jueves, 25 de febrero de 2021

Matar a un ruiseñor. Harper Lee.

 






Homenaje.

Sin duda, Matar a un ruiseñor, de la escritora Harpper Lee, es un homenaje a la figura de su padre. No en vano, la historia está basada en las vivencias de la propia autora. Aticus, el padre de la narradora, es un abogado recto y con un elevado sentido de la justicia que se atreve a defender a un hombre de color en una sociedad en la que los prejuicios racistas eran aún muy fuertes. Esta circunstancia marcará de una manera muy profunda la vida de la narradora, Scout, y de su hermano.

Uno de los puntos fuertes del libro es que todo se cuenta desde el punto de vista de una niña. A medida que avanzamos en la lectura, se entremezcla la historia de los adultos (el juicio, las amenazas, la descripción de las miserables vidas que llevaban las clases probres, independientemente de su raza) con las historias de los niños, su curiosidad por un vecino que no sale de su casa, la incompresión de las normas de los mayores (encarnadas por la tía) que buscan que la niña se comporte como una señorita o la vida escolar de la época. Es la niña la que nos explica todo lo que va sucediendo en su mundo. Incluso cuando se trata de temas de adultos (sobre todo lo referente al juicio) es la visión de la niña lo que nos ofrece la autora, aunque esta visión siempre suele estar mediada por las explicaciones de algún adulto sobre lo que está sucediendo.

La historia está narrada de un modo tierno y directo, con frases cortas y que aportan sobre todo información. No hai artificios literarios ni formas rebuscadas en el lenguaje o en el estilo. Si embargo se aprecia cierta evolución, como si la autora quisiera marcar el paso del tiempo entre la niña que empieza a contar la histoira y la que la termina. La narradora evoca una época pasada, pero da la impresión de que quiere dejar constancia de cómo los acontecimientos que narra influyeron en su vida y de algún modo hicieron que Scout pasase de la infacia a la vida adulta. Podemos decir que se trata de una novela de aprendizaje.

Al leer la novela da la impresión de que Harpper Lee tenía una historia que contar. No se trata de una escritora que aprovecha vivencias personales para armar sus obras sino de una persona que quería contar algo y una vez que lo hace no vuelve a escribir. De hecho, esta es la única novela que publicó en 55 años, y solamente unos meses antes de morir, y seguramente debido a gente sin escrúpulos, sería publicada la que se considera por algunos como el borrador inicial de “Matar a un ruiseñor”. Esta circunstancia ha llevado a cuestionar la autoría de la obra, habiendo incluso quien sosprecha que detrás de este libro está Truman Capote ya que eran amigos de la infancia y se sabe que fue este escritor el que la animó a escribir su obra.

Personalmente creo Harper Lee es un ejemplo de escritora honesta, que en lugar de aprovechar la popularidad de su novela, y sobre todo de la adaptación cinematográfica, para seguir escribiendo decide ser sincera consigo misma y reconocer que realmente no tiene más historias que contar. No persigue la fama ni el reconocimiento, simplemente cuenta lo que necesita contar y da por finalizada su carrera literaria.

Como curiosidad apuntaré que murió hace 5 años, el 19 de febrero de 2016. Ese mismo día moría también Umberto Eco, el autor de la novela que más veces he leído.


viernes, 19 de febrero de 2021

Ser así.

 


Hay veces en las que nos sentimos queridos. Un gesto, una llamada o que te traigan una bandeja de "orellas" a casa. Hai días en los que todo nos parece bueno, y la humanidad es un lugar agradable en el que la búsqueda de la felicidad es un camino fácil. 

Hay pequeñas frases que nos hacen sentir bien, palabras acariciantes que encierran una inmensa carga de cariño y complicidad. Y es que en realidad no hacen falta grandes discursos ni malabarismos verbales para decir las cosas importantes. 

Y es que a veces un simple "gracias" puede significar mucho, pero que te digan "gracias a ti, por ser así" no solamente dice algo bueno de tí, sino también de quien demuestra que te conoce y te comprende. En este gran teatro de piedra y sal en el que nos ha tocado vivir necesitamos que de vez en cuando nuestros semejantes nos vean y nos entiendan, y también que nos lo digan. 

Al fin, no dejamos de ser minúsculos pedazos de vida errante buscando encajar con otros pedazos de vida afines. 

Y en el espacio exterior hace tanto frío...



jueves, 4 de febrero de 2021

Sueños




Soñé con la boda de un amigo. 

Soñé con los amigos de la infancia, con aquellos niños que compartiamos la calle, los prados donde jugábamos, los árboles en los que construíamos cabañas. 

Soñé con la boda de mi amigo, la fiesta no celebrada, las risas y la charla que sin yo saberlo tanto necesitaba. Lamento ahora haber sido tantas veces ese amigo tristón y enfadadizo, esa persona gris que para ser feliz necesitaba que las cosas no tuviesen peros, cuando raramente la realidad es plena e incuestionable. Siempre hay una incongruencia, una frase que sobra, una pregunta que falta. Y yo siempre me fijaba más en las pequeñas ofensas diarias que en las grandes alegrías y las grandes amistades que la vida me fue poniendo en el camino.

Soñé con la celebración y con la fraternidad de la adolescencia, con el deseo de estar con los nuestros, con la alegría de la tarde que se consumía alrededor de una mesa contando mil historias que ya no recuerdo. Y me sentí feliz y relajado, y al despertarme pensé que tal vez incluso para mi, que soy bastante introvertido, esta ausencia de contacto social se está haciendo demasiado larga. Yo, que durante años he descuidado totalmente a mis amistades, descubro que comienzo a necesitar algo más que un mensaje de texto o un emoticono en el teléfono. 

Tal vez la crisis de la mediana edad, sabiéndome ya en el camino de vuelta, me hace pensar en los viejos tiempos, en las noches perdidas que ya no volverán, en los momentos de amistad que se fueron con el viento como las canciones de aquel concierto.