Recuerdo cuando estudiaba. Tardes enteras en una biblioteca pensando en todo lo que haría cuando terminara los exámenes. A veces incluso hacía una lista con los libros que tenía que leer, con las historias que debía contar, con los lugares que tendría que visitar. A veces llovía y ni corto ni perezoso comenzaba a escribir, diciéndome que solamente era un pequeño esbozo para después recordar esa idea tan importante que no podía dejas pasar. Nunca retomé esas ideas, ni siquiera me propuse buscar nunca aquellos papeles que iban quedando entre los apuntes. Si, como he leído en algún sitio, soy un escritor que no escribe. Una de esas personas que va posponiendo el momento hasta que un día descubre que no tiene nada que contar, o que lo que quisiera contar no merece la pena pues ya está dicho en algún lugar.
En mis periplos por el Mar de Beaufort descubro que hay miles de navegantes en mi misma situación. Escritores frustrados, poetas sin auditorio, amantes de la lectura que se lanzan a escribir pensando que somos buenos en lo que más nos gusta hacer. Y no es verdad. No es verdad que seamos capaces de hacerlo. Cuando después de leer un libro mediocre pensamos que nosotros lo haríamos mejor. No es cierto aquello que dicen de que el oficio del escritor consiste en trabajo y más trabajo. No. Hay algo que se me escapa y que he venido a entender en la soledad de este invierno. Escribiré y reescribiré, daré vueltas y más vueltas sobre la misma idea. Tal vez al final haya algo que te interese, una idea, una imagen, tal vez un párrafo que merezca la pena y puedas decir que ha valido la pena el tiempo empleado en la lectura.
En mis periplos por el Mar de Beaufort descubro que hay miles de navegantes en mi misma situación. Escritores frustrados, poetas sin auditorio, amantes de la lectura que se lanzan a escribir pensando que somos buenos en lo que más nos gusta hacer. Y no es verdad. No es verdad que seamos capaces de hacerlo. Cuando después de leer un libro mediocre pensamos que nosotros lo haríamos mejor. No es cierto aquello que dicen de que el oficio del escritor consiste en trabajo y más trabajo. No. Hay algo que se me escapa y que he venido a entender en la soledad de este invierno. Escribiré y reescribiré, daré vueltas y más vueltas sobre la misma idea. Tal vez al final haya algo que te interese, una idea, una imagen, tal vez un párrafo que merezca la pena y puedas decir que ha valido la pena el tiempo empleado en la lectura.
Yo creo que a veces no hay que obsesionarse tanto con la idea, de que me gustaría escribir algo y me tiene que salir algo. A veces es mejor distraer la mente con otras cosas que nada tienen que ver con esto. Divagar un poco de vez en cuando, relajar la mente y abrirnos a otros proyectos mas normales, para que las ideas vayan surgiendo, por asociación de situaciones y "personajes" que pululan a nuestro alrededor, con vidas muy comunes, pero que en su interior todos guardan anhelos inconfesables, perdidos o no desarrollados, en pos de llevar una vida más automatizada y segura.
ResponderEliminarDistrae tu mente en lo cotidiano (por extraño que te parezca), y quizás encuentres a las 3:00h de la mañana una buena historia que contar, porque de todos es sabido, que las buenas ideas, vienen de madrugada.
Pillarte un bloc de notas, para este menester exclusivo, seria un buen comienzo.
Saludos!
Muchas gracias por el comentario, Mike.
ResponderEliminarTienes mucha razón en lo de desconectar un poco, en dejar que las ideas aparecezcan solas. Aunque a las tres de la mañana va a ser un poco tarde para mi. Esperemos que la inspiración venga más temprano!!