganas de dar explicaciones. Quería llegar lo antes posible y sabía que a estas horas el peaje de la autopista se ponía imposible. Tal vez por eso comenzó a impacientarse al descubrir que no pasabamos de noventa y que todo el mundo nos miraba al adelantarnos. Si su intención era pasar desapercibido se había equivocado de coche. Un R9 a 90 km/h por la autopista, con una pareja bien vestida en el asiento de atrás, un tipo con una camiseta de Los Suaves de copiloto y un barbudo muy feo conduciendo.

Por eso no me extrañó lo más mínimo que al salir de la autopista nos estuviera aguardando una patrulla de la Guardia Civil. Pero en lugar de pedirme los papeles del vehículo nos dijeron que llegábamos con retraso, que el concierto estaba previsto para las diez y media y que el alcalde estaba esperando por nosotros para entregarnos la llave de oro de la ciudad.

No pudimos negarnos. El agente Weir demostró ser un auténtico maestro con la guitarra y yo siempre me he defendido bien con el bajo. Hilario se sabía algunas canciones y el resto es Rock&Roll.





jueves, 18 de octubre de 2012

Marraxo & chips.



Nunca debí aceptar la propuesta de Hilario. Después de los sucesos aquí relatados y nunca explicados de forma coherente tendría que haber cerrado las puertas de la Taberna de Beaufort y marcharme para mi casa antes de que Hilario comenzase a contarme aquel extraño suceso del que nada bueno podría salir.

Pero es superior a mi. Solamente hacen falta un par de cervezas para comenzar a enredarme, y a la cuarta ya es fácil convencerme de casi cualquier cosa. De este modo, después de que los americanos acompañaran tres botellas de buen albariño con dos raciones de mejillones al vapor, cinco de pulpo y las tres docenas de croquetas de jamón que doña Sonia había preparado para el menú del día siguiente, Hilario comenzó a hablarme de que necesitaba mi ayuda para llegar a Cedeira aquella misma noche.

-  ¿A Cedeira? ¿Pero qué demonios tienes que hacer en Cedeira?
- Yo nada -me contestó mientras terminaba de un trago la cerveza- pero estos dos tienen que ir a investigar. Al parecer son expertos en ese tipo de fenómenos.
- No se que decirte, la verdad. Parecen un poco alelados, aunque puede ser por el festín que se están dando. ¿Cuánto hace que no comen?
- Ni idea, a mi me llamaron para que los fuese a recoger al aeropuerto y los llevase lo antes posible a Cedeira.
- Pues cuando descubran las raciones de marraxo van a flipar.
- ¡Es verdad! Oye, que si salimos ahora aún nos da tiempo a cenar allí. ¿Aún tienes el Renault 9?
- Por supuesto... aunque probablemente tengamos llenar el depósito a medio camino para llegar. Traga más que un banco gestionado por un político de derechas venido a menos...
- No capto el sarcasmo-me contestó Hilario- pero por la pasta no te preocupes, que pagan los americanos. Tu vete a por el coche que yo les voy explicando que esta noche cenarán traditional fish and chips of Galicia.



miércoles, 11 de julio de 2012

Reencuentros en la Taberna de Beaufort.

Como ya nos vamos conociendo no os sorprenderá que Hilario reapareciera por La Taberna de Beaufort como si tal cosa, después de un año sin saber nada de él. Venía acompañado de  una pareja de extranjeros demasiado bien vestidos para ser peregrinos, pero con la cara de pánfilos que caracteriza a los teutones, ingleses y holandeses cuando comienzan a mirar el mapa y preguntar Where's the big church?

Estos eran distintos. El tipo parecía un armario y la morena vestía un traje chaqueta compuesto por americana de cuello chimenea, de esas que cierran por corchetes con detalle de grandes botones y con costadillos ajustados. No podría asegurarlo, pero me pareció que estaba forrada. 97% poliéster, 3% elastán y tendría un largo aproximado de  50 cm. La falda era de esas sin cinturilla, cerrada, y lo suficientemente ajustada como para realzar las caderas de la mujer que con tanta gracia entró en el local y me pidió A Coke, please. I'm very thirsty! Todos sonreimos al verla acercarse a la barra y poner cara de sorpresa cuando le expliqué que en nuestra taberna no vendemos Coca-Cola, que estamos boicoteando a las transnacionales y que nos oponemos a cualquier tipo de comida basura.  Iba a ofrecerle un bitterkas cuando escuché a Ramón al otro lado de la puerta decir aquello de A ver, kuntakinte, ou dentro ou fora, que para quedar no medio xa están os xoves! 

