Homenaje.
Sin duda, Matar a un ruiseñor, de la escritora Harpper Lee, es un homenaje a la figura de su padre. No en vano, la historia está basada en las vivencias de la propia autora. Aticus, el padre de la narradora, es un abogado recto y con un elevado sentido de la justicia que se atreve a defender a un hombre de color en una sociedad en la que los prejuicios racistas eran aún muy fuertes. Esta circunstancia marcará de una manera muy profunda la vida de la narradora, Scout, y de su hermano.
Uno de los puntos fuertes del libro es que todo se cuenta desde el punto de vista de una niña. A medida que avanzamos en la lectura, se entremezcla la historia de los adultos (el juicio, las amenazas, la descripción de las miserables vidas que llevaban las clases probres, independientemente de su raza) con las historias de los niños, su curiosidad por un vecino que no sale de su casa, la incompresión de las normas de los mayores (encarnadas por la tía) que buscan que la niña se comporte como una señorita o la vida escolar de la época. Es la niña la que nos explica todo lo que va sucediendo en su mundo. Incluso cuando se trata de temas de adultos (sobre todo lo referente al juicio) es la visión de la niña lo que nos ofrece la autora, aunque esta visión siempre suele estar mediada por las explicaciones de algún adulto sobre lo que está sucediendo.
La historia está narrada de un modo tierno y directo, con frases cortas y que aportan sobre todo información. No hai artificios literarios ni formas rebuscadas en el lenguaje o en el estilo. Si embargo se aprecia cierta evolución, como si la autora quisiera marcar el paso del tiempo entre la niña que empieza a contar la histoira y la que la termina. La narradora evoca una época pasada, pero da la impresión de que quiere dejar constancia de cómo los acontecimientos que narra influyeron en su vida y de algún modo hicieron que Scout pasase de la infacia a la vida adulta. Podemos decir que se trata de una novela de aprendizaje.
Al leer la novela da la impresión de que Harpper Lee tenía una historia que contar. No se trata de una escritora que aprovecha vivencias personales para armar sus obras sino de una persona que quería contar algo y una vez que lo hace no vuelve a escribir. De hecho, esta es la única novela que publicó en 55 años, y solamente unos meses antes de morir, y seguramente debido a gente sin escrúpulos, sería publicada la que se considera por algunos como el borrador inicial de “Matar a un ruiseñor”. Esta circunstancia ha llevado a cuestionar la autoría de la obra, habiendo incluso quien sosprecha que detrás de este libro está Truman Capote ya que eran amigos de la infancia y se sabe que fue este escritor el que la animó a escribir su obra.
Personalmente creo Harper Lee es un ejemplo de escritora honesta, que en lugar de aprovechar la popularidad de su novela, y sobre todo de la adaptación cinematográfica, para seguir escribiendo decide ser sincera consigo misma y reconocer que realmente no tiene más historias que contar. No persigue la fama ni el reconocimiento, simplemente cuenta lo que necesita contar y da por finalizada su carrera literaria.
Como curiosidad apuntaré que murió hace 5 años, el 19 de febrero de 2016. Ese mismo día moría también Umberto Eco, el autor de la novela que más veces he leído.

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