domingo, 22 de enero de 2023

La fiesta (II)

 





La fiesta (I).

(II)

Al encontrarse en la siguiente Reunión Anual, Ripley no pudo evitar sentir cierta decepción. Intentó mostrarse alegre y feliz, pero lo cierto es que cuando volvió a ver al muchacho algo había cambiado. En el último año había envejecido demasiado. Notaba que estaba distinto, más adulto quizás, más serio. Su rostro era el de una persona con responsabilidades y ocupaciones distintas a las del resto de participantes en la fiesta. Era normal. Al fin y al cabo él había pasado los últimos meses trabajando duro para que todo funcionase mientras que el resto descansaba plácidamente en sus zonas de residencia. Todos sabían que era en los periodos de Organización y Mantenimiento cuando las personas maduraban y podían desarrollar su personalidad. En realidad, esta era su verdadera finalidad. Por el bien de la comunidad se había decidido que todas las personas tendrían que pasar por los Periodos de Organización y Mantenimiento de manera cíclica. Los grupos estaban decididos desde el principio, aunque nadie sabía exactamente en que momento y con que personas les tocaría. En cada Reunión Anual se anunciaba quienes comenzaban con su POM y quienes lo dejaban. El relevo era siempre por cuartas partes, de manera que los veteranos pudieran enseñar a los nuevos todo lo que había que saber para que la comunidad siguiera estable y segura hasta cumplir con los objetivos. Funcionalmente hablando, la Reunión Anual no era necesaria, pero después de muchos debates y de analizar distintas teorías sobre dinámica de grupos y establecimiento de lazos de pertenencia se había decidido que podía ser interesante reunir a toda la comunidad de manera regular, y se consideró que era una buena solución hacerlo en el momento del relevo.

Esta vez se encontraron antes del discurso y ya no se separaron durante toda la Reunión Anual. El le explicó que para los organizadores, el día de la Reunión Anual era un día de descanso. Les recomendaban que desconectaran de todo lo referente a la supervisión de la nave y a las tareas que realizarían durante el año siguiente, sobre todo a aquellos a los que todavía les quedaban uno o dos años de servicio. Unos días antes del despertar general se reunían todos y despedían a los que les tocaba volver al letargo programado. Algunos mantendrían el contacto a lo largo del tiempo, otros volverían a sus familias, a sus vidas anteriores y la época del POM quedaría como algo anecdótico. Algunos veteranos le habían dicho que aunque no era frecuente, cuando volvías a repetir tu POM podías coincidir con antiguos compañeros. No durante todo el periodo, pero si un año o dos. Ella fantaseaba pensado que tal vez alguna vez les tocaría al mismo tiempo y dispondrían de todo un año para estar juntos. No se cansaba de escucharlo contar cosas sobre la rutina diaria y sobre los compañeros, y cualquier anécdota, por muy simple que fuese, le parecía interesante. Él tenía ganas de hablar, de contarle cosas y ella tenía ganas de escucharle, de perderse en su mirada fascinada y algo infantil cuando contaba que el y su equipo de trabajo pasaron dos semanas limpiando las turbinas del cuadrante C, o al explicarle con una minuciosidad a veces exagerada que fue a él y a cuatro más a los que les tocó revisar todo el área de deslizamiento del HC8. El famoso Hangar de carga número ocho del que saldrán las primeras expediciones al llegar a su destino, dentro de unas décadas.

Ella no tenía nada que contar. En realidad, en los últimos doce meses no le había pasado absolutamente nada. El aletargamiento era un procedimiento muy rápido y preciso, y no dejaba recuerdos de ningún tipo. El llegar a sus habitaciones individuales todo el mundo debía prepararse para el proceso en la cámara de higienización seca. Todos los residuos orgánicos eran eliminados y la piel recibía una fina película de hidratante y proteínas. Las cápsulas de sueño, tenían sensores que monitorizaban en todo momento las constantes vitales y la actividad eléctrica del cerebro. Cuando la persona se acostaba, una pantalla aislante cubría todo el cuerpo y comenzaba a un leve zumbido que indicaba que el procedimiento de aletargamiento estaba comenzando. Después de apenas 47 segundos, las ondas ALFA5 hacían su efecto y sumía a todos los habitantes de la nave que no estaban cumpliendo con su POM en un sueño profundo del que no recordarían nada. Algunos decían que soñaban, pero ninguno de los estudios realizados con anterioridad avalaba esta sensación.