- Pero qué dices, Ramón, si kuntakinte era negro.
- Negro sería, pero tamén era grande como un mundo...
- Venga Ramón, dijo Hilario, deja a mis amigos tranquilos y entra de una vez, que vengo dispuesto a invitar a unas cervezas.

Hilario tenía estas cosas. Podían pasar meses sin que supiéramos de él que cuando regresaba siempre conseguía mostrarse tan próximo y cordial que daba la sensación de estar siempre con nosotros. Era un tipo curioso, sorprendente y enigmático. Todavía estaba yo esperando una explicación sobre el asunto de los rusos cuando aparecía con otro par de personajes que parecían sacados de una serie de televisión americana.

Nos contó que tenía que llevar a sus acompañantes a un pueblo del norte en el que había tenido lugar un suceso un poco extraño. Nadie preguntó nada. Sabiamos que si Hilario quería contar más, lo contaría, y si no pues por mucho que insistíeramos no soltaría prenda. Yo me quedé con ganas de saber algo de Irene y de Raquel, pero decidí que sería mejor esperar a un momento en el que hubiese menos gente en el bar.

miércoles, 27 de junio de 2012

The Carlos's Seat 127 "Fura"


El agente Weird no salía de su asombro cuando su contacto en Compostela se acercó a aquel coche y les indicó que subieran. Estaba acostumbrado al sedan negro de la agencia y no sabía muy bien como podría introducir su metro ochenta y siete y sus casi cien quilos de peso en aquel cacharro con ruedas que no era más grande que el coche de jueguete que le había regalado a su sobrino Alex en las últimas navidades.

La agente Ginger tampoco parecía muy convencida de que aquel minúsculo automóvil fuese capaz de albergar a tres personas y dos maletas en su interior, y mucho menos de transportarlos hacia la ciudad, por muy cerca que estuviese. No era solo el evidente sobrepeso de su compañero, sino que ella misma medía un metro setenta y ocho centímetros y aunque mantenía una figura esbelta y atlética no se sentía lo suficientemente flexible como para entrar por el hueco que dejaba el minúsculo asiento al ser reclinado sobre el volante.

Pero la perplejidad de los americanos no pudo transformarse en ningún tipo de pregunta porque el tipo tan estrafalario que la agencia tenía como contacto en Compostela había comenzado a meter sus dos maletas de viaje en el maletero y les decía lesgou lesgou mientras saltaba sobre sus equipajes para intentar cerrar la puerta trasera de aquel minúsculo vehículo.
La situación se hizo más insólita cuando un tipo calvo y con bigotes salió por la puerta principal del aeropuerto ordenándoles que se detuvieran y que mostrasen su documentación. Como iba con uniforme el agente Weird supuso que era un colega de profesión y metió su mano en el bolsillo interior de su americana dispuesto a identificarse como agente de la ley, pero uno de los tres muchachos que acompañaban al tipo vestido de verde había visto demasiadas películas de Chuk Norris y comenzó a gritar Cuidado, tiene un arma, mientras se tiraba al suelo detrás de un contenedor de vidrio.
- Joder, Cheetos,-le dijo el otro chico, conocedor de la tendencia al espectáculo de su amigo- que esto es la vida real.
- Todos al suelo -gritó de nuevo el guardía civil mientras se ocultaba detrás de la marquesina de los autobuses Freire para pedir refuerzos.

Aprovechando el momento de confusión generalizada que se vivía a la entrada del Aeropuerto Internacional de Lavacolla, el contacto del FBI en Compostela le hizo un gesto al agente Weird para que se metiese en el coche de una vez. La agente Ginger estaba en posición de gallego en aquel momento: no se sabía si entraba o si salía del vehículo. Una pierna, un brazo y la cabeza estaban dentro, pero la otra pierna y el culo, con perdón, asomaban por la estrecha puerta del Seat 127 "Fura" que Carlos le había prestado Hilario la noche anterior, después de unas cervezas en el bar de Toño.

