Ya que estás aquí...
No dudes en preguntar, si tienes dudas, y en regresar siempre que quieras .
Bienvenido a Mar de Beaufort.
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jueves, 12 de julio de 2012
Los peligros de la bicicleta.
Como saben mis amigos del Facebook, la semana pasada me compré una bicicleta. Suele ocurrir a los varones de mi edad que un día nos despertamos pensando que ya es hora de recuperar la forma perdida, que nosotros siempre fuimos unos auténticos deportistas y que esta panza ya no puede seguir aumentando. Cosas de hombres, supongo.
Pero además de pedalear un poco, mi intención es ponerle una silla de niño a la bicicleta y salir a dar un paseo por el campo y claro, para no hacer el ridículo con un peque pidiendo más paseo y yo intentando respirar pues decido ir entrenando un poco.
Y aquí comienzan mis desventuras. El martes me lanzo a la carretera con la intención de ir buscando rutas apropiadas, a poder ser llanitas y sin demasiado tráfico. Me meto por aquí, tiro por allá y despues de media hora decido regresar por esa carretera que unos días antes habíamos recorrido en coche. Convencido como estaba de que iba encotrar una carretera a la derecha que me llevase directamente a casa no tuve en cuenta que llevaba ya más de un kilómetro en descenso. Cuando volví a ver otra señal kilométrica pensé que en coche las distancias son muy cortas, y cuando llegué al fondo del valle en el que me había metido pensé que de ponerme a subir, mejor sería subir por el camino ya conocido y no arriesgarme a meterme en un bucle de subidas y bajadas tan típicas de esta nuestra tierra.
De este modo, me doy la vuelta y me vengo por donde he venido. Para disimular voy parando en cada marquesina para consultar esos carteles tan simpáticos que te indican qué autobuses pasan por aquí. Poco me importaba a mí la frecuencia de los autobuses, pero aprovecho para parar un poquito y poder recuperar el resuello. Como tengo cierto orgullo de mis años mozos, y como mi nueva bicicleta tiene 18 marchas, neno!!, pues acabo subiendo los casi dos kilómetros con la canción Eje of the tiger resonando en mi cabeza y a punto de esprintar para conseguir la meta volante de la montaña.
Llego a casa eufórico, contando que es cierto aquello de que el que tuvo retuvo y que estoy más en forma de lo que yo pensaba. Me imagino ya volando sobre las carreteras compostelanas, atravesando montes y acompañando a los peregrinos durante varios kilómetros simplemente por el placer de pedalear.
Pero al acostarme descubro que me duelen las piernas como nunca antes me habían dolido. No consigo pegar ojo y de pronto la amígdala izquierda comienza a hincharse de un modo sospechoso, supongo que debido a que boqueaba como un sapo en verano cuando subía la famosa cuesta. El estómago parece totalmente colapsado y para colmo de males descubro que inexplicablemente tengo 39 ºC de fiebre. En definitiva, el deporte, a partir de ciertas edades, no es tan sano como algunos quieren hacernos creer.
miércoles, 11 de julio de 2012
Reencuentros en la Taberna de Beaufort.
Como ya nos vamos conociendo no os sorprenderá que Hilario reapareciera por La Taberna de Beaufort como si tal cosa, después de un año sin saber nada de él. Venía acompañado de una pareja de extranjeros demasiado bien vestidos para ser peregrinos, pero con la cara de pánfilos que caracteriza a los teutones, ingleses y holandeses cuando comienzan a mirar el mapa y preguntar Where's the big church?
Estos eran distintos. El tipo parecía un armario y la morena vestía un traje chaqueta compuesto por americana de cuello chimenea, de esas que cierran por corchetes con detalle de grandes botones y con costadillos ajustados. No podría asegurarlo, pero me pareció que estaba forrada. 97% poliéster, 3% elastán y tendría un largo aproximado de 50 cm. La falda era de esas sin cinturilla, cerrada, y lo suficientemente ajustada como para realzar las caderas de la mujer que con tanta gracia entró en el local y me pidió A Coke, please. I'm very thirsty! Todos sonreimos al verla acercarse a la barra y poner cara de sorpresa cuando le expliqué que en nuestra taberna no vendemos Coca-Cola, que estamos boicoteando a las transnacionales y que nos oponemos a cualquier tipo de comida basura. Iba a ofrecerle un bitterkas cuando escuché a Ramón al otro lado de la puerta decir aquello de A ver, kuntakinte, ou dentro ou fora, que para quedar no medio xa están os xoves!
