Ya que estás aquí...
No dudes en preguntar, si tienes dudas, y en regresar siempre que quieras .
Bienvenido a Mar de Beaufort.
Bienvenido a Mar de Beaufort.
martes, 17 de febrero de 2015
Quen quere whisky habendo albariño?
Pois aquí estamos, nesta luminosa tarde de febreiro en Compostela. Media Galiza anda de festa e a outra media con catarro, e como teño a tarde libre vou poñerme a escribir.
Recordo a imaxe do escritor torturado pola inspiración, cunha botella de whisky e un cinceiro cheo de cabichas. Recoñezo que unha vez fumei e gostaba de poñer cara de estar descubrindo unha gran verdade mentres miraba o fume elevarse sobre o caderno. Intentei aprender a facer circuliños, pero nunca o conseguín e agora non creo que volva a fumar. Non val a pena.
E tampouco son un gran bebedor de whisky.
Por iso decido abrir unha botella de albariño e acomodarme tranquilamente na mesa da cociña esperando a que chegue a inspiración, aínda que sospeito que as cousas non son así. Nunca o foron. Desconfiade daquel que vos diga que as ideas lle veñen así e que as escribe tal cal. As ideas veñen, é certo, pero hai que darlles forma e refacer e repensar e moitas veces desbotar.
Por iso alegremente vou ir comezando a refacer e desbotar, que a uva está no seu punto e sospeito que este vai ser ano de boa colleita.
lunes, 16 de febrero de 2015
Realimentación.
Fai máis de cinco anos que abrín as portas deste blog anotando que tiña a sensación, case a certeza de que non había ninguén ao outro lado, de que isto de internet non é máis que un inmenso lugar cheo de xente no que non sentimos a presenza de ninguén.
Comecei a escribir sobre todo de min, sen ter moi claro o que quería contar ou que quería facer con este sitio. Quería unha bitácora persoal, íntima, ou máis ben unha taberna na que contar historias? Quería falar de min e das miñas preocupacións de persoa inmatura ou quería escribir relatos?
Supoño que optei por meter aquí un pouco de todo, de cando en vez algunha historia e cando me parecese algunha reflexión persoal sobre calquera tema que me parecese oportuno.
E foron chegando as personaxes e as historias, e tamén algún que outro comentario que me demostraba que realmente había alguén ao outro lado, persoas dispostas a ler e a escribir algo, e iso está moi ben. Coa cantidade de blogs e de páxinas que existen, e co grande número de persoas que hai facendo moi boas cousas é de agradecer cada visita, cada comentario e cada "Me gusta" do facebook.
Navegando por estes mares descubrín que algo importante nisto dos blogs é preguntar de cando en vez aos lectores o que pensan ou o que esperan deste sitio. Dende fai tempo quero rematar algunha das historias que fun comezando ao longo dos meses. Hai personaxes que cando se toman unhas cervexas na Taberna de Beaufort me preguntan que que pasa con eles, se vou deixalos navegando á deriva polos xeados mares ou vou ir pechar por fin os seus periplos ficcionais.
Por iso vou engadir unha pequena enquisa neste blog para que poidades escoller aquela historia que vos gusta máis, se preferides que escriba un pouco de todo ou se non queredes cousa ningunha.
(A enquisa está no lado esquerdo...)
sábado, 14 de febrero de 2015
San Valentín.
Infructuosamente se afanaba todos los domingos y los jueves sobre el hermoso cuerpo de Janet. Él sabía perfectamente que aquel no era su verdadero nombre, y ella, que apenas hablaba castellano, no entendía el motivo por el cual aquel hombre la escogía siempre a ella y después de manosearla un poco en un reservado del local le pedía que buscase las llaves de la habitación mientras él le daba los billetes de rigor al tipo gordo de las escaleras.
