Para entrar en la atmósfera terrestre las naves espaciales y algunos ovnis tienen unos escudos térmicos que protegen el chasis y todas las piezas del calentamiento aerodinámico al que se ven sometidas. Puede parecer extraño que sea necesario proteger algo para entrar en el aire, pero así es. El rozamiento producido por las altas velocidades que alcanzan estas naves es tan fuerte que la temperatura aumenta hasta los 1.500 ºC con gran facilidad. Si esta temperatura se mantuviera demasiado tiempo la forma del vehículo comenzaría a cambiar, los sistemas eléctrónicos fallarían y la tripulación acabaría como aquel pollo que mi madre olvidó sacar del horno en la gloriosa Nochebuena del año 97... pero esa es otra historia.
Hace medio siglo se descubrió que el escudo térmico era más efectivo si ténía forma de plato ya que se incrementa la resistencia y se crea una onda expansiva delante de la nave espacial al chocar con la atmósfera, desviando el calor hacia el exterior. Por este motivo los ovnis tenían, en su mayoría, forma de plato. Ahora se utilizan escudos magnéticos cuyo funcionamiento es un poco más complicado pero que ha permitido que las naves de la NASA penetren en la atmósfera sin perder piezas y que proliferen cada vez más los ovnis triangulares, cuadrados e incluso, por la zona de Galicia, ovnis con forma de vieira.
Pues bien, en estas fechas en las que muchos regresan al trabajo después de unas pequeñas vacaciones se hace cada vez más necesario disponer de un escudo para no sufrir desperfectos irreparables en nuestro estado de ánimo. Cuanto más largo ha sido el periodo de descanso más fuertes son las fricciones y más grande debería ser el escudo. Así, en lugar de forma de plato, el escudo para la reentrada en el puesto de trabajo debiera tener forma de sombrilla, de antena parabólica o incluso de carpa de circo. Y es que el contacto con ciertos elementos laborales puede incluso provocar una desintegración instantánea si no tomamos las precauciones oportunas.