No sin antes sopesar los riesgos, Hilario decidió empujar ligeramente el trasero de la atractiva agente para que entrase en el coche. "Buen culo!", pensó mientras decía "sorrysorry, but we have prisa". La agente Weird, sorprendida en una posición tan ridícula y dudando entre un golpe contundente en la base de la cabeza o un tiro en una pierna solamente alcanzó a decir "It's nothing" mientras el coche arrancaba empotrándola entre el asiento trasero y los asientos delanteros de aquel vehículo que ya viajaba veloz hacia Compostela.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Me lo dijo Toño.

- Vamos, Toño, me estás diciendo que conociste a Hilario en el Círculo Polar Ártico!?

- Te estoy diciendo que conocí a Hilario en el Delta del Mar de Beaufort- contestó mientras ponía otro par de cervezas en la barra del bar- Gracias a él pudimos recuperar el oro de Harry y meterlo en el camión de Duane sin que los federales nos hiciesen demasiadas preguntas. ¿Dónde crees que conseguí la pasta para montar este bar?

No supe que decir. Durante las últimas horas Toño me había hablado de su época de estudiante en Canadá. Todo había comenzado cuando le pregunté si sabía algo de Hilario. No puedo explicarlo, pero siempre tuve la sensación de que entre Hilario y Toño existía cierta complicidad, una especie de camaradería que se adquiere al compartir experiencias poco frecuentes. Lo que no esperaba es que me contase una aventura que rozaba lo esperpéntico, y mucho menos que me confesase que Hilario era una especie de agente del gobierno como los que salen en las series de televisión.

Al parecer, Hilario había sido reclutado por un hermano de su abuela, que había emigrado a Estados Unidos en los años cincuenta y por casualidades de la vida formaba parte del equipo de trabajo que se formó después del famoso caso Roswell. Cuando se encontró con el grupo de Toño acompañaba a una unidad de asalto que estaba buscando el origen de una extraña señal electromagnética que habían captado desde los radiotelescopios de Alaska.

- Después de unos cuantos días de interrogatorios y aclaraciones, Hilario consiguió convencer a sus superiores de que no representabamos ningún peligro para los intereses de la nación. Nos ayudó a buscar el oro de Harry y cuando lo encontramos me pidió que me ocupase de poner a buen recaudo la parte que le correspondía. Yo regresé a Compostela y monté este bar, él siguió trabajando para los americanos. El resto de la historia ya la conoces, te has encargado de publicarla en tu blog de una forma magistral y con una narración viva y directa que sumerge al lector en un ambiente de intriga y misterio al mejor estilo de la novela negra de los Grandes de la literatura universal.

- Bueno bueno, creo que exageras un poco- contesté un poco ruborizado.
- Para nada -me dijo Toño mientras atendía a una pareja de chavales que venían a comprar un par de palmeras de chocolate- eres uno de los mejores escritores de blogs que conozco. Y te diré más... o mucho me equivoco o en breve tendremos noticias de Hilario.

domingo, 27 de marzo de 2011

Dónde está Hilario?

Al igual que hace un año, en el bar de Toño decidimos apagar la luz. Cierto que hubo alguna discusión sobre la pertinencia potenciar el ahorro energético cuando el propio gobierno lo pide. Como ya os habré dicho alguna vez, entre nosotros hay algún elemento anarquista que cree que la revolución consiste en hacer exactamente lo contrario de lo que nos dicen los que mandan.
Como casi siempre ocurre, se inició una discusión en la que los ecologistas decían que había que ahorrar energía siempre, independientemente de quién nos lo pidiese. Algunos se sentían un poco burlados por la sociedad ya que llevaban años y años pidiéndole a los ayuntamientos y a los gobiernos que intentasen ahorrar energía y ahora tenían que soportar que fueran estos los que nos dieran lecciones y recomendaciones sobre un uso eficiente de la energía.
Pero finalmente apagamos la luz, y decidimos dedicarle el gesto a Hilario. Toño insiste en qué no sabe dónde puede estar, y cuando le comenté que tanto Irene como Raquel sabían algo sobre Hilario que no quisieron decirme se limitó a invitarme a otra cerveza y me contó una de sus historias de estudiante.
- Por cierto- me dijo al final- tú sabías que a Hilario lo conocí en Canadá?

miércoles, 15 de diciembre de 2010

A qué se dedica Hilario?