Desde hacía cuatro meses la visitaba dos veces por semana, sobre las diez y media de la noche los jueves y a las ocho los domingos. Siempre solo y recién duchado, pedía zumo de melocotón para él y pagaba sin inmutarse los veinte euros de la consumición de ella. Si estaba con un cliente esperaba a que terminase y, según le contaban más tarde las chicas, muy educadamente les decía que prefería esperar y no subir con ninguna otra.
Janet no era de las chicas más solicitadas en aquel local. Su piel era demasiado negra y su acento demasiado áspero para los hombres de la zona, acostumbrados como estaban a las mulatitas brasileñas y a la empalagosa zalamaría de las caribeñas. Ella era una auténtica africana, una negra Guineana nacida en la aldea cercana al rio Tinkkiso, a quinientos quilómetros de Conakry, veinticuatro años antes. Su padre era un hombre importante pero como ya tenía cinco bocas que alimentar a ella la mandaron a la ciudad prometiéndole un futuro mejor. Después de ocho meses de viaje descubrió que "la ciudad" era un local con luces y música, y veinte chicas más que daban placer a los que tuviesen dinero para pagar.
Él vivía sin demasiadas complicaciones. Llevaba veinte años trabajando en la misma empresa, viviendo en el mismo piso de alquiler y tomando el café de las ocho en la cafetería de la esquina. Los viernes tomaba unas cañas con los compañeros de la fábrica y los sábados se iba a la finca a cuidar sus tomates y sus árboles. Cuando sus amigos se fueron casando él pensó que sería menos complicado plantearse el sexo como un gasto mensual, como si fuese la factura de la luz o el agua, y estableció unos días de visita al prostíbulo de la autovía.
Sus años de experiencia le habían enseñado a diferenciar cuando una chica fingía y cuando disfrutaba con el sexo, y sabía que en los últimos meses ni una sola vez había hecho disfrutar a Janet. Por eso volvía cada semana y quería que disfrutase, que la pobre chica bastante tenía con estar allí encerrada como para no merecer una alegría de vez en cuando. Pero no llegaba, nunca conseguía que llegase, y ya habían probado de todo. A Janet le extrañaba que perdiese tanto tiempo en los preliminares, que la acariciase tiernamente y que le susurrase palabras dulces e incomprensibles para ella. No comprendía que fuese él, y no ella, el que recorriese con su lengua sus intimidades y buscase algo que él sabía que tenía que estar por allí, pero que no aparecía.
Y así pasaron los meses.
Él nunca llegará a entender qué pasa con el cuerpo de Janet y Janet nunca podrá imaginar que lo que infructuosamente busca aquel hombre dos veces por semana en lo más oculto de su cuerpo es lo mismo que a los seis años su padre le había cortado con una cuchilla de afeitar mientras su abuela le sujetaba fuertemente los brazos y su madre gimoteaba al abrirle las piernas.
jueves, 15 de enero de 2015
Internal System Error
El infierno son los otros, escribía Sartre en una obra de teatro que tuve la suerte de leer en francés cuando sabía leer francés, o más bien cuando sabía leer en general, que de tan ociosa que está creo que mi capacidad lectora ha desaparecido. Pero volviendo al tema, decía aquel francés tan existencialista que el infierno era el otro, el que nos observa y nos juzga, el que nos hacer analizar nuestro comportamiento y a veces nuestros sentimientos, aquel ante el que nos sentimos obligados a ser de una determinada manera creyendo que su criterio tiene más importancia que nuestra voluntad.
Utilizo esta frase a menudo, aunque en un sentido menos existencialista y profundo. El infierno lo hacen los otros con ciertos comportamientos, con su ausencia de empatía, con su violencia, con su firme creencia en que sus intereses están siempre por encima de los nuestros.
Si amigos, para mi el infierno es a menudo un simple detalle, un trato injusto, una mala contestación que tengo la certeza de que no merezco. Para mi el infierno son los pequeños pinchazos que los otros nos van dando a lo largo del día.