- Pero qué dices, Ramón, si kuntakinte era negro.
- Negro sería, pero tamén era grande como un mundo...
- Venga Ramón, dijo Hilario, deja a mis amigos tranquilos y entra de una vez, que vengo dispuesto a invitar a unas cervezas.
Hilario tenía estas cosas. Podían pasar meses sin que supiéramos de él que cuando regresaba siempre conseguía mostrarse tan próximo y cordial que daba la sensación de estar siempre con nosotros. Era un tipo curioso, sorprendente y enigmático. Todavía estaba yo esperando una explicación sobre el asunto de los rusos cuando aparecía con otro par de personajes que parecían sacados de una serie de televisión americana.
Nos contó que tenía que llevar a sus acompañantes a un pueblo del norte en el que había tenido lugar un suceso un poco extraño. Nadie preguntó nada. Sabiamos que si Hilario quería contar más, lo contaría, y si no pues por mucho que insistíeramos no soltaría prenda. Yo me quedé con ganas de saber algo de Irene y de Raquel, pero decidí que sería mejor esperar a un momento en el que hubiese menos gente en el bar.
Estos eran distintos. El tipo parecía un armario y la morena vestía un traje chaqueta compuesto por americana de cuello chimenea, de esas que cierran por corchetes con detalle de grandes botones y con costadillos ajustados. No podría asegurarlo, pero me pareció que estaba forrada. 97% poliéster, 3% elastán y tendría un largo aproximado de 50 cm. La falda era de esas sin cinturilla, cerrada, y lo suficientemente ajustada como para realzar las caderas de la mujer que con tanta gracia entró en el local y me pidió A Coke, please. I'm very thirsty! Todos sonreimos al verla acercarse a la barra y poner cara de sorpresa cuando le expliqué que en nuestra taberna no vendemos Coca-Cola, que estamos boicoteando a las transnacionales y que nos oponemos a cualquier tipo de comida basura. Iba a ofrecerle un bitterkas cuando escuché a Ramón al otro lado de la puerta decir aquello de A ver, kuntakinte, ou dentro ou fora, que para quedar no medio xa están os xoves!
- Pero qué dices, Ramón, si kuntakinte era negro.
- Negro sería, pero tamén era grande como un mundo...
- Venga Ramón, dijo Hilario, deja a mis amigos tranquilos y entra de una vez, que vengo dispuesto a invitar a unas cervezas.
Hilario tenía estas cosas. Podían pasar meses sin que supiéramos de él que cuando regresaba siempre conseguía mostrarse tan próximo y cordial que daba la sensación de estar siempre con nosotros. Era un tipo curioso, sorprendente y enigmático. Todavía estaba yo esperando una explicación sobre el asunto de los rusos cuando aparecía con otro par de personajes que parecían sacados de una serie de televisión americana.
Nos contó que tenía que llevar a sus acompañantes a un pueblo del norte en el que había tenido lugar un suceso un poco extraño. Nadie preguntó nada. Sabiamos que si Hilario quería contar más, lo contaría, y si no pues por mucho que insistíeramos no soltaría prenda. Yo me quedé con ganas de saber algo de Irene y de Raquel, pero decidí que sería mejor esperar a un momento en el que hubiese menos gente en el bar.
domingo, 8 de julio de 2012
El enfoque y la realidad.
Dicen los físicos y los químicos que todo el universo está sometido a las mismas leyes y que la realidad es la que puede medirse, compararse y constatarse mediante experimentación. Para los científicos lo que existe se reduce simplemente a átomos que forman moléculas que forman sustancias que forman materias. Todo lo que percibimos son conglomerados de distintas cosas que se unen en el espacio y en el tiempo para dar lugar a lo que vemos, olemos, oímos, gustamos o sentimos en un preciso momento. Non hay lugar para el individuo ni para su perpectiva ya que uno de los requisitos de la existencia científica es que pueda ser comprobada por otro científico en circustancias similares.
