jueves, 29 de julio de 2021

48

 


 Hai unha idade na que comezamos a pensar na sorte que temos de poder celebrar o noso aniversario en lugar do noso cabodano. Os anos van chegando e ás veces, demasiadas veces, teño a sensación que van poñéndose en ringleira, agardando a que abran as portas para acceder ao espectáculo que é a vida. Teño 48 anos e aínda estou agardando algo, a pesar de ter unha existencia plena: familia, saúde e traballo.

Cheguei a esa idade na que tantas cousas aconteceron fai xa 30 anos. Ir mercar palmeiras de chocolate e comelas dando un paseo, os domingos de bicicleta que remataron sendo de conversa, meternos cinco nun Seat Fura para ir as discotecas doutras vilas, ver os partidos de canal plus para sentirnos en campaña, sacar a camiseta nos concertos, ir de acampada, facer festas na praia... en defintiva, ter tempo para as amizades.

Teño 48 anos, e ás veces sinto que nunca din disfrutado do momento, sempre pensando no que estaba por vir, traballando por un futuro mellor, sacrificando horas de sono e de compaña para asegurarme o pan e catro pesetas no peto. E agora que comezou o camiño de volta é inevitable botarlle unha ollada aos lugares nos que estivemos, aos tempos vividos, ainda que non sempre foran os máis felices.

Tal vez todo sexa cuestión de ritmos, de épocas nas que sintonizamos con outras persoas coas que camiñamos xuntos durante unha parte da viaxe. Despois imos tomando desvios e atallos según os intereses, as necesidades ou mesmo os azares de cada un. Certo é que cada pouco van aparecendo lindas persoas coas que camiñar e dar un pe de leria. Pero non podo evitar sentir certa nostalxia dos tempos e das amizades que foron quedando atrás, seguir pensando nas oportunidades perdidas ou nas conversas que quedaron a medias.

Un foguete solitario resoa no campo da festa. Estamos na media comida do día da Patroa. Atrás quedou o pasarúas, a misa solemne coa procesión da Virxe e a sesión vermut amenizada por un Dúo Musical , pero aínda queda o partido de solteiros contra casados, os xogos populares e a sardiñada. E para rematar, gran verbena a cargo dunha espectacular orquestra e se o tempo o permite, remataremos este gran día de festa que é a vida cunha sesión de fogos de artificio.





lunes, 3 de mayo de 2021

Atardeceres pretéritos.

 


Podría ser en el segundo curso de Literatura Española, estudiando el Realismo y el Romanticismo del siglo XIX, o tal vez en COU, preparando la Selectividad. Era joven, de cualquier modo, y tenía ganas de saber más de lo estrictamente necesario y por eso ampliaba los contenidos obligatorios leyendo libros que a veces ni siquiera eran los que figuraban en las bibliografias.

Podría ser en el año 92, o en algún momento del curso 1993-94. No tiene ahora demasiada importancia, hace ya casi treinta años, y eso es mucho tiempo.

Y sin embargo recuerdo atardeceres sentado al pie del ahora viejo y seco manzano, leyendo una biografía de Bécquer de más de seiscientas páginas. Por supuesto, de aquella época lo he olvidado todo: lo leído y lo aprendido; las ilusiones y los deseos; lo que esperaba de la vida y lo que buscaba en los días y sobre todo en las noches.

Pero recuerdo la intensidad de aquellos minutos en los que levantaba la vista del libro para ver como el sol anaranjaba el cielo poco antes de ocultarse detrás de horizonte. Algo tenían las puestas de sol que me reconfortaban, tal vez la sensación de un día aprovechado, o la promesa de una noche con tiempo para ler y escribir, crear nuevos mundos y vivir otras vidas.

Y ahora, emprendiendo ya el camino de vuelta, descubro que me faltan horas en los días para detenerme a contemplar los anocheceres y me sobran noches de insomnio en las que las horas parecen estacarse sin atreverse a avanzar hacia un nuevo amanecer.

Volverán los viejos afanes y el entusiasmo de los días luminosos, volverá la voluntad y el deseo de los buenos tiempos, pero ya no será lo mismo. El futuro ha llegado, la ciudad lo ha engullido todo y ya no queda espacio para los árboles ni tiempo para dejarse acariciar por unos minutos por la dulce brisa del abandono.


jueves, 25 de febrero de 2021

Matar a un ruiseñor. Harper Lee.