Por eso ella estaba algo insegura. Para ella no había pasado más que una noche desde que se habían despedido, pero él había estado despierto, había vivido y había tenido tiempo de sobra para pensar, para hacer proyectos, para decidir. Había conocido a otras personas, tal vez se había sentido atraído por alguien. Su cabeza había comenzado a pensar en un ciento de cosas a la vez, y cada situación que se imaginaba hacía que dudase cada vez más de lo que pasaría con aquel muchacho. Sin duda él había cambiado y ella no. Y lo peor de todo es que era lo más normal. No habían tenido tiempo de conocerse, para él era como si se viesen una vez al año y para ella esta era como su segunda cita.

Fue su abrazo lo que la sacó del ensimismamiento en el que sin percatarse llevaba unos minutos. No ha habido un solo día en el que no pensara en tí -le dijo él- y ella supo entonces que estaban enamorados. Hablaron de todo lo que les esperaba cuando llegasen a su destino. Tenían aún unas décadas de viaje por delante, pero teniendo en cuenta que cada año se reducía a un día, cuando la misión terminase solamente habrían envejecido realmente los años que pasasen en el POM. Como mucho tendremos ocho años más cada uno – le dijo- y aún seremos muy jóvenes para disfrutar de todo lo que pueda ofrecernos la nueva vida la colonia.


sábado, 21 de enero de 2023

Consejos

 



Consejos vendo...

Pasar de la teoría a la praxis siempre es muy complicado, incluso cuando la teoría no es algo externo sino que surge de una reflexión personal, de un análisis propio de las circunstancias e de lo que nos conviene.

A diario escuchamos consejos de todo tipo y para casi cualquier cosa, recomendaciones para estar bien con nosotros mismos y con los demás, dieta sana, pensamientos positivos, trucos que nos permitan navegar por las redes sociales, entrenamientos de 21 días para conseguir crear hábitos saludables... 

Los manuales de autoayuda son de los libros más vendidos en la actualidad, el hágalo usted mismo está de moda. Muchas veces alguna persona cuenta su experiencia vital sobre como superó una enfermedad o consiguió triunfar con algún proyecto. La circunstancia individual se convierte en norma general, en un manual de instrucciones para alcanzar ciertos objetivos. 

Suelen ser obviedades, razonamientos sencillos a los que cualquiera de nosotros podríamos llegar con facilidad a no ser por lo mucho que nos cuesta pensar. Buscamos siempre evadirnos, focalizar nuestra atención en otra cosa que no seamos nosotros mismos y nuestros días. Por este motivo tenemos tendencia ser muy buenos dando consejos a los demás, opinando sobre lo que deberían hacer o decir y recomendando evitar ciertas cosas. 

Pero nos resulta casi imposible aplicar en nosotros mismos lo que predicamos para los demás. Y no hablo ahora de malas conductas ni de las pequeñas incongruencias que nos acompañan en el día a día. Hablo de las buenas intenciones que tenemos, de los retos que nos fijamos para ir llenando nuestra vida, de proyectos que queremos llevar a cabo, que sabemos que son buenos para nosotros porque llevamos tiempo pensando y estamos convencidos de que es lo que debemos hacer.

Y sin embargo pasar de la teoría al acto es muy difícil. Es voluntad lo que necesitamos, y lamentablemente eso no lo encontramos en los libros ni en los consejos de los demás. Es algo que tiene que nacer de nosotros mismos, brotar como un manantial y como si de un río se tratase arrastrar nuestras buenas intenciones al mar de los proyectos cumplidos. 

En definitiva, consejos vendo pero para mi no tengo. 



viernes, 20 de enero de 2023

Os vellos osos (e IV)

 


(IV)

O día no que as cousas se precipitaron estabamos dándolle a forma definitiva á habitación do bebe. Levabamos uns meses con reformas e tiveramos que cambiar sobre a marcha. Cando comezamos o que queriamos é ter un lugar amplo para reunirnos cos nosos amigos. Decidiramos ampliar a sala de estar que daba á galería. Iamos xuntarlle unha pequena habitación que había debaixo das escaleiras que subían ao baixo cuberta.


