Al igual que hace un año, en el bar de Toño decidimos apagar la luz. Cierto que hubo alguna discusión sobre la pertinencia potenciar el ahorro energético cuando el propio gobierno lo pide. Como ya os habré dicho alguna vez, entre nosotros hay algún elemento anarquista que cree que la revolución consiste en hacer exactamente lo contrario de lo que nos dicen los que mandan.
Como casi siempre ocurre, se inició una discusión en la que los ecologistas decían que había que ahorrar energía siempre, independientemente de quién nos lo pidiese. Algunos se sentían un poco burlados por la sociedad ya que llevaban años y años pidiéndole a los ayuntamientos y a los gobiernos que intentasen ahorrar energía y ahora tenían que soportar que fueran estos los que nos dieran lecciones y recomendaciones sobre un uso eficiente de la energía.
Pero finalmente apagamos la luz, y decidimos dedicarle el gesto a Hilario. Toño insiste en qué no sabe dónde puede estar, y cuando le comenté que tanto Irene como Raquel sabían algo sobre Hilario que no quisieron decirme se limitó a invitarme a otra cerveza y me contó una de sus historias de estudiante.
- Por cierto- me dijo al final- tú sabías que a Hilario lo conocí en Canadá?
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