Y sin embargo sabemos que todo depende del enfoque, de lo que queramos ver o de lo que estemos preparados para ver.
Si nos fijamos en lo más cercano simplemente veremos las hojas de una enredadera, la permanencia en un lugar sin más pretensiones que la mera subsistencia. La vida reducida a un acopio de nutrientes sin otro objetivo que existir, estar. La naturaleza en estado puro, con su vigor, su resistencia y su adaptabilidad a las condiciones del medio. Y del mismo modo que la planta se aferra a la piedra algunos nos aferramos al momento y al lugar en el que echamos raíces sin más inquietudes que afrontar nuestros días del mejor modo posible.
Pero ante la misma realidad podemos ir más allá, enfocar un poco más lejos y descubrimos la inquietante presencia de las vías, de la comunicación entre dos lugares, del incierto destino del camino. El hierro y la ingeniería formando parte de la naturaleza, de nuestra naturaleza curiosa y activa que nos lleva a querer saber más, a no conformarnos con la simple existencia y querer comprender, manipular y cambiar lo que nos rodea.
¿Cuál es la verdadera realidad? ¿Cuál es la esencia de lo que vemos? Pueden explicarnos cuales son los componentes y qué relaciones se establecen entre ellos, podemos ir desemenuzando y analizando los distintos elementos hasta llegar a las mínimas sustancias que dan lugar a las cosas que existen. Pero esto es simple descripción y a menudo sucede que el conjunto es algo más que la suma de sus partes.
Nos empeñamos en interpretar los acontecimientos según nuestro punto de vista sin tener en cuenta que muchas veces, aunque vemos exactamente lo mismo, cada uno de nosotros puede centrar su atención en aspectos distintos de la misma realidad. Obcecados en nuestras verdades somos incapaces de cambiar el enfoque, de ajustar el zoom para comprender porqué los otros ven las cosas de una manera tan opuesta a la nuestra. Y lo peor es que demasiadas veces, en lugar de buscar los puntos comunes nos reafirmamos en aquello que para nosotros es lo más importante y que el otro ni siquiera puede percibir.
Y sin embargo sabemos que todo depende del enfoque, de lo que queramos ver o de lo que estemos preparados para ver.
Si nos fijamos en lo más cercano simplemente veremos las hojas de una enredadera, la permanencia en un lugar sin más pretensiones que la mera subsistencia. La vida reducida a un acopio de nutrientes sin otro objetivo que existir, estar. La naturaleza en estado puro, con su vigor, su resistencia y su adaptabilidad a las condiciones del medio. Y del mismo modo que la planta se aferra a la piedra algunos nos aferramos al momento y al lugar en el que echamos raíces sin más inquietudes que afrontar nuestros días del mejor modo posible.
Pero ante la misma realidad podemos ir más allá, enfocar un poco más lejos y descubrimos la inquietante presencia de las vías, de la comunicación entre dos lugares, del incierto destino del camino. El hierro y la ingeniería formando parte de la naturaleza, de nuestra naturaleza curiosa y activa que nos lleva a querer saber más, a no conformarnos con la simple existencia y querer comprender, manipular y cambiar lo que nos rodea.
¿Cuál es la verdadera realidad? ¿Cuál es la esencia de lo que vemos? Pueden explicarnos cuales son los componentes y qué relaciones se establecen entre ellos, podemos ir desemenuzando y analizando los distintos elementos hasta llegar a las mínimas sustancias que dan lugar a las cosas que existen. Pero esto es simple descripción y a menudo sucede que el conjunto es algo más que la suma de sus partes.
