viernes, 23 de abril de 2010

La única manera de celebrar el Día del libro es leyendo un buen libro. Yo he leído algunos que me han parecido buenos, pero como tengo ciertos problemas de autoestima no estoy seguro de que mi criterio sea tan importante como para hacer una recomendación a nadie. Además en la lectura también inflúye el estado de ánimo, por lo que lo único que se ocurre es desearos que tengais un buen día del libro y muchas ganas de ler.

jueves, 15 de abril de 2010

Planteémonos la vida como si todo comenzase hoy. Que el pasado simplemente sea algo anecdótico, una fuente de la que sacar ideas, experiencias y sobre todo buenos recuerdos. Utilicemos los malos tragos para reafirmarnos, para sentir que hemos superado los problemas que han surgido en el camino y que podremos afrontar los que puedan aparecer. Hagamos planes a largo plazo, pensemos en todo lo que nos queda por vivir y tengamos el ánimo suficiente para comenzar en este preciso momento, ahora. El ayer no existe y si han quedado secuelas del pasado enfoquémoslas como si fuesen algo tan inevitable como ese edificio que nos impide ver el mar. De nada sirve perder el tiempo buscando soluciones a lo que ya ha sucedido o imaginando que las cosas serían diferentes si hubiésemos hecho esto o aquello. Concentremos todo nuestro esfuerzo y nuestra ilusión en lo que ahora mismo está sucediendo. Y si descubrimos que hay algunas cosas ya iniciadas sintámonos personas afortunadas. Sólo tendremos que preocuparnos por terminarlas y buscar nuevos proyectos.
A veces es sencillo sentirse bien. Compartir un día campestre con personas queridas a orillas de un río. Conversación que surge espontánea, que va derivando hacia distintos temas sin que nadie se preocupe por lo que dice o por lo que prefiere callar pues la confianza que dan los años hace que no haya malentendidos, que todo sea más fácil de entender. Regresar cansado a casa y dormir de un tirón y al día siguiente tener la certeza de que en la memoria ya tenemos guardado un recuerdo hermoso al que podemos recurrir cuando las cosas no sean tan fáciles. Y descubrir que a veces basta con volver a esos recuerdos para sentirnos bien, para tener la agradable sensación de que en nuestra vida no todo es rutina y trabajo. Para descubrir que lo realmente importante es aquello que hacemos cuando simplemente dejamos pasar las horas sintiéndonos en compañía.

jueves, 8 de abril de 2010

Botas en el suelo

No recordaba que Hilario vivía en mi casa hasta que a las siete de la mañana tropecé con las botas que había dejado en el pasillo. Desde la noche de las presencias deja su calzado fuera de su habitación, para que no se enrarezca el aire, me dijo, pero no se le ocurre comprar unas plantillas ni cambiar los calcetines de vez en cuando. Al entrar en el cuarto de baño estaba comenzando a sentirme molesto, pero de pronto me sorprendí al descubrir en el suelo una blusa y una minifalda negra que obviamente no eran mías ni de Hilario. El muy perro se había traído a casa a la morena con la que estaba tonteando en el bar, cuando yo me vine para casa y él se quedó porque yo trabajo y el vive de gorrón en mi piso sin dar palo. Como venganza decido ponerme a cantar en la ducha pero de pronto se acaba el agua caliente y decido callarme. Comprendí entonces esa expresión que dice que la venganza se sirve en plato frío. Me paso toda la mañana pensando en todo lo que le voy a decir a Hilario para que se largue de una vez, pero al llegar a casa me quedo mudo cuando Hilario me pregunta si me importa que Irene se quede unos días en “nuestro piso”. Me explica que es rusa y que está en una situación complicada, pero que en unas semanas todo se resolverá y se irá. Supongo que confundió mi cara de perplejidad con un asentimiento y sin más dijo que tenía que salir y que no me molestara en hacerle nada de comer, que ya se tomaría un bocata en el bar de Toño.

