Mostrando entradas con la etiqueta Irene. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Irene. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de diciembre de 2010

Las chicas son guerreras.

O me dices ahora mismo dónde está Irene o cada vez que te mires en el espejo te acordarás de mí.
La voz del mejicano sonaba a través de la vieja puerta de madera. Mi abuela nos había dicho que la chica vivía en el número 18. También me dijo que era buena moza para mí y me recordó que tenía que ir a pintarle la habitación de invitados. Insistió en que entráramos a tomar un trozo de empanada y un vaso de vino pero Irene le dijo que teníamos un poco de prisa y que era mejor que se metiese de nuevo en su casa.
Como he visto muchas películas de sábado por la tarde al escuchar un par de golpes y las palabras del mejicano me imaginé a Raquel atada a una silla mientras el malo la abofeteaba y la amenazaba con un cuchillo de cocina o una botella rota o un machete de carnicero... A estas alturas ya no me sorprendió ver a Irene con la pistola en una mano mientras con la otra me indicaba que me quedase quieto. La verdad es que no tenía ninguna intención de moverme pero creí oportuno indicarle a Irene que no podría abrir esa puerta de una patada. Se trataba de una puerta maciza de castaño que tenía dos pestillos y que había resisitido los culatazos de los fusiles de los soldados franceses doscientos años antes, cuando quisieron llevarse al tatarabuelo de mi abuela y la taratarabuela comenzó a gritar y a arrojar erizos de castañas por la ventana mientras los hijos de Napoleón gritaban Qu'est ce que c'est? Qu'est ce que c'est? Bueno, esto me lo contaba mi abuelo mientras me enseñaba las muescas en la puerta y en las paredes de la gran casa en la que vivían cuando yo era niño. Después hicieron dos viviendas y alquilaron una de ellas para estudiantes.
Lo que quiero decir es que aquella casa no tenía secretos para mí por eso le indiqué a Irene que era mejor ir por la bodeguilla que había en la parte de atrás. La llave estaba en la maceta de la derecha pero no hizo falta abrir la puerta ya que de pronto la puerta se abrió y un hombre salió con un móvil en una mano y un cigarro en la otra. Era uno de los mejicanos que estaban en el bar de Toño y no pareció sorprenderse demasiado cuando Irene le puso la pistola en la frente indicándole que le diera el móvil.
Estais muertos, nos dijo mientras intentaba llevarse el cigarro a la boca. Y digo intentó porque Irene le propinó un golpe tan fuerte en la cara que el pobre hombre se desplomó sobre el pequeño banco de madera que había debajo de la parra.
Átalo, me ordenó mientras me señalaba la cuerda que sujetaba el cubo de cinc que estaba en el pozo. Aproveché para sacar un poco de agua fresca ya que comenzaba a tener bastante sed y decidí llevarle una poca a Raquel, que no salía de su asombro al verme entrar empujando a un hombre con una mano y sosteniendo en la otro un cubo lleno de agua. Además le había robado el paquete de Malboro al mejicano y tenía un cigarrillo en la boca. Bueno chicas, ¿qué hacemos con este?, pregunté con la mayor naturalidad del mundo y sin despegar el cigarro de los labios. ¿Queréis que le haga hablar?
No te preocupes, me dijo Raquel mientras se refrescaba la cara con un paño mojado, ya sabemos lo que buscaba.

viernes, 22 de octubre de 2010

Las dos bofetadas.

This may not be happening.
This may not be happening.
Además de borracho le ha dado por hablar inglés y durante diez minutos ha estado dándome la murga sobre si esto está sucediento o es simplemente delirium tremens. Por qué no te callas?, le grito mientras intento cruzar la plaza del Obradoiro esquivando a los peregrinos y a los operarios que montán el palco para la actuación de Bieito XVI. Atravesando el casco viejo me he librado temporalmente de los matones de la embajada, pero no tengo claro qué hacer ahora. Sin duda alguien ha dado el chivatazo y para evitar males mayores prefiero traerme al políglota antes de que lo interroguen los narcos. Él es que menos sabe de todo el asunto, y sin embargo sería el más perjudicado si lo atrapan. Y bastante perjudicado va el pobre. Entre el alcohol y los disparos debe estar sufriendo una especie de ataque nervioso que se manifiesta en la repetición de la misma frase varias veces, pero por qué demonios habla en inglés?
Y dónde está Raquel? Debo encontrarla antes de que lo hagan ellos.
Dónde está la calle Milagros?, le pregunto. La calle Milagros, la calle Milagros, me responde.
Si, la calle Milagros, donde vive Raquel.
Dónde vive Raquel, donde vive Raquel...
Raquel vive en la calle Milagros?
A estas alturas yo ya estoy familiarizada con esta costumbre local de reponder con preguntas por lo que decido emplear un método más contundente. Bofetada para la derecha, bofetada para la izquierda...
La calle Milagros, ostias!
No conozco a ninguna Milagros, me dice antes de ponerse a cantar una canción muy extraña.
Sin duda, debí dejar a este tipo con los dos rusos y el mejicano que quedaba con vida.