Nos empeñamos en interpretar los acontecimientos según nuestro punto de vista sin tener en cuenta que muchas veces, aunque vemos exactamente lo mismo, cada uno de nosotros puede centrar su atención en aspectos distintos de la misma realidad. Obcecados en nuestras verdades somos incapaces de cambiar el enfoque, de ajustar el zoom para comprender porqué los otros ven las cosas de una manera tan opuesta a la nuestra. Y lo peor es que demasiadas veces, en lugar de buscar los puntos comunes nos reafirmamos en aquello que para nosotros es lo más importante y que el otro ni siquiera puede percibir.
miércoles, 27 de junio de 2012
The Carlos's Seat 127 "Fura"
El agente Weird no salía de su asombro cuando su contacto en Compostela se acercó a aquel coche y les indicó que subieran. Estaba acostumbrado al sedan negro de la agencia y no sabía muy bien como podría introducir su metro ochenta y siete y sus casi cien quilos de peso en aquel cacharro con ruedas que no era más grande que el coche de jueguete que le había regalado a su sobrino Alex en las últimas navidades.
La agente Ginger tampoco parecía muy convencida de que aquel minúsculo automóvil fuese capaz de albergar a tres personas y dos maletas en su interior, y mucho menos de transportarlos hacia la ciudad, por muy cerca que estuviese. No era solo el evidente sobrepeso de su compañero, sino que ella misma medía un metro setenta y ocho centímetros y aunque mantenía una figura esbelta y atlética no se sentía lo suficientemente flexible como para entrar por el hueco que dejaba el minúsculo asiento al ser reclinado sobre el volante.
Pero la perplejidad de los americanos no pudo transformarse en ningún tipo de pregunta porque el tipo tan estrafalario que la agencia tenía como contacto en Compostela había comenzado a meter sus dos maletas de viaje en el maletero y les decía lesgou lesgou mientras saltaba sobre sus equipajes para intentar cerrar la puerta trasera de aquel minúsculo vehículo.
La situación se hizo más insólita cuando un tipo calvo y con bigotes salió por la puerta principal del aeropuerto ordenándoles que se detuvieran y que mostrasen su documentación. Como iba con uniforme el agente Weird supuso que era un colega de profesión y metió su mano en el bolsillo interior de su americana dispuesto a identificarse como agente de la ley, pero uno de los tres muchachos que acompañaban al tipo vestido de verde había visto demasiadas películas de Chuk Norris y comenzó a gritar Cuidado, tiene un arma, mientras se tiraba al suelo detrás de un contenedor de vidrio.
- Joder, Cheetos,-le dijo el otro chico, conocedor de la tendencia al espectáculo de su amigo- que esto es la vida real.
- Todos al suelo -gritó de nuevo el guardía civil mientras se ocultaba detrás de la marquesina de los autobuses Freire para pedir refuerzos.
Aprovechando el momento de confusión generalizada que se vivía a la entrada del Aeropuerto Internacional de Lavacolla, el contacto del FBI en Compostela le hizo un gesto al agente Weird para que se metiese en el coche de una vez. La agente Ginger estaba en posición de gallego en aquel momento: no se sabía si entraba o si salía del vehículo. Una pierna, un brazo y la cabeza estaban dentro, pero la otra pierna y el culo, con perdón, asomaban por la estrecha puerta del Seat 127 "Fura" que Carlos le había prestado Hilario la noche anterior, después de unas cervezas en el bar de Toño.
No sin antes sopesar los riesgos, Hilario decidió empujar ligeramente el trasero de la atractiva agente para que entrase en el coche. "Buen culo!", pensó mientras decía "sorrysorry, but we have prisa". La agente Weird, sorprendida en una posición tan ridícula y dudando entre un golpe contundente en la base de la cabeza o un tiro en una pierna solamente alcanzó a decir "It's nothing" mientras el coche arrancaba empotrándola entre el asiento trasero y los asientos delanteros de aquel vehículo que ya viajaba veloz hacia Compostela.
jueves, 21 de junio de 2012
El profeta del pasado.
Kubrick permanece sentado mientras va representando mentalmente mi relato. Si alguien puede comprender lo que me sucede es él, aunque no encuentro la expresión exacta para describir algunas de las escenas que en cada periodo de pensamiento íntimo se forman en mi mente. Para ayudarme proyecta en mi cerebro arcaicas palabras que nunca antes había escuchado, pero que de algún modo me resultan familiares. Al principio mis sueños me provocaban inquietud y temor, pero a medida que voy adquiriendo la capacidad de verbalizar lo que veo en ellos experimento una sensación de tranquilidad y confianza que me hace pensar que tal vez Kubrick tenga razón cuando dice que los sueños son algo natural y positivo, que incluso servían a nuestros ancestros para afianzar los aprendizajes efectuados a lo largo del día.
