sábado, 1 de noviembre de 2025

Caídas



A veces las vidas tan emborronadas, tan llenas de caminos que no van a ninguna parte. A veces dando vueltas alrededor de las mismas preguntas, reproches sordos a un pasado que ya no existe y que tal vez nunca fue como lo recordamos.

Algunos, incapaces de encontrarnos en las playas de antaño, vagamos por la arena cristalina mientras baja la marea, sorprendidos por el reflejo de un cuerpo que ya no sentimos como propio, extraña mirada que nos devuelve aquello que ya no reconocemos. 

Perdemos el pie, extraña sensación de levedad y pesadez al mismo tiempo, dejándonos llevar por la vida que se nos va y sin embargo intentando enfrentarnos a una fuerza que desconocemos. Fuerzas extrañas e invisibles nos arrastran y nos sitúan, una y otra vez, en el punto de partida al que siempre volvemos. Y conscientes como somos de que nunca volvemos al mismo lugar, es difícil apreciar, en cada uno de nuestros hundimientos, que avanzamos. 

Quedan siempre pequeñas cicatrices, heridas en nuestros sueños y en nuestra voluntad y volvemos a la superficie con nuestra mochila de decepciones un poco más cargada, y la reserva de fuerza y de deseos un poco más debilitada.



jueves, 13 de marzo de 2025

Un día.

 


Un día, calquera día, as cousas volven estar no seu sitio e descubres que o camiño foi duro e cruel, pero que había camiño e había un lugar ao que chegar. 

Un día, un luminoso día como o de hoxe, descubres que o periplo foi máis solitario do que esperabas e que as persoas que debían de estar ao teu lado foron desaparecendo en canto comezou a tormenta. E sen embargo, de maneira inesperada, outras chegaron e de forma case imperceptible, pero constante, foron aportando unha palabra de ánimo aquí, un empurrón alá e sempre unha presencia ao teu carón que fixo que sempre te atoparas despois de perderte polas tebras do desespero. 

E sabes que a tormenta non pasou, e que virán días de rabia e dor pero nun día como este renovaremos o noso compromiso coa vida e comprenderemos que é polos novos encontros polos que merece a pena continuar no camiño. 

miércoles, 29 de enero de 2025

La distopía ya está aquí.

 


Deportaciones masivas y ciudades santuario. Extravagantes hombrecillos que a pesar de su incuestionable inteligencia, muy por encima de la media, guardan en su interior cierto complejo de inferioridad que disfrazan con delirios de grandeza. Amenazas de conquista larvadas durante décadas, ahora convertidas en realidades, presagian un futuro de sangre y destrucción. Dependencia masiva de nuestros teléfonos, con innumerables apps para saber en cada momento que hacer, que pensar, que decir y que sentir. Nuestras vidas controladas, supervisadas, "datamineadas" hasta el ridículo para que el algoritmo sepa que a las dos de la tarde eres propenso a la compra compulsiva y a las siete, en cambio, te apetece más socializar.

La distopía ha llegado. La sociedad que hace cien años comenzaron a imaginar algunos escritores, pensadoras y filósofos está llamando a nuestras puertas, y a nuestra conciencia, y la mayoría no queremos verlo, inmunes como somos a todo aquello que pueda romper nuestro caparazón de seguridad y comodidades. Estamos abocados al desastre social, a la desaparición de los valores y de los ideales que dieron lugar, en el siglo pasado, a estados democráticos y libres. 

Como simples lectores de una distopía futurista, asistimos a un continuo goteo de noticias y acontecimientos que nos llevarán, inevitablemente, a una dictadura tecnológica, a un descarado control de masas a través de los medios tecnológicos, a una sociedad cada vez más individualista y solitaria que defiende las ideas y los beneficios de otros porque es incapaz de reconocer ya cuales son sus propios intereses. No sabemos lo que nos conviene, y al igual que ya tenemos aplicaciones que nos ayudan a gestionar nuestro tiempo, a diseñar nuestro menú diario y a planificar las rutinas de ejercicio más convenientes para nuestra edad y nuestro físico, pronto comenzarán a vendernos aplicaciones para pensar bien, para saber lo que realmente nos interesa y para delegar nuestro voto no en las más capaces o en los mejor preparados, sino en los más populares y en las más hábiles para posicionarse en un mundo de huecas e insustanciales redes sociales.