 






Homenaje.

Sin duda, Matar a un ruiseñor, de la escritora Harpper Lee, es un homenaje a la figura de su padre. No en vano, la historia está basada en las vivencias de la propia autora. Aticus, el padre de la narradora, es un abogado recto y con un elevado sentido de la justicia que se atreve a defender a un hombre de color en una sociedad en la que los prejuicios racistas eran aún muy fuertes. Esta circunstancia marcará de una manera muy profunda la vida de la narradora, Scout, y de su hermano.

Uno de los puntos fuertes del libro es que todo se cuenta desde el punto de vista de una niña. A medida que avanzamos en la lectura, se entremezcla la historia de los adultos (el juicio, las amenazas, la descripción de las miserables vidas que llevaban las clases probres, independientemente de su raza) con las historias de los niños, su curiosidad por un vecino que no sale de su casa, la incompresión de las normas de los mayores (encarnadas por la tía) que buscan que la niña se comporte como una señorita o la vida escolar de la época. Es la niña la que nos explica todo lo que va sucediendo en su mundo. Incluso cuando se trata de temas de adultos (sobre todo lo referente al juicio) es la visión de la niña lo que nos ofrece la autora, aunque esta visión siempre suele estar mediada por las explicaciones de algún adulto sobre lo que está sucediendo.

La historia está narrada de un modo tierno y directo, con frases cortas y que aportan sobre todo información. No hai artificios literarios ni formas rebuscadas en el lenguaje o en el estilo. Si embargo se aprecia cierta evolución, como si la autora quisiera marcar el paso del tiempo entre la niña que empieza a contar la histoira y la que la termina. La narradora evoca una época pasada, pero da la impresión de que quiere dejar constancia de cómo los acontecimientos que narra influyeron en su vida y de algún modo hicieron que Scout pasase de la infacia a la vida adulta. Podemos decir que se trata de una novela de aprendizaje.

Al leer la novela da la impresión de que Harpper Lee tenía una historia que contar. No se trata de una escritora que aprovecha vivencias personales para armar sus obras sino de una persona que quería contar algo y una vez que lo hace no vuelve a escribir. De hecho, esta es la única novela que publicó en 55 años, y solamente unos meses antes de morir, y seguramente debido a gente sin escrúpulos, sería publicada la que se considera por algunos como el borrador inicial de “Matar a un ruiseñor”. Esta circunstancia ha llevado a cuestionar la autoría de la obra, habiendo incluso quien sosprecha que detrás de este libro está Truman Capote ya que eran amigos de la infancia y se sabe que fue este escritor el que la animó a escribir su obra.

Personalmente creo Harper Lee es un ejemplo de escritora honesta, que en lugar de aprovechar la popularidad de su novela, y sobre todo de la adaptación cinematográfica, para seguir escribiendo decide ser sincera consigo misma y reconocer que realmente no tiene más historias que contar. No persigue la fama ni el reconocimiento, simplemente cuenta lo que necesita contar y da por finalizada su carrera literaria.

Como curiosidad apuntaré que murió hace 5 años, el 19 de febrero de 2016. Ese mismo día moría también Umberto Eco, el autor de la novela que más veces he leído.


viernes, 19 de febrero de 2021

Ser así.

 


Hay veces en las que nos sentimos queridos. Un gesto, una llamada o que te traigan una bandeja de "orellas" a casa. Hai días en los que todo nos parece bueno, y la humanidad es un lugar agradable en el que la búsqueda de la felicidad es un camino fácil. 

Hay pequeñas frases que nos hacen sentir bien, palabras acariciantes que encierran una inmensa carga de cariño y complicidad. Y es que en realidad no hacen falta grandes discursos ni malabarismos verbales para decir las cosas importantes. 

Y es que a veces un simple "gracias" puede significar mucho, pero que te digan "gracias a ti, por ser así" no solamente dice algo bueno de tí, sino también de quien demuestra que te conoce y te comprende. En este gran teatro de piedra y sal en el que nos ha tocado vivir necesitamos que de vez en cuando nuestros semejantes nos vean y nos entiendan, y también que nos lo digan. 

