martes, 7 de febrero de 2023

Madame Bovary. Gustave Flaubert

 


Polémica.

Algunas booktubers han dicho que Flaubert les decepcionó un poquito, que su estilo se volvía algo farragoso, que la trama era insípida e incluso hubo quien dijo, como si fuese motivo de orgullo, que no habían podido acabar de leer Madame Bovary.

Yo es que flipo mucho, la verdad. Ni soy crítico literario ni me gano la vida con la literatura. Mis lecturas son algo escasas para la edad que tengo, y sobre todo muy anárquicas y sin sentido a veces. Es más, a veces ni recuerdo ni lo que he leído, y debo confesar que como todo el mundo he leído también algo de morralla editorial.

Pero que una persona que tiene un canal sobre literatura y que se dedica a hablar de libros diga que lo de Flaubert está algo sobrevalorado pues tiene delito. Comprendo que el hecho de tener miles de seguidores puede hacernos perder el norte, situarnos en un mundo irreal, igual que le pasa a Emma Bovary con el mundo de lujo y placer al que cree tener derecho. Comprendo tambien que a cada uno le gusta un tipo de literatura, y que incluso el Gustave te puede caer mal y decidir que pasas completamente de leer a este francés. Incluso puedes pensar que los premios Planeta son literatura, y no pasa nada. Pero cuestionar la calidad literaria de Flaubert roza un poco la vil provocación o la ignorancia.

No es necesario saber que la publicación de la novela fue muy polémica, incluyendo un juicio a su autor y a su editor por considerar que la historia de esa mujer atentaba contra la moral y las costumbres de la época. Tampoco es necesario entender que con esta obra Flaubert rompió con lo que se escribía en la época e inauguró una nueva etapa en la literatura universal. Incluso podemos disfrutar de la novela sin plantearnos quien demonios nos la está contando, aunque el comienzo de la misma, con ese narrador coral en primera persona del plurarl era un hecho nunca visto en la época, y aún ahora es un recurso muy delicado que requiere una gran maestría para que quede bien. Sobre todo teniendo en cuenta que a lo largo de la novela va cambiando la voz del narrador consiguiendo que veamos la historia desde distintos puntos de vista, pero siempre focalizado de manera exhaustiva en Emma.

Madame Bovary es una de esas novelas que son imprescindibles, necesarias. El estilo de Flaubert es tan rico en matices, tan cuidado y tan genial que te puede contar lo que le venga en gana. Poco importa aquí la trama y el suspense, que haya o no haya giros inesperados, que consiga atrapar al lector. Todas esas chorradas de los talleres literarios son para los contadores de historias y los creadores de series de televisión. Gustave va de otro rollo, pura literatura que vas leyendo por el simple placer de ler, por la perfecta sucesión de párrafos, por el encadenamiento perfecto de una frase tras otra frase. Son obras literarias tan sublimes que incluso son geniales en las traducciones y que exigen, sin duda, que la persona que las traduce sea también un poco poeta, que conozca no solamente la lengua original sino también, y mucho, la lengua a la que se está traduciendo.

Madame Bovary nos cuenta la historia de una mujer atrapada en una vida que no desea, de unas aspiraciones truncadas, de una infelicidad. La grandeza de esta novela no está en las circunstancias concretas sino que, como ocurre con toda la Literatura, nos habla de arquetipos universales, de sentimientos y deseos que se repiten a lo largo de las épocas y de los lugares y que cientos de años después aún nos conmueven, aún sentimos que también nosotros somos, en algún momento de nuestras vidas, Emma deseando lo que no puede tener; o Ismael embarcado en una venganza que poco tiene que ver con el; o Phillip con sus grandes esperanzas cumplidas de un modo azaroso; o el amado Odiseo, regresando a casa tan tarde y tan perjudicado que solamente el perro lo reconoce.

En fin, no hace falta decir que es uno de esos libros que hay que leer, aunque pueda suponer un pequeño esfuerzo. Es uno de los clásicos imprescindibles que generación tras generación sigue siendo apreciado y reconocido como pura Literatura. Aunque a alguna booktuber se le haga bola y diga que no lo pilla.



lunes, 6 de febrero de 2023

La Fiesta (IV)

 


La fiesta (I).


