lunes, 16 de enero de 2023

Ceniza en la boca. Brenda Navarro.

 


Puñetazo.

Un auténtico descubrimiento. En mi última visita a la biblioteca opté por novelas cortas y por autoras totalmente desconocidas para mi. Y acerté de pleno. Ya hablé de La Cresta de Ilión, de Cristina Rivero Garza, y ahora le toca el turno a Brenda Navarro. Curiosamente las dos son autoras mejicanas y contemporáneas, y las dos tratan, en cierto modo, el tema de las fronteras, de la inmigración y del desarraigo.

Ceniza en la boca es un auténtico puñetazo en las conciencias, una novela sublime y directa; cortante y seca como la narradora, sin concesiones de ningún tipo. Nos pone ante esa mujer con la que nos encontramos todos los días en la cola del supermercado o en la parada del autobús, nos introduce en su realidad, en sus penurias y en sus frustraciones y nos hace partícipes de la violencia a la que se ve sometida a diario.

Comprendemos que huyendo de una realidad agresiva y sin futuro acaban en un mundo que les niega el espacio. Personas que no saben ya a que lugar pertenecen, que buscan un futuro mejor, una oportunidad que pronto descubren que non les será dada. No hay posibilidad de ascender en el escalafón social, no podrán librarse nunca de la condición de “extranjero”, de verse obligados a ejercer trabajos penosos y mal remunerados.

Narración directa, rápida y concisa. La primera persona ayuda a crear un estilo fuerte y descarnado, una especie de diálogo interior en el que la protagonista va mostrándonos como se sentía en cada momento de su vida, en cada contratiempo, y va explicando las claves para entender el acontecimiento con el que comienza el libro. El suicidio de su hermano acaba pareciéndonos el final lógico para una vida llena de renuncias y de desprecios. Arrastrados por una madre que parece ausente deben enfrentarse a un ambiente hostil. Ella pudo adaptarse, huir tal vez, pero el no pudo soportarlo y saltó.

Pero además de esta lucha interior por comprender al hermano suicida, este análisis minucioso y despiadado de los motivos que le llevaron a acabar con todo, la novela va desgranando sus vidas, su infancia feliz con sus abuelos en México, su llegada a España, la experiencia escolar de él y los trabajos de ella. Hay episodios luminosos, pequeños retazos de auténtica literatura. Me parece sublime la parte en la que narra la experiencia como cuidadora interna de la adorable Laura, una anciana que desprecia a su familia y a la que finalmente le falla al no permitirle morir en su casa. O la crítica ácida a las jóvenes universitarias catalanas que pretenden defender los derechos de las inmigrantes que se dedican a la limpieza.

En realidad, Ceniza en la boca puede interpretarse como una crítica rotunda al sistema explotador en el que nos hemos convertido, a la ausencia de valores, a la falta de solidaridad, al trato que le damos a los ancianos y a la infancia, que parecen estorbarnos y que confiamos al cuidado de personas extrañas a las que explotamos sin compasión.

Y todo ello empleando un lenguaje casi coloquial, frases cortas sin apenas subordinadas y abundantes expresiones mejicanas. Diálogos que aparecen sin ningún tipo de marca que indique quién está hablando y que se mezclan con los pensamientos de la narradora.

En definitiva, son estas novelas las que me animan a leer más de su autora y me invitan a dejar de escribir.


domingo, 15 de enero de 2023

Garza

 


Disfrutar do momento, saír dar un paseo aproveitando a inesperada mañá de sol e atopar unha garza no medio do río, facendo meditación tal vez, pensando nas súas cousas que seguramente son moi distintas das nosas cousas. 

Simplemente deixarse estar, contemplar a paisaxe e se pasa algún bechiño polo fondo do río papalo. Quen precisa máis? A garza sabe o que é importante, e por iso estaba alí tan tranquila, enchéndose de vitamina D con este sol de xaneiro e preparándose, tal vez, para os días de frío e choiva que se aproximan. 


sábado, 14 de enero de 2023

Riada


Cómo si de dioses tristes y soñadores se tratase los cielos comenzaron a llorar y las montañas estallaron en mil manantiales. Nubes quejumbrosas gravitaban caprichosas sobre los campos y las ciudades, sobre las viejas catedrales y los centros comerciales, sobre las enamoradas y los viejos gruñones que habitan en los bares. Ríos enfurecidos quisieron conquistar el mundo, anegaron los valles, inundaron los parques infantiles y los bajos comerciales, socavaron las tierras para jugar con las raíces de los árboles y llenaron los mares de flores, hojas húmedas y ramas secas.