miércoles, 7 de abril de 2010

Otro mes en Mar de Beaufort. No está mal para un principiante, o eso creo yo. Cierto que no recibo demasiadas visitas pero eso puede ser normal teniendo en cuenta que nadie que yo conozca conoce la existencia de este sitio. Podría ser un problema que Hilario se enterase de que incluso tiene un apartado propio. Me sorprende a veces el desparpajo con el que otros hablan de sus vidas y de sus conocidos en otros desiertos que a veces visito. Son lugares anónimos para mí, pero seguramente siempre hay alguien que nos conoce, que sabe quien somos y de quien hablamos. Como se suele decir, al final todo se sabe.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Fantasmas

A las dos de la madrugada Hilario se presenta en mi habitación diciéndome que sentía una presencia, que estaba escuchando la radio cuando sintió una extraña sensación de frío y tuvo la certeza de que lo estaban observando. Debo decir que Hilario lleva tres días viviendo en mi casa porque su novia lo echó del piso. Y yo llevo tres noches sin dormir porque no estoy acostumbrado a esos espantosos ronquidos al otro lado del tabique. Mi desgracia es tener una habitación libre y vivir sólo. O esa comenzó a ser mi desgracia cuando dejé de vivir sólo y de tener una habitación libre. Lo primero que le digo es que la única presencia extraña que hay en casa es la suya, y que si tiene frío que ponga una manta más en la cama, pero ante su insistencia lo acompaño a la habitación y aparte del nauseabundo olor a pies que desprenden sus botas no percibo ningún fenómeno paranormal. Le digo que ha visto demasiadas películas y que probablemente ha tenido una pesadilla. Le indico en qué armario están las mantas y me vuelvo a mi habitación. Pero nada más meterme en cama comienzo a notar un frío extraño en la espalda y al intentar taparme un poco más escucho un susurro debajo de la cama y sin darme cuenta ya estaba en la habitación de Hilario diciéndole que había algo extraño en mi habitación. Socarronamente me dice que probablemente la presencia aprovechó para irse a mi habitación, que sin duda es más calentita que la suya y yo le hago notar que lo más probable es que el cambio sea debido a sus botas, y no al frío. Me interrogó con la mirada y comencé a comprender a su ex-novia. Y aunque no soy demasiado aprensivo debo decir que esta noche dormí en el sofá.

lunes, 29 de marzo de 2010

Apaguemos la luz.

Estábamos en el bar y decidimos apagar la luz. Como el tabernero es de confianza y los clientes éramos los de siempre comenzamos a hablar del tema y decidimos por unanimidad unirnos a la campaña esa por el planeta. Bien, todos estuvimos de acuerdo menos Hilario, claro. Comenzó a decir que eso era una tontería y además un local público no podía apagar las luces mientras estuviese abierto. Pero como el bar es de Toño dijo que apagaba y apagó. Iniciamos así una de esas discusiones en las que comenzamos a mezclar temas y al final salen a relucir casos particulares que tendemos a considerar generalidades. Razonaba Hilario el que paga tiene derecho a consumir lo que le dé la gana, que estaba cansado de que el gobierno le diga lo que tiene que hacer, que ahorre agua, que recicle, que use bombillas de bajo consumo. Comentaba convencido que él regaba su jardincillo dejando la manguera en el suelo durante un par de horas y que ni se le ocurría separar la basura de su casa, que para algo paga un impuesto por la recogida. Para Hilario la vida en sociedad es como un mercado en el que lo importante es lo que puedas consumir y de nada sirvió intentar convencerle de que a veces nos creamos necesidades inexistentes para permitirnos caprichos que no aportan nada a nuestro bienestar. Replicó que él con su dinero hacía lo que le daba la gana, que nadie le iba a decir en que gastarlo y que iba a permitirse los caprichos que quisiera mientras pudiera pagarlo. Y como Hilario es uno de esos tipos que se crecen cuando tienen a todo el mundo en contra decidimos ser inteligentes y zanjamos la cuestión diciéndole que si todo se reducía a pagar, que pagara una ronda para todos.