(II)
Al encontrarse en la siguiente Reunión Anual, Ripley no pudo evitar sentir cierta decepción. Intentó mostrarse alegre y feliz, pero lo cierto es que cuando volvió a ver al muchacho algo había cambiado. En el último año había envejecido demasiado. Notaba que estaba distinto, más adulto quizás, más serio. Su rostro era el de una persona con responsabilidades y ocupaciones distintas a las del resto de participantes en la fiesta. Era normal. Al fin y al cabo él había pasado los últimos meses trabajando duro para que todo funcionase mientras que el resto descansaba plácidamente en sus zonas de residencia. Todos sabían que era en los periodos de Organización y Mantenimiento cuando las personas maduraban y podían desarrollar su personalidad. En realidad, esta era su verdadera finalidad. Por el bien de la comunidad se había decidido que todas las personas tendrían que pasar por los Periodos de Organización y Mantenimiento de manera cíclica. Los grupos estaban decididos desde el principio, aunque nadie sabía exactamente en que momento y con que personas les tocaría. En cada Reunión Anual se anunciaba quienes comenzaban con su POM y quienes lo dejaban. El relevo era siempre por cuartas partes, de manera que los veteranos pudieran enseñar a los nuevos todo lo que había que saber para que la comunidad siguiera estable y segura hasta cumplir con los objetivos. Funcionalmente hablando, la Reunión Anual no era necesaria, pero después de muchos debates y de analizar distintas teorías sobre dinámica de grupos y establecimiento de lazos de pertenencia se había decidido que podía ser interesante reunir a toda la comunidad de manera regular, y se consideró que era una buena solución hacerlo en el momento del relevo.
Esta vez se encontraron antes del discurso y ya no se separaron durante toda la Reunión Anual. El le explicó que para los organizadores, el día de la Reunión Anual era un día de descanso. Les recomendaban que desconectaran de todo lo referente a la supervisión de la nave y a las tareas que realizarían durante el año siguiente, sobre todo a aquellos a los que todavía les quedaban uno o dos años de servicio. Unos días antes del despertar general se reunían todos y despedían a los que les tocaba volver al letargo programado. Algunos mantendrían el contacto a lo largo del tiempo, otros volverían a sus familias, a sus vidas anteriores y la época del POM quedaría como algo anecdótico. Algunos veteranos le habían dicho que aunque no era frecuente, cuando volvías a repetir tu POM podías coincidir con antiguos compañeros. No durante todo el periodo, pero si un año o dos. Ella fantaseaba pensado que tal vez alguna vez les tocaría al mismo tiempo y dispondrían de todo un año para estar juntos. No se cansaba de escucharlo contar cosas sobre la rutina diaria y sobre los compañeros, y cualquier anécdota, por muy simple que fuese, le parecía interesante. Él tenía ganas de hablar, de contarle cosas y ella tenía ganas de escucharle, de perderse en su mirada fascinada y algo infantil cuando contaba que el y su equipo de trabajo pasaron dos semanas limpiando las turbinas del cuadrante C, o al explicarle con una minuciosidad a veces exagerada que fue a él y a cuatro más a los que les tocó revisar todo el área de deslizamiento del HC8. El famoso Hangar de carga número ocho del que saldrán las primeras expediciones al llegar a su destino, dentro de unas décadas.
Ella no tenía nada que contar. En realidad, en los últimos doce meses no le había pasado absolutamente nada. El aletargamiento era un procedimiento muy rápido y preciso, y no dejaba recuerdos de ningún tipo. El llegar a sus habitaciones individuales todo el mundo debía prepararse para el proceso en la cámara de higienización seca. Todos los residuos orgánicos eran eliminados y la piel recibía una fina película de hidratante y proteínas. Las cápsulas de sueño, tenían sensores que monitorizaban en todo momento las constantes vitales y la actividad eléctrica del cerebro. Cuando la persona se acostaba, una pantalla aislante cubría todo el cuerpo y comenzaba a un leve zumbido que indicaba que el procedimiento de aletargamiento estaba comenzando. Después de apenas 47 segundos, las ondas ALFA5 hacían su efecto y sumía a todos los habitantes de la nave que no estaban cumpliendo con su POM en un sueño profundo del que no recordarían nada. Algunos decían que soñaban, pero ninguno de los estudios realizados con anterioridad avalaba esta sensación.
Por eso ella estaba algo insegura. Para ella no había pasado más que una noche desde que se habían despedido, pero él había estado despierto, había vivido y había tenido tiempo de sobra para pensar, para hacer proyectos, para decidir. Había conocido a otras personas, tal vez se había sentido atraído por alguien. Su cabeza había comenzado a pensar en un ciento de cosas a la vez, y cada situación que se imaginaba hacía que dudase cada vez más de lo que pasaría con aquel muchacho. Sin duda él había cambiado y ella no. Y lo peor de todo es que era lo más normal. No habían tenido tiempo de conocerse, para él era como si se viesen una vez al año y para ella esta era como su segunda cita.
Fue su abrazo lo que la sacó del ensimismamiento en el que sin percatarse llevaba unos minutos. No ha habido un solo día en el que no pensara en tí -le dijo él- y ella supo entonces que estaban enamorados. Hablaron de todo lo que les esperaba cuando llegasen a su destino. Tenían aún unas décadas de viaje por delante, pero teniendo en cuenta que cada año se reducía a un día, cuando la misión terminase solamente habrían envejecido realmente los años que pasasen en el POM. Como mucho tendremos ocho años más cada uno – le dijo- y aún seremos muy jóvenes para disfrutar de todo lo que pueda ofrecernos la nueva vida la colonia.