Irene estaba explicándole a Raquel que los rusos estaban en la ciudad y que no pararían hasta conseguir los documentos.
Raquel le dijo que lo que tenían no era suficiente, que lo máximo que conseguirían sería cerrar un par de burdeles e implicar a un par de concejales y algún que otro empresario.
Irene le preguntó si pretendía acabar ella sola con el tráfico de personas y Raquel le dijo que por lo menos hacía algo para cambiar las cosas.
- Ya, tú haces mucho desde tú posición de niña bien, pero la que robó los documentos en la embajada rusa fuí yo, la que te presentó a las chicas fuí yo y a la que persiguen los narcos mejicanos es a mí.
- Si, pero a la que amenazaron y ataron a una silla fue a mí - replicó Raquel
- Ya ya, pero si no hablaras más de la cuenta en esas conferencias sobre los derechos humanos y la prostitución no te habrían descubierto.
- Mis conferencias sirven para concienciar a la gente sobre la necesidad de implicarse para forzar a los gobiernos a tomar medidas...
- ...bla bla bla... -interrumpió Irene- A mí no me tienes que convencer de nada. Sólo te digo que ahora nos pesiguen dos tipos de la embajada rusa y seguramente detrás de este vendrán otros -dijo señalando al hombre maniatado que teníamos en el suelo.
El mejicano miraba para mí y yo miraba para el mejicano con cara de asombro. La verdad es que tenía la sensación de estar fuera de lugar. Al fin y al cabo, no tenía ni idea de qué iba todo aquello. El oriundo de la norteamérica pobre, al menos, sabía los motivos por los que se encontraba en tan lamentable estado y podía hacerse una idea de lo que iba a ocurrir con él en los próximos minutos. Yo desconocía la mayor parte de los detalles e ignoraba lo que sucedería a continuación.
Como la discusión iba en aumento decidí intervenir y pregunté qué demonios tenía que ver Hilario en todo esto. Al fin y al cabo, era por Hilario por el que estaba metido en todo esto.
-Tú no sabes a qué se dedica Hilario, verdad?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Los cuartos en la Berenguela.



Al escuchar los cuartos en la Berenguela decido bajarme de la moto. No es que me importe demasiado que me abofeteen en público, pero de pronto recuerdo que la tía Angelines tiene la costumbre de salir de la misa por la conocida fachada barroca de la Catedral. Ite, missa est!, le grito de repente a Irene con la esperanza de que comprenda que debemos de salir de allí lo antes posible. Pero es tarde. De pronto veo que por detrás de la rusa aparece la tía Angelines saludándome con una mano mientras con la otra mueve su bastón con una pericia propia de alguien que lleva años caminando por las empedradas calles de Compostela. Después de los sonoros y húmedos besos en cada mejilla me pregunta qué cómo estoy, que cómo está mama, que si mi hermana sigue trabajando, que si no me voy a afeitar nunca, que si esa chica tan mona con la que estoy es mi novia, que si me voy a casar... Lo peor es que la tía Angelines está acompañada de otras dos mujeres que también insisiten en darme dos besos mientras que ella les explica que soy el hijo de su sobrina, la que se casó con el hijo de la Herminia, el que tenía la carnicería en la Calle Milagros...
Coño, pensé, la calle Milagros es dónde vive la abuela!
De pronto recordé que Hilario me había dicho que Raquel era vecina de mi abuela y que vivía en una de las antiguas pensiones de estudiantes. Dejamos a la tía Angelines con los besos en la boca y nos dirijimos a la parte baja de la ciudad. No sabía muy bien de qué iba todo esto, pero ya no me sentía borracho por lo que decidí conducir yo la moto. Al frenar en el primer paso de cebra descubrí porqué Toño siempre invitaba a las chicas a dar un paseo en moto.

lunes, 12 de julio de 2010

Por el ventanuco!

