jueves, 27 de mayo de 2010

Los muchachos de la ONG.

Hasta hace unos meses en mi vida no había pasado nada extraordinario. El mismo barrio, los mismos amigos, el mismo trabajo y la misma ausencia de amores. Todo era normal hasta que llegó Hilario. Ahora salgo del trabajo pensando en qué sorpresa me encontraré al llegar a casa. Irene viendo el pasapalabra? El salón convertido en una sala de reuniones de una ONG? Hilario preparando la cena? Ayer, por ejemplo, me encontré con el suelo lleno de periódicos y los dos “ocupas” pintando las paredes. Supongo que es su manera de agradecer mi hospitalidad. De todos modos tanta novedad no va con mi carácter. Ahora que me estaba acostumbrado a navegar por la red e ir de blog en blog me encuentro con una falta total de intimidad. De hecho mi portátil y mi conexión a internet está siendo utilizada todas las noches por Irene para comunicarse con su familia, según me explicó Hilario. También me explicó que no se había acostado con ella y que la noche que la trajo a casa él durmió en el sofá y ella en su cama. Me cuesta creerlo, pero la verdad es que cuando yo estoy presente no se comportan como pareja ni mucho menos. Y son pocas las ocasiones en las que pueden estar solos pues es raro el día en el que no aparezca Raquel o alguno de los muchachos de la ONG. Y es que a veces tengo la impresión de que mi casa es un centro de acogida.

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