Y mientras se reduce el espacio para el pensamiento y la reflexión y el concepto de crecimiento personal se reduce a obtener unos cuantos "me gusta" por cualquier estupidez que publiquemos; mientras nos embriagamos con noticias falsas o auténticas memeces en forma de videos que a veces ni siquiera resultan graciosos; mientras nos jaleamos o insultamos las unas a los otros, como si de un evento deportivo se tratase, convencidos como estamos de que eso es democracia y libertad de opinión y derecho fundamental; mientras, en definitiva, estamos mirando hacia otro lado sumergidos en este odioso scroll infinito en el que se ha convertido el siglo XXI, están haciéndose realidad algunas de las distopías literarias que nos parecían imposibles hace unas décadas, cuando algunos estábamos convencidos de que el mundo siempre iría a mejor y que algún día los barcos de Greenpeace y las activistas de Amnistía no serían necesarias.

Y de pronto, un día te despiertas y en la radio te hablan de ciudades santuario y deportaciones masivas en Estados Unidos y sabes, porque lo has leído muchas veces, que la decadencia ha comenzado y que al final, irremediablemente, tú serás una de esas piezas raras que no encaja, que no quiere resignarse a pensar que el mundo es así y que no hay nada que hacer. Al final, como buen lector errático que soy, también creo en las utopías como mecanismo del cambio y se, estoy convencido, de que hay futuro para el ser humano siempre que levantemos la mirada de nuestras pantallas y comencemos a pedir la luna. 

 

miércoles, 8 de enero de 2025

15 años y una recopilación.




Quince años han pasado ya desde la primera entrada en este blog. Quince años desde que os contaba, sin saber muy bien a quien, que tenía la sensación de estar solo ante un monitor, y que había nevado en Santiago de Compostela. Apenas tres párrafos en los que si algo comentaba era que no tendría nada nuevo que aportar, pero que al fin y al cabo tampoco importaba mucho pues seguramente seríais muy pocos los que leeríais lo que me disponía a escribir.

Quince años en los que escribí menos de lo que me habría gustado, es cierto. Pero las que estáis aquí desde el principio, o las que habéis tenido la curiosidad de navegar entre las entradas del blog, seguramente habréis encontrado alguna que otra página bien escrita, un texto que merecería dedicarle un poco más de tiempo y más de una historia que podrían estar en cualquier antología de relatos breves.

Quien sabe, tal vez sea este el año de la recopilación, de pasar a limpio un puñado de mis historias, seguramente quince, y decidirme a tomarme en serio esto de la escritura y de la publicación de un libro.

Quien sabe.

Lo único seguro es que hace quince años, el 8 de enero del 2010, comenzaba a escribir este blog con la sensación de estar solo ante un monitor. Y aunque se que una vez que algo aparece en internet ya no somos dueños ni de su destino ni de su propósito, sigo pensando que el Mar de Beaufort que he creado durante todos estos años continúa siendo un lugar muy poco frecuentado, a pesar de que en los últimos días se ha vuelto, en cierta medida, territorio en disputa.

En fin, y en definitiva...Tengan ustedes un muy feliz 2025, y regresen, siempre que sus ocupaciones y sus placeres se lo permitan, a esta su casa. Nunca se sabe cuando van a encontrar algo que les haga reír, o llorar, ambas a la vez e incluso sentir vergüenza ajena.

jueves, 12 de diciembre de 2024

El cuaderno del lector errante.


 

Pues al final me he decidido.

Como ya sabéis, soy un gran aficionado a los cuadernos y a empezar cosas que después no continúo. Por eso tengo guardados en cajones y en archivadores de cartón un montón de libretas que pretendían ser diarios de viajes, anotaciones sobre mis lecturas, esbozos de relatos. Tengo cuadernos anuales que me servían de agenda y agendas que servían de bloc de notas, pequeñas libretillas en las que anotaba los párrafos más geniales de las obras que iba leyendo y otras con anécdotas que me sucedían a mi o que me inventaba. Escribo en libretas tamaño folio un Diario desde el año 89 y tengo desde el 95 un cuaderno en el que anoto los libros comprados por un lado y los leídos por el otro. 