Como la historia es larga y complicada y el tiempo escasea iré por partes. El bar de Toño tiene al fondo un pequeño almacén con un ventanuco. Si una persona apilase un par de cajas de cervezas contra la pared podría colarse por este ventanuco. Ricardo lo hizo con unos cuantos cubatas encima cuando le dijeron que su mujer venía a buscarlo, pero no le sirvió de mucho. Ese ventanuco da a un sótano en el que Toño guarda, entre otras muchas cosas, su querida moto. Esto lo sabemos nosotros y lo sabía la mujer de Ricardo, que acostumbrada como estaba a las fugas etílicas de su marido decidió tomarse un café mirando hacia el viejo portalón por el que al cabo de unos minutos salió Ricardo. Su cara al regresar al bar y descubrir a su mujer esperándolo era simular a la que se me quedó a mí cuando salí del WC. Irene tenía un sobre en una mano y una pistola encima de la mesa. De pronto escuchamos el sonido de un frenazo y de un BMW salieron dos tipos con pinta de rusos. Irene se levantó mientras guardaba el sobre y empuñaba la pistola como si fuese lo más normal del mundo. Por el ventanuco, nos gritó Toño al tirarme las llaves de la moto. Irene miró a Toño, después me miró a mí y al ver que por la acera del viejo barrio se acercaban dos tipos trajeados caminando sospechosamente detrás de Hilario decidió seguirme. Obviamente, el sonido de una Harley al arrancar no pasa desapercibido para nadie y no me extrañó ver a los mejicanos corriendo hacia nosotros en cuanto abrí el portalón. Como la cosa no tenía nada que ver conmigo supuse que mi parte en esta historia habría acabado, pero Irene no opinaba lo mismo y antes de disparar contra los mejicanos me gritó que me subiera a la moto si quería vivir. Si, ya se que es una frase de Terminator, pero ya os dicho que Irene se había pasado unas cuantas semanas viendo la tele en mi piso.

martes, 22 de junio de 2010

Lo que ve Hilario.

Las cosas comenzaron a complicarse cuando a los pocos minutos Irene entra en el bar. Hasta entonces había pensado que Hilario se proponía vacilar a los desconocidos y que al rato vendría contando que los había dejado llamando al timbre del piso vacío que hay en nuestro edificio. Todos sabemos que Hilario tiene un extraño sentido del humor. Pero de pronto Irene entra en el bar, habla con Toño y este le da un sobre. Al principio pensé que mi lamentable estado etílico me estaba jugando una mala pasada. Nunca había visto a Irene con gafas, pero sus largas piernas y su melena rubia eran demasiado inusuales como para poder disfrazarse con unas simples gafas de sol. No se si lo que más me asombró fue que hablase en castellano con Toño o que Toño me dijese que me quedase quieto cuando intenté levantarme para ir a saludar a mi extraña compañera de piso. Creo que es mejor que te tomes un café bien cargado, me dice mientras retira la cerveza que estaba a medio beber. La noche va a ser larga. Como Toño es la típica persona que siempre sabe de qué va la historia decido dejarle hacer y me voy al WC. La verdad es que no estaba preparado para ver lo que vi. Lo que vi al salir del WC, quiero decir, que lo mio ya estoy acostumbrado a verlo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Camas deshechas.

Cuando Hilario entró en el bar los muchachos de Tijuana ya se habían bebido dos botellas de tequila, pero el que estaba borracho era yo. Debo aclarar que mi capacidad para articular palabras disminuye a medida que bebo cervezas. Con la tercera comienzan a resistirse las erres y las des, con la quinta la pronunciación en general se hace relajada y un poco ininteligible y al pasar de la media docena suelo repetir la misma frase un par de veces sin saber muy bien lo que quiero decir. Cuando Hilario entró en el bar estaba con la décima, por lo que nadie se enteró cuando le dije “Ostias, Hilario, que estos tipos preguntan por ti!” De hecho, hacia un buen rato que los mejicanos pasaban bastante de mí y discutían quien ganaría el Mundial. Afortunadamente, la capacidad de Toño para asimilar la ginebra era similar a la de los dos tipos para filtrar tequila, por lo que con la mayor naturalidad del mundo le preguntó a Hilario si conocía a algún Hilario, ya que nuestros dos acompañantes estaban buscando a uno. Parece ser que la noticia no sorprendió a nuestro amigo, que sin dudarlo dijo que el único Hilario que conocía era su nuevo vecino, y que si querían les acompañaba allí ahora mismo. Yo había comenzado a reírme ante lo absurdo de la situación, pero creo que buena parte de la borrachera se me esfumó cuando me di cuenta de que a dónde iban Hilario y los dos desconocidos era a mi casa. Pero en lugar de preocuparme por Irene o por las intenciones de nuestros acompañantes lo que realmente me puso nervioso fue que esa mañana no había hecho la cama. Tal vez era la borrachera, pero comencé a escuchar a mi madre diciendome que antes de salir de casa había que dejar la habitación recogida y los platos fregados.

viernes, 28 de mayo de 2010

Chupitos de tequila.