Pero hace siglos que los humanos hemos dejado de soñar. Todo el conocimiento posible está a nuestra disposición a través de los implantes de ampliación de recursos. Ya no es necesario aprender nada y nuestro cerebro se utiliza solamente para las cosas útiles. Por eso cada vez me resultan más incomprensibles mis sueños. Para Kubrick la explicación está en la Quinta Generación de mi Linaje. Me dice que se trata de un mensaje que los Últimos Mortales quieren hacerme llegar por canales que se cerraron en el mismo instante en el que la raza humana alcanzó el conocimiento completo de las cosas. Muchas cosas perdimos, me explica, a cambio de la plácida resignación del que todo lo sabe. Los antiguos experimentaban sentimientos que ahora no alcanzamos a comprender, conocían la felicidad y el amor pero también la desgracia y el miedo. Tenían esperanza en el porvenir y luchaban por conseguir triunfos que ahora nos parecen inútiles y absurdos. Sentían curiosidad ante las cosas que no comprendían o que no podían explicar y se atrevían a cuestionarse sus propios conocimientos y sus propias leyes.
Kubrick es un admirador del pasado. No se conforma con conocer los hechos acontecidos antes de la época de la Devastación y de la Quinta Generación sino que pretende comprender lo que impulsaba a aquellas gentes. Incluso pretende sentir lo que sentían y experimentar reacciones psíquicas borradas de nuestros mecanismos neuronales hace siglos.
Su último empeño es aprender a escribir. La escritura era un medio de comunicación arcaico que permitía transmitir y compartir conocimientos y saberes a través del tiempo y del espacio. Cuentan las viejas leyendas que hubo una época en la que los humanos confeccionaban láminas de un material al que denominaban papel en las que iban haciendo extrañas marcas que otros podían interpretar. Kubrick sostiene que es necesario aprender a escribir porque debemos dejar constancia del futuro para las generaciones precedentes. Dice que llegará un momento en el que los humanos necesiten saber hacia donde caminan y que sólo creerán si dejamos la palabra escrita en un libro. Su teoría es que el tiempo ha llegado al final y ha comenzado a regresar, como una ola que golpea contra los acantilados y regresa hacia el mar. Su intención es dejar un mensaje a los humanos del pasado para que encuentren el camino hacia el Inconformismo que empuja a la acción.
viernes, 20 de abril de 2012
Beatriz Consuegra
Beatriz Consuegra tiene cuarenta y tres años y un ex-marido que mientras preparaba las oposiciones para registrador de la propiedad tuvo tiempo para hacer dos hijas y ahora que ocupa un cargo político ni siquiera tiene un momento para ir a recogerlas a la escuela. Beatriz Consuegra se organiza bien ella sola, pero no puede soportar que el machista cretino que una vez fue su marido sea ahora el máximo responsable de la política de igualdad y bienestar social de la administración autonómica y siente ganas de patear la televisón cada vez que al flamante conselleiro aparece hablando del empoderamiento de la mujer, de la responsabilidad compartida y de los planes para promover la igualdad efectiva entre mujeres y hombres.
Por suerte, Beatriz Consuegra no dispone de mucho tiempo para ver la televisón. Trabaja en uno de esos hipermercados franceses que se instalaron en nuestro país a finales de los años ochenta y que obligaron a los padres de Beatriz a malvender su tienda. Un gran cartel a la entrada de los vestuarios le recuerda que ella es la sonrisa de la empresa, y sonríe pensando en los pocos motivos que para sonreír le proporciona la empresa. Después de quince años y de muchas explicaciones sobre la legislación laboral vigente, deducciones para el IRPF y cotizaciones a la seguridad social cobra exactamente lo mismo que a finales de los años noventa, pero según su supervisor es una trabajadora ejemplar y un orgullo para la directiva.
