Algunas
veces tengo la certeza de que somos software, las aplicaciones
ejecutables que de algún modo acaban insertadas en estos graciosos
cuerpos (algunos más que otros) que la naturaleza nos ha regalado.
No está claro en qué momento nos hacemos con el control de la
máquina, pero supongo que será una especie de chispazo molecular,
una red neuronal que de pronto toma conciencia de su individualidad,
de su existencia en un lugar y en un tiempo determinado.
Después
todo es acumular experiencias, emociones, sentimientos...
Me
gusta la metáfora de las aplicaciones. Según el programa que
predomine en nosotros seremos creativos, analíticos, honestos,
políticos, introvertidos, sociables y un largo etcétera de
cualidades que nos hacen ser como somos y actuar como actuamos. Puede
ocurrir que tengamos unos programas demasiado avanzados para la
máquina que nos ha tocado, o al revés, que a pesar de que la
naturaleza ha puesto a nuestra disposición un pedazo cuerpo las
aplicaciones están obsoletas y no hay manera.
Las
posibilidades son casi infinitas, aunque el propio concepto de
infinito nos demuestra lo limitados que somos. Pocos son los que
pueden imaginarse un universo sin fin, pero al mismo tiempo es muy
complicado poner un límite y decir que aquí acaba lo que existe y
comienza lo que no existe... y si no existe, qué es? Existe la nada?
Lo
que me pasa últimamente es que estoy retomando el camino espiritual.
Veinticinco años han pasado desde aquellas conversaciones en las que
intentaba explicarle a Iván que hay algo más que física y química,
que llegará el día en el que seamos capaces de ver más allá, o
más acá, y descubrir verdades en lo que ahora solamente son
creencias y percepciones imposibles de demostrar. Hay fuerzas y
energías que no somos capaces de medir, pero que actúan. Yo era
capaz de percibir, de sentir que existe “algo” de lo que formamos
parte sin saberlo, pero dejé de buscar.
Después
me entretuve trabajando, leyendo buena literatura, aprobando
exámenes, estropeando amistades, ganando oposiciones, amando,
descubriendo el milagro de la vida aquí y aquí...
Y
ahora me siento en una etapa vital en la que vuelvo a hacerme
preguntas, pero la novedad es que tengo algunas respuestas. Siento
que las piezas comienzan a encajar, que los años han dejado en mí
algunos aprendizajes que de algún modo me permiten entenderme y
entender lo que me rodea de una manera más clara. Creo, en
definitiva, que mis bases de datos estaban obsoletas y el equipo ha
comenzado la actualización.