(IV)

Lo primero que supo al llegar a la Reunión Anual fue que comenzaba su Periodo de Organización y Mantenimiento. Ripley apenas podía contener su alegría y era incapaz de disimular su entusiasmo cuando la Supervisora Jefa Cairme se dirigió a ella diciéndole que al final del día no volvería a su área de reposo sino que tendría que presentarse en la zona operativa para integrarse en los distintos equipos de trabajo.

Sabía que a lo largo del próximo año estaría con él, y durante ese día de reunión casi no se vieron. Tiempo tendrían durante los próximos meses para hablarse y conocerse mejor. Aprovechó la jornada para estar con los suyos, con las familias de la área de reposo a la que pertenecía. Sabían que los elegidos para la POM pertenecían a distintas áreas pues se intentaba que en cada turno estuvieran representadas las distintas áreas en las que se dividía la zona de reposo, aunque en realidad nadie llegaba a desarrollar un vínculo de pertenencia a su área específica. Al fin y al cabo, allí se pasaban todo el tiempo en letargo. Cierto es que con el paso de los años se acostumbraban a ver los mismos rostros al despertarse y al meterse en las cápsulas de letargo, y en el trayecto hacia la gran sala para la reunión Anual siempre había quien comentaba sus experiencias o exponía sus deseos y sus esperanzas. Ripley no era de las que más hablaban, pero aquel día, tal vez porque todos sabían que había sido elegida para su POM o porque ella misma estaba más emocionada de lo que pensaba, no paró de conversar con unos y con otros, incluso con personas a las que no recordaba haber visto nunca. Al final estaba agotada de tanto hablar, sentía la boca seca y un extraño hormigueo en las mandíbulas. Se despidió de sus hermanas y les prometió que para la siguiente Reunión Anual les daría un informe detallado sobre como era la vida diaria en la nave. También a ellas les tocaría algún día quedarse despiertas y el sentimiento de curiosidad era inevitable.

Los grupos comenzaron a deshacerse a medida que las luces de la cúpula poco a poco se tornaban violetas. Algunos se despedían entre lágrimas, otras aprovechaban los últimos minutos de la Reunión Anual para abrazarse, darse ánimos o recordar que el tiempo durante la fase de letargo pasa como un suspiro. Ninguno recordaría nada hasta la próxima Reunión Anual. La mayoría eran conscientes de esto, y se despedían con un simple adiós, o un apretón de manos. Nos vemos mañana, decían entre risas. Sin embargo las despedidas de aquellos que se quedaban despiertos solían ser más sentidas.

Ripley contemplaba desde el centro de la cúpula como la sala se oscurecía mientras que los últimos rezagados corrían de un lado a otro intentando despedirse de todos aquellos a los que les tocaba iniciar su fase POM. Sabían que a partir de ahora la intensidad de la luz iría descendiendo hasta que de la cúpula no quedase nada y la única luz serían los pequeños pilotos que indicaban los caminos hacia las zonas de letargo. Sabían también que el procedimiento de letargo no admitía demoras. Como si del viejo cuento de cenicienta se tratase, cada hombre y cada mujer, cada niño y niña de aquella nave tenían que estar en las zonas de reposo a la hora exacta. Las cápsulas se cerraban todas a la vez exactamente noventa segundos después de que los compartimentos estuvieran herméticamente sellados, y eran pocos los que cuando esto ocurría no estuvieran ya en los lugares que tenían asignados desde siempre.

Pero para Ripley todo era novedad esta vez. Aguardaba con el resto del grupo algún tipo de indicación. Sabía que lo primero eran las presentaciones y la asignación a los grupos de trabajo. Todos harían de todo por lo que no importaba por donde empezaran. La idea básica, lo único que realmente importaba era que ante un imprevisto cualquiera de los que en ese momentos estaban cumpliendo su POM pudiesen responder con un mínimo de seguridad. En todos los años que dura esta misión nunca ha habido ningún tipo de contratiempo, les explicaba la Supervisora Jefa Cairme, y confiamos en que esto siga siendo así. Pero es necesario que entendáis lo importante que es que todos y cada uno de vosotros asumáis vuestras responsabilidades como si nuestro destino dependiera de ello. Por muy insignificante que os parezca la tarea que estáis haciendo, pensad que es imprescindible para que todo funcione, y que el reto al que nos enfrentamos requiere que todo funcione a la perfección para alcanzar nuestro objetivo. Se os pide la excelencia, la perfección. A los que empezáis hoy vuestro POM se os exige que seáis las mejores alumnas y alumnos. Los que ya lleváis un tiempo estáis obligados a ser los mejores maestros. Solamente así nuestra misión tendrá éxito.