Un par de tipos entran en el bar y se acomodan en la esquina de la barra. Yo estoy leyendo tranquilamente el MARCA, un poco aburrido ya del Mourinho y con ganas de que la Roja gane el mundial. Levanto la vista cuando el más alto de los dos le pregunta a Toño si conoce a un tal Hilario.
Si has leído lo anterior comprenderás que el Hilario nos resulta a veces tan incómodo como un grano en el culo, pero al fin y al cabo el grano y el culo es nuestro, y no estamos dispuestos a enseñárselo a cualquier desconocido que aparezca por el barrio. Supuse que el Toño le diría simplemente que no, que no conocía a ningún Hilario, pero olvidaba que eran las ocho de la tarde y que ya había empezado la fase gin-tonic.
Con total seriedad el Toño le pregunta si Hilario con hache o Hilario sin hache. Los tipos se miran perplejos y al unísono le dicen que con hache, que Hilario se escribe con hache pero el Toño les dice que eso será en su país (los dos tienen acento extranjero), que aquí se puede escribir con hache o sin hache, igual que Helena o Elena.
Suele ocurrir en los bares que de pronto surgen tendencias pedagógicas en los clientes por lo que el más bajo de los desconocidos explica que no es lo mismo, que hasta dónde él sabe Hilario sólo admite la forma con hache, que deriva del término latino Hilaris, que viene a ser sonrriente o alegre, y que desde siempre ha sido con hache. Toño lleva toda la vida detrás de una barra y sabe escuchar, pero sobre todo sabe callar por lo que cuando el desconocido ilustrado termina su disertación vuelve a llenar su vaso de ginebra con un poco de tónica, me pone una cerveza y nos ofrece tabaco a los tres.
Yo ya sé que me va a meter en la conversación y después de la primera calada me pregunta si mi tío-abuelo, el que murió en América, no se llamaba Hilario sin hache. Yo le digo que sí, que es verdad, que el tío Hilario escribía su nombre sin hache pero que como decía mi abuela, su hermano menor era vago incluso para escribir.
Mientras doy un trago a la cerveza uno de los hombres me pregunta que en qué país estuvo mi pariente. Toño comprende que hay que ponerles otra ronda a los curiosos mientras que yo les digo que mi tío-abuelo estuvo treinta años en su país. En México? Me responden. Efectivamente, les digo, mientras me pregunto qué demonios querrán dos mejicanos trajeados de Hilario.

jueves, 27 de mayo de 2010

Los muchachos de la ONG.

Hasta hace unos meses en mi vida no había pasado nada extraordinario. El mismo barrio, los mismos amigos, el mismo trabajo y la misma ausencia de amores. Todo era normal hasta que llegó Hilario. Ahora salgo del trabajo pensando en qué sorpresa me encontraré al llegar a casa. Irene viendo el pasapalabra? El salón convertido en una sala de reuniones de una ONG? Hilario preparando la cena? Ayer, por ejemplo, me encontré con el suelo lleno de periódicos y los dos “ocupas” pintando las paredes. Supongo que es su manera de agradecer mi hospitalidad. De todos modos tanta novedad no va con mi carácter. Ahora que me estaba acostumbrado a navegar por la red e ir de blog en blog me encuentro con una falta total de intimidad. De hecho mi portátil y mi conexión a internet está siendo utilizada todas las noches por Irene para comunicarse con su familia, según me explicó Hilario. También me explicó que no se había acostado con ella y que la noche que la trajo a casa él durmió en el sofá y ella en su cama. Me cuesta creerlo, pero la verdad es que cuando yo estoy presente no se comportan como pareja ni mucho menos. Y son pocas las ocasiones en las que pueden estar solos pues es raro el día en el que no aparezca Raquel o alguno de los muchachos de la ONG. Y es que a veces tengo la impresión de que mi casa es un centro de acogida.

martes, 11 de mayo de 2010

Raquel.