Soy, en definitiva, Don Cuadernos. Por eso no dudé en iniciar un nuevo cuaderno con una lista de los libros que me quedan por leer. No se trata de un registro de lo que voy leyendo (para eso ya tengo una vieja libreta), sino de la lista de esas obras que forman parte de la historia de la literatura universal y que un aspirante a Lector debe leer alguna vez.

Pero como además de cuadernos también suelo empezar otras cosas, he comenzado a escribir un nuevo blog en el que ir anotando mis avances lectores y los libros que van quedando marcados como leídos. Se trata, obviamente, de un proyecto a muy largo plazo, y es probable que para cuando lea mi último libro haya quedado obsoleto todo esto de los blogs e incluso del internet de páginas WEB que ahora conocemos, pero mientras tanto os invito a pasaros de vez en cuando por mi Cuaderno del lector errante


martes, 3 de diciembre de 2024

NaNoWriMo 2024 (y III)

 


Pues es más difícil de lo que parece, aunque lo positivo es que ahora si tengo un borrador con el que empezar a trabajar. Casi 30.000 palabras, de las que probablemente no aproveche casi nada, pero convertidas en  tramas y personajes que van dotando de estructura esta historia que quiero contar. 

Habrá que decidirlo todo, es cierto, centrarme en algunos hilos argumentales y desechar otros, pero tengo la impresión de que he avanzado. Y tengo un cierto hábito que estaría muy bien mantener. 

En definitiva, ahora toca trabajo de lápiz y papel, trazar un mapa para poder llegar a buen puerto pues otra cosa que he aprendido este mes es que soy un escritor de mapa. Necesito tener una idea clara de lo que quiero contar pues de lo contrario acaban apareciendo personajes y historias que me hacen divagar. 

Continuemos.

 



martes, 19 de noviembre de 2024

NaNoWriMo 2024 (II)

 



Esto acabará siendo un casi!

La primera semana, e incluso los primeros diez días, el ritmo estaba siendo bastante bueno. Siempre un poco por debajo de lo esperable, pero con cierta constancia que hacía que la linea ideal no se alejase demasiado de la linea real que representa la palabras que voy escribiendo. 

Pero la última semana ha sido un poco caótica, y no solamente por la disparidad en el número de palabras que consigo escribir al día, sino porque EL BORRADOR comienza a no tener mucho sentido. Antes de ponerme a escribir debería tener un poco más claro lo que quiero contar, tal vez un poco más estructurados los capítulos e incluso los personajes. 

Pero en fin, voy escribiendo un poco de esto y un poco de lo otro y al final, cuando acabe este mes, tendré que dedicar unos cuantos días a reorganizarlo todo y darle forma a lo que ahora viene siendo un conjunto caótico de historias y recuerdos que nada tienen que ver con el ya famoso barco.

Sigamos.


viernes, 8 de noviembre de 2024

NaNoWriMo 2024 (I)

 




Bueno, no voy al ritmo adecuado, pero por lo menos consigo mantener el paso. Por ahora es posible conseguirlo, aunque tendré que apretar las teclas un poco más rápido que hasta ahora. 

Pero lo bueno es que el borrador va tomando forma y comienzan a abrirse caminos inesperados, y ciertas tramas que no estaban en la idea principal pueden terminar convertidas en historias con cierto peso en la novela. 

Pero en estos primeros pasos todo son dudas. ¿Cuántos narradores contarán la historia? ¿Qué tiempo emplearemos? ¿Quien será el protagonista? ¿Pasado o presente?...

Y claro, unas cosas dependen de las otras. Según quien vaya a contar la historia deberá estar situado en el presente o en el pasado. Si una persona va recordando su propia historia encaja mejor narrar desde el presente pero si va a ser un narrador que lo sabe todo sobre los protagonistas puede ir contando la historia a medida que avanza.

En fin, entre estas dudas estoy en estos momentos iniciales. Pero en esta primera semana he escrito a diario, y eso ya es un avance. 

Sigamos. 

jueves, 31 de octubre de 2024

NanoWriMo 2024 (0)

Todos los contadores a cero. 

En unos minutos comienza el reto, y no hay borradores ni plan de trabajo. 

Tampoco diré nada sobre actualizaciones en este blog o en redes sociales, lo que tenga que ser será. 