Y después llegó la calma. Tras la riada, tras el desbordamiento imparable de los elementos siempre llega la calma y la agradable caricia de la serenidad.



viernes, 13 de enero de 2023

Facebook bloquea Mar de Beaufort.

 


Non sei eu se é que este blog está collendo moita popularidade ou é que a súa calidade literaria non pasa os filtros do algoritmo de facebook, pero hoxe, ao intentrar compartir a entrada de onte, apareceume esta mensaxe. 

Non só é que non poida compartir directamente en facebook as entradas do meu blog, senón que borrou todas as que tiña compartidas até o de agora, e non eran poucas. 

Dubido moito que algúen denunciase o meu contido. Os relatos poden estar mellor ou peor escritos e as miñas reflexión poden ser pouco afortunadas ou na maioría dos casos absurdas, pero non creo que cheguen a ofender a ningún como para denuncialas, polo que só me queda pensar que ao algoritmo non lle gusta que comparta directamente dende o blog e que moitas veces nen sequera poña ningún texto explicativo. 

Non é que me preocupe moito, a verdade. Non paso moito tempo no facebook nin en outras redes sociais, pero agora estaba decidido a darlle máis contido ao blog e a ter máis continuadade nas publicacións polo que se non podo enlazar as entradas ao facebook vai ser algo complicado que vos enteredes do que vou escribindo. 

A ver se podo ir enganando ao famoso algoritmo dalgún modo. Outra opción será que vos animedes a seguir este blog, que tamén me faría ilusión ver que hai alguén ao outro lado, ademáis do censor de facebook, claro. Porque xa ten guasa que un blog que ten tan poucas visualizacións sexa bloqueado. Se case da igual!





jueves, 12 de enero de 2023

La cresta de Ilión. Cristina Rivera Garza

 



Extrañeza.

No todas las novelas tienen que contar una historia ni todas las historias tienen que seguir una trama en la que los personajes hacen cosas o viven experiencias. Hay toda una literatura basada en las experiencias obtenidas a través de estados alterados de conciencia. Las drogas, la meditación, la introspección o incluso el abuso de ciertos programas de televisión son medios de los que se han servido las escritoras y escritores a lo largo de la historia para crear algunas obras maestras.

La cresta de Ilión es una novela que tiene algo de fantástico y extraño que hace que no sera fácil clasificarla. Tiene, sin duda, múltiples lecturas, y puede interpretarse como un estudio sobre el concepto de género y sus borrosos límites actuales (líquidos, que diria el filósofo); como una reflexión sobre el deseo y sus circunstancias; como la historia de un hombre solitario que llega a sentirse un extraño enloquecido en su propio hogar, como una historia sobre desapariciones físicas y pérdidas de identidad o simplemente como un relato fantástico sobre apariciones.

Confesaré que leí la novela sin saber muy bien lo que Cristina Rivera Garza me estaba contando. Pero debo decir también que está muy bien escrita y que posee algunos giros en la trama que hace que sigamos leyendo. Sin duda tiene múltiples interpretaciones, y seguramente todas son válidas pues si algo tiene el arte es que admite distintas visiones y provoca reacciones diferentes según la época o el contexto en el que sea interpretado. Y hay siempre unas claves personales que hacen que nos conmovamos antes unas obras y que otras nos dejen indiferentes.

