Cuando
Hilario entró en la taberna diciendo aquello de "¡Necesito una
conexión segura! ¡Ya!" supimos que estábamos asistiendo al
inicio de una nueva aventura. Pero cuando preguntó si había algún
programador en el bar pensamos que estaba un poco desorientado. Tal
vez los últimos meses preparando las oposiciones para inspector de
hacienda estaban haciendo mella en su capacidad de raciocinio, como
le ocurrió a José María o a Miguel, que ahora están cada uno en
su mundo irreal y sin esperanzas de recuperación.
Como
recordarán los más veteranos del lugar, Hilario fue el protagonista
de una serie de sucesos que en su momento no fueron explicados de
todo y que en breve, si las fuerzas y la voluntad no nos fallan,
serán revisadas y renarradas para ofrecer a cualquier persona
interesada la oportunidad de saber un poco más de este entrañable
personaje.
Pero
ahora es ahora, y lo que tenemos es a Hilario entrando
precipitadamente en La Taberna de Beaufort y pidiendo una conexión
segura, en lugar de la consumición oficial de la casa. No se le
ocurre mejor saludo que apartar a Ramón de la esquina de la barra en
la que diariamente reflexiona sobre la insoportable subida de la
gasolina y colocar en su lugar un ordenador portátil.
Un
viejo ordenador portátil con pegatinas de Hello Kitty en la esquina
superior izquierda de la carcasa y una abolladura en el teclado que
dificulta el pulsado de las teclas jkl. Lo digo para que a los
amantes de crearse imágenes visuales mientras leen les sea más
fácil situar a Hilario en la barra, con una antigualla informática
delante y con un grupo de cuatro o cinco personas colocándose a su
espalda, mirando con curiosidad en la pantalla en la que comienza a
parecer un mapa y el típico circulo con flechas girando (simbología
celta, por cierto, por mucho que les duela a los hippies del yinyang)
que nos indica que el ordenador está procesando información...
-
Mirad aquí -señala Hilario utilizando como puntero la cerveza que
acabo de proporcionarle- Esta es nuestra calle y aquí está la
Taberna de Beaufort, y podéis comprobar que no tiene aceras. Pues si
nos vamos acercando con el zoom aparecen las aceras!!
El
asombro fue total.
Ante
nuestros ojos habían aparecido aceras donde antes no había nada.
Nuestra calle pasaba de ser una pista de asfalto con baches y mal
pintada a una espléndida avenida perfectamente pintada, con amplias
aceras, arbolillos y algún que otro banco.
Comenzó,
como suele ocurrir cuando se mezclan novedades y cervezas, una gran
discusión. Hilario, amigo de las explicaciones poco comunes, decía
que lo que había descubierto era una grieta espacio-temporal en la
que el tiempo y el espacio daban un pequeño salto y se mostraba lo
que sería dentro unos años. Esto es, nuestra calle por fin con
aceras.
Uno
se atrevió a decir que el programa informático que utilizaban los
de google estaba bugeado, lo que provocó la airada reacción de
Franky diciendo que no era posible que fallase el google maps, que
seguramente sería un virus en la mierda de portátil de Hilario y
que como mucho se trataba de una variable anómala que hacía fallar
el zoom y que mostraba la imagen de otras coordenadas no definidas
El
del bazar chino decía que cualquiera podía alterar la información
de la página y crear una imagen virtual de la calle añadiendo
aceras o lo que fuese. Lo que no estaba claro era el motivo, pero
quien necesita motivos habiendo oportunidades, decía el chino
mostrando sus conocidas capacidades para vender cualquier cosa a
cualquier precio.
Fue
un manotazo en la barra del bar el que nos hizo callar a todos.
-A
ver, ostia!!- dijo Ramón mientras con un gesto me sugería que
volviese a llenar su taza de ribeiro-Soy el único que lee periódicos
o qué?
Ante
nuestra cara de asombro Ramón apuró el vino y mientras miraba el
interior de la taza como si buscase allí las explicaciones
comenzamos a pensar que disponía de algún tipo de información que
los demás desconocíamos.
-A
que viene tanta sorpresa por ver aceras donde no las hay. Acaso no
estamos en campaña electoral?