En realidad el infierno soy yo y mi exceso de sensibilidad. No debería importarme que el botarate del coche de atrás haga sonar el claxon para hacerme ver lo que ya veo, o que el funcionario de turno me ignore completamente o que la muchacha del quinto ponga a su perro a mear en las vallas del parque infantil o que el repetable señor mayor se cuele en la cola de la carnicería o que..
Nada de esto es importante. Pierdo demasiado tiempo en pequeñas infamias que no son dignas de consideración y busco explicaciones, incluso justificaciones, para los actos de los demás. Nuestro tiempo es limitado y por ello demasiado valioso como para permitirnos que nos afecten las ruindades cotidinas en las que todos caemos de vez en cuando.
Y a que viene esto ahora, estarás pensando.
Pues no tengo ni idea, la verdad. Tal vez esta necesidad de hacerme un poco más sociable de la que hablaba hace unos meses provoca en mi las ganas de explicarme y de darme a conocer. Puede que a estas alturas busque un nuevo enfoque a mi existencia para dejar de ser un tipo gris y gruñón y convertirme en la persona que me gustaría ser. O simplemente se trata de personalizar un poco este blog y escribir un poco sobre mi en lugar de hablar de tantos personajes raros y a veces tan esquivos que navegan conmigo, y contigo si quieres venir, por este Mar de Beaufort.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Decisiones
Salir y cerrar la puerta.
Recorrer caminos olvidados por el único placer de recorrerlos, sin buscar nada, sin intención de encontrarnos con nada. Salir para no volver, abandonarnos al dulce transcurrir de las estaciones y al cíclico paso de las vidas sobre estas tierras.
Recorrer caminos olvidados por el único placer de recorrerlos, sin buscar nada, sin intención de encontrarnos con nada. Salir para no volver, abandonarnos al dulce transcurrir de las estaciones y al cíclico paso de las vidas sobre estas tierras.
Salir y dejarlo todo.
Despreciar este vano intento de perdurar que es el arte, cualquier arte. Acaso no quiere el pintor perdurar a través de sus cuadros, o el músico, o el creador de videojuegos... Acaso no es infantil el empeño de la humana gente por ser recordada por sus obras, por dar más importancia a los actos y a los hechos que a la esencia misma de la vida, que no es otra cosa que la propia vida, el milagro continuo de la nada convertida en realidad, de la mezcla de sustancias convertida en músculos y sueños, en hojas que caen eternamente para volver a surgir convertidas en nitrógeno que será hierba que será conejo que será músculo que moverá la mano diestra del artesano convencido de su trascendencia.
Salir.
Salir y encontrarse con el mundo, y reconocerse en los vientos que traen las viejas canciones de otros pueblos y en los pequeños destellos de la misma lluvia que durante miles y miles de años conmovió a generaciones y generaciones de habitantes perdidos en la misma tierra que ahora habitamos.
Salir y cerrar la puerta con la firme decisión de no volver jamás. Con la certeza de que no habrá regreso posible. Sentir la lucidez suficiente para saberse totalmente prescindible para las generaciones futuras, para entender que nada de lo que podamos contar, o pintar o esculpir o diseñar o convertir en música servirá para mantenernos aquí.
Salir.
Salir y cerrar la puerta sin miedos, sin titubeos y sin remordimientos.
Salir finalmente con la certeza de que dentro, ya no queda nada.
Salir.
Salir y cerrar la puerta sin miedos, sin titubeos y sin remordimientos.
Salir finalmente con la certeza de que dentro, ya no queda nada.
viernes, 24 de octubre de 2014
El saxo es coche de chicas.
Pero
cómo que ya no quieres el mercedes, tú estás loco!!!
-chillaba Nicolás en la esquina de la barra- El padre de tu
abuelo Ramón fue el primero en tener coche en la ciudad, y era un
mercedes. Tu abuelo viajó a Alemania para traerse el mercedes que
le regaló a tu padre el día de su boda y tú eres probador
internacional de asientos de mercedes.