Sen embargo, agora tiñamos tamén que mirar de facer un pouco máis ampla a nosa habitación para facerlle sitio ao berce e poñer algún tipo de protección nas escaleiras de madeira. Ademáis disto estabamos pensando en refacer a cociña e modificar a entrada para poder deixar a silla do bebe ao lado da porta.


A casa tiña moitos espazos mortos, esquinas nas que para cubrir a pedra puxeran estanterías ou simplemente pecharan con madeira que ás veces deixaban bastante espazo libre. Facía días que estabamos valorando a idea de arrincar unha desas planchas, e Fernando estabame contando cal era o plan. Para demostrarme que seguramente había espazo baleiro detrás da medeira Fernando deu un golpe na parede e entón, como nunca antes acontecera, a nena apareceuse a escasos centímetros de mín e comezou a berrar e berrar. Fernando falábame e preguntábame algo, pero eu era incapaz de prestarlle atención. A nena parecía fora de sí, como se algo a estivera torturando. Eu tiven que sentarme nunha cadeira mentres Fernando collía unha ferramenta de ferro e ía quitando, unha por unha, as táboas que facían de parece.


Cando había un oco considerable pediume que me achegara. Ves, aquí queda moito espazo para amplicar o corredor, dixo mentres metía a man. A nena pedíame agora que a collese e a levase coa súa nai, pero eu estaba paralizada de medo ante o que estaba vendo. Fernado fora buscar unha literna e enfocando polo burato que viña de facer da parede de madeira mostraba un oco de medio metro de ancho. A luz iluminaba unha parede de pedra con restos de polvo e pequenas birutas de madeira. A nena comezou a berrar e a sinalar cara o chan. Alí amoreados, como pequenos restos que a marea vai deixando na area, había un montón de osos que souben nese preciso momento que pertencían a aquela nena que dende facía meses intentaba dicirme algo.


Durante uns días estivemos dubidando sobre o que deberiamos facer. Supoño que a nosa próxima maternidade cambiou dalgunha maneira a forma de pensar de Fernando, que nun principio asegurou que a única solución era dar parte ao xulgado e que viñeran forenses e un xuiz para analizar os restos. Non sei tampouco de onde saquei a certeza, ou se aquelas visións que remataron aquel mesmo día foron froito da miña imaxinación, do meu embarazo ou se existen algunhas forzas no mundo que aínda non comprendemos. O único certo é que aqueles osos, sen dúbida, pertencían á filla secreta da miña tía aboa, aquela muller que vivíu encerrada toda a súa vida naquela casa, tal vez como penitencia por ter ocultado aos mundo que fora nai e que perdera á súa criatura aos poucos anos de ter nacido.


Agora volven estar de novo xuntas, ainda que ninguén coñeza os segredos que gardan os vellos osos.


jueves, 19 de enero de 2023

Tristezas




Nada más triste que descubrir que para algunas niñas y niños el colegio es como un matadero, que por las mañanas van a la escuela como quien ingresa en una cárcel en la que no harán nada que les guste o que les motive. Nada peor que sentir que abandonas a tu hijo o hija en un lugar en el que simplemente intentará pasar las horas de la mejor manera posible, sin sufrir demasiados daños. 

Es muy triste saber que gran parte del malestar del nerviosismo que muestran nuestros hijos viene derivado de la escuela, de una mala experiencia, de alguna profesional que no sabe hacer bien su trabajo. Ya se que la mayoría son personas implicadas que intentan y consiguen hacer bien su trabajo, pero cuando te toca una profesora que no sabe, o no puede hacerlo mejor, el curso escolar se vuelve muy cuesta arriba. Las lágrimas de los domingos, los dolores de barriga, las ganas de vomitar, los miedos, las dudas....

Ves como la autoestima infantil se va a la porra y aunque intentas ser tu el que complemente la falta de motivación que recibe en el aula, es imposible. Son muchas horas diarias escuchando que no presta atención, que no se fija, que no contesta a lo que se le pregunta, que vaya letra, que cuanto desorden... Llegar siempre a casa con la mochila llena de reproches y críticas, nunca una palabra de apoyo ni una felicitación. 

Y la impotencia es descubrir que hay muy pocas cosas que podamos hacer. La escuela es un sitio hermético y cerrado. Nadie está dispuesto a hacer nada, a complicarse la vida aunque sepan que las cosas se están haciendo mal. Te dicen que son metodologías distintas, que saben que hay quejas de más familias pero que cada maestrillo tiene su librillo...