Se trata, simplemente, de escribir unas 1667 palabras al día; mantener esa linea ascendente, y sobre todo constante, durante el mes siguiente. 

De conseguirlo, al terminar tendremos un primer borrador de esa novela que lleva tantos años intentando fluir. 




miércoles, 30 de octubre de 2024

NaNoWriMo 2024

 


Fue por casualidad que ayer me recordaron este evento en el que participé algún año, y encontrándome yo con muy poca o ninguna voluntad de hacer nada, y teniendo como tengo esta tendencia a creer en señales del destino y otras bagatelas espirituales pues aquí estoy, terminando el mes de octubre y escribiendo de nuevo sobre este acontecimiento literario que cada mes de noviembre reúne a mogollón de personas de todo el mundo con el único fin de conseguir escribir 50.000 palabras en 30 días. 

En otro tiempo, pero en este lugar, expliqué un poco en qué consistía el reto y los motivos que en el año 2020 me llevaron a anotarme. Ahora los motivos vienen a ser los mismos, pero el objetivo será completar un borrador de esa novela que lleva tanto tiempo en mi cabeza que a veces creo incluso que ya está escrita. 

Hagámoslo, y hagámoslo ya. 


jueves, 17 de octubre de 2024

Reconstrucción (III)

 


Las cosas no siempre ocurren como uno espera. Y si hace cuatro años comentaba que había comenzado la reconstrucción, y hace dos comentaba que las reformas en esta casa tenían cierta relación con mi propia transformación, ahora tengo que dejar constancia de un nuevo capítulo, una nueva fase en este vaivén de convalecencias y rehabilitaciones que voy arrastrando desde el comienzo de la década.

Tres operaciones en cuatro años puede no ser mucho para algunas personas que por desgracia tiene que pasar por quirófanos más de lo que quisieran, pero para mi, que siempre había gozado de buena salud, está siendo un poco duro. Ya no por las secuelas emocionales y anímicas que van quedando, sino porque también quedan cicatrices físicas y pequeñas taras que nos recuerdan que ya no somos jóvenes y que los cuerpos, cada vez más, necesitan tiempo para recuperarse. 

Debería ser la última, por lo menos en unos quince o veinte años, pero nadie puede asegurarlo. Al fin, non somos más que pequeñas briznas de magia y existencia en manos de las parcas que van tejiendo, sin orden ni concierto, nuestras vidas. Por eso soy muy consciente de que en los próximos años puede ocurrir cualquier cosa, y por eso mismo no voy a volver a enumerar los propósitos y proyectos para los próximos meses. ¿Para qué dejar constancia de la necesidad de ir acabando lo que está a medias? ¿A quien puede importarle si me matriculo de nuevo en la UNED, si retomo esa novela sobre un barco o si intento completar las mil lecturas que me propuse leer antes de irme?

No, ya no tiene sentido. 

Simplemente, como Sarah Connor en Terminator 2, escribo en la gastada madera de mi navío "No Fate" y de nuevo me hago a la mar.         



sábado, 10 de agosto de 2024

De odiseas y metamorfosis


Sería en segundo o tercero de carrera, en una de aquellas sesudas conversaciones de cafetería en las que escuchábamos a los de segundo ciclo como si hubiesen adquirido un conocimiento profundo y certero sobre La Literatura; como si ya hubiesen llegado a ese estado de comunión con el Acto Creativo que les permitía entender cosas que nosotros no creeríamos. Siempre había alguna frase con la que nos deslumbraban, una teoría que nos dejaba perplejas o referencias a libros de los que nunca habíamos oído hablar, y porqué no decirlo, de los que nunca volvimos a saber nada.
 
Aquel despliegue de conocimiento no se correspondía, en absoluto, con el par de cursos que nos llevaban de ventaja, y mucho menos con una capacidad o entendimiento superior al nuestro. Simplemente había leído algunas notas introductorias más que nosotras o habían asistido a alguna conferencia o a clases con algún docente que aún no conocíamos.
 
Pero siempre era interesante poner en común algunas lecturas, trucos para redactar el trabajo de literatura brasileira o incluso obtener unos buenos apuntes para Lingüística General. Y sobre todo, para poder hablar de lo que más nos gustaba, La Literatura!!

