Dicen los físicos y los químicos que todo el universo está sometido a las mismas leyes y que la realidad es la que puede medirse, compararse y constatarse mediante experimentación. Para los científicos lo que existe se reduce simplemente a átomos que forman moléculas que forman sustancias que forman materias. Todo lo que percibimos son conglomerados de distintas cosas que se unen en el espacio y en el tiempo para dar lugar a lo que vemos, olemos, oímos, gustamos o sentimos en un preciso momento. Non hay lugar para el individuo ni para su perpectiva ya que uno de los requisitos de la existencia científica es que pueda ser comprobada por otro científico en circustancias similares.
Y sin embargo sabemos que todo depende del enfoque, de lo que queramos ver o de lo que estemos preparados para ver.
Si nos fijamos en lo más cercano simplemente veremos las hojas de una enredadera, la permanencia en un lugar sin más pretensiones que la mera subsistencia. La vida reducida a un acopio de nutrientes sin otro objetivo que existir, estar. La naturaleza en estado puro, con su vigor, su resistencia y su adaptabilidad a las condiciones del medio. Y del mismo modo que la planta se aferra a la piedra algunos nos aferramos al momento y al lugar en el que echamos raíces sin más inquietudes que afrontar nuestros días del mejor modo posible.
Pero ante la misma realidad podemos ir más allá, enfocar un poco más lejos y descubrimos la inquietante presencia de las vías, de la comunicación entre dos lugares, del incierto destino del camino. El hierro y la ingeniería formando parte de la naturaleza, de nuestra naturaleza curiosa y activa que nos lleva a querer saber más, a no conformarnos con la simple existencia y querer comprender, manipular y cambiar lo que nos rodea.
¿Cuál es la verdadera realidad? ¿Cuál es la esencia de lo que vemos? Pueden explicarnos cuales son los componentes y qué relaciones se establecen entre ellos, podemos ir desemenuzando y analizando los distintos elementos hasta llegar a las mínimas sustancias que dan lugar a las cosas que existen. Pero esto es simple descripción y a menudo sucede que el conjunto es algo más que la suma de sus partes.
Nos empeñamos en interpretar los acontecimientos según nuestro punto de vista sin tener en cuenta que muchas veces, aunque vemos exactamente lo mismo, cada uno de nosotros puede centrar su atención en aspectos distintos de la misma realidad. Obcecados en nuestras verdades somos incapaces de cambiar el enfoque, de ajustar el zoom para comprender porqué los otros ven las cosas de una manera tan opuesta a la nuestra. Y lo peor es que demasiadas veces, en lugar de buscar los puntos comunes nos reafirmamos en aquello que para nosotros es lo más importante y que el otro ni siquiera puede percibir.
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