martes, 11 de mayo de 2010

Raquel.

Todos conocemos la capacidad de Hilario para la inventiva por lo que nadie estaba dispuesto a creerlo cuando contó cómo conoció a Irene. De hecho fui yo el que confirmó la existencia de la muchacha ante la mirada incrédula de los habituales del bar de Toño. La noche anterior todos lo habíamos visto tontear con aquella morena y pensamos que sería una amiga que no quería presentarnos. Hilario tiene la costumbre de hacer que no te conoce cuando está en compañía de una mujer, pero lo primero que hace es saludarte efusivamente cuando está acompañado del típico borracho del que no consigue desprenderse. Y lo hace tan bien que cuando te quieres dar cuenta un tipo al que no conoces de nada insiste en invitarte a otra cerveza mientras te cuenta que el Hilario es buen muchacho y tú buscas con la mirada al Hilario y lo ves al otro lado del bar hablando con la camarera. Por eso e ninguno nos sorprendió que aquella noche ni siquiera nos pidiese tabaco. Al fin y al cabo, estaba acompañado de una morena que además de desconocida estaba muy buena. Estáis muy equivocados, nos dijo, yo no estaba tonteando. Raquel trabaja en una ONG dedicada a ayudar a los inmigrantes y me estaba explicando los detalles de un caso en el que decidí involucrarme. No como vosotros, que estáis todo el día en el bar sin mover un dedo por cambiar el mundo. Lógicamente, oír a Hilario hablar así provocó en nosotros una sonora carcajada, y la cosa fue a más cuando explicó que había aceptado acoger a una muchacha rusa mientras no se resolvía su situación legal en el país. Supongo que al final era mi cara de perplejidad la que provocaba las risas de todos. Tengo alojada en mi casa a una emigrante ilegal y yo sin saberlo!

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