Y al final lo que nos queda es aguantar un poco más y dejar que pasen las semanas, intentar llegar a fin de curso de la mejor manera posible y tener suerte y que en el reparto de docentes del próximo curso salga uno bueno, o por lo menos uno normal. 




miércoles, 18 de enero de 2023

Nociones de astronomía XII: Starlink o la conexión solitaria.

 




Starlink es la empresa de Elon Musk que pretende dar servicio de internet por satélite en todo el mundo. Para ello la empresa Space X, también de Elon Musk, pondrá en órbita miles de satélites que formarán una red inmensa a unos 600 km de la tierra. Este proyecto se justifica como la respuesta a la necesidad de dotar de conexión a internet a las zonas rurales del planeta a las que no llegan las redes convencionales como el cable telefónico o la banda ancha. Sin embargo, el gran Elon quiere ir más allá y no duda en afirmar que podrá también ser la forma de tener internet en Marte, pues no duda que en unos años sus naves llegarán a Marte y claro, hará falta que haya internet para que las personas que viajen puedan consultar sus redes sociales, sobre todo twitter!!. 

Y tiene toda la razón. 

Acaso no sería mejor que Matt Damon pudiera mandar un Whassap a la Tierra en lugar de tener cultivar patatas con sus deposiciones (usted perdone). No sería mejor que pudiese ver un tutorial de You Tube para arreglar bases marcianas en lugar de tener que improvisar soluciones que eran chuscas, es cierto, pero que a la larga ejem ejem.

Starlink es un proyecto faraónico, y no lo digo porque el creador de Space X y de Tesla tenga algo de faraón, sino porque es inmenso, imponente y con la intención de perdurar en el tiempo. El problema es que a este paso pronto habrá tantos satélites en el cielo que acabarán chocando entre ellos. Ya los astrónomos se quejan de que están provocando contaminación lumínica. Y en teoría quedan miles por poner en órbita. 

Esta nuestra necesidad de estar siempre conectados, en linea, no puede ser buena. Nosotros mismos insistimos en estar en la red, pensamos que es positivo tener nuestro lugar, tener visibilidad y que los demás sepan lo que hacemos, donde estamos y lo bien que lo estamos pasando. Vivimos más conectados que nunca, tenemos la posibilidad de establecer cientos de relaciones, de mantener contacto con personas que están en lugares remotos, a veces incluso en mundos muy distintos al nuestro. 

Y sin embargo estamos en la época de la soledad, del consumo de pastillas que nos hagan felices, o por lo menos que nos ayuden a sobrevivir al día siguiente. Estamos en la época en la que podemos estar dándole un like a un tipo que dice tonterías mientras conduce y a la vez odiar de modo visceral al vecino del barrio que por estar mirando su teléfono móvil se saltó un ceda el paso. 

Al final, como suele ocurrir, avanza más la ciencia y la tecnología de lo que lo hacemos las humanas gentes. Seguimos pensando como seres tribales reunidos alrededor de la hoguera para hablar mal de las otras tribus, pero los sonidos de nuestros tambores ya se escuchan más allá del sistema solar. 



martes, 17 de enero de 2023

Os vellos osos (III)

 



Primeira parte. Os vellos osos (I)


Segunda parte. Os vellos osos (II)


(III)


Pasei a semana traballando máis que de costume. Por unha parte as cousas andaban algo revoltas na empresa. Alguén metera a zoca ben metida e tiñamos que revisar as contas dos últimos meses. E na casa as cousas tamén se torceran. Os obreiros emprezaran a traballar o luns, e o martes un deles rompera unha das tuberías da auga e tiñamos a madeira enchoupada. O venres, algo esgotada e con serías sospeitas fun a unha farmacia e merquei un test para saír de dúbidas. Efectivamente, levaba máis de catro semanas de embarazo.