Como
Nicolás es algo energúmeno tiene por costumbre gritar en lugar de
hablar, pero algo de razón tiene cuando le recrimina a Ramón su
decisión de deshacerse del mercedes para comparse un saxo.
Todo
empezó hace dos semanas- vuelve a explicarnos Ramón –
Despues de que el coche oficial de la Conselleira de Sanidade me
destrozara el faldón derecho tuve que dejar el mercedes en el
taller. Me dejaron un vehículo de cortesía y no se qué pasó,
pero me enamoré de aquel coche.
Al
entrar me sorprendió la ausencia de pantalla central o de
indicadores luminosos en el salpicadero, pero sentarme al volante
fue una experiencia entrañable, como sentirse abrazado, y no me
refiero solamente al roce de mis rodillas en el volante o al techo
tocando mi cabeza. No. Tuve la sensación de que el coche me recibía
afectuosamente.
No
jodas, Ramón, no jodas. Que mi mujer tiene un 205 y ahí no hay
quien entre.
Además
el saxo es un coche de chicas, coño!!
Ramón
ni se inmutó ante mis comentarios y los de Nicolás. Su rostro
permanecía imutable y con un gesto nos invitó a mirar por la
ventana.
Pero
no me digáis que no es entrañable -nos
dijo señalando el coche aparcado enfrente del bar- Yo ya
se que la experiencia de conducción no es sencilla ni
sobresaliente, y que la seguridad apenas es perceptible. Soy
consciente de que el acabado interior parece inacabado y que el
único embellecedor exterior son las pegatinas que intentan
disimular las manchas de óxido. No busquéis en él unas lineas
deportivas o un frontal agresivo ideal para la conducción en
ciudad.
No
amigos, no espero que lo entendáis. Hay cosas que solamente pueden
entenderse si se experimentan, pero cuando el amor llega así de
esta manera, uno no tiene la culpa.
Ramón
acabó su café, se comió la galletita caramelizada y con un
cariñoso saludo se despidió de la concurrencia. Con una expresión
de felicidad infantil se acomodó en el asiento del saxo y arrancó.
martes, 21 de octubre de 2014
O paseo das landras.
Hoxe, ao saír da escola, L quería recoller landras no patio. Era xa algo tarde, e como os venres pechan a escola ás catro díxenlle que ao chegar a casa iriamos dar un longo paseo na procura das landras. Iso si, antes tivo que me explicar que era iso das landras!!
Burro.JPG)
Comezamos a nosa expedición cara ao descoñecido mundo das landras saudando ao novo burro que temos de veciño. Respondeu amablemente ao noso saúdo movendo ás orellas, aínda que nesta fotografía non se vexa. Parecía tranquilo e feliz, gozando da liberdade de movementos da que carece o seu compañeiro de pastos.
Robert_Refort.JPG)
Ao ladiño había un coaching de cabalos que como Robert Redfort estaba obrigando a dar voltas e máis voltas a un cabaliño que parecía canso.
Non parecía moi feliz sendo o centro de atención do home. Seguramente preferiría estar como o burro, á súa bola, pero alí estaba. Un lindo cabalo negro dando voltas arredor dun home.
O%2Bpaseo%2Bdas%2BLandras.JPG)
Deixamos de pensar nas vidas tan diferentes que levan cabalos e burros e comezamos a internanos polo camiño no que o sol colorea as árbores e os comaros.
Era un camiño como de fotografía, algo semellante ao que algúns poñen no escritorio do seu ordenador. Algo lindo de ver...
E de súpeto, un cerrado!!! Recordei as palabras do meu amigo Xosé Manuel falando daquela colección de fotografías á que ía chamarlle "Yo para ser feliz quiero un somier".
Como explicalo? Como contarlle ao mundo que aquí somos así, que en pleno Camiño de Santiago a alguén lle deu por chantar dous somieres facendo de cancela?