Y fue sin duda en una de aquellas conversaciones en las que hacíamos inventario lo que nos quedaba por leer y nuestros propósitos lectores para los próximos meses cuando uno de nosotros, no importa quien aunque lo recuerdo perfectamente, explicó que tenía ya reservado el mes de agosto para leerse el Ulises de Joyce. Coincidíamos en que era una lectura compleja y que requería tal nivel de concentración y de conocimiento que para disfrutarla plenamente no podía leerse durante el curso. Obviamente, era difícil compaginar las andanzas de Bloom y de Dédalus con la lectura, por ejemplo, de Fortunata y Jacinta o de las rimas de Bécquer, por no hablar de la candidez estilística de Arturo o de Lucía, que lo estaban petando por aquellos años.

No amigos, queridas lectoras, el Ulises de James Joyce es uno de los 8.000 de la literatura, de la Literatura con mayúsculas, y no admite que te entretengas con otras menudencias literarias si te atreves iniciar el ascenso a esta obra cumbre de la literatura. Ya te lo escribí un día, hace años, y no me importa repetirlo "Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo"
(Huelga decir que si tu idea de ser lector es leerte cada año el premio planeta, esto no es para ti. Hablamos de otra cosa. Es como ir al rocódromo una vez al año y pensar que podrás hacer cumbre en el Annapurna)

Pero volviendo a los delirios de juventud, a mi la idea me pareció tan acertada y buena que decidí que yo también leería el Ulises dedicándole un mes entero, o lo que fuese necesario, pero de ningún modo podría ser en el mes de agosto pues como bien sabéis, a los catorce años comencé a trabajar durante los veranos y la cosa me entusiasmó tanto que seguí haciéndolo durante mis años universitarios y mis años de opositor, por lo que el asunto del Ulises y el verano fue aplazándose, y cuando al fin tuve veranos con vacaciones incluidas aparecieron en mi vida los viajes en pareja, y poco más tarde dos criaturas, y la playa con cachivaches, viajes de piscina y bungalow, rutas, visitas a las abuelas y eventos varios.

Y finalmente, hace unos años, un cáncer y su posterior depresión se llevaron definitivamente mi poco entusiasmo y las ganas de leer que me han acompañado, sin faltar un solo día, durante toda mi vida. 

Y por eso ahora que acabo de cumplir los 51 años, y que hace ya 30 de aquellas conversaciones sobre los secretos y placeres de la buena literatura, va siendo hora de ir saldando las cuentas pendientes conmigo mismo, y a veces con terceras personas. 

Ahora que el tiempo apremia y que la certeza del mañana va perdiendo consistencia debo anotar en un papel las cuatro o cinco cosas que debo hacer en la vida, y ponerme a ello en este preciso momento, ahora mismo, ya, sin esperar por esa ocasión ideal que no aparecerá. Los meses de agosto están contados y este quedará marcado en mi Diario emocional como el momento en el que inicié mi odisea personal. Durante décadas no he hecho más que adentrarme en mi propio laberinto, tan complicado y engañoso como el del propio Dédalo. Es hora, pues, de matar al minotauro y de encontrar, por fin, el camino de regreso a la persona que siempre quise ser.

Iniciemos, sin más demora, la lectura.

domingo, 3 de marzo de 2024

Los caminos inciertos



Tal vez una ciudad milenaria, unas torres que pueden ser, o no, de una catedral. Tal vez barrios pequeños de pisos de tres o cuatro plantas, o una estación de ferrocarril, o una gran avenida que puede ser, o no, la circunvalación un casco histórico que hace décadas que se desparramó fuera de sus murallas y de sus viejas iglesias erguidas extra muros. 

Sabemos hacia donde caminamos, conocemos nuestro destino incluso antes de emprender el viaje, y sin embargo hay algunas curvas que nos pueden confundir. Veredas sombrías por las que transitamos con dudas y aprensiones; senderos que se bifurcan, cual sublime relato borgiano, para sumergirnos en la duda y en la desesperación de una vida en la que lo difícil es elegir; cruces de camino ofreciéndonos posibilidades inesperadas y totalmente alejadas de los planes que habíamos escrito en el cuaderno de los proyectos pendientes.

