viernes, 24 de abril de 2015

Aplicaciones.


Algunas veces tengo la certeza de que somos software, las aplicaciones ejecutables que de algún modo acaban insertadas en estos graciosos cuerpos (algunos más que otros) que la naturaleza nos ha regalado. No está claro en qué momento nos hacemos con el control de la máquina, pero supongo que será una especie de chispazo molecular, una red neuronal que de pronto toma conciencia de su individualidad, de su existencia en un lugar y en un tiempo determinado.
Después todo es acumular experiencias, emociones, sentimientos...
Me gusta la metáfora de las aplicaciones. Según el programa que predomine en nosotros seremos creativos, analíticos, honestos, políticos, introvertidos, sociables y un largo etcétera de cualidades que nos hacen ser como somos y actuar como actuamos. Puede ocurrir que tengamos unos programas demasiado avanzados para la máquina que nos ha tocado, o al revés, que a pesar de que la naturaleza ha puesto a nuestra disposición un pedazo cuerpo las aplicaciones están obsoletas y no hay manera.
Las posibilidades son casi infinitas, aunque el propio concepto de infinito nos demuestra lo limitados que somos. Pocos son los que pueden imaginarse un universo sin fin, pero al mismo tiempo es muy complicado poner un límite y decir que aquí acaba lo que existe y comienza lo que no existe... y si no existe, qué es? Existe la nada?
Lo que me pasa últimamente es que estoy retomando el camino espiritual. Veinticinco años han pasado desde aquellas conversaciones en las que intentaba explicarle a Iván que hay algo más que física y química, que llegará el día en el que seamos capaces de ver más allá, o más acá, y descubrir verdades en lo que ahora solamente son creencias y percepciones imposibles de demostrar. Hay fuerzas y energías que no somos capaces de medir, pero que actúan. Yo era capaz de percibir, de sentir que existe “algo” de lo que formamos parte sin saberlo, pero dejé de buscar.
Después me entretuve trabajando, leyendo buena literatura, aprobando exámenes, estropeando amistades, ganando oposiciones, amando, descubriendo el milagro de la vida aquí y aquí...
Y ahora me siento en una etapa vital en la que vuelvo a hacerme preguntas, pero la novedad es que tengo algunas respuestas. Siento que las piezas comienzan a encajar, que los años han dejado en mí algunos aprendizajes que de algún modo me permiten entenderme y entender lo que me rodea de una manera más clara. Creo, en definitiva, que mis bases de datos estaban obsoletas y el equipo ha comenzado la actualización. 

 

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