De%2Bregreso%2Ba%2Bcasa%2Bdespois%2Bdun%2Bd%C3%ADa%2Bno%2Bcampo.JPG)
A tardiña ía caendo e unha egua e o seu poldro ían de regreso á corte.
O poldro feliz despois dun día no campo, a súa mama máis tranquila e pensando no contiño que tería que inventar esa noite para que o cativo durmise.
- Mira papa, os carballos chegan ao ceo!!
Ou o ceo deixase caer mainamente sobre os carballos para que as follas lle fagan cóxegas na barrigola.
O ceo ten estas cousas, ás veces cambia de cor e fai chover e outras veces convértese en névoa para acariñarnos.
Unha%2Blandra.JPG)
E de súpeto aparecen!
Imos descubrindo as primeiras pegadas das landras!!
Afastados do camiño buscamos debaixo das follas e das herbas, apartamos tamén algún croio e unha ponla medio podre que estaba chea de formigas.
Restos%2Bno%2Bcami%C3%B1o.JPG)
Pero semella que algúen se nos adianta!!
Os esquíos están traballando no outono para ter a súa despensa chea durante o inverno. E o que van desixando son os sombreiros das landras...
Teremos que seguir buscando...
Landras.JPG)
Aquí están!!
Landras saniñas e de distintas cores.
Landras que parecen vir do espacio exterior ou de Marte.
Landras que nos fan pensar en novos contos de esquíos faladores e porquiños lambóns.
Landras%2Ben%2BMarte.JPG)
O%2Bni%C3%B1o%2Bdas%2Blandras.JPG)
Landras para dar e tomar...
Pensamos en poñerlles nomes, en levalas para casa xuntiñas, con follas e con sombreiros.
Queremos facer cousas novas coas landras, metelas nun xarrón ou pintalas de cores, poñerlles ollos e bigote e chamarlles con outros nomes...
A gran landra!!
Tan feituca e tan gordecha.
É un carballo en potencia, que diría Aristóteles, e como tal decidimos botala no medio do monte e se lle cadra dentro de vinte anos sexa unha fermosa árbore en plena adolescencia.
O%2Bpaseo%2Bdas%2Blandras%2BII.JPG)
Regresamos de volta camiño arriba, que entre unha cousa e outra cousa case chegamos a Camiño Real de Piñeiro, máis aló do Monte dos Toxos.
Imos pensando en novos paseos, en novos contos e en todo o que podemos atopar cando subamos aos montes.
A%2Btertulia%2Bdos%2Bcarballos.JPG)
Paramonos a escoitar a tertulia dos carballos que comentan as novidades do día, os peregrins que pasaron cara a Compostela, os cabalos que baixarons, os paseantes coma nós que ían buscando landras, ou máis ben castañas e cogumelos.
Vaia%2Bcalabaza%2Bpara%2Bo%2Bpr%C3%B3ximo%2BSamain!.JPG)
Unha última sorpresa!!
Unha boa cabaza para o Samain que se achega.
Un pedazo cabazo, millo que quedou sen recoller e as navizas noviñas que xa se deixan querer.
Cousas lindas que trae o outono, cousas que nos gusta ver e que tamén nos gusta comer.
%2BO%2BSol%2Bvai%2Bdurmir.JPG)
E o sol vai marchando e nos anuncia que vai sendo hora de recollérmonos nós tamén.
O paseo foi divertido, descubrimos algunhas cousas novas e inventamos novas cancións e tiramos algunhas conclusións que para os adultos non son acertadas, pero que para o noso neno e á nosa nena serán o alimento dos seus soños.
Comezamos a nosa expedición cara ao descoñecido mundo das landras saudando ao novo burro que temos de veciño. Respondeu amablemente ao noso saúdo movendo ás orellas, aínda que nesta fotografía non se vexa. Parecía tranquilo e feliz, gozando da liberdade de movementos da que carece o seu compañeiro de pastos.