Ocurre a veces que al acabar una lectura necesitamos saber algo más, tenemos curiosidad, y fue esta curiosidad la que me llevó a buscar algo de información sobre esta autora mexicana y más concretamente sobre esta obra. Y así descubrí que se trata de un homenaje a otra escritora mexicana, Amparo Dávila, cuya obra está encuadrada dentro del género fantástico. De este modo, muchas de las imágenes oníricas y fantásticas que aparecen en La cresta de Ilión hacen referencia a distintos relatos de Ámparo Dávila. Son claves que seguramente harían la lectura más rica en matices, del mismo modo que los contemporáneos de Cervantes disfrutarían del Quijote de un modo más pleno de lo que podemos hacerlo ahora pues conocían muchas de las Novelas de Caballerías que menciona Don Alonso Quijano y muchas de las descripciones de las ventas, de las costumbres e incluso de algunos personajes son parodias de la vida cotidiana del siglo XVI. Igual que ahora algunos disfrutan de ciertos programas de humor que solamente se entienden si conoces el contexto al que hacen referencia.

Otra peculiaridad de esta novela es que ha sido escrita en español, traducida al inglés y a partir de esa traducción reescrita en español quince años después. La autora explica que se siente habitante de la frontera, entre dos culturas, y que las dos forman parte de su forma de pensar y de escribir. Por eso esta novela está muchas veces en terreno fronterizo y nos resulta difícil catalogarla. Por momentos pensamos que se trata de novela negra, aparecen rasgos de novela fantástica, se mezclan elementos surrealistas.

En definitiva, una novela interesante si nos gustan las novelas que dan libertad al lector para hacer interpretaciones y que exigen cierto esfuerzo de imaginación y cierta paciencia al descubrir que apenas existe una trama, pues al final de la novela sabemos tan poco de esas mujeres que no podemos decir si verdaderamente existen os son fruto de la mente alucinada del protagonista. Tal vez aquí resida el mensaje de denuncia que la autora quiere transmitir con respecto a las desapariciones de mujeres. Si nos acostumbramos a oír hablar de mujeres que desaparecen sin dejar rastro podemos acabar dudando de su existencia, podemos acabar negando no solamente el futuro que ya no tendrán, sino también el pasado que tuvieron en algún lugar.



miércoles, 11 de enero de 2023

Prisas

 



Prisas. Vivimos en la sociedad de las prisas. Nos arrastramos hasta el borde de la cama con la sensación de que ya vamos tarde, cinco minutos más se convierten en un cuarto de hora, apuramos el desayuno, intentamos que se levanten ya, amenazamos con privaciones imposibles repitiendo una y otra vez que ya es tarde, que llegamos tarde, que así no da tiempo a nada. 

Y el día no mejora. En la carretera, por las aceras, en la cola del supermercado... el lenguaje corporal, y a veces el lenguaje verbal nos indican siempre que hay prisa, que si el límite son 70 km debes ir a 80, que las aceras son para ir lo más rápido posible del bar a la panadería y embolsar la cesta de la compra se convierte en una competición con el cliente siguiente mirando el reloj y la persona de la caja pasando los productos a la mayor velocidad posible.

Y llegamos justos a recoger a la niña del comedor; y el niño tiene clase por la tarde; y ya me paso yo por la frutería; date prisa que a las seis se pasa el fontanero... 

Todo lo hacemos con prisas, incluso parece que tengamos prisa para consumir el ocio, para acabar los capítulos de la serie de moda o para entrenar, para ir al gimnasio o en nuestra clase de yoga. Y así llegamos a la mitad de la semana pensando que no hemos hecho casi nada, salvo ir con prisas de un lado a otro, y al llegar el fin de semana somos incapaces de desconectar, como si la inercia nos arrastrase y surgen las prisas para ir al cine o para salir a caminar por el monte. Incluso a veces parece que tenemos prisa para apurar las tardes de relax viendo llover.

Podría seguir contando historias sobre la vida acelerada que llevamos pero lo siento mucho, tengo que marcharme, me pilláis con un poco de prisa...




martes, 10 de enero de 2023

Os vellos osos (II)

 


Primeira parte. (Mar de Beaufort: Os vellos osos (I))

(II)

Fernando agarda por mín no coche que alugamos para a viaxe. Amañecín con mal corpo, algo revolta e con ganas de vomitar. Ao principio pensei que era a regla, sempre puntual á súa cita, pero os meus ovarios estábanse retrasando desta vez. A ducha non me espabilou o suficiente, e o entusiasmo matutino de Fernando non axudou moito. Co tempo afixérase aos meus silencios e sabía recoñecer perfectamente cando debía calar a boca e deixarme almorzar en silencio, pero aquel día era como un can de aldea feliz pola visita dos cativos da familia. Non podía parar de falar do que faríamos na fin de semana, das rutas que tiña programas e das instalacións do Parador. O café aínda estaba a medio facer pero eu xa tiña a sensación de que estabamos de volta. A sorte foi que estivo pouco tempo conmigo. Apurou o seu almorzo e marchou a buscar o coche que tiña alugado. Un Mercedes clase C de cor branca, díxome. Non puiden evitar pensar que iamos parecer dous narcotraficantes pola costa galega adiante.

