Me cuentan que el año pasado un influencer muy conocido se propuso hacer una dominada más cada día del año, ya sabéis, eso de colgarse de una barra y levantar el cuerpo con la fuerza de los brazos. De este modo, el día uno de enero haría una, y el día 31 de diciembre tendría que hacer 365. Eso son un montón de dominadas a lo largo del año.
Yo en matemáticas no soy muy bueno, la verdad, y por eso pedí a quien sabe que me calculase cuantas palabras escribiría en un año empleando el mismo sistema. Resultan en total 67.161 palabras, que también son un montón de palabras!
Y por eso el día 1 de febrero comenzaré a publicar un nuevo blog que tendrá, exactamente, 366 entradas, y en cada una escribiré un texto que contenga una palabra más que la entrada anterior.
Cómo es propio en mi, aún no se lo que escribiré, si será un único relato, varias historias o de todo un poco. Por no saber, ni siquiera sé qué nombre tendrá el nuevo blog, aunque no hace falta demasiada reflexión para concluir que el título CADA DÍA UNA MÁS puede resultar una buena decisión, además de lo más obvio.
Como
suele suceder, cuando más leo más patentes se hacen mis lagunas
literarias. Cierto que se trata de un tipo narrativo, la distopía,
que suele tener más relevancia en las adaptaciones cinematográficas
que en el mundo literario (ya sabéis, esas gentes que marcan unha
diferencia clara entre escritores y escritoras, a secas, y
“escritores de”) y que no podemos conocer a todos los autores
relevantes, pero es que en esta novela de Yevgueni Zamiatin está la
temática y el estilo que se repetirán a lo largo de los años en
las obras de Huxley, Orwell, Atwood o incluso McCarthy.
Se
trata de un escritor ruso de principios de siglo que tuvo que
exiliarse al triunfar las revoluciones rusas y que murió en París
en la extrema pobreza. A pesar de ser ingeniero de profesión, se
dedicó durante toda su vida a la literatura, creando revistas, obras
de teatro, novelas y relatos breves. En su época gozó de
reconocimiento y de prestigio, siendo reconocido como precursor tanto
por Huxley como por Orwell, pero durante muchos años fué un autor
olvidado, tal vez por la censura que vivió en Rusia (esta novela no
se publicaría hasta 1988) o por la poca repercusión que hasta hace
poco tenían las literaturas de ciencia ficción en otras lenguas que
no fuesen el inglés.
El
argumento de “Nosotros” se ha repetido en innumerables novelas y
películas. Una sociedad en la que el individuo pierde todos sus
derechos a favor de la colectividad. De hecho, en el mundo de cristal
que propone Yevgueni las personas no tienen nombre sino números. Sus
rutinas están totalmente programadas, sin apenas opción de
cambiarlas y en todo momento están controladas por un juez supremo
llamado Bienhechor, al que todos siguen y obedecen sin ningún tipo
de cuestionamiento.
Obviamente,
la trama se centra en el despertar de un individuo, la toma de
conciencia de si mismo como algo distinto al grupo, el encuentro
casual con una persona ya iniciada que obliga al protagonista a
replantearse sus creencias sobre la vida y sobre la sociedad que le
ha tocado vivir. D-503 descubre que fuera de los límites de la
ciudad existen hombres y mujeres que non creen en el sistema y que
aguardan una revolución que cambie las cosas, que despierte
conciencias. Y aunque el intento de rebeldía del protagonista es
descubierto y atribuído a una enfermedad que se soluciona extirpando
de su cerebro aquello que le hace soñar y experimentar amor, al
final siempre habrá hombres y mujeres que prefieran vivir lejos de
la sociedad antes que someterse a los imperativos de un sistema en el
que lo importante nunca es el individuo sino el colectivo.
Como
suele ocurrir con las novelas que abren nuevos caminos, no es la
calidad literaria lo que hace de esta obra un referente en la
literatura de ciencia ficción. Se trata más bien de una obra
fundacional, del origen de todo un género que a lo largo de los años
ha evolucionado a formas cada vez más elaboradas de distopias, desde
sociedades futuristas en planetas lejanos hasta pequeños reductos de
seres humanos que sobreviven después de un cataclismo geológio, de
una guerra o de un virús. Siempre habrá, como diría ya algunha
poeta, personas que busquen la libertad y que se planteen si
realmente vivimos en el mejor mundo posible.
Cómo uns dos meus propósitos para esta nova etapa da miña vida é ir pechando temas, vou dar por finalizada a miña participación no NaNoWriMo do ano 2023 con esta imaxe que vale máis que mil palabras. Ou deberá dicir que vale igual que as 45.818 palabras que quedaron por escribir para completar o reto.
Fracasei?
Por suposto! E de maneira espectacular!
De 30 días que ten o mes, apenas conseguín sentarme a escribir oito veces, e tampouco pensedes que me matei a escribir neses días.
E coido que durante un tempo vou seguir fracasando nos meus intentos por chegar a ser un escritor que escribe. Pois o que me falta non é só tempo, qué é escaso, senón tamén motivación e sobre todo vontade.
Nalgún momento perdín a forza de vontade que era un dos meus rasgos definitorios, unha das miñas fortalezas, que se diría agora.
E tal vez vaia sendo hora de volver a atopala.
Como sempre nestas datas, van desfilando pola miña cabeza os mesmos proxectos de sempre, a algunhas ideas novas que non por novas son menos absurdas que as anteriores.
Nalgún lugar deste blog, nalgún momento, deixarei constancia destas miñas teimas.
Agora, simplemente, pechar este proxecto non cumplido do 2023 e agardar que no 2024 poida conseguilo.