E foi entón cando as cousas se precipitaron. A nena aparecíase cada vez máis a miúdo e busquei por internet se o embarazo provocaba alucinacións. Un par de referencias sobre este asunto fixo que me relaxara un pouco. Sentinme como Ally McBeal cando aparecía un bebé bailando ao ritmo de Barry White, aínda que o que eu vía tiña un toque sinistro que me enchía de frío e inquedanza. Semellaba que quería contarme algo, que as súas aparicións non eran cauais senón que buscaba comunicarse conmigo. Non souben dicir se foi pola frecuencia das aparicións ou por algún efecto psicolóxico que nos fai familiarizarnos con aquelo que se volve habitual, pero comecei a ver no rostro da rapaza algo coñecido, algún rasgo na súa faciana que non me resultaba alleo, un xesto que me recordaba a alguén que non sabía identificar.

Para entón a rapaza xa se me aparecía en calquera lugar. Aprendín a identificar algúns cambios que se producían xusto antes de vela ou de escoitala. Todo comezaba cunha lixeira sensación de frío, un zunido moi leve comezaba a sonar na miña cabeza e estivera onde estivera, semellaba que todo se tornaba un pouco gris, como se entre os meus ollos e a realidade se formase un velo.

O preocupante foi que todo o que acontecía comezara a parecerme normal. Non falara con ninguén do asunto e o meu embarazo axudaba a buscarlle unha explicación aos meus momentos de ausencia e aos comportamentos ás veces algo incongruentes. Fernando estaba tan entusiasmado con ser pai que todo canto eu facía lle parecía ben. Trouxera para casa un montón de libros sobre crianza e non había día no que me fixera algunha pregunta para a que non tiña resposta. Que si iamos practicar o coleito, que si lactancia materna, que si podiamos poñerlle xa música clásica. Eu deixábao dicir e facer xa que cada vez estaba máis interesada en tratar de comprender que era o que me trataba de dicir aquela nena que dende facía unhas semanas entrara na miña vida.

Había veces nas que máis que palabras soltas parecía querer contarme unha historia, aínda que case sempre repetía as mesmas frases. Sabía que se chamaba Herminia, e que estaba nun lugar no que tiña frío. Alguén a metera alí e me pedía que a sacara xa. Pero foi cando comezou a dicirme que quería volver coa súa nai que comecei a sentirme mal.

Eu preguntáballe quen era e onde estaba, que quen lle estaba a facer dano. Pero ela volvía a repetir que tiña frío, que a sacase de alí, e dalgún modo a súa angustía conseguía afectarme, como se o que sentía aquela aparición me afectase a mín tamén. Foi entón cando decidín preguntarlle á miña matrona se os embarazos podían provocar alucinacións. Según me explicou, había veces nas que a preñez provocaba moito estrés, o que podía provocar que algunhas mulleres sufrisen alucinacións auditivas ou mesmo visuais, pero normalmente eran persoas que xa tiveran antes algún episodio de delirio, ou que sufrían de esquizofrénia. Non coñecía o meu historial, pero todas as probas que me fixeran estaban indicando que o embarazo era perfecto e que non había motivo para a preocupación. A non ser, claro está, que fose un embarazo que realmente non desexaba e que o meu corpo estivera reaccionando dese modo.

Eu lle dixen que se ben non me plantexara ter familia, tampouco era algo que descartara. Que a miña situación era boa e que en realidade estaba ilusionada co feito de ser nai, pero que xusto polos días que quedei preñada comecei a ver a unha nena que me falaba.

A matrona disimulou a cara de extrañeza e díxome que en principio non debería preocuparme, pero que se o tema se tornaba unha obsesión para mín podería recetarme algún medicamento suave para o estrés, ou mesmo algún antipsicótico dos que empregan as persoas con esquizofrénia. Pero que o máis probable era que se tratase dalgo puntual, e que a mellor solución sería que entretivera a cabeza con outras cousas. Nos próximos meses toda a miña vida ía cambiar, dixo, e tal vez faría ben centrándome en facer plans de futuro.

Saín da consulta pensando que debería buscar unha ocupación, que a matrona tiña razón e que debía centrarme en todas as novidades que ían acontecer nos próximos meses. Comecei a prestarlle atención a Fernando, recorrimos varias tendas vendo berces, carritos, roupa.. Descubrín que arredor da crianza había todo un mundo de productos raros, seguros e imprescindibles. Non podía imaxinar que as escollas que había que facer á hora de ter fillos fosen tan compricadas. Carrito, silla para o coche, berce, trona ... E para todo había modelos distintos, medidas de seguridade, cores. A sorte foi que Fernando estaba totalmente enchufado co asunto e era él o que falaba cos dependientes e entendía o que nos preguntaban. Era un home moi informado, e sabía o que quería. E desta vez eu alegreime moito da súa necesidade de informarse a fondo sobre todo o que facía.