Ao ladiño había un coaching de cabalos que como Robert Redfort estaba obrigando a dar voltas e máis voltas a un cabaliño que parecía canso.
Non parecía moi feliz sendo o centro de atención do home. Seguramente preferiría estar como o burro, á súa bola, pero alí estaba. Un lindo cabalo negro dando voltas arredor dun home.
Deixamos de pensar nas vidas tan diferentes que levan cabalos e burros e comezamos a internanos polo camiño no que o sol colorea as árbores e os comaros.
Era un camiño como de fotografía, algo semellante ao que algúns poñen no escritorio do seu ordenador. Algo lindo de ver...
E de súpeto, un cerrado!!! Recordei as palabras do meu amigo Xosé Manuel falando daquela colección de fotografías á que ía chamarlle "Yo para ser feliz quiero un somier".
Como explicalo? Como contarlle ao mundo que aquí somos así, que en pleno Camiño de Santiago a alguén lle deu por chantar dous somieres facendo de cancela?
A tardiña ía caendo e unha egua e o seu poldro ían de regreso á corte.
O poldro feliz despois dun día no campo, a súa mama máis tranquila e pensando no contiño que tería que inventar esa noite para que o cativo durmise.
- Mira papa, os carballos chegan ao ceo!!
Ou o ceo deixase caer mainamente sobre os carballos para que as follas lle fagan cóxegas na barrigola.
O ceo ten estas cousas, ás veces cambia de cor e fai chover e outras veces convértese en névoa para acariñarnos.
E de súpeto aparecen!
Imos descubrindo as primeiras pegadas das landras!!
Afastados do camiño buscamos debaixo das follas e das herbas, apartamos tamén algún croio e unha ponla medio podre que estaba chea de formigas.
Pero semella que algúen se nos adianta!!
Os esquíos están traballando no outono para ter a súa despensa chea durante o inverno. E o que van desixando son os sombreiros das landras...
Teremos que seguir buscando...
Aquí están!!
Landras saniñas e de distintas cores.
Landras que parecen vir do espacio exterior ou de Marte.
Landras que nos fan pensar en novos contos de esquíos faladores e porquiños lambóns.
Landras para dar e tomar...
Pensamos en poñerlles nomes, en levalas para casa xuntiñas, con follas e con sombreiros.
Queremos facer cousas novas coas landras, metelas nun xarrón ou pintalas de cores, poñerlles ollos e bigote e chamarlles con outros nomes...
A gran landra!!
Tan feituca e tan gordecha.
É un carballo en potencia, que diría Aristóteles, e como tal decidimos botala no medio do monte e se lle cadra dentro de vinte anos sexa unha fermosa árbore en plena adolescencia.
Regresamos de volta camiño arriba, que entre unha cousa e outra cousa case chegamos a Camiño Real de Piñeiro, máis aló do Monte dos Toxos.
Imos pensando en novos paseos, en novos contos e en todo o que podemos atopar cando subamos aos montes.
Paramonos a escoitar a tertulia dos carballos que comentan as novidades do día, os peregrins que pasaron cara a Compostela, os cabalos que baixarons, os paseantes coma nós que ían buscando landras, ou máis ben castañas e cogumelos.
Unha última sorpresa!!
Unha boa cabaza para o Samain que se achega.
Un pedazo cabazo, millo que quedou sen recoller e as navizas noviñas que xa se deixan querer.
Cousas lindas que trae o outono, cousas que nos gusta ver e que tamén nos gusta comer.
E o sol vai marchando e nos anuncia que vai sendo hora de recollérmonos nós tamén.
O paseo foi divertido, descubrimos algunhas cousas novas e inventamos novas cancións e tiramos algunhas conclusións que para os adultos non son acertadas, pero que para o noso neno e á nosa nena serán o alimento dos seus soños.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