Reconozcámoslo, empezar es complicado, los primeros pasos siempre cuestan un poco más y a veces necesitamos más fuerza de voluntad para calzarnos las zapatillas y salir a correr que para completar los siguientes 10 kilómetros. Los últimos 10 ya son otra cosa, claro, aunque yo me conformaría con conseguir llegar a cinco sin andar dando pena (o grima) por las aceras. Pero esa es historia para otra entrada, no desaprovechemos ocurrencias.
Como véis, el primer día no ha sido muy productivo. Podría anotar unas mil quinientas o dos mil palabras escritas a las seis de la mañana para otras facetas de mi vida, pero no emplearé ese recurso a no ser que sea estrictamente necesario. Anotaré únicamente las palabras escritas para este proyecto, ya sean borradores, esbozos de personajes o pedazos de narración de esos que van saliendo de repente y que cuando te das cuenta tienes un capítulo armado o tal vez un inesperado protagonista llamando a la puerta del portátil.
No va a ser fácil. Lo sabía hace tres o cuatro días, cuando anuncié este nuevo proyecto, y tengo la certeza ahora mismo, cuando en lugar de sentarme a escribir las 1.667 palabras diarias me parece un buen plan compartir el contador a cero, la página en blanco que a veces tanto cuesta completar.
Pues nada, pongo el punto final a algún escrito que tengo pendiente y comienzo con esto. Etapas que debemos cerrar y puertas que debemos atrevernos a traspasar.
Y si en el 2020 (¿recordáis?) todo fue un poco caótico y después de una buena declaración de intenciones no volví a escribir mucho más en este blog, este año tengo bastante claro lo que quiero contar y estoy incluso pensando en hacer un diario de escritura en este sitio. Volver a recuperar la intensidad de los primeros meses del año, cuando caía una entrada cada día.
¿Y cuál es el desafío de este año? Pues avanzar en la narración de una historia que fue tomando forma hace unos meses en varias entradas de este blog y que sin duda está esperando que vuelva a dedicarle tiempo.
En noviembre descubriremos a donde nos lleva el último viento.
Antes de que toque o timbre, L. explícame, entre bostezo e cullerada de cereais, que non me val a pena abrir un canal en Twich, que debo facelo en Instagram ou YouTube pois daránme, á larga, máis visualizacións. Fálame tamén doutras opcións que xa se me escapan, pero que dubido moito que sexan o que busca un tipo de 50 anos que no medio de expresión que se defende un pouco ben é na escritura, con parrafadas longas e con subordinadas que soen desenrolar a mesma idea por medio de reiteracións e estruturas triplas. Noto, cando llo digo, que entende perfectamente o que lle digo (1), que lle parece unha aportación irrelevante para o que me está explicando (2) e que se impacienta un pouco ante a miña necesidade de explicar todo con tanto detalle. (Nótese a estrutura tripla da que falaba). Como aínda lle queda por tomar medio tazón de cereais e eu teño que ir a vestirme, pospoñemos esta interesante conversa para outro momento.
Antes de que toque o timbre, A. explícame con todo luxo de detalles a súa teoría sobre os espíritus cun número limitado de reencarnacións. Sostén que as persoas, cando morren, van reencarnándose en familiares ou coñecidos, pero só unhas cantas veces, e que despois quedan por aí. A pregunta é: dónde quedan despois, papá? Eu explícolle que hai moitas teorías sobre iso, pero que dente o meu punto de vista no noso corpo tamén hai unha enerxía que non desaparece e que pode converterse noutras cousas cando morremos, que seguramente hai cousas que existen aínda que non poidamos velas e que o universo é tan inmenso que pode haber de todo por aí fora. Ela, que debeu ver algún vídeo sobre reencarnación non parece prestar atención ás posibilidades ilimitadas dun universo ilimitado e insiste en saber se cando nos reencarnamos noutros recordamos o que fomos. Entón explícolle que seguramente hai algún momento no que podemos recordar todo o que fomos, e noto que está pensando noutras cousas e chegando a algunha conclusión, pero como tamén chegamos á porta da escola temos que despedirnos con un bico e un quérote.
Antes de que toque o timbre unha mamá cun cativo que corría feliz pola acera (efecto venres sen dúbida) dille "J. cuidado con el chico, que lo vas a atropellar!" E o chico son eu! Eu agradézolle o comentario cun saúdo, pois como xa escribín máis arriba son un chico de 50 anos, e hai veces nas que me sinto moi moi maior e que alguén me vexa aínda como un mozo pois é algo que sempre anima, qué queredes que vos diga!.
Antes de que toque o timbre crúzome co veciño que traballa no Corte Inglés e que sempre vai sorrindo. E descubro que sempre val a pena sorrir, e que seguramente se o meu veciño abrise un canal no Insta podería colgar unha foto diaria cun bo sorriso de bos días, e sen dúbida o seu espíritu vagará polo mundo creando boas vibracións ao seu redor.
E antes de que toque o timbre un home que conducía un coche sen carnet case me atropella no medio do atasco diario na estrada da escola. Podería ter protestado, é certo, e podería ter berrado, mostrado o meu enfado coa certeza de que eu teño a razón e él debe ter máis coidado e estar máis atento á condución. Pero como a vida é breve e nunca sabemos cando vai tocar o timbre decido que non val a pena un só segundo de enfado por algo que quedou en nada. Saudo ao conductor despistado cun sorriso, volvo a camiñar cara ao novo día que apenas fixo máis que comezar e comezo a cantar esa canción de Radio Futura que fala dun tipo que "caminando iba pensando que ganar siempre es tentar a la otra cara de la suerte" y que "sintió la alegría del olvido y al andar descubrió la maravilla del sonido de sus propios pasos en la gravilla"