Veinte minutos antes de comenzar su turno Beatriz ya está tarareando una canción de Juan Perro en el departamento de menaje del hogar del supermercado. Algunos clientes la miran sorprendidos mientras sonriente reordena la estantería de las ollas de aluminio. Diríase que es una mujer feliz con su trabajo, que se siente satisfecha y que la empresa recompensa su buen hacer de manera justa y ejemplar.
Sin embargo la felicidad de Beatriz radica, simplemente, en las notas de amor que cada viernes alguien deja dentro de las cacerolas Inoxibar. La primera vez pensó que era una broma de algún compañero. Un pequeño sobre de color azul turquesa con un sencillo "Para Beatriz". Al abrirlo descubrió una cuartilla escrita a mano con un poema que hablaba de ella. Su primera reacción fue bastante fría. Para emociones fuertes ya tenía a sus ex-suegros. Sin embargo a la semana siguiente descubrió otro sobre y dentro del sobre otro poema. Miró a su alrededor pero sólo vió una señora con un imán probando si las sartenes servían para las cocinas de inducción y un tipo bajito con barba que comparaba moldes para hacer flanes. Nadie parecía prestarle atención y supuso que el sobre lo habían dejado allí el día anterior, o a primera hora de la mañana.
Durante los siguientes dos meses Beatriz Consuegra recibió un poema cada viernes y si hoy está especialmente inquieta es porque ayer, presa de la cuiriosidad, dejó en la cacerola Inoxibar una carta para su admirador secreto. En un tono desenfadado le confiesa que se siente muy halagada con sus poemas y que tiene ganas de conocerlo. Que se pase por la sección de menaje de cocina para poder charlar un rato y tal vez quedar para tomar una cerveza.
Pero el alegre alboroto de Beatriz Consuegra se convirtió en preocupación cuando descubrió que una religiosa de las Merceditas Descalzas de la Buenanueva se dirigía con paso firme hacia una de las cajas con la cacerola de Inoxibar en la que había depositado tantas ilusiones.
martes, 17 de abril de 2012
Las cien primeras!
Escribir la entrada número cien después de más de dos años no dice mucho sobre mi capacidad creativa. Celebrar que en total he publicado menos de un relatillo por semana puede parecer un poco absurdo, sobre todo teniendo en cuenta que no todos eran publicables y que hay algunos que todavía esperan ser leídos. Pero qué demonios, yo estoy contento.
Se que son malos tiempos para los blogs, que ahora está de moda eso de los cientoypocos caracteres y que hay tal exceso de información, de curiosidades, de ingenio y de pequeñas obras de arte en la red que me siento agradecido y satisfecho con las visitas que recibe este sitio. Quiero pensar que además de la familia y amistades hay personas al otro lado que sin conocerme personalmente siguen lo que escribo.
Otra cosa es saber exactamente qué es lo que escribo. A menudo me pregunto qué es lo que quiero contar, si estos personajes que a veces aparecen sin que yo los invite vienen para quedarse o están de paso, si su existencia es exclusivamente virtual o si pretenden dar el salto hacia el papel... Preguntas que nunca obtienen respuesta pues si algo me caracteriza es la inoperancia resolutoria. Me paso los días y los años cuestionándome a mí mismo, lo que hago, lo que quiero hacer, lo que escribo y lo que pretendo escribir y al final decido que lo mejor es comenzar, y que ya veremos a dónde nos llevan las frases. Y comienzo, recomienzo y vuelvo a comenzar.
Tal vez por eso tengo la sensación de estas cien entradas que hoy se cumplen no son más que el comienzo de algo; que pronto habrá novedades en las historias que han quedado olvidadas; que tal vez regrese algún personaje que las amables seguidoras de este blog ya comenzaban a echar de menos y que posiblemente antes de llegar a la entrada ciento cincuenta termine por fin la maldita novela que tengo repartida entre mis viejos cuadernos y mis nuevos documentos open office.
Mientras tanto te agradezco que te pases por aquí de cuando en vez, que me leas, que te hagas seguidor, que digas en facebook que te gusta o que de algún modo hagas algo que me demuestre que hay alguien al otro lado. Y si eres un lector anónimo, si has llegado aquí por casualidad y no tienes pensado darte a conocer no te preocupes, mis agradecimientos son también para tí.
Recibe un saludo y espero que que la visita haya merecido la pena.
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