Non podo dicir se era o malestar físico ou a extraña luminosidade daquela mañá de novembro, pero tiña unha sensación moi rara no corpo. Nalgúns momentos sentínme como dentro dun sono, como se estivera vivindo algo irreal. Un ruxe ruxe interno bulía dentro da miña cabeza e mantíñame despistada e algo confusa. Ao meu lado, Fernando divagaba sobre paisaxe e paisanaxe, as influencias do medio físico na forma de ser das persoas. Calquera cousa lle valía para comezar a mostrarme as diferenzas entre o rural galego de interior e as vilas mariñeiras. Os cabazos, os tellados das casas, as palmeiras diante das portas. Eu facía tempo que non prestaba atención. O meu malestar ía en aumento e de cando en vez pechaba os ollos, buscando evadirme da conferencia etnográfica á que estaba sendo sometida. Non me resulta difícil, a verdade. Sempre tiven unha capacidade especial para non prestar atención ao que non me interesa, para desconcentrarme, e con Fernando resúltame moi fácil facelo. O seu exceso de ego non lle permite tan sequera sospeitar que me poida importar pouco ou nada o que me está contanto polo que normalmente segue falando mentres eu xa ando no meu mundo. O que non podía eu sospeitar é que ese día tiña visita. Ao principio non fun quen de identificalo pero ao pouco, por enriba do ruído de fondo que era a voz de Fernando comecei a escoitar, como se fose o ruído dun regato ao que nos imos achegando, unha voceciña que me falaba. Deixeime levar por aquel murmurio e ao pouco puiden indentificar perfectamente a súa voz. Sen dúbida era a nena a que estaba a falar, repetindo algunha frase que non chegaba a comprender de todo e da que só escoitaba algunhas palabras soltas de maneira nítida. Casa, parede, osos...

Foi ao espertar co frenazo cando me din conta de que estaba medio durmida. Fernando tivera que manobrar par esquivar unhas galiñas e case nos espetamos contra un pequeno muro de pedra. Tranquila, dixo, non pasou nada. Sen dúbida relacionaba a miña palidez co susto que viña de levar. Eu comezaba a estar nerviosa co que me estaba acontencendo. Estaba convencéndome de que aquela nena que vira nos últimos días era froito da miña imaxinación, e ademáis agora mesmo comezaba a escoitala en soños. Tal vez estaba sometida a máis estrés do que podía aturar e o meu cerebro estaba pedindo desconectar.

A fin de semana pasou sen sobresaltos. As miñas sospeitas sobre o meu ciclo non se cumpriron e tivemos unhas noites de sexo das que val a pena recordar, e iso que fixemos un par de rutas de sendeirismo que me deixaron baldada. Pero Fernando estaba animado e foi moi imaxinativo, e eu sentiame excitada. Agora sei que o embarazo xa estaba facendo traballar ás miñas hormonas, pero naqueles días non se me podía pasar pola cabeza que o malestar matutino, a sensibilidade da miña pel e sobre todo o retraso era debido á miña preñez.

Foi na viaxe de regreso cando volvín a vela. Esta vez apareceuseme no adro da vella igrexa do pobo no que paramos tomar un café. Aparcáramos o coche no campo da festa e déramos un pequeno paseo até un dos dous bares que se vían dende a estrada principal. Fernando falábame daquela igrexa e do monasterio do que xa non que quedaba nada máis que un campanario cando a vin sentada nun banco de pedra. Miraba de novo para mín, facendo acenos e falando algo que non podía escoitar a aquela distancia, pero que sen embargo escoitaba na miña mente. Chámome Herminia, eles sabiano e deixáronme, tes que sacarme de ali.