Durante las primeras semanas Ripley trabajó en los hangares inferiores. El tamaño de aquella nave era impresionante. Era algo en lo que nunca antes había pensado. De hecho, ni siquiera se había planteado cuantas personas viajaban con ella. Ahora, después de pasar días enteros revisando los anclajes de las pequeñas naves auxiliares, probando motores y asegurándose de que todos los módulos de supervivencia estaban en perfectas condiciones comprendía la envergadura de aquella misión. En los almacenes de carga había todo lo necesario para construir las bases en las que se asentarían al llegar. La idea era formar distintos núcleos según las condiciones del terreno que se encontrasen. Nada se había dejado al azar.

Con el paso de los días, Ripley comenzó a desesperarse. Había pensado que coincidir con el muchacho haría que todo fuese más fácil, más agradable y se descubría realizando jornadas de más de doce horas de trabajo exigente y agotador. Algunas veces se sentía tan exhausta que apenas se podía mantener despierta en la sala de reuniones en la que todos los que permanecían despiertos compartían anécdotas y anhelos. El la consolaba diciéndole que al principio era duro, que costaba acostumbrarse al ritmo frenético y que además le había tocado comenzar por las tareas más aburridas. Cuando tuviese que formarse en pilotaje y manejo de maquinaria los días serían más divertidos.

Y así fue. Durante el quinto mes inició su formación en los simuladores. Siguiendo la lógica de que todos tenían que saber de todo, durante el primer año de la POM aprendían lo necesario para manejar las distintas naves y máquinas que tendrían que emplear cuando llegasen a su destino. Los días eran divertidos, sobre todo teniendo en cuenta que fue durante esta etapa cuando por fin coincidió con el muchacho. Era uno de los monitores encargados de la instrucción de vuelo. No sabía como disimular su emoción cuando lo vio aparecer en la área de simuladores.

Su aspecto era totalmente distinto. Ya no era aquel chico dulce y esquivo que recordaba de las reuniones anuales en las que se buscaban con la mirada. Ahora parecía más adulto, con la mirada segura y penetrante de aquellos que saben hacia donde caminan. Ella lo saludó con disimulo pero el, sin ningún reparo, se acercó a ella y la saludó cariñosamente, preguntándole si estaba preparada para divertirse.

Inició su clase explicándoles que los simuladores estaban preparados para recrear una gran variedad de condiciones geológicas y atmosféricas. El destino final de la misión no estaba definido y tendrían que saber reaccionar ante distintos tipos escenarios.

domingo, 5 de febrero de 2023

Restos

 





Daquelas riadas veñen estes restos, árbores enteiras que van quedando nas marxes dos ríos e nos arcos das pontes. Daquelas augas que non parecían ter acomodo e daqueles fangos invadíndoo todo quedaron herbas aplastadas e pequenas madeiras arrastradas dun lado para outro. 

E sen embargo todo parece máis limpo, rareado, como se a forza e a violencia da enchente fose necesaria para manter o equilibrio, para eliminar o innecesario e o que pode supor un atranco para a vida.

Se lle cadra son necesarios desbordamentos de cando en vez. Pode que tamén nós precisemos sairnos do camiño esperable e deixarnos arrastrar por momentos de rabia e contundencia  para tirar das nosas vidas aquilo que xa non aporta nada.

Só así podemos volver a fluír, deixando nas marxes todo o que non nos permite avanzar. 


viernes, 3 de febrero de 2023

La pereza de los viernes.

 



No sabía si era un fallo en su cableado interno o le pasaba a todo el mundo, pero desde que sonaba el clic del despertador tenía que dejar pasar unos minutos antes de poder pensar en algo. Su mente era al principio una maraña de pensamientos confusos, retazos de sueños incoherentes y la extraña sensación de tener algo que hacer pero no recordar de que se trataba.


Comenzaba estirando las piernas, comprobando que su cuerpo seguía funcionando, sin atreverse aún a abrir los ojos, sin poder siquiera pensar en levantarse. Sabía que eran solamente unos minutos, que una vez consiguiese ponerse en pie todo iría mejor, se sentiría plenamente enchufado y con ganas de hacer cosos, pero esa pereza inicial levantaba un muro terrible entre ella y el día. Era lo único que la diferenciaba del resto de sus compañeras, capaces todas de levantarse al segundo de escuchar la maldita alarma que anunciaba un nuevo día.