Ilusionados y henchidos de esperanza confiamos en el rumbo trazado, nos mantenemos firmes al timón convencidos de que llegaremos al destino que nos habíamos marcado, ignorando las pequeñas señales que nos invitan a replantearnos la estrategia, los objetivos intermedios e incluso el resultado final. Y justo cuando ya aparece en el horizonte nuestra meta y nuestro corazón se llena de alegría y de satisfacción por las muchas jornadas a la intemperie; cuando nuestros ojos se deleitan con la silueta de la ciudad soñada y nuestra boca ya casi saborea un plato caliente y recién cocinado y un buen trago de agua fresca; justo cuando pensamos que nos quedan tan solo unas horas para llegar, el camino nos sorprende con una nueva curva.

Sabemos que es cuestión de tiempo, que tarde o temprano llegaremos y que la vida, en realidad, está en el camino. Pero después de tanto ir y venir de un lado para otro, de tanto refrenar nuestras ansias de disfrutar del momento en pos de un futuro mejor y de una meta que creemos ya a nuestro alcance descubrimos que aún nos queda una última curva que afrontar, y nunca podemos estar seguros de lo que habrá al otro lado.

sábado, 2 de marzo de 2024

Navegando sobre las nubes.



Entre en cielo y el mar, navegando entre nubes y volando sobre las olas de la borrasca que no quiere abandonarnos.
Curioseando de un lado para otro al final de una tarde de finales del invierno, sorprendida tal vez por la ausencia de personas paseando a sus mascotas, por el silencio impropio del parque infantil, por esas extrañas tormentas de viento y agua que se van tan rápido como rápido llegaron.
Retorcerle el cuello al cisne, decía un poeta, cansado de los excesos de retórica y recursos sentimentaloides de románticos y modernistas. Pero era tan bonitiño este cisne, es tan linda esta ría y es tan impresionante el reflejo del cielo y la montaña en el espejo del agua que por un momento la luz se hizo poesía en la tarde ortegana. 

viernes, 1 de marzo de 2024

40 minutos

 


Corenta minutos. 

Corenta minutos non son nada e sen embargo, moitas veces, dan para moito. 

Corenta minutos poden ser moi distintos dependendo de se estamos sentados na cadeira do dentista, ou nun avión cara a un destino de sol e praia, ou nunha clase de Teoría e Crítica literaria. 

Corenta minutos non son o mesmo para a crianza que xoga no parque que para o papá que está agardando apoiado na farola. 

Corenta minutos achegan ao ceo a dúas persoas que se aman (corpos que se xuntan, labios que se atopan) ou enterran no inferno de reproches e desprezos aos que xa non se queren ben. 

Corenta minutos poden marcar o noso futuro no segundo exercicio dunha oposición, ou na sala de espera do departamento de oncoloxía, ou nunha tarde na praia na que nos coñecemos, ou nesa conversa que durante tanto tempo non quixemos manter.

Corenta minutos non son unha medida de nada, e sen embargo hai veces nas que poden significalo todo, o tempo exacto que tardamos en namorarnos ou ese intervalo que nunca debimos deixar pasar entre un adeus e un perdoa.

E sen embargo, os corenta minutos máis memorables dos últimos tempos foron os que tardou un home xa vello, un ancián con bastón e paraguas, en recorrer os escasos 300 metros que van da súa casa á cafetería. Corenta minutos pasaron dende que saíu pola porta da súa vivenda até que chegou á súa mesa de sempre. Corenta minutos baixo a choiva, un pasiño, outro pasiño e descanso. Un pasiño, outro pasiño e volta a empezar.

Sei que foron corenta mintuos porque foi o que eu tardei en facer cinco quilómetros (seino, son un runner mediocre), e sei tamén que ese home ben podía ter quedado na casa, que tal vez o esforzo ou o risco a caer podía telo convencido para non saír, pero intúo tamén que eses 300 metros, ese paseo pola acera que seguramente fai cada mañá é un reto, un dos momentos do día que lle dan azos para continuar camiñando, o seu propósito diario. 

Ao final a vida, sinxelamente, é ir mantendo propósitos e ritmos diarios que nos obriguen a erguernos cada mañá con algo que facer, un verso que escribir ou unha peza que engadir ao puzzle das nosas coloridas xornadas. 


miércoles, 14 de febrero de 2024

Cada día una más (II)



Hubo un tiempo en el que la vida era más sencilla y transparente y los días estaban tan repletos que apenas teníamos tiempo para pensar en nada más que no fuese vivir. No había lugar para las dudas o para las inseguridades. Simplemente pasaban las tardes, como gigantes contenedores llegados en barcos de ultramar, y nuestra única preocupación era llenarlas de experiencias y de sueños, de las ocupaciones propias de los críos que nacimos cerca de un astillero.