Todos conocemos la capacidad de Hilario para la inventiva por lo que nadie estaba dispuesto a creerlo cuando contó cómo conoció a Irene. De hecho fui yo el que confirmó la existencia de la muchacha ante la mirada incrédula de los habituales del bar de Toño. La noche anterior todos lo habíamos visto tontear con aquella morena y pensamos que sería una amiga que no quería presentarnos. Hilario tiene la costumbre de hacer que no te conoce cuando está en compañía de una mujer, pero lo primero que hace es saludarte efusivamente cuando está acompañado del típico borracho del que no consigue desprenderse. Y lo hace tan bien que cuando te quieres dar cuenta un tipo al que no conoces de nada insiste en invitarte a otra cerveza mientras te cuenta que el Hilario es buen muchacho y tú buscas con la mirada al Hilario y lo ves al otro lado del bar hablando con la camarera. Por eso e ninguno nos sorprendió que aquella noche ni siquiera nos pidiese tabaco. Al fin y al cabo, estaba acompañado de una morena que además de desconocida estaba muy buena. Estáis muy equivocados, nos dijo, yo no estaba tonteando. Raquel trabaja en una ONG dedicada a ayudar a los inmigrantes y me estaba explicando los detalles de un caso en el que decidí involucrarme. No como vosotros, que estáis todo el día en el bar sin mover un dedo por cambiar el mundo. Lógicamente, oír a Hilario hablar así provocó en nosotros una sonora carcajada, y la cosa fue a más cuando explicó que había aceptado acoger a una muchacha rusa mientras no se resolvía su situación legal en el país. Supongo que al final era mi cara de perplejidad la que provocaba las risas de todos. Tengo alojada en mi casa a una emigrante ilegal y yo sin saberlo!

jueves, 8 de abril de 2010

Botas en el suelo

No recordaba que Hilario vivía en mi casa hasta que a las siete de la mañana tropecé con las botas que había dejado en el pasillo. Desde la noche de las presencias deja su calzado fuera de su habitación, para que no se enrarezca el aire, me dijo, pero no se le ocurre comprar unas plantillas ni cambiar los calcetines de vez en cuando. Al entrar en el cuarto de baño estaba comenzando a sentirme molesto, pero de pronto me sorprendí al descubrir en el suelo una blusa y una minifalda negra que obviamente no eran mías ni de Hilario. El muy perro se había traído a casa a la morena con la que estaba tonteando en el bar, cuando yo me vine para casa y él se quedó porque yo trabajo y el vive de gorrón en mi piso sin dar palo. Como venganza decido ponerme a cantar en la ducha pero de pronto se acaba el agua caliente y decido callarme. Comprendí entonces esa expresión que dice que la venganza se sirve en plato frío. Me paso toda la mañana pensando en todo lo que le voy a decir a Hilario para que se largue de una vez, pero al llegar a casa me quedo mudo cuando Hilario me pregunta si me importa que Irene se quede unos días en “nuestro piso”. Me explica que es rusa y que está en una situación complicada, pero que en unas semanas todo se resolverá y se irá. Supongo que confundió mi cara de perplejidad con un asentimiento y sin más dijo que tenía que salir y que no me molestara en hacerle nada de comer, que ya se tomaría un bocata en el bar de Toño.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Fantasmas

A las dos de la madrugada Hilario se presenta en mi habitación diciéndome que sentía una presencia, que estaba escuchando la radio cuando sintió una extraña sensación de frío y tuvo la certeza de que lo estaban observando. Debo decir que Hilario lleva tres días viviendo en mi casa porque su novia lo echó del piso. Y yo llevo tres noches sin dormir porque no estoy acostumbrado a esos espantosos ronquidos al otro lado del tabique. Mi desgracia es tener una habitación libre y vivir sólo. O esa comenzó a ser mi desgracia cuando dejé de vivir sólo y de tener una habitación libre. Lo primero que le digo es que la única presencia extraña que hay en casa es la suya, y que si tiene frío que ponga una manta más en la cama, pero ante su insistencia lo acompaño a la habitación y aparte del nauseabundo olor a pies que desprenden sus botas no percibo ningún fenómeno paranormal. Le digo que ha visto demasiadas películas y que probablemente ha tenido una pesadilla. Le indico en qué armario están las mantas y me vuelvo a mi habitación. Pero nada más meterme en cama comienzo a notar un frío extraño en la espalda y al intentar taparme un poco más escucho un susurro debajo de la cama y sin darme cuenta ya estaba en la habitación de Hilario diciéndole que había algo extraño en mi habitación. Socarronamente me dice que probablemente la presencia aprovechó para irse a mi habitación, que sin duda es más calentita que la suya y yo le hago notar que lo más probable es que el cambio sea debido a sus botas, y no al frío. Me interrogó con la mirada y comencé a comprender a su ex-novia. Y aunque no soy demasiado aprensivo debo decir que esta noche dormí en el sofá.

lunes, 29 de marzo de 2010

Apaguemos la luz.