Al fin, no dejamos de ser minúsculos pedazos de vida errante buscando encajar con otros pedazos de vida afines. 

Y en el espacio exterior hace tanto frío...



jueves, 4 de febrero de 2021

Sueños




Soñé con la boda de un amigo. 

Soñé con los amigos de la infancia, con aquellos niños que compartiamos la calle, los prados donde jugábamos, los árboles en los que construíamos cabañas. 

Soñé con la boda de mi amigo, la fiesta no celebrada, las risas y la charla que sin yo saberlo tanto necesitaba. Lamento ahora haber sido tantas veces ese amigo tristón y enfadadizo, esa persona gris que para ser feliz necesitaba que las cosas no tuviesen peros, cuando raramente la realidad es plena e incuestionable. Siempre hay una incongruencia, una frase que sobra, una pregunta que falta. Y yo siempre me fijaba más en las pequeñas ofensas diarias que en las grandes alegrías y las grandes amistades que la vida me fue poniendo en el camino.

Soñé con la celebración y con la fraternidad de la adolescencia, con el deseo de estar con los nuestros, con la alegría de la tarde que se consumía alrededor de una mesa contando mil historias que ya no recuerdo. Y me sentí feliz y relajado, y al despertarme pensé que tal vez incluso para mi, que soy bastante introvertido, esta ausencia de contacto social se está haciendo demasiado larga. Yo, que durante años he descuidado totalmente a mis amistades, descubro que comienzo a necesitar algo más que un mensaje de texto o un emoticono en el teléfono. 

Tal vez la crisis de la mediana edad, sabiéndome ya en el camino de vuelta, me hace pensar en los viejos tiempos, en las noches perdidas que ya no volverán, en los momentos de amistad que se fueron con el viento como las canciones de aquel concierto. 







jueves, 21 de enero de 2021

Carpe Diem. Saul Bellow.

 





Fracaso.

Carpe diem es una novela corta en la que Saul Bellow nos muestra la decadencia de un hombre que fracasa en todo lo que emprende. Nada le sale bien a Tommy Wilhelm, que con 44 años asiste al derrumbe completo de su vida. Casado con una mujer de la que intenta divorciarse sin conseguirlo, abandonado por una amante que se cansa de esperar, arruinado, incapaz de conservar un trabajo alimenticio al que tuvo que aferrarse despues de haber fracasado en su intento de ser actor y sobre todo repudiado por su padre, que se niega a prestarle ningún tipo de ayuda.

La historia se centra en un solo día en la vida de este hombre, un día que comienza con la firme decisión de tomar el control de su vida y termina con el aniquilamiento de toda esperanza. En realidad, todo está determinado, nada depende ya de la actitud de Tommy ni sus acciones. Son las decisiones pasadas, y los errores, los que han llevado al protagonista de esta historia a una situación en la que no habrá solución. La busca, sin embargo, en una apuesta imposible, en una asociación arriesgada con un hombre que sabemos turbio nada más presentarse en escena. Un charlatán, mezcla de inversor en bolsa y psicólogo (ahora le llamariamos coaching), que lo convence para ir a medias en una inversión en la que Tommy aporta el poco dinero que le queda, y lo pierde.

Como lectores, asistimos impotentes a la caída de un hombre con el que solamente nos identificamos en parte. En algún momento sentimos ganas de gritarle, de advertirle que se equivoca, que a pesar del optimismo con el que comienza el día volverá a caer en las trampas que la vida, o sus congéneres, van tendiendo en su camino. Y sin embargo es él el que se equivoca una y otra vez. El narrador es capaz de mostrarnos las dudas que asaltan a Tommy, y por un instante pensamos que asistiremos por fin a su recuperación, que la novela va a mostrarnos el momento en el que este hombre inmaduro y tan necesitado del apoyo y comprensión de los demás por fin va a tomar el mando de su propia vida y enfrentarse a sus problemas.

