La fiesta (I).
(IV)
Lo
primero que supo al llegar a la Reunión Anual fue que comenzaba su
Periodo de Organización y Mantenimiento. Ripley apenas podía
contener su alegría y era incapaz de disimular su entusiasmo cuando
la Supervisora Jefa Cairme se dirigió a
ella diciéndole que al final del día no volvería a su área de
reposo sino que tendría que presentarse en la zona operativa para
integrarse en los distintos equipos de trabajo.
Sabía
que a lo largo del próximo año estaría con él, y durante ese día
de reunión casi no se vieron. Tiempo tendrían durante los próximos
meses para hablarse y conocerse mejor. Aprovechó la jornada para
estar con los suyos, con las familias de la
área de reposo a la que pertenecía. Sabían que los elegidos
para la POM pertenecían a distintas áreas pues se intentaba que en
cada turno estuvieran representadas las distintas áreas en las que
se dividía la zona de reposo,
aunque en realidad nadie llegaba a desarrollar un vínculo de
pertenencia a su área específica.
Al fin y al cabo, allí se pasaban todo el tiempo en letargo.
Cierto es que con el paso de los años se acostumbraban a ver los
mismos rostros al despertarse y al meterse en las cápsulas de
letargo, y en el
trayecto hacia la gran sala para la reunión Anual siempre había
quien comentaba sus experiencias o exponía sus deseos y sus
esperanzas. Ripley no era de las que más hablaban, pero aquel día,
tal vez porque todos sabían que había sido elegida para su POM o
porque ella misma estaba más emocionada de lo que pensaba, no paró
de conversar con unos y con otros, incluso con personas a las que no
recordaba haber visto nunca. Al final estaba agotada de tanto hablar,
sentía la boca seca y un extraño hormigueo en las mandíbulas. Se
despidió de sus hermanas y les prometió que para la siguiente
Reunión Anual les daría un informe detallado sobre como era la vida
diaria en la nave. También a ellas les tocaría algún día quedarse
despiertas y el sentimiento de curiosidad era inevitable.
Los
grupos comenzaron a deshacerse a medida que las luces de la cúpula
poco a poco se tornaban violetas. Algunos se despedían entre
lágrimas, otras aprovechaban los últimos minutos de la Reunión
Anual para abrazarse, darse ánimos o recordar que el tiempo durante
la fase de letargo pasa como un suspiro. Ninguno recordaría nada
hasta la próxima Reunión Anual. La mayoría eran conscientes de
esto, y se despedían con un simple adiós, o un apretón de manos.
Nos vemos mañana, decían entre risas. Sin embargo las despedidas de
aquellos que se quedaban despiertos solían ser más sentidas.
Ripley
contemplaba desde el centro de la cúpula como la sala se oscurecía
mientras que los últimos rezagados corrían de un lado a otro
intentando despedirse de todos aquellos a los que les tocaba iniciar
su fase POM. Sabían que a partir de ahora la intensidad de la luz
iría descendiendo hasta que de la cúpula no quedase nada y la única
luz serían los pequeños pilotos que indicaban los caminos hacia las
zonas de letargo. Sabían también que el procedimiento de letargo no
admitía demoras. Como si del viejo cuento de cenicienta se tratase,
cada hombre y cada mujer, cada niño y niña de aquella nave tenían
que estar en las zonas de reposo a la hora exacta. Las cápsulas se
cerraban todas a la vez exactamente noventa segundos después de que
los compartimentos estuvieran herméticamente sellados, y eran pocos
los que cuando esto ocurría no estuvieran ya en los lugares que
tenían asignados desde siempre.
Pero
para Ripley todo era novedad esta vez. Aguardaba con el resto del
grupo algún tipo de indicación. Sabía que lo primero eran las
presentaciones y la asignación a los grupos de trabajo. Todos harían
de todo por lo que no importaba por donde empezaran. La idea básica,
lo único que realmente importaba era que ante un imprevisto
cualquiera de los que en ese momentos estaban cumpliendo su POM
pudiesen responder con un mínimo de seguridad. En todos los años
que dura esta misión nunca ha habido ningún tipo de contratiempo,
les explicaba la Supervisora Jefa Cairme,
y confiamos en que esto siga siendo así. Pero es necesario que
entendáis lo importante que es que todos y cada uno de vosotros
asumáis vuestras responsabilidades como si nuestro destino
dependiera de ello. Por muy insignificante que os parezca la tarea
que estáis haciendo, pensad que es imprescindible para que todo
funcione, y que el reto al que nos enfrentamos requiere que todo
funcione a la perfección para alcanzar nuestro objetivo. Se os pide
la excelencia, la perfección. A los que empezáis hoy vuestro POM se
os exige que seáis las mejores alumnas y alumnos. Los que ya lleváis
un tiempo estáis obligados a ser los mejores maestros. Solamente así
nuestra misión tendrá éxito.
Durante
las primeras semanas Ripley trabajó en los hangares inferiores. El
tamaño de aquella nave era impresionante. Era algo en lo que nunca
antes había pensado. De hecho, ni siquiera se había planteado
cuantas personas viajaban con ella. Ahora, después de pasar días
enteros revisando los anclajes de las pequeñas naves auxiliares,
probando motores y asegurándose de que todos los módulos de
supervivencia estaban en perfectas condiciones comprendía la
envergadura de aquella misión. En los almacenes de carga había todo
lo necesario para construir las bases en las que se asentarían al
llegar. La idea era formar distintos núcleos según las condiciones
del terreno que se encontrasen. Nada se había dejado al azar.
Con
el paso de los días, Ripley comenzó a desesperarse. Había pensado
que coincidir con el muchacho haría que todo fuese más fácil, más
agradable y se descubría realizando jornadas de más de doce horas
de trabajo exigente y agotador. Algunas veces se sentía tan exhausta
que apenas se podía mantener despierta en la sala de reuniones en la
que todos los que permanecían despiertos compartían anécdotas y
anhelos. El la consolaba diciéndole que al principio era duro, que
costaba acostumbrarse al ritmo frenético y que además le había
tocado comenzar por las tareas más aburridas. Cuando tuviese que
formarse en pilotaje y manejo de maquinaria los días serían más
divertidos.
Y
así fue. Durante el quinto mes inició su formación en los
simuladores. Siguiendo la lógica de que todos tenían que saber de
todo, durante el primer año de la POM aprendían lo necesario para
manejar las distintas naves y máquinas que tendrían que emplear
cuando llegasen a su destino. Los días eran divertidos, sobre todo
teniendo en cuenta que fue durante esta etapa cuando por fin
coincidió con el muchacho. Era uno de los monitores encargados de la
instrucción de vuelo. No sabía como disimular su emoción cuando lo
vio aparecer en la área de simuladores.
Su
aspecto era totalmente distinto. Ya no era aquel chico dulce y
esquivo que recordaba de las reuniones anuales en las que se buscaban
con la mirada. Ahora parecía más adulto, con la mirada segura y
penetrante de aquellos que saben hacia donde caminan. Ella lo saludó
con disimulo pero el, sin ningún reparo, se acercó a ella y la
saludó cariñosamente, preguntándole si estaba preparada para
divertirse.
Inició
su clase explicándoles que los simuladores estaban preparados para
recrear una gran variedad de condiciones geológicas y atmosféricas.
El destino final de la misión no estaba definido y tendrían que
saber reaccionar ante distintos tipos escenarios.