Y los viernes eran el peor día, aunque esto, analizado con detenimiento, resultase totalmente ilógico. Dentro de unas horas estaría en su área de trabajo y no quedaría ni rastro de esta falta de voluntad, de esta relajación infinita. Sabía que a sus compañeros, hombres y mujeres, les encantaban los viernes, que las conversaciones eran más animadas que cualquier otro día, planeando el fin de semana, hablando de sitios a los que ir a tomar algo o de lugares que visitar para aprovechar los días de sol que estaban marcados en el calendario desde comienzos de año. Los viernes eran la antesala de esas horas que servían para desentumecerse después de una semana de duro trabajo. Era el momento de depurar las malas conexiones y resetear el sistema.


Pero aún así, levantarse de la cama era especialmente duro para ella. Arrastrar un pie y después una pierna hasta el borde de la cama; negociar con el resto del cuerpo el momento de incorporarse lateralmente para poder salir de la cama sin más demoras que las estrictamente necesarias. Mirar alrededor y comprobar que todas sus compañeras estaban ya en marcha y operando a pleno rendimiento. Así día tras día, y especialmente los viernes. Como si la sobrecarga de toda la semana fuese pesándole más de la cuenta.


Tal vez aquel viernes había tardado un poco más que de costumbre el levantarse, tal vez sus ralentizadas rutinas internas habían hecho saltar algún tipo de alarme imperceptible o como tantos otros aparatos electrónicos tenía activado un protocolo de obsolescencia programada, pero lo cierto es que lo último que quedó grabado en su memoria de silicio fue la conversación de los técnicos de la corporación afirmando que ya era casual que estas unidades siempre cascaran los viernes. 




jueves, 2 de febrero de 2023

Cafés

 


Nada más grato que te saluden por el nombre cuando entras en la cafetería y te pongan lo de siempre. Es agradable sentir que estás en un lugar familiar, sobre todo para un tipo como yo, tan poco dado a salirme de mi zona de confort, que además es muy chiquita la pobre. 

Pero caminando hoy de vuelta a casa y dudando si entrar o no entrar a tomarme un café en cualquier sitio me dio por pensar en todos los cafés que nos tomamos en lugares inusuales, en cafeterías a las que no volveremos, áreas de servicio, estaciones de autobuses, hospitales o tanatorios.

Me vinieron a la cabeza los cafés clandestinos de mi época de jardinero, escapando un poco de la lluvia o del frío, buscando una cafetería algo discreta, pero con ventanales que nos permitieran ver la eventual llegada del encargado antes de que él nos viera a nosotros. Recordé lo agradable que era entrar a tomar un café cuando no tocaba, o encontrarte con alguna persona que hace tiempo que no ves y acabar conversando durante dos horas en una cafetería cualquiera. O los cafés para no dormirse en la academia, después de las siete horas de trabajo; o los cafés y las conversaciones de la época de estudiante; o mi café solitario de los domingos, escribiendo siempre mi diario; o el café con mi amigo después de ir a aquella tienda de viejo, explicándonos los motivos y las razones para comprar los libros que habíamos comprado. 

Algo tienen los cafés que nos reconfortan y nos hacen sentir vivos. Ya sea acompañados o en solitario, tomar un café suele ser algo así como hacer un alto en el camino, una parada para descansar y coger fuerzas, a veces incluso para reflexionar y decidir cual es el próximo paso que debemos dar. A veces simplemente entrar en la siguiente cafetería y esperar. 

miércoles, 1 de febrero de 2023

Soledades (II)

 


Volaron rápidas las nubes y aunque algún día estuvimos solos llegan ya los días de las risas y los sueños.

Volaron las últimas aves invernales buscando nuevos verdes tras el deshielo,

desaparecieron en las atlánticas borrascas

los pesados restos de la dura travesía,

miedo y duda

rabia y desesperación

tristeza, agonía, abandono

Y al final todo es nada

y tendremos que volver a inventarnos.

Y de las soledades de otro tiempo brotará la compañía

y las palabras no escuchadas serán mil semillas

volando a través de los días que nos queden por vivir. 

Pasarán de nuevo los amarillos de febrero y los verdes de abril

el rojo y el silbido seco del verano

los mil marrones del otoño

pero hay flores que solamente brotan una vez

amor

y cada noche daré las gracias por haberlas visto crecer a tu lado.