viernes, 25 de junio de 2010

Las dudas de Irene

El sobre estaba encima de la mesa. Instintivamente metí la mano en el bolsillo interior de la cazadora. Mi seguro de vida continuaba allí, aunque a estas alturas no podría asegurar si las fotos y los documentos servirían para salvarme o iban a significar mi perdición. Todo había sido una locura desde el principio. Ahora mismo no puedo decir en qué momento comencé a implicarme en asuntos que siempre me habían importado más bien poco. Digámoslo claro, siempre he sido una persona concupiscente. Ganarme mi dinero para pagarme mis vicios. No aspiraba a nada más. Sólo tenemos una vida y lo único que podemos decidir es cómo vivirla. Nunca he tenido grandes pretensiones ni inquietudes, y por mi cabeza no pasaba involucrarme en ningún tipo de cruzada contra las injusticias o contra los malvados. Por eso me resulta tan difícil saber por qué un buen día me dejé convencer por Raquel para buscar en la embajada aquellos documentos. Tal vez la sensación de peligro, el subidón que nos provoca el sabernos sobrepasando ciertos límites. O simplemente fue para asombrar a aquella morena recién llegada a México, con su cara angelical y su ingenua creencia en que en el mundo acaban ganando los buenos. Te puedo asegurar que ese tipo es cualquier cosa menos solidario, le dije con ese tono típico de los que están de vuelta de todo. Aquel rollo de persona enterada, con un trabajo peculiar y con muchas anécdotas que contar siempre me había servido para llevarme a la cama a universitarias ansiosas de descubrir cómo funciona el mundo. Pero Raquel fue diferente, Raquel no quería saber, quería actuar. Y el lugar de acabar en la cama con ella me encuentro en un bar cutre, en una ciudad extraña, hermosa y fea a un tiempo, a un tiempo apetecida y detestada cual ser que nos atrae y nos desdeña. Esperando a que vengan a buscarme y con un sobre encima de la mesa que al final decido abrir para descubrir que el asunto parece mucho más complicado de lo que yo creía.

domingo, 20 de junio de 2010

El sobre de Irene.

Un tono. Dos tonos. Un tono. Esta era la señal convenida. Sabía perfectamente que no tenía tiempo que perder. Rápidamente metí toda mi ropa en la mochila, guardé el sobre en el bolsillo interior de la cazadora de cuero y me puse las gafas para salir a la calle. Sabía perfectamente a dónde tenía que ir y por quien tenía que preguntar. Si en una hora no venían a recogerme tendría que huir y buscarme la vida sola. Lo que no esperaba era aquel encuentro. La verdad es que lamentaba un poco no haberle dicho una sola palabra en todas estas semanas, pero era mejor así. Cuanto menos supiese de mí sería mejor para él. El problema es que ahora estaba apoyado en la barra del bar y tarde o temprano se daría cuenta de mi presencia. Las instrucciones eran claras y precisas. Simplemente debía decir que venía de parte de Raquel a buscar un paquete. Al poco rato tenía delante de mí un gran sobre acolchado con un número de teléfono anotado a lápiz. Después de llamar decido pedir un café y sentarme en la mesa más cercana a la puerta. Él seguía allí, mirándome con una extraña expresión en la cara y comencé a pensar que no me había reconocido. Al fin y al cabo nunca había oído mi voz ni me había visto con gafas.

martes, 25 de mayo de 2010

Raquel e Irene.

Llego a casa y me encuentro en el salón a un montón de panolis intentando cambiar el mundo. Son de la ONG de Raquel y están tratando, entre otros, el tema de Irene. A mi me da bastante igual lo que hagan, y de un tiempo a esta parte incluso me he acostumbrado a la presencia de una rusa en mi casa, pero es que cuando están de reunión se ponen muy pesados con eso de la solidaridad. Desde que Hilario está metido en estas movidas hacen las reuniones en mi casa, y se traen folletos y revistas y algunos informes que ponen de manifiesto lo malas que son las multinacionales y lo corruptos que son los gobiernos. Son jóvenes e ingenuos, tienen cuatro ideas aprendidas y las defienden como si por el simple hecho de denunciar a los opresores y defender a los oprimidos fuese a cambiar las implacables leyes del mercado. Supongo que la mayoría son universitarios que no tienen que preocuparse por pagarse la matrícula ni los libros y pueden preocuparse por los derechos de los indígenas. Obviamente, Hilario no encaja en este grupo, pero cada vez estoy más convencido de que lo hace por Raquel y no por Irene. Según me contaron, Irene tuvo que huir de su país hace unos meses y se puso en contacto con la ONG para asesorarse sobre cómo podría regular su situación en nuestro país. Como no tiene papeles no puede trabajar y Hilario se ofreció a acogerla hasta que se resolviera su situación legal. Sinceramente, esta historia me parece muy poco creíble.

viernes, 14 de mayo de 2010

Irene.

Yo no conozco a ninguna rusa, pero me da la impresión de que Irene no es rusa. Tiene unos preciosos ojos grises y es rubia, alta y de piel blanca pero no me parece rusa. Cuando le pregunto de dónde es se echa a reír, sobre todo si le digo con mi inglés de EGB “Wer doyu confron”. Supongo que si es rusa no tiene porqué saber inglés, y es posible que mi pronunciación no facilite las cosas. Pero casi estoy seguro de que Irene no es rusa. Tampoco parece una persona recién llegada a nuestro país ya que tiene ciertas preferencias que demuestran un conocimiento que no se adquiere en un par de días. De este modo prefiere ver el telediario de Antena 3 y por las tardes, a eso de las ocho, pone el pasapalabra. Y digo yo que si fuese rusa y recién llegada un concurso en el que hay que demostrar un gran conocimiento del españo le sonaría a chino. Por eso tengo la sensación de que Irene entiende perfectamente lo que decimos y que tiene una gran capacidad para el disimulo. Lo que ya no tengo tan claro es cuanto tiempo va a seguir viviendo con nosotros. No es que me moleste, al fin y al cabo yo también era bastante aficionado al pasapalabra, pero con ella en casa me resulta muy difícil decirle al Hilario que se largue de una vez. No es que me crea lo de la ONG, pero de algún modo tengo la impresión de que Irene necesita ayuda.