Hubo un tiempo en el que las horas pasaban cargadas de matices y nosotros, como pequeños aprendices de pintores, eramos capaces de colorear un lienzo distinto cada día. Todo era novedad, descubrimiento y aventuras en paisajes familiares en los que siempre aparecían tesoros escondidos: una extraña inscripción en los restos de las barcazas de la fábrica de cerveza; un baúl carcomido entre las raíces del gran pino caído tras el paso de la borrasca; extrañas piezas de hierro que encontrábamos entre las basadas de las gradas del astillero en el que nos colábamos algún que otro fin de semana. 


Así arranca el relato, este experimento/proyecto que he decidido empezar y que por ahora es fácil. Una palabra más cada día es un reto sencillo, sobre todo los primeros meses. 28, 35 o incluso 60 palabras que tendré que escribir el 31 de marzo son algo que incluso yo, que carezco totalmente de eso que llaman constancia, soy capaz de hacer. 

¿Qué pasará en el mes de agosto, o en noviembre, cuando haya que escribir 200 o 300 palabras CADA DÍA?. Pues no lo se, la verdad, pero a día de hoy tengo ya bastante avanzado lo que quiero contar y creo que voy a ser capaz de mantener el ritmo, por lo menos hasta que florezca la primavera. Después quien sabe, ya conocéis mi tendencia dejarme llevar por el entusiasmo de los días azules y de los campos en flor. Pero acaso los poemas no son también palabras cargadas de vida y de energía...


jueves, 8 de febrero de 2024

Cimientos

 

Simplemente paseaban por el centro comercial. Paseaban y reían, hablando de sus cosas, seguramente de las ocurrencias de algún compañero de clase o del último tiktok de la influencer de moda; tal vez locamente enamoradas de la voz del profesor de Tecnología, o comentando la canción que acaba de publicar en las redes sociales esa cantante que tanto admiran.

Dos amigas cogidas del brazo, sonrientes y bulliciosas como corresponde a las chicas de su edad. Sin más preocupaciones que el examen del viernes y sin más necesidades que sentirse acompañadas, unidas por una amistad inquebrantable y luminosa. Ajenas a miradas curiosas o a expresiones de lástima que tal vez reflejan las carencias de la persona que mira. 

Tuve la suerte de verlas pasar, y no pude dejar de emocionarme al comprobar que todavía hay esperanza y un lugar para la amistad pura y sin contrapartidas, para el cariño que no espera nada a cambio, para las relaciones personales que no ocultan otros intereses que el simple compromiso de quererse y dejarse querer. Alegría de estar en el momento preciso con la persona que nos hace sentir bien, sin dejarse llevar por modas pasajeras o por las imposiciones del grupo que tanto marcan en la adolescencia.

Simplemente dos amigas, una ciega y otra no, que paseaban por el centro comercial.


jueves, 1 de febrero de 2024

Febreiro

 


O truco está en comezar en febreiro, comezar o novo ano con tanta calma que nos pareza que ainda estamos no principio e non deixarnos levar por quen non para de repetirnos o rápido que pasa o tempo e que en canto nos descoidemos estaremos no verán. 

Aproveitar a forza e a luninosidade dos días que non paran de medrar, as mañáns despexadas nas que aínda vai frío, é certo, pero nas que algo parece cobrar forza por entre as pólas das árbores que pronto se vestirán de follas e de pequenas flores, pingas de luz e de cores.

O truco está en saber mirar e saber ver, en sentirse parte do que xira e do que remuda, desta inmensa pedra redonda que ten os seus ciclos e que renace cando ten que renacer, e cando o necesita decide manterse fría e distante, facendo acopio de materia e de enerxía que serán, cando teña que que ser, de novo vida. 








miércoles, 31 de enero de 2024

Cada día una más.