Pero la novela acaba y el cambio no se produce, y sabemos que al día siguiente el mundo será aún más frío y cruel para el protagonista, que ni siquiera cuenta con la complicidad del propio autor. Diríase que Bellow emplea a este personaje para hacer una dura crítica contra una sociedad centrada en el éxito personal y en el hacerse a si mismo. No hay espacio para los perdedores, nadie está dispuesto a ofrecerles ni siquiera un vaso e agua. De este modo, Tommy avanza de manera errática por su propia historia, comprobando como las puertas se van cerrando a su paso y como solamente se mantienen a su lado aquellos que de algún modo buscan aprovecharse de él, y solamente el tiempo necesario para consumar su engaño.

El estilo de Saul Bellow es fresco y directo. Una nota distintiva con respecto a otros autores es el carácter despectivo que emplea en muchas de las descripciones físicas de los personajes. El carácter de los personajes es mostrado a través de conversaciones, bien por lo que ellos dicen de ellos mismos o sobre todo por las constantes recriminaciones que el padre le hace al hijo.

Sin duda, habrá que leer algo más de este autor que ganó el premio nóbel en el año 1976. 







martes, 8 de diciembre de 2020

Música para camaleones. Truman Capote.

 




Catálogo.

Música para Camaleones, de Truman Capote, tiene algo de catálogo, de libro de muestras que el autor nos va enseñando, relato a relato, para que sepamos lo que es capaz de crear. El libro está dividido en tres partes. La primera la componen siete relatos breves que cuentan pequeñas historias, pinceladas biográficas de unos personajes estrafalarios y raros, pero a la vez reales. Se trata de personas mostradas en su vida cotidiana, a veces una simple anécdota, o el trancurso detallado de un día de trabajo sirven para armar un relato. Aquí encontramos el que da título al libro “Música para Camaleones”, aunque el que más me ha gustado a mí es “Un día de trabajo”.

En la segunda parte aparece una novela corta titulada “Ataúdes tallados a mano”. Se trata de un relato soberbio, que igual que su novela A sangre fría, está basado en hechos reales y pertenecientes a la más sangrienta crónica negra del momento. Truman Capote acuñó el término “Literatura de No Ficción” para referirse a su obra, en la que toma hechos reales y les da forma de novela. Aquí nos cuenta la historia de un asesino en serie, y lo hace empleando los mejores recursos y técnicas de la novela negra clásica. Un investigador obsesionado, un observador ajeno a los acontecimientos pero que acaba formando parte de la propia trama y un final inevitable. Sin duda, este relato, por si solo, podría haber sido una buena novela.

Por último, la tercera parte del libro está formada por una serie de entrevistas imaginarias a personajes reales de la época, incluso se entrevista a él mismo e el relato que cierra el libro. Esta parte fue la que menos me gustó, a pesar de su originalidad y de el manejo perfecto del estilo periodístico y de la entrevista.

El libro es muy recomendable. Los relatos situacionales están narrados con una precisión y un estilo muy pulcro, y el cruce de caminos entre periodismo, crónica y ficción se resuelve de un modo más que satisfactorio. Se nota el oficio de periodista en el uso adecuado de las palabras y la forma sencilla de comunicar lo que quiere contar, pero su prosa no está privada de cierta poética en su estilo. Hay maestría en la forma de perfilar los personajes, en la manera de ir desarrollando la crónica para que continuar con la lectura no nos suponga esfuerzo alguno. Se trata de relatos sencillos y fáciles de leer, historias que atrapan al lector y que nos sirven, en parte, para interpretar la realidad de su momento, a pesar de que lo que se narra, sobre todo en las entrevistas de la última parte del libro, son las vida de personajes algo fuera de lo común. Un asesino, una actriz famosa, ladrones, locos e incluso una bruja. Son personas y escenarios únicos, que parecen imaginarios pero que sin embargo viven en el mundo real. Tal vez por eso el propio autor definió su obra como Literatura de No Ficción.

Música para Camaleones es, en definitiva, la obra literaria de un periodista. Se nota en el uso que hace de distintos estilos literarios como la poesía, la descripción destallada y la metáfora para conseguir describir los escenarios y los personajes que aparecen en su obra. Sabe informar de lo necesario para que la narración funcione, y a la vez es capaz de dejar a nuestra imaginación el resto. Ahí reside, sin duda, buena parte del éxito de la literatura, en la imaginación del lector.