Pero a nena seguía aparecéndose.

Decidira que non ía prestarlle atención, que faría con ela como facía con algunha compañeira de traballo. Sabía que estaba alí e que mesmo intentaba comunicarse, pero eu nin caso. Tiña a confianza en que isto era algo que pasaría, que seguramente cando parise todo remataría pois o meu cerebro xa non tería que inventar unha nena imaxinaria. Xa bastante tería cunha nena real. Pero as cousas fóronse complicando. Se ao principio o único que vía era unha nena que demandaba a miña atención, agora semellaba máis ben unha desesperada petición de auxilio. Aquela nena parecía sufrir, e dalgún modo tamén eu notaba no meu interior ese sufrimento.




lunes, 16 de enero de 2023

Ceniza en la boca. Brenda Navarro.

 


Puñetazo.

Un auténtico descubrimiento. En mi última visita a la biblioteca opté por novelas cortas y por autoras totalmente desconocidas para mi. Y acerté de pleno. Ya hablé de La Cresta de Ilión, de Cristina Rivero Garza, y ahora le toca el turno a Brenda Navarro. Curiosamente las dos son autoras mejicanas y contemporáneas, y las dos tratan, en cierto modo, el tema de las fronteras, de la inmigración y del desarraigo.

Ceniza en la boca es un auténtico puñetazo en las conciencias, una novela sublime y directa; cortante y seca como la narradora, sin concesiones de ningún tipo. Nos pone ante esa mujer con la que nos encontramos todos los días en la cola del supermercado o en la parada del autobús, nos introduce en su realidad, en sus penurias y en sus frustraciones y nos hace partícipes de la violencia a la que se ve sometida a diario.

Comprendemos que huyendo de una realidad agresiva y sin futuro acaban en un mundo que les niega el espacio. Personas que no saben ya a que lugar pertenecen, que buscan un futuro mejor, una oportunidad que pronto descubren que non les será dada. No hay posibilidad de ascender en el escalafón social, no podrán librarse nunca de la condición de “extranjero”, de verse obligados a ejercer trabajos penosos y mal remunerados.

Narración directa, rápida y concisa. La primera persona ayuda a crear un estilo fuerte y descarnado, una especie de diálogo interior en el que la protagonista va mostrándonos como se sentía en cada momento de su vida, en cada contratiempo, y va explicando las claves para entender el acontecimiento con el que comienza el libro. El suicidio de su hermano acaba pareciéndonos el final lógico para una vida llena de renuncias y de desprecios. Arrastrados por una madre que parece ausente deben enfrentarse a un ambiente hostil. Ella pudo adaptarse, huir tal vez, pero el no pudo soportarlo y saltó.

Pero además de esta lucha interior por comprender al hermano suicida, este análisis minucioso y despiadado de los motivos que le llevaron a acabar con todo, la novela va desgranando sus vidas, su infancia feliz con sus abuelos en México, su llegada a España, la experiencia escolar de él y los trabajos de ella. Hay episodios luminosos, pequeños retazos de auténtica literatura. Me parece sublime la parte en la que narra la experiencia como cuidadora interna de la adorable Laura, una anciana que desprecia a su familia y a la que finalmente le falla al no permitirle morir en su casa. O la crítica ácida a las jóvenes universitarias catalanas que pretenden defender los derechos de las inmigrantes que se dedican a la limpieza.

En realidad, Ceniza en la boca puede interpretarse como una crítica rotunda al sistema explotador en el que nos hemos convertido, a la ausencia de valores, a la falta de solidaridad, al trato que le damos a los ancianos y a la infancia, que parecen estorbarnos y que confiamos al cuidado de personas extrañas a las que explotamos sin compasión.

Y todo ello empleando un lenguaje casi coloquial, frases cortas sin apenas subordinadas y abundantes expresiones mejicanas. Diálogos que aparecen sin ningún tipo de marca que indique quién está hablando y que se mezclan con los pensamientos de la narradora.

En definitiva, son estas novelas las que me animan a leer más de su autora y me invitan a dejar de escribir.