 



Me cuentan que el año pasado un influencer muy conocido se propuso hacer una dominada  más cada día del año, ya sabéis, eso de colgarse de una barra y levantar el cuerpo con la fuerza de los brazos. De este modo, el día uno de enero haría una, y el día 31 de diciembre tendría que hacer 365. Eso son un montón de dominadas a lo largo del año. 

Yo en matemáticas no soy muy bueno, la verdad, y por eso pedí a quien sabe que me calculase cuantas palabras escribiría en un año empleando el mismo sistema. Resultan en total 67.161 palabras, que también son un montón de palabras! 

Y por eso el día 1 de febrero comenzaré a publicar un nuevo blog que tendrá, exactamente, 366 entradas, y en cada una escribiré un texto que contenga una palabra más que la entrada anterior. 

Cómo es propio en mi, aún no se lo que escribiré, si será un único relato, varias historias o de todo un poco. Por no saber, ni siquiera sé qué nombre tendrá el nuevo blog, aunque no hace falta demasiada reflexión para concluir que el título CADA DÍA UNA MÁS puede resultar una buena decisión, además de lo más obvio. 

Empecemos, pues, por el principio. 




sábado, 27 de enero de 2024

Nosotros. Yevgueni Zamiatin



 Precursora.

Como suele suceder, cuando más leo más patentes se hacen mis lagunas literarias. Cierto que se trata de un tipo narrativo, la distopía, que suele tener más relevancia en las adaptaciones cinematográficas que en el mundo literario (ya sabéis, esas gentes que marcan unha diferencia clara entre escritores y escritoras, a secas, y “escritores de”) y que no podemos conocer a todos los autores relevantes, pero es que en esta novela de Yevgueni Zamiatin está la temática y el estilo que se repetirán a lo largo de los años en las obras de Huxley, Orwell, Atwood o incluso McCarthy.

Se trata de un escritor ruso de principios de siglo que tuvo que exiliarse al triunfar las revoluciones rusas y que murió en París en la extrema pobreza. A pesar de ser ingeniero de profesión, se dedicó durante toda su vida a la literatura, creando revistas, obras de teatro, novelas y relatos breves. En su época gozó de reconocimiento y de prestigio, siendo reconocido como precursor tanto por Huxley como por Orwell, pero durante muchos años fué un autor olvidado, tal vez por la censura que vivió en Rusia (esta novela no se publicaría hasta 1988) o por la poca repercusión que hasta hace poco tenían las literaturas de ciencia ficción en otras lenguas que no fuesen el inglés.

El argumento de “Nosotros” se ha repetido en innumerables novelas y películas. Una sociedad en la que el individuo pierde todos sus derechos a favor de la colectividad. De hecho, en el mundo de cristal que propone Yevgueni las personas no tienen nombre sino números. Sus rutinas están totalmente programadas, sin apenas opción de cambiarlas y en todo momento están controladas por un juez supremo llamado Bienhechor, al que todos siguen y obedecen sin ningún tipo de cuestionamiento.

Obviamente, la trama se centra en el despertar de un individuo, la toma de conciencia de si mismo como algo distinto al grupo, el encuentro casual con una persona ya iniciada que obliga al protagonista a replantearse sus creencias sobre la vida y sobre la sociedad que le ha tocado vivir. D-503 descubre que fuera de los límites de la ciudad existen hombres y mujeres que non creen en el sistema y que aguardan una revolución que cambie las cosas, que despierte conciencias. Y aunque el intento de rebeldía del protagonista es descubierto y atribuído a una enfermedad que se soluciona extirpando de su cerebro aquello que le hace soñar y experimentar amor, al final siempre habrá hombres y mujeres que prefieran vivir lejos de la sociedad antes que someterse a los imperativos de un sistema en el que lo importante nunca es el individuo sino el colectivo.

Como suele ocurrir con las novelas que abren nuevos caminos, no es la calidad literaria lo que hace de esta obra un referente en la literatura de ciencia ficción. Se trata más bien de una obra fundacional, del origen de todo un género que a lo largo de los años ha evolucionado a formas cada vez más elaboradas de distopias, desde sociedades futuristas en planetas lejanos hasta pequeños reductos de seres humanos que sobreviven después de un cataclismo geológio, de una guerra o de un virús. Siempre habrá, como diría ya algunha poeta, personas que busquen la libertad y que se planteen si realmente vivimos en el mejor mundo posible.