Estábamos en el bar y decidimos apagar la luz. Como el tabernero es de confianza y los clientes éramos los de siempre comenzamos a hablar del tema y decidimos por unanimidad unirnos a la campaña esa por el planeta. Bien, todos estuvimos de acuerdo menos Hilario, claro. Comenzó a decir que eso era una tontería y además un local público no podía apagar las luces mientras estuviese abierto. Pero como el bar es de Toño dijo que apagaba y apagó. Iniciamos así una de esas discusiones en las que comenzamos a mezclar temas y al final salen a relucir casos particulares que tendemos a considerar generalidades. Razonaba Hilario el que paga tiene derecho a consumir lo que le dé la gana, que estaba cansado de que el gobierno le diga lo que tiene que hacer, que ahorre agua, que recicle, que use bombillas de bajo consumo. Comentaba convencido que él regaba su jardincillo dejando la manguera en el suelo durante un par de horas y que ni se le ocurría separar la basura de su casa, que para algo paga un impuesto por la recogida. Para Hilario la vida en sociedad es como un mercado en el que lo importante es lo que puedas consumir y de nada sirvió intentar convencerle de que a veces nos creamos necesidades inexistentes para permitirnos caprichos que no aportan nada a nuestro bienestar. Replicó que él con su dinero hacía lo que le daba la gana, que nadie le iba a decir en que gastarlo y que iba a permitirse los caprichos que quisiera mientras pudiera pagarlo. Y como Hilario es uno de esos tipos que se crecen cuando tienen a todo el mundo en contra decidimos ser inteligentes y zanjamos la cuestión diciéndole que si todo se reducía a pagar, que pagara una ronda para todos.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Historias de Hilario

Hilario nunca tuvo demasiados problemas de conciencia. Tan pronto dice esto como hace lo otro, y aunque todos lo conocemos y a ninguno nos resulta grata su absurda conversación lo soportamos como se soporta llevar un paraguas en un día de lluvia. Al fin y al cabo es vecino y está en el grupo desde el principio. Y su presencia es inevitable pues la vida en un pueblo pequeño es lo que tiene, todos acabamos en los mismos bares y en los mismos actos sociales. Es cierto que a veces alguno de nosotros se ofende con sus comentarios y la velada acaba en discusión, pero al día siguiente ya está todo olvidado. Podríamos optar por el ostracismo, pero en nuestra tribu no se estilan esas maneras. Por eso todos escuchamos atentamente la historia sobre el tabaco que nos contó ayer. Conviene aclarar que Hilario es uno de esos fumadores ocasionales que nunca compran tabaco diciendo que no quieren coger el vicio pero en cuanto ven una cajetilla encima de una mesa no pueden resistir la tentación y antes de que te des cuenta te está pidiendo fuego. Es posible que comenzara a hablarnos de la nueva ley antitabaco para que a alguno nos entrara ganas de fumar y poder así gorronearnos un cigarro. Con Hilario todo es posible. Lo cierto es que comenzó a hablarnos de una noticia ocurrida hace años en algún lugar de Estados Unidos. Nos dijo que en un pueblo comenzaron a aparecer personas asesinadas con extrañas heridas en la garganta. La policía pensaba en un principio que se trataba de algún tipo de ritual ya que a las víctimas les arrancaban la lengua y partes de la mandíbula, pero las autopsias demostraron que en realidad se trataba de una putrefacción que literalmente hacía desaparecer los tejidos blandos. Después de investigar a cada una de las víctimas lo único en común que se encontró entre ellas era que todos eran fumadores empedernidos de la misma marca de tabaco. Como dos o tres de nosotros ya teníamos un cigarro en la boca comenzamos a argumentar que eso era una leyenda urbana, que si esto fuera así las autoridades sanitarias ya lo habrían utilizado para una campaña antitabaco, pero Hilario nos contó que en realidad lo que había ocurrido es que en uno de los lotes de tabaco que había llegado a aquel pueblo había una especie de cucaracha en forma de larva que conseguía sobrevivir al proceso de quemado y se alojaba en los pulmones del fumador. Que tardaba un par de días en desarrollarse y que después salía del cuerpo comiéndose al huésped. Todos estallamos en una sonora carcajada, pero al poco todos habíamos apagado nuestro cigarro. Todos menos Hilario, claro, que seguía riendo mientras tarareaba